Nº 587 - 26 de enero de 2004

La monarquía, consolidada por el momento

LA SOLEDAD DEL REY

Por V. M

E l editor del Grupo Nuevo Lunes y director de El Siglo, José García Abad, habla sin tapujos de don Juan Carlos en La soledad del Rey (La Esfera de los Libros), un libro que destapa el tabú que pesa sobre la figura del monarca y de su papel institucional a lo largo de los últimos 25 años de democracia y reinado. Con rigor informativo y contrastada documentación sobre el jefe Estado, el autor trata de averiguar si a día de hoy se puede afirmar que la monarquía española está consolidada. La conclusión es que sí, por el momento. Sin embargo, echa en falta una mayor transparencia informativa por parte de la Casa Real y lamenta el pacto de silencio implícito con la prensa, que en ocasiones ha perjudicado a la institución dejando que pesen sobre ella sospechas no siempre fundadas. A este respecto, García Abad desvela cada uno de los momentos en los que don Juan Carlos ha podido cometer ciertos errores, rodeándose de unas amistades peligrosas que han comprometido su nombre y la institución a la que representa. Pero también pone en valor sus aciertos como jefe del Estado en los momentos más críticos de la Transición, su papel mediador con los nacionalistas o sus relaciones, no siempre fáciles, con el presidente del Gobierno. Asimismo, aborda el tema de la sucesión, un reto para el Príncipe de Asturias en un país sin monárquicos que, sin embargo, ha depositado su confianza en la figura de don Juan Carlos.

A continuación, reproducimos varios pasajes de los principales capítulos del libro, donde se abordan algunas de las claves del reinado de Su Majestad.

EL REY EN UN PAÍS SIN MONÁRQUICOS

“El Monarca se ha beneficiado de un pacto implícito de silencio de la prensa [...], una complicidad que, ahora se ve, más que salvar al Rey ha estado a punto de condenarlo. Si la prensa hubiera informado puntualmente, como es su obligación, de los malos pasos del Monarca y del Príncipe, algunos asuntos, ciertas aventuras empresariales y unas cuantas imprudencias no habrían adquirido tamaña dimensión. El silencio de la prensa ha podido generar en el entorno real una sensación de inmunidad propiciadora del descuido”.

“El riesgo más grave para el futuro de la institución [...] de efectos lentos pero implacables: las dudas que se van incubando sobre la necesidad de la monarquía, incluso sobre su mera utilidad [...]. Ni siquiera es una cuestión acuciante en el debate público, pero [...] se inscribe en un proceso que probablemente se irá acelerando en los próximos años [...]. La institución podría languidecer simplemente por el desinterés público, por el cansancio del «respetable» ante el espectáculo de esta nueva corte estrafalaria que se ha ido enracimando con el Monarca, de las camarillas que se arriman a la Corona con el fin de utilizarla en su beneficio. Incluso cabe la posibilidad [...] de que la monarquía fenezca por desasistimiento de los protagonistas, víctimas del aburrimiento del oficio [...]. Si no reacciona ante los peligros que le acechan [...], la base del poder real o mejor dicho de su influencia [...] irá achicando sus valores y con ello su eficacia como la forma de Estado más conveniente”.

“El Príncipe de Asturias no pareció comulgar con la tradición monárquica, ni en la elección de sus novias ni en la de sus amigos, entre los que predominan los ociosos niños de papá o los especímenes más pijos que han ido configurando una pequeña corte aún menos edificante que la paterna [...]. Su noviazgo con Letizia Ortiz [...] puede representar el fin de una etapa frívola en la vida del Príncipe y una mejora sustancial de su imagen”.

UN REY MUDO, PERO NO SORDO

“La indiscreción calculada es un arte en el que el Rey es genial y que viene practicando desde antes de su coronación. Las primeras y más trascendentes filtraciones [...] fueron confiadas a un periodista amigo [...]. Sin entrecomillados [...] el periodista expresaba la opinión del Monarca: ‘Está decidido a ser rey de todos [...] por encima de la política de los partidos. La restauración de la auténtica democracia [...] no admite la legalización del Partido Comunista [...]’. La indiscreción, precisamente calculada, ocultaba que la legalización del Partido Comunista estaba decidida, como había prometido secretamente a Santiago Carrillo”.

