Nº 599 - 19 de abril de 2004

Con su libro y sus entrevistas,  acapara protagonismo en solitario

Ana no se va

Por V. M.

La advertencia de Rodrigo Rato durante la presentación de Ana Botella. Mis ocho años en La Moncloa (Plaza & Janés) no pudo ser más acertada: “Querido José María, igual que Kennedy, vas camino de ser el marido de Ana Botella”. Aunque pudiera parecer una broma fácil, no va del todo desencaminada. Ahora que el ex presidente abandona el Gobierno, es su mujer quien recoge el testigo para concentrar casi en exclusiva la atención que el matrimonio viene despertando desde su llegada a La Moncloa. Ella misma ha asegurado en una entrevista: “Yo no me voy”, y los medios de comunicación le han tomado la palabra. La prensa lleva varias semanas siguiendo con atención todo cuanto acontece alrededor de la mujer de Aznar, porque aunque parezca insólito, sus opiniones suscitan gran interés entre la opinión pública. Ella, por su parte, le está sacando partido a su nueva proyección para lavar su imagen y la de su marido, seriamente dañada tras los acontecimientos del mes de marzo. Lo hace en su libro Ana Botella. Mis ocho años en La Moncloa. En él revela su cara más amable, relatando detalles domésticos de su vida en Palacio, opiniones sobre los Blair y los Bush o valoraciones personales sobre conflictos internacionales. A continuación, reproducimos algunos pasajes de la publicación.

Decorando La Moncloa

“Después de la jura, cuando llegó Jose, me fijé en la decoración de este edificio  (La Moncloa), aséptica, ordenada y lineal [...]. Después de comer yo ya me había hecho una idea de la futura distribución de la casa y volvimos a La Moraleja, donde habíamos vivido el último año [...]. Esta habitación (el Patio de Columnas) se transformó cuando comenzamos a vivir en La Moncloa: se cambió la tapicería, se varió la disposición de los muebles y se recuperó una alfombra que había sido hecha para este salón con las mismas dimensiones y que había estado guardada durante años.

En definitiva, se adaptó a nuestros gustos. Contamos con todos los muebles que había y trajimos alguna cosa perteneciente al Patrimonio [...]. Al fondo de este salón hay una gran cristalera que da a la parte más alta del jardín [...]. Instalamos un rincón de estar bajo una pérgola y una mesa de comedor [...]. A la izquierda del Patio de Columnas está el despacho de trabajo de mi marido. Esta habitación se redecoró con un gran número de estanterías, que terminaron por ser insuficientes para los libros que hemos ido acumulando durante estos años [...]. En el primer piso está lo que, durante estos años, ha sido nuestra casa, ese lugar donde uno es esperado y al que siempre quiere volver. Allí están los dormitorios, varios salones, un pequeño office, un comedor en el que solíamos almorzar y cenar, y otro en el que desayunábamos.

En esta zona puse nuestras cosas. En resumen, traté de atenuar la sensación de oficialidad que envuelve todo lugar público para que se asemejase lo más posible a un hogar. Creo que lo conseguí, si bien siempre le faltó o le sobró algo que hacía que no fuera exactamente una casa normal”.

Preparando la intendencia

“Volviendo a mi primer almuerzo oficial como anfitriona, observé atentamente cómo se organizaba y pensé que había que cambiar algunos detalles [...]. Asumí inmediatamente que yo también tenía que ocuparme [...]. Gracias a las buenas artes de Julio (cocinero de La Moncloa) hemos probado en familia antes de servirlas (las recetas) en las comidas oficiales [...]. Al igual que con la decoración del salón en el que se celebran los almuerzos, he procurado que los menús oficiales fueran representativos de nuestra rica y variada cocina regional y estuvieran acompañados de vinos españoles”.

