Nº 576 - 3 de noviembre de 2003

El hombre que ha marcado Cataluña

Pujol se despide

Después de 23 años al frente de la Generalitat de Cataluña y casi una vida dedicada a su proyecto nacionalista, Jordi Pujol se va. El president se despide del Govern, tras impulsar a su sucesor, Artur Mas, y aunque dice que no se alejará demasiado de la política, el próximo mes de noviembre cerrará una de las páginas más importantes de la democracia española desde la época de la transición. Opositor antifranquista, creador y presidente de Convergència Democràtica de Catalunya, fundador de la Banca Catalana, diputado nacional y presidente autonómico durante seis legislaturas, ha sido quizá el político más influyente dentro y fuera de Cataluña. Su marcha abre un interrogante sobre el futuro del nacionalismo catalán. Sin embargo, de lo que no cabe duda es de que su labor al frente de CiU ha colocado a la coalición en una posición ineludible dentro del panorama político español.

Por Virginia Miranda y Vera Castelló

El president ha dicho adiós. Lo hizo el pasado 23 de octubre en el Palau de Congresos, con lágrimas en los ojos y con la inusual emotividad de un político curtido en mil batallas y valedor de una fama de antipático de la que él mismo hace gala. Sin embargo, ni el pudor ni la certeza de una despedida que él mismo ha planeado con la escrupulosa medida del calendario pudieron frenar una reacción tan humana. Debe ser duro para un líder tan carismático como Jordi Pujol dejar de estar en primera línea, pero lo hace con la satisfacción de poder decir que nunca ha perdido unas elecciones. Se retira tras haber ganado seis veces consecutivas la presidencia de la Generalitat, y tras haber sobrevivido públicamente a los otros dos grandes personajes del catalanismo social: Josep Vilarasau, que ya no es el todopoderosos presidente de La Caixa, y a Josep Lluis Núñez, máximo responsable de ese Barça que es “mes que un club”.

Criticado y admirado a partes iguales, Jordi Pujol lo que siempre ha sido es respetado, no en vano en sus 23 años de gobierno se ha convertido en el mejor embajador de Cataluña en el extranjero y en su personaje más representativo a nivel nacional, porque a unos les gustará más que a otros, pero de lo que nadie duda es de que es todo un personaje.

De figura redonda y de modales no todo lo refinados que cabría esperar en un político de su talla, Pujol ha paseado su convencido catalanismo