“Don Juan Carlos «larga» sin piedad contra Adolfo Suárez [...]. Uno de sus visitantes, figura clave en la Transición, salió de Palacio escandalizado ante la virulencia de los ataques del jefe del Estado al jefe del Gobierno de Su Majestad. ‘Si eso me dijo a mí de su presidente, qué no habrá dicho a Armada o a Milans del Bosch’, comentaría este personaje al autor de este libro”.

“Cabe preguntarse si merece la pena mantener una monarquía tan limitada [...]. Fue la ausencia del Rey (en la guerra de Iraq), justificada constitucionalmente pero difícil de entender por la ciudadanía y especialmente por la juventud [...]. “O Su Majestad no puede o no quiere intervenir; en ambos casos, ¿para qué le necesitamos?”, parecía ser la armadura de las críticas. Un dilema terrible que sustenta las dudas sobre el futuro de la monarquía, que al parecer alberga el propio Monarca, según me han confiado en círculos próximos al mismo”.

CUANDO EL REY NO SINTONIZA CON EL PRESIDENTE

“Cuando Rafael Arias-Salgado estaba a punto de ser cesado como ministro de Fomento, un puesto que el presidente había prometido a Francisco Álvarez-Cascos, alguien le pidió al Rey que intercediera con Aznar para que éste le confiara la cartera de Asuntos Exteriores. La respuesta de aquél fue: “Uff... Basta que yo le recomiende a alguien para que Aznar le deje automáticamente fuera”.

“El episodio más humillante [...] fue el frustrado viaje del Monarca a Cuba. Hacía tiempo que don Juan Carlos venía acariciando el deseo de acudir a La Habana en 1998 para conmemorar el centenario de la independencia cubana [...]. Semejante decisión era de exclusiva competencia del Gobierno [...]. Sin embargo, en  la Casa de su Majestad se estimó que si hubiera habido buena voluntad por parte del presidente, la visita real no tenía por qué contrariar dicha política [...]. El régimen cubano es, ciertamente, una dictadura [...]. En todo caso, el Presidente no tenía derecho a menospreciar a Su Majestad. Aznar fue innecesariamente cruel al expresar ante los periodistas [...] aquella inolvidable frase: ‘El Rey irá a Cuba cuando toque”.

“Igualmente ultrajante para el Monarca fue el protocolo enviado por La Moncloa para el desarrollo de la primera visita a España del presidente de los Estados Unidos, George Bush, y de su esposa [...]. Sólo se programó un breve encuentro oficial de los Reyes con el matrimonio [...]. En círculos cercanos al Monarca se calificó este almuerzo (el que tuvieron con los Aznar) de «suplantación», pues era a don Juan Carlos a quien le debería corresponder la presidencia del primer almuerzo del ilustre visitante”.

“La confrontación que ha tenido más consecuencias se produjo con motivo de la invasión de Iraq [...]. Un testigo de excepción del enojo real me lo expresaba con toda viveza, con palabras que recojo textualmente de mi grabadora: ‘Yo, que conozco desde hace muchos años al Rey, en mi vida le he visto tan cabreado. Estaba súper, súper, súper cabreado. Dijo unas cosas de Aznar... Le indigna que corte lo que para el Rey es fundamental: el turno pacífico PSOE-PP. Todas las descalificaciones al PSOE, al Rey le ponen malo’. La charla con don Juan Carlos se produjo, según mi excepcional testigo –llamémosle señor X–, en los siguientes términos:

Su Majestad: —Lo que más me subleva es que me haya engañado. No me ha contado la verdad sobre el tema. ¿Tú qué me aconsejas?

Sr. X: —Señor, creo que debería poner por escrito su opinión y debe trasmitírsela para que no haya equívocos.

S. M.: —¿Y cómo puedo yo señalar que no estoy de acuerdo?

Sr. X: —De ninguna manera. Sería anticonstitucional”.

LOS SOCIALISTAS DEL REY

“Pronto la cordialidad (entre el Rey y Felipe González) devino en franca amistad. En el despacho de los martes ambos competían en la narración de chistes verdes, a los que ambos son muy aficionados [...]. González encargó al secretario de Presidencia una delicada misión: debería ir a Atenas para pedir al primer ministro [...] que se atendieran las reivindicaciones del rey griego destronado, Constantino, quien pretendía obtener una indemnización por los bienes que la Familia Real poseía en Grecia y habían sido incautados [...]. Según he podido averiguar [...] la Familia Real griega obtendría el contenido de los palacios [...]. Más tarde [...] obtuvo también la propiedad de algún palacio”.