Organizando las vacaciones

“Me puse enseguida a buscar casa para las vacaciones. Recibimos dos o tres ofertas, entre ellas la de José Soriano, dueño de Porcelanosa [...]. Nos cedía su casa en Las Playetas, un chalé precioso frente al mar que yo fui a ver a primeros de junio. Me pareció estupenda; por si fuera poco su gesto, José Soriano se ofreció también a hacer los arreglos necesarios [...]. Nuestra aceptación dio lugar a muchas especulaciones. Recuerdo incluso una pregunta parlamentaria sobre quién iba a pagar la residencia, si nosotros o la Presidencia del Gobierno [...]. Soriano jamás nos pidió nada, ni siquiera nos insinuó algún favor”.

“En el capítulo de anécdotas de ese verano de 1996, cómo no, el primer baño, que, en esta ocasión, fue mío solo. Estaba claro que tenía que sufrir, así que cuanto antes me lanzara, mejor: era un paseíto en traje de baño, ¡entre los fotógrafos! [...] Aquél era uno de los peores momentos de todo el año. Porque, la verdad, lo de aparecer en traje de baño, a partir de los veinticinco ¡debería estar prohibido!”.

“Fuimos por primera vez al palacio de Marivent, al despacho de verano con Su Majestad el Rey. Luego, don Juan Carlos y doña Sofía nos invitaron a comer. Fue el primer almuerzo a solas con los Reyes. Guardo un agradable recuerdo de aquel día. La admiración que ya sentía por ellos ha aumentado a lo largo de las distintas ocasiones que he tenido para conversar con Sus Majestades, conocerlos más de cerca y comprender su gran labor, insustituible en nuestra sociedad”.

Viajando por motivos oficiales

“Habían pasado sólo cuatro meses desde nuestra llegada a La Moncloa cuando acompañé por primera vez a mi marido en un viaje oficial [...]. Entre el 3 y el 7 de septiembre de 1996 viajamos a la República Dominicana y a México [...]. Al llegar al Palacio Nacional tuvo lugar la primera anécdota del viaje.

En esos magníficos programas de los que he hablado, figura en cada uno de los actos la vestimenta adecuada [...]. Para esa primera cena que daba Leonel Fernández (presidente de la República Dominicana) estaba previsto de corto. Hice caso a las recomendaciones de Protocolo y me puse una falda hasta la rodilla y una chaqueta de manga corta. Cuando llegamos, vi que todas las demás invitadas vestían de largo. Al principio quise morirme [...]. Al día siguiente, la portada de la mayoría de la prensa dominicana era la foto de familia [...]. Todo el mundo pudo apreciar claramente quién era la única mujer que había optado por un traje corto. Allí estaba yo, entre unas señoras elegantemente vestidas con importantes trajes largos... En cualquier caso, un detalle menor.

A partir de ese momento fui insistente sobre la indumentaria adecuada para cada acto, tanto que, desde entonces, mi insistencia se convirtió en una broma entre los miembros de Protocolo de La Moncloa”.

Estrechando lazos con los Blair en Doñana

“Estuvimos en el Coto de Doñana con la familia de Tony Blair durante dos días hasta que él llegó la noche del jueves 9 de abril. Eso fue el comienzo de una relación estrecha entre las dos familias ya que en esos días tuvimos tiempo para conversar sobre nuestras vidas anteriores a la llegada de Downing Street y La Moncloa [...]. Tony Blair, como su mujer Cherie, son personas cercanas que saben escuchar, que se mantienen apegados a la realidad y que son una familia. Eso lo transmiten. Cherie es una gran profesional de la abogacía. Conocer a los Blair ha sido interesante. Tony Blair lo es como político, pero ambos lo son como personas”.

Recibiendo cartas

“Hay algo mágico en las cartas [...]. Conservo las de Jose que, aunque son pocas, pues no fueron muchos los días que estuvimos separados durante la época de novios, sí que, evidentemente, están cargadas de simbolismo [...]. Desde que Jose asumió la Presidencia del Gobierno [...] he podido contar la friolera de 11.538 cartas remitidas por personas a las que no conozco [...]. Tengo que decir que las he leído prácticamente todas [...]. Cito textualmente: “Grupo de ancianos de la residencia Casa Julita [el nombre es ficticio] solicita furgoneta para pasear en el campo” [...]; “Para que entregue unas cartas a Julio Iglesias [...]; “Dos millones de pesetas en un cheque, a ser posible al portador ya que si es nominativo podría enterarse mi marido” [...]; “Que me envíe su traje verde que utilizó en la boda” [...]; “Quisiera la ropa que usted no use, ya que es bonita y exclusiva”; “Familia de pensionados quieren: un sofá de tres plazas, una cocinilla y un mueble del salón” [...]; “Ayuda para la operación de mis dos hijos transexuales” [...]; “Mi padre tenía sus mismos apellidos, así que, como somos familia, solicito ayuda”.