“El Rey, que es una persona agradecida y generosa [...] no ha dudado en [...] echar un capote a González en algún momento difícil siempre que se le requirió [...]: la inclusión en un mensaje de Navidad, la única ocasión en la que el Rey se expresa con cierta libertad, de un párrafo en el que reprocha el exceso crítico de los medios de comunicación”.

UNA CASA MUY OSCURA

“La Casa Real percibe de los Presupuestos Generales del Estado [...] en 2003 [...] 7,22 millones de euros [...]. Esta partida presupuestaria está destinada ‘al sostenimiento de su Familia y de su Casa’, tal como determina el artículo 65.1 de la Constitución, en el que también se indica que el Rey ‘distribuye libremente’ dicha cantidad [...]. Su Majestad interpreta el artículo [...] no sólo como el derecho [...], sino también, y eso es más discutible al tratarse de un órgano del Estado, el de no decir una palabra sobre cómo se lo gasta [...]. Pero [...] el conocimiento y control de los gastos del Estado es un derecho de la ciudadanía [...]. Insisto en que una cosa es la libre disposición de una asignación presupuestaria y otra la disposición libre de la misma, sin atender a norma alguna ni a la menor transparencia”.

LOS VASCOS Y EL PACTO CON LA CORONA

“Arzalluz mismo reconocía, en una carta enviada al Monarca en septiembre de 1981 en la que pedía su intervención contra la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), que en las tres ocasiones en las que había tenido problemas con Madrid, había llamado a La Zarzuela, consiguiendo desbloquear los contenciosos mantenidos con Adolfo Suárez. Con la excepción de Herri Batasuna, en los viajes del Rey al País Vasco ha reinado la cordialidad y, según me comentaba Iñaki Anasagasti, el PNV ha estado siempre al quite para proteger al Monarca, incluso en algunos momentos especialmente difíciles [...]. En alguna ocasión hasta Batasuna ha cuidado las formas, como cuando su coordinador general Jon Idígoras visitó al Rey. Si bien no consintió en ponerse el frac, se anudó una corbata al cuello, algo que no había consentido ni el día de su boda”.

“Anasagasti me cuenta una anécdota interesante. ‘En cierta ocasión don Juan Carlos me pidió: ‘Iñaki, a ver si me organizáis algún viaje interesante, porque siempre que voy al País Vasco es para algo que me piden los jesuitas o los del BBV’ [...]. Me cuenta otra historia [...] que tuvo lugar con motivo de la recepción ofrecida a Gorvachov [...]: ‘Presidente –dijo el Rey al dirigente ruso–, le voy a presentar al portavoz del Partido Nacionalista Vasco’. A lo que Gorvachov [...] replicó sobresaltado: ‘Pero, ¿cómo? ¿Ustedes también sufren a los nacionalistas?’ El Monarca estuvo en aquella ocasión muy oportuno al contestar al ilustre visitante: ‘Con la diferencia de que aquí, en España, a los nacionalistas los tengo en Palacio”.

“La actitud de los nacionalistas respecto al Rey ha sido correcta pero no entusiasta [...]. Consideran [...] que el Monarca no está cumpliendo el papel moderador que le atribuye la Constitución [...]. A pesar de todo [...], según Anasagasti, ‘somos accidentalistas en cuanto a la forma de Estado, pero mejor este señor que vete tú a saber qué otro jefe de Estado”.

LOS CATALANES Y EL REY

“La clave para entender estas relaciones (entre Cataluña y La Corona) me la propiciaba Xavier Trías [...]. No duda de que para Cataluña ‘viene mejor un reino, capaz de englobar a otras nacionalidades como la catalana, que una república”.