Colaborando con las ONGs

“Conocí y comprendí también la sensación de fracaso y el sufrimiento de los que trabajan con estos enfermos, profesionales que podrían tener una vida con un estatus económico y que, sin embargo, renuncian a ello por un trabajo mal remunerado pero que les produce otras satisfacciones [...]. Cuando llegué al Ayuntamiento de madrid y formé a mi equipo, propuse a una economista de veintinueve años que trabaja en Semilla colaborar conmigo. Sin embargo, ella optó por seguir con su labor en esta asociación [...]. Por otro lado, en los años pasados también tuve acceso a un mundo al que nunca habría llegado si no fuera por Jaime Garralda, un sacerdote jesuita que lleva años trabajando con la gente que está en prisión. Preside Horizontes Abiertos [...]. Se trata de un mundo que a mí siempre me ha interesado conocer [...]. He colaborado en la recuperación de algunas de estas personas y aunque sólo hubiera sido por una, habría merecido la pena.

Durante esos años promoví la creación de dos fundaciones: Realiza e Integra, de las que fui presidenta ejecutiva, que se dedican a la integración laboral de personas con especiales dificultades [...]. Haber vivido durante estos años en contacto permanente con la “normalidad” supuso para mí, además de un valioso aprendizaje, la oportunidad de sentir el cariño de la gente, aunque es cierto que, dependiendo de cómo se desarrollaron los acontecimientos, era mayor o menor”.

Ganando por mayoría absoluta

“Cuando se confirmó la mayoría absoluta, las caras de todos eran de felicidad y asombro.

A mis hijos y por supuesto a Jose se les notaba felices. En cuanto a mí, la paz era el sentimiento que en ese momento prevalecía sobre los demás. Por varias razones: pensé que el triunfo era bueno para España y merecido para el Partido Popular y para mi marido. Era el resultado de muchos años de esfuerzo y de trabajo, al haber apostado por un proyecto de país en el que creía y haber luchado por él. Todo ello después de haber vencido una serie de tópicos y clichés sobre el sector ideológico que representaba, su personalidad, etcétera [...]. La salida al balcón de Génova fue un momento mágico e irrepetible. La vida, afortunadamente, va dejando destellos de luz, momentos felices en la memoria que siempre reconfortan al recordarlos. Ése fue uno de ellos.

Veíamos el cielo de Madrid, las banderas del PP y de España, las caras de la gente, todas de alegría y de afecto [...]. Volvimos a La Moncloa [...]. Cuando nos quedamos solos, supimos que esa noche era irrepetible”.

Casando a la hija

“Para relatar la boda de mi hija Ana, he de retroceder al verano de 2001, el primero que pasamos en Menorca [...]. Mi hijo José María fue uno de los primeros en llegar. Vino acompañado de [...] Alejandro Agag [...]. Inmediatamente me di cuenta de que Ana y Alejandro empezaban a interesarse el uno por el otro más de lo normal, sensación que tuve cada día; había una química entre ellos. Picada por la curiosidad, se lo comenté a Jose, y él también compartía la misma sensación [...]. Por si aún quedaba alguna duda, mis sospechas se vieron reforzadas cuando, llegado el día en que Alejandro se marchaba, observé que Ana hablaba por teléfono nada más despedirse de él. Yo la miraba atentamente tratando de confirmar lo que llevaba varios días rondando mi cabeza y, en un golpe de curiosidad, no pude por más y se lo pregunté. Ana, con grandes aspavientos, me negó lo que a mi entender era una evidencia, así que insistí una segunda vez. La cara de asombro de mi hija mientras hablaba por teléfono me hizo desistir en el empeño y me olvidé del asunto [...]. Tuvo que ser fuera de casa y por terceras personas cuando, por avatares de la vida, me ocurrió algo que supuso la práctica confirmación de mi sospecha.

A finales de septiembre viajé a Galicia para asistir a un mitin del PP [...]. Marilar de Andrés, entonces jefa de Prensa del PP, me comentó que una periodista le había llamado para preguntarle si mi hija Ana salía con Alejandro Agag. “Nooo, qué tontería...!”, le espeté a Marilar cuando me lo contó [...]. Ya en Madrid, comimos con mis tres hijos y varios amigos suyos [...]. Al acabar de comer subí a mi habitación; mi hija Ana me seguía con aire misterioso.

—Mamá, en un programa de televisión han dicho que salgo con Alejandro.

—Qué bobada –contesté–. ¡Qué más da lo que digan en televisión! ¿Nos va a importar eso a estas alturas de la vida?

Ante mi reacción, Ana se calló y no dijo una sola palabra más sobre el asunto.

Horas más tarde, ya por la tarde, mi hijo mayor me llamó por teléfono a propósito del mismo programa de televisión:

—¿Sabes con quién sale tu hija?

—Pues que yo sepa, con nadie –contesté.

—Te equivocas. Que sepas que sale con Alejandro; lo han dicho en un programa de televisión. [...]. Le dije a José María [...] que no era más que un cotilleo de verano.

—Alejandro me ha llamado y me lo ha dicho –sentenció José María.

—Ah, bueno... –dudé–. Pues si tu fuente de información es esa... Entonces ya la cosa cambia [...]. Evidentemente, a la mañana siguiente irrumpí en la habitación de mi hija, la desperté y le pregunté por el asunto.

Ella, muerta de risa, confesó [...]. A mi marido, que tenía mucho cariño a Alejandro desde antes de que ocurriera todo esto, al principio también le costó adaptarse a la nueva situación [...]. En las Navidades de 2001 fuimos al valle de Arán [...]. Hablando de todo un poco, le pregunté a mi hija:

—Ana, ¿el curso que viene irás a estudiar fuera como pensabas?

—He cambiado de opinión, me quedo en Madrid –respondió.

—Bueno, pero este verano si irás a Alemania a estudiar alemán; tenemos que empezar a prepararlo.

—No quiero ir a ningún sitio este verano –concluyó [...]. Al día siguiente [...] volví sobre el mismo tema del día anterior.

Ante mi insistencia, Ana prefirió no callarse más y no esperó:

—Mamá, nos queremos casar en septiembre.

—¿En qué septiembre, hija?

—En el primero, mamá.

Casi me caigo de la silla del susto, ¡y estaba alta! [...]. Lo único que le dije es que me tenía que prometer que acabaría la carrera; petición innecesaria, porque basta con conocer a mi hija para saber que no tendría ninguna duda en acabar y tener independencia [...]. Ana me pidió que se lo contara a su padre [...]. Él venía de asumir la presidencia europea y de asistir al hecho histórico de la entrada en vigor de la moneda única, el euro.

—¿Pero una noticia muy importante? –Se oía al fondo el zumbido de los motores del avión.

—Sí. Muy importante.

—¿Uno de los dos se casa?

—Sí.

—Cuál?

—La niña [...]. Fue en Madrid, a la vuelta de las vacaciones, donde decidimos qué boda queríamos hacer. Sólo había dos posibilidades: o una boda estrictamente familiar o, de no ser así, ya pasábamos a un gran número de invitados, como finalmente sucedió.

Pasado todo este tiempo, tengo que decir que aún la hubiera hecho más grande. Viéndolo con la perspectiva del tiempo, me hubiera gustado haber compartido ese día con algunos amigos más pero, para ser sincera, me asustó la organización [...]. La primera iglesia en la que pensamos fue en la de San Francisco el Grande; todos somos de Madrid, sentimos esta ciudad como nuestra casa y esta iglesia reunía todas las condiciones para celebrar la boda de mi hija menos una: estaba en el centro de la ciudad y habría causado muchas complicaciones.