“El lector interesado puede leer las opiniones de Pasqual Maragall al final del libro, pero puedo adelantar que coinciden a grandes rasgos con la apreciación del papel que puede desempeñar el Monarca. ‘En la España plural como proyecto –me dice en esencia– puede hacer una gran aportación; pasados veinticinco años de democracia y de autonomía nos disponemos a releer los textos y los valores constitucionales, adaptándolos a las nuevas realidades y al desarrollo de unas autonomías de las que no se hablaba en la Constitución, que se limitó a abrir el camino para establecerlas. El Rey puede volver a desempeñar un papel decisivo aplicando su habilidad y sus atribuciones como moderador de pasiones y su intuición para lo esencial, como ocurrió en su primer periodo de reinado, desde 1975 a, digamos, 1982”.

“JURO NO VOLVER A PASAR HAMBRE”

“José María Ruiz-Mateos reveló, tras la expropiación de Rumasa, que había entregado al Rey 1.000 millones de pesetas en sucesivos maletines, que según cuenta el singular empresario jerezano, el Rey catapultaba con una diestra patada a un escondrijo ad hoc [...]. Declaró a quien quiso oírle que había proporcionado a Justo Fernández, a la sazón secretario general de Banca de la UGT, documentos que probaban transferencias hechas por el Rey. El veterano sindicalista ha reconocido al autor de este libro que recibió, en efecto, las fotocopias de unas transferencias hechas por el jerezano a bancos suizos a nombre de un supuesto testaferro real. No obstante, nadie le demostró que el titular de la cuenta fuera un testaferro del Rey [...]. Lo que es innegable es que, durante unos años, Ruiz-Mateos visitó con alguna frecuencia La Zarzuela [...]. trataba de hacer méritos para que el Rey le concediera un título nobiliario”.

“El 22 de junio de 1977, tras las elecciones parlamentarias, el Rey  le escribe una carta al Sha de Persia pidiéndole dinero para ‘ponerle’ un partido fuerte a Suárez ante una encrucijada histórica: las elecciones municipales que se celebrarían a seis meses vista, pues, según explicaba en la comprometedora misiva, ‘es ahí donde en mayor medida pondremos nuestro futuro en la balanza [...]’. El Rey justifica su petición en el peligro socialista, que ‘también obtuvo un porcentaje de votos más elevado del esperado, lo que supone una seria amenaza para la seguridad del país y para la estabilidad de la monarquía [...]’. En definitiva, el Rey pide a su ‘querido hermano’ el Sha que contribuya con diez millones de dólares para el fortalecimiento de la monarquía española [...]. Esta carta verdaderamente explosiva, que mostraría el peor pecado de un monarca parlamentario (la falta de neutralidad política, además de otras faltas menores como la financiación irregular de un partido), no ha tenido consecuencias aunque estaba publicada, bien es verdad que en inglés, desde 1991”.

“El asunto Kio ha sido el que más peligrosamente ha tocado al Monarca, pues han incidido en él varios factores de alto riesgo: la enorme cuantía del dinero entregado a Manuel Prado y la escandalosa inverosimilitud de la contrapartida de semejante libramiento; las prácticas delictivas de Javier de la Rosa; los frecuentes contactos de J. R. con Su Majestad el Rey; y las indiscreciones de Prado, que en sus conversaciones telefónicas con personalidades del emirato, celosamente grabadas, juraba que actuó en nombre de su patrón (el Rey) [...]. ¿Está relacionada la tenebrosa historia de Javier de la Rosa y Manuel Prado con la del préstamo que concediera el rey de Arabia a su «primo» Juan Carlos para que este se hiciera con un capitalito? Si no fuera así, si los 100 millones sacados del emirato no estuvieran destinados a pagar el préstamo del rey Fahd, la situación sería aún más comprometida, pues significaría que el Rey podría no haber obtenido 100, sino 200 millones [...]. Sensible a los problemas económicos de don Juan Carlos, le confió en los años ochenta 100 millones de dólares para que los invirtiera prudentemente y los devolviera a los diez años sin intereses [...]. El dinero fue confiado a Manuel Prado [...] y lo invirtió al parecer en el azaroso mercado de futuros, con resultados catastróficos, de forma que cuando se cumplieron los diez años acordados no había dinero, o al menos no el suficiente, para devolver. El caso es que había llegado el fatídico momento de la amortización del crédito y el rey Fahd había enviado a un primo a cobrarlo [...]. El Rey [...] envía a Manolo Prado a que reciba con toda pompa al correo real [...]. Se postró rodilla en tierra [...] y llorando le imploró el perdón para él y para la real deuda. Después el propio Rey telefoneó a su homólogo árabe quien, con sublime generosidad oriental, no perdonó la deuda pero concedió un plazo adicional de cinco años”.

REGALOS PARA LOS REYES

“A Su Majestad le encantan los regalos, especialmente los regalos caros. Le fascinan los coches potentes, que recibe con frecuencia, en algún caso con envoltorio envenenado. Javier de la Rosa, como otros empresarios, regaló al Rey en 1988 un Porsche deportivo con motivo de su cumpleaños; don Juan Carlos lo aceptó sin remilgos. Unos meses antes el Monarca le había hecho un gran favor: había aceptado las razones de Manuel Prado y Colón de Carvajal contrarias a la petición que le había hecho Felipe González. El presidente del Gobierno había pedido al Rey que enviara a su embajador permanente a informar al emir de Kuwait de que Javier de la Rosa no era la persona adecuada para representar en España a Kio, la agencia oficial que encauzaba las inversiones kuwaitíes en el mundo. Prado le convenció de que no debía vetar a un español que no había sido condenado por tribunal alguno”.

“Los miembros de la Familia Real se han convertido en atractivos modelos de publicidad [...]. La Copa del Rey de Vela se denomina Copa del Rey-Trofeo Agua Brava; el Monarca participa a bordo del Bribón [...] patrocinado por La Caixa [...], sus pantalones son Burberry; los relojes Breitling dan nombre a la regata [...] en la que participa el Príncipe a bordo del CAM [...]. Tanto el Rey como el Príncipe se calan las camisetas de Hermenegildo Zegna cuando participan en el trofeo que organiza esta marca en Barcelona, y ambos participan en la Regata Freixenet o en la Semana Naútica del Puerto de Santamaría que organiza Osborne. También se apuntan a Rolex, patrocinador del campeonato del mundo IMS [...]. La Infanta Cristina compite normalmente a bordo del Azur de Puig, con prendas con los colores y el logotipo de la colonia, logotipo que comparte el niño de la duquesa de Palma de Mallorca, de dos años. El pequeño ha sido fotografiado sentado en su sillita de paseo Jané o vestido con pantalones Oshkosh”.

MANUEL PRADO Y COLÓN DE CARVAJAL. EL PÍCARO DEL REY

“Manuel Prado y Colón de Carvajal [...] es un personaje que combina características de pícaro y de héroe. Ha hecho fortuna a la sombra del Monarca –se presenta como «administrador privado del Rey»–, pero también éste se ha beneficiado de sus buenos oficios. Es algo así como el «juanguerra» de don Juan Carlos”.

“Este asunto de los dineros de Kio, que Javier de la Rosa afirma haber entregado al Rey, a través de su hombre de máxima confianza, en una cuenta suiza es el asunto más comprometedor para el Monarca entre aquellos en los que Prado ha intervenido. También han afectado al Rey los negocios particulares fraudulentos realizados por el catalán y el sevillano”.

“El «administrador real» es no sólo beneficiario de algunas estafas de J. R., sino también cooperador necesario [...]. Pero si la prensa no investigó a fondo las acusaciones, muchas de ellas sumamente burdas, contra el Rey, la justicia hizo lo mismo. Las denuncias de Javier de la Rosa exigían que el poder judicial excitara su celo contra quien calumniaba al jefe del Estado asegurando que tenía cartas con membrete de la Casa Real; que disponía de grabaciones en el hotel Claridge de Londres en las que don Juan Carlos agradecía las aportaciones hechas a Prado; que podía presentar cartas a Prado, quien en nombre del Rey agradecía el envío de 429 millones de dólares. El fiscal general del Estado, Carlos Granados, trató de conjurar el escándalo asegurando que ‘el Rey era totalmente ajeno’ a los negocios entre De la Rosa y Prado, pero no estimó conveniente instar el procedimiento del supuesto calumniador. Una faena para el Monarca, pues un juicio por calumnias habría permitido dejar libre de polvo y paja el buen nombre de don Juan Carlos para hoy y para la historia”.