La madre de Alejandro pensó en la basílica del monasterio de El Escorial y [...] finalmente nos decidimos por ella [...]. Nosotros pedimos permiso para celebrarla un jueves y no interferir así en las parejas que contrajeran matrimonio antes o después que mi hija [...]. Después de recibir a los Reyes de España, a los que agradecí sinceramente que nos acompañaran en un día tan especial, viví un momento realmente emocionante. La imagen de mi marido y mi hija entrando en la basílica por el fondo del monasterio quedará siempre como un recuerdo imborrable en mi memoria. Me había propuesto no derramar ni una sola lágrima y, aunque finalmente lo conseguí, he de reconocer que me fue verdaderamente difícil cuando, al contraluz del atardecer, los dos aparecieron felices [...]. La relación de pareja, si es estable y creativa, es la manera más satisfactoria de recorrer el camino de la vida.

Pasando apuros

“Acudí al desfile de los llamados diseñadores ‘disidentes’ [...]. Entre ellos estaba mi buen amigo Antonio Pernas, quien me había invitado a su desfile [...]. Tuve una sensación de incomodidad. Notaba como si el forro de la falda no estuviera del todo estirado y, en un acto reflejo, traté de colocarlo en su sitio. En realidad me temo que lo que hice fue lo contrario: me bajé la falda [...]. Durante todo el día y toda la noche, algunos sacaron las imágenes sin parar [...]. Hasta que no vi el vídeo (verdaderamente cómico), no me quedé tranquila: tampoco era para tanto [...]. Mis hijos y mi marido me tomaron el pelo [...] y cada vez que salía me repetían lo mismo, entre carcajadas: ‘Mamá, por favor, sujétate bien la falda”.

“El 6 de mayo de 1999 me hicieron madrina de la botadura del buque de asalto anfibio de la Armada ‘Galicia’ [...]. Cuando nos lo propusieron, fui consciente de los comentarios que se iban a hacer, pero comprendo que son gajes del oficio y acepté que para esa ocasión me eligieran a mí [...]. De repente, en mitad de tan trascendental momento, se me acerca alguien que con voz preocupada me dice:

—Urgentemente, tiene usted que llamar a La Moncloa [...]. Inquieta, me aparté con disimulo, cogí el teléfono móvil y llamé a La Moncloa:

—Soy Ana, ¿qué ha pasado? –pregunté con preocupación; se me salía el corazón por la boca.

—¡Ah! –respondieron con tranquilidad pasmosa–. Le hemos llamado porque no ha dicho hoy qué vamos a comer.

—¿Cómo?

—Sí. ¿Que qué vamos a poner de comida?

—¡No es posible!

Me reincorporé al acto como si nada hubiera pasado.

Está claro que, cuando te toca vivir una situación como ésta, ¡tienes que estar realmente preparada para todo!”-

Asistiendo a cumbres internacionales

“El día que se detuvo a Pinochet en Londres por orden del juez Garzón estábamos en la Cumbre Iberoamericana de Oporto, que se celebró los días 17 y 18 de octubre de 1998. La casualidad hizo que, durante la cena oficial, yo estuviera sentada al lado de Eduardo Frei (ex presidente chileno), cuya preocupación era evidente por el efecto que pudiera tener la detención del ex dictador en su país. Afortunadamente, todo terminó de la mejor manera posible y hoy, por fin, se puede decir que se trató de una cuestión menor en las relaciones entre España y Chile”

Intimando con los Bush

“El lunes 12 de enero de 2004 aterrizamos en la base aérea de Andrews, en Washington [...]. La visita respondía a una invitación que el presidente George Bush le hacía a mi marido con motivo del fin de su mandato [...]. George Bush me habló de su rancho de Texas [...]. Desde luego, cuando lo visitamos pudimos apreciar el esmero con el que estaban cuidados todos los detalles [...]. Tanto George Bush como su mujer, Laura, son cálidos y afables, amigos con creencias firmes; cuando se está cerca de ellos es difícil concebir esos estereotipos que se escriben sobre determinados personajes públicos y que cuesta tanto reconocer una vez que se los conoce”.

Interpretando los conflictos políticos

“El 20 de junio de 2002 tuvo lugar la huelga general [...]. En la anterior huelga general [...] del 14-D de 1988, se paralizó verdaderamente el país [...]. Supongo que, como yo, otros muchos madrileños recordarán que el 20-J Madrid siguió funcionando casi con normalidad. Hubo huelga en los polígonos industriales, como se dijo, pero en las ciudades se vivió un día más o menos tranquilo [...]. Las declaraciones tan criticadas del entonces ministro portavoz, Pío Cabanillas [...], en las que aseguraba que la huelga había fracasado, eran la constatación de los datos reales”.

 “Para mí, el ‘Prestige’ ha sido probablemente el momento político más duro de todos los que he vivido. Fue verdaderamente desproporcionada esa unanimidad mediática que lo presentaba como una catástrofe irreversible; parecía que jamás volvería a haber pescado en las costas gallegas, que nunca se recuperarían de ellos [...]. Fue la primera vez que un acontecimiento político se trataba como un verdadero espectáculo [...]. Además, se pusieron en duda decisiones tomadas por el Gobierno aunque, afortunadamente, con el paso del tiempo se ha podido demostrar que fueron sustancialmente acertadas [...]. ¡El Gobierno no lo debió hacer tan mal cuando en el municipio más afectado, a los siete meses los resultados (electorales) fueron favorables para el PP! [...]. Con el accidente del ‘Prestige’ el partido vivió uno de los peores momentos de su historia y, desde luego, el peor desde que mi marido había llegado a la Presidencia del Gobierno; creo que fue precisamente esta circunstancia la que me sacó de toda duda e hizo que me decidiera a dar el salto a la política activa. Las organizaciones, cuando tienen que dar la talla, es justamente cuando atraviesan momentos difíciles”.

“Mi marido, como presidente del Gobierno, mantuvo una estrecha relación con George Bush desde que éste accedió a la presidencia de Estados Unidos. No hay que olvidar que, nada más alcanzar el Gobierno, Bush vino a Europa y escogió como primer destino España [...]. Sin duda, indicaba que nuestro país comenzaba a tener un papel diferente en el mundo [...]. Las elecciones autonómicas y municipales se celebraban el 25 de mayo y el tema del conflicto (de Iraq) se utilizó para erosionar al Gobierno. Hubo todo tipo de manifestaciones, una especialmente importante el sábado 15 de febrero [...]. Me prepararon actos de boicot, pero lo aguanté muy bien. En todo momento me di cuenta de que se trataba de acciones organizadas [...]. Durante los años anteriores nunca me habían dedicado el más mínimo gesto desagradable; al contrario, todo lo que había recibido fueron muestras de afecto y cariño [...]. La catástrofe electoral para el PP (en las municipales y autonómicas) [...] no se hizo realidad [...]. La reacción de la oposición había sido desmedida, se había generado un clima de violencia que no agradaba a la gente”.

Despidiéndose de Palacio

  “La tan comentada sucesión de mi marido al frente del Partido Popular y como candidato a la Presidencia del Gobierno fue uno de los pocos acontecimientos de estos años en los que, por más que lo intenté, no pude evitar derramar alguna lágrima [...]. Durante el mes de agosto en Menorca, a pesar de tener su decisión tomada tanto en el fondo como en la forma, Jose estuvo ciertamente melancólico [...]. Había un punto delicado en el proceso: Jose tenía que tomar una decisión, y tan difícil era proponer a uno como dejar de proponer a otros [..]. El sábado 30 de agosto, Jose comió con Rodrigo Rato, Jaime Mayor, Javier Arenas y Mariano Rajoy [...]. Por la tarde nos fuimos a Quintos de Mora con Mariano y Viri, que es una mujer inteligente y trabajadora; allí charlamos, echamos la vista atrás y miramos hacia el futuro [...]. Vi a Jose de telonero y a Mariano Rajoy como nuevo líder de un partido en el que milito desde hace varios años, y aunque reconozco que tuve que contener una cierta melancolía, también es cierto que deseé a Mariano todo el éxito. Mi confianza en él me hacía presentir que los próximos años traerían, con él a la cabeza, la continuación de un camino de progreso”.