“El CESID no fue el único que trató de forzar la huida de España de Manuel Prado y Colón de Carvajal, un personaje que sabía demasiado: Fernando Almansa, jefe de la Casa del Rey desde 1993, le pidió que se refugiara en Suiza, y el periodista Luis María Anson [...], personaje que fuera muy activo en el Consejo Privado de don Juan y que tiene pleno acceso a La Zarzuela, presionó en el mismo sentido, es decir, que se refugiara en Lausana, donde «Manolo» tiene reconocida la residencia. Anson va más lejos e intenta que Juan Carlos I abdique en su hijo Felipe para salvar a la institución, que él estima muy deteriorada por el escándalo”.

EL GOLPE DE PALACIO DE MARIO CONDE

“No fue el banquero gallego una de las amistades peligrosas del Rey, fue la más peligrosa, la más comprometedora [...]. Su objetivo supremo [...] consistía en obtener del Monarca el poder político por detrás de las urnas [...]. Su increíble aventura provocó una inflexión apreciable en el prestigio de la Corona. El banquero fue más allá de la mera utilización del Rey como escudo político [...]. El Rey pudo ser seducido por el encanto y la simpatía del gallego, y ello es muy humano. Había recibido el Monarca avisos de gente de mucho peso, como su buen amigo Juan Abelló [...]. Y desde luego recibiría las advertencias del jefe de la Casa, Sabino Fernández Campo, quien fue el gran objetivo a batir por el nuevo amigo del Rey”.

“Su operación salvapatrias desde Palacio, «soplada» por el propio Conde a periodistas de confianza, no ha podido ser desmentida [...]. Fue un golpe de Estado como el del 23-F, en grado de frustración. [...]. Atacó la ciudadela por medio de regalos y halagos [...]. Su jugada maestra fue la seducción del padre [...]. En los últimos días de don Juan, Conde, que le visita con frecuencia en la clínica [...], coincide «tontamente» con el Rey, que visita a su padre moribundo, y allí se estrecha su amistad intensa que será interrumpida por la intervención del banco y el ingreso del banquero en prisión [...]. Han quedado vistos para la historia unos hechos evidentes: que don Juan se prestó a los propósitos del banquero para alcanzar el poder político; y que asumió la teoría de que el país marchaba hacia el desastre y que por tanto era preciso que el Monarca interviniera para reconducir la situación”.

LA PRUEBA DEL PRÍNCIPE

“Según cierta información, que nunca había trascendido y que procede de una fuente segura, hubo un momento [...] en el que el Príncipe se plantó ante el Rey con toda razón, mostrando la correcta forma de atender sus obligaciones constitucionales. Personas muy sensatas en las que don Juan Carlos confía a pie juntillas le habían calentado la cabeza sobre la conveniencia de que el Príncipe se pusiera a trabajar [...]. Al Rey se le encendió la bombilla y dijo: ‘Ya está: que vaya a trabajar al Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales Estratégicos’. Con esta idea en la cabeza, el Rey llamó a capítulo a su hijo. Cuál no sería su sorpresa al toparse con una frontal negativa justificada por una argumentación impecable: ‘El Príncipe no debe trabajar en una fundación tan sesgada políticamente hacia el Partido Popular”.

“Hoy en día se dan más suspicacias respecto al Príncipe que en relación con el Rey. Un amigo suyo de la juventud me confió que el Rey acariciaba la idea de la abdicación en el sentido contrario al planeado por Anson: para salvar al Príncipe y con él a la monarquía; una abdicación controlada y, en cierta medida, limitada, cuando el Rey cumpla los setenta años y el Príncipe los cuarenta, manteniéndose el padre en vela como tutor [...]. Otras personas que conocen bien al Monarca opinan [...] que jamás abdicará”.

CONSOLIDADA, POR EL MOMENTO

“La monarquía [...] tiene en este país cortas raíces, pero ello no quiere decir que su asentamiento sea endeble [...]. No obstante, estimo que aún debe superar dos pruebas decisivas: primera, la de la transparencia informativa [...]. La segunda prueba [...] es la de la sucesión. Sabremos entonces si, como parece, el Rey tiene bula en razón de los servicios prestados al país y si la bula del padre se transmite, con la Corona, al sucesor [...]. Felipe parece confiar mucho en el fondo de simpatía acumulado por su padre, y ello cuenta, pero debe cuidarse de que su aportación no sea negativa”.

SIN  LA VENIA.“La soledad del Rey”,  de José García Abad, por Eduardo Sotillos

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