Sufriendo el 11-M y la derrota del PP

“Quiero decir que lo que más me importa de todo esto es la muerte de esas 202 personas (sic) [...]. A ello se ha unido un intento político de vilipendiar la honorabilidad del Gobierno y de mi marido [...]. El tiempo demostrará que el Gobierno no mintió ni manipuló información [...]. Mi marido convocó a una manifestación en todas las ciudades de España [...]. Pero para algunas personas, esa tarde ya estaba enturbiada. La investigación de la autoría del atentado empezaba a ser para ellas más importante que el atentado en sí [...]. Hubo un grupo de gente que estuvo chillando todo el tiempo. Aunque no eran representativos de lo que estaba pasando en el resto de la aglomeración de millones de personas, nos gritaban; daba la impresión de estar organizados entre ellos [...]. Los mismos grupos que habían salido en las manifestaciones contra la guerra.

Nada más terminar la manifestación empecé a percibir que algunos querían convertir el acto masivo en otra cosa: habían convertido la información recibida al minuto en ocultación de datos y la investigación realizada concienzudamente en manipulación.

El sábado comenzaría otro tipo de tormento [...]. Se decidió que compareciera el ministro de Interior para anunciar que Al-Qaida había reivindicado la masacre.

Pero antes de eso ya había manifestaciones frente a las sedes del Partido Popular acusando al Gobierno de mentir. Un político socialista compareció ante los medios de comunicación para decir que era mejor tener un Gobierno que dijera la verdad [...]. Soy poco dada al lamento, pero todo lo que no fueran las víctimas me parecía secundario. Que lo que ha pasado políticamente es una pena, sí; pero no es lo más importante. Que al final de una labor de ocho años se acabe con esto, pues te pones a pensarlo y es horrible. Pero creo que es casi secundario [...]. ¿Qué más pueden pedir los terroristas que ser capaces de intervenir en las políticas de los países democráticos a través de los atentados? Si lo aceptamos, estamos muertos. Si los terroristas piensan que son capaces de intervenir en las elecciones inglesas y que ese país va a tomar la decisión de no hacer nada contra ellos, servimos su influencia en bandeja de plata: ya tienen fecha para poner las bombas en todos los países democráticos y cambiar sus gobiernos y sus políticas”.

“A la hora de votar me asalta la emoción y lloro [...]. Pero no había nadie que gritara en contra [...]. Fue aquel aplauso cerrado desde el momento en que entramos hasta que salimos lo que me tocó el corazón [...]. A eso de las nueve y media ya nos dimos cuenta de que habíamos perdido las elecciones [...]. Creo que, por una parte, recibimos un ataque brutal de algunos pero, por otra, yo nunca he recibido tantas llamadas de gente diciendo que es una verdadera injusticia [...]. Esos nueve millones seiscientos mil votantes son un sólido activo para el PP. No sé si puedo decir lo mismo del resto de votantes.

En el momento de volver a casa, más que nunca pensaba que la decisión que se tomó con respecto a Irak fue la acertada. Nadie está libre del terrorismo. Ni un solo país. A ver si se creen que los que no nos han apoyado están libres del terrorismo”.

 

Protagonista de la prensa

En el matrimonio Aznar han cambiado las tornas. Ahora es Ana Botella quien acapara mayor protagonismo, quien, diga lo que diga, va a ser objeto de interpretaciones políticas y quien, a riesgo de hacer sombra al hasta hace unos días presidente del Gobierno, ha saltado a las primeras páginas de los periódicos. Se ha convertido en la mujer de moda, en una esposa, madre y trabajadora todoterreno capaz de acudir a su despacho en el Ayuntamiento, conceder entrevistas y presentar su libro sin descuidar la decoración de su nuevo hogar en Pozuelo.

Antes de presentar Ana Botella. Mis ocho años en La Moncloa, ya apareció en la portada del diario El Mundo. A pesar de ser tan sólo y en la práctica concejala en el Ayuntamiento de Madrid, el rotativo madrileño la interrogó por los dos temas políticos más candentes del momento: la masacre del 11-M y la derrota del Partido Popular. Preguntada por la posible relación entre los atentados y la política exterior de Aznar, contesta que “ni mi marido ni yo nos sentimos culpables. El terrorismo es igual venga de donde venga [...]. Estoy segura de que mi marido, el presidente del Gobierno, ha luchado contra el terrorismo todos estos años de la mejor manera que ha podido, siempre con la ley en la mano y procurando la eficacia de los cuerpos de seguridad del Estado”. El entrevistador también le pregunta si, tras los sucesos ocurridos entre el 11 y el 14 de marzo, ha pensado dejar la política en algún momento, a lo que Ana Botella contesta “No. En ningún momento. Yo no me voy. Creo en el ser humano por encima de todo y por encima de cualquier circunstancia. Esa creencia la voy a mantener siempre. Desde luego, por eso merece la pena no sólo la vida política, sino cualquier actividad en la vida”.

La semana pasada, también el diario La Razón dedicó su portada a la entrevista que en páginas interiores publicaba sobre el libro publicado por la concejala y sobre sus valoraciones políticas, que estos días han alcanzado una trascendencia inusitada.

Preguntada por sus reflexiones sobre el 11-M un mes después de la masacre, asegura que la única forma de vencer al terrorismo es “luchar todos juntos contra él. Mi reflexión ahora es que los responsables políticos afronten el terrorismo con la misma firmeza y decisión como lo ha afrontado mi marido y sus gobiernos estos años”.

La periodista Carmen Gurruchaga también le pregunta por su libro, del que la hasta ahora ‘segunda dama’ dice que “son mis recuerdos sobre acontecimientos de estos ocho años en La Moncloa. En él se mezclan acontecimientos políticos vividos de cerca, con la vida de una familia normal”. “Cuando llegamos a La Moncloa José y yo teníamos 42 años. En estos ocho años ha cambiado nuestra vida familiar completamente: llegamos con dos hijos adolescentes y un niño pequeño. Ahora tenemos una hija casada, estamos apunto de ser abuelos, el mayor de mis hijos trabaja fuera de España y Alonso, el pequeño, está en plena adolescencia. Estamos en esa edad en la que empiezas a encontrarte con la enfermedad en las personas mayores, a perder algún amigo. Es el momento de echar la vista atrás, de hacer balance. Miras hacia delante y empiezas a darte cuenta de que ya no tienes todo el tiempo del mundo como cuando tenías 20 años”, asegura.

Ana Botella también habla en La Razón sobre el resultado electoral. “A mí me habría gustado que el PP hubiera ganado las elecciones y que Rajoy fuera presidente. El partido en el que ha militado mucho tiempo es el que ha sustentado a los gobiernos que, bajo mi punto de vista, han traído una gran prosperidad a España y, sinceramente, creo que la labor del Gobierno está ahí. El tiempo pondrá en su sitio la valoración del resultado de estos ocho años de trabajo y esfuerzo. Mi marido, como es lógico, habría preferido que hubiera continuado su partido en el Gobierno”, comenta. Por otra parte, y preguntada sobre la posibilidad de que ahora aparezcan disensiones en el seno del PP, asegura que “es un partido cohesionado, que durante estos años ha dado estabilidad a España. Es un referente para la sociedad española y, además, no nos podemos olvidar de que los partidos políticos, cuando gobiernan, tienen que hacerlo para todos los ciudadanos y que cuando están en la oposición, representa a todos aquellos que le han votado. El PP hoy en España representa a 9.700 000 personas. Nunca ha habido y nunca va a haber en el Congreso de los Diputados un grupo tan grande de oposición. Ésta es la principal razón por la que el PP va a hacer una oposición fructífera para la vida política española durante los próximos años”.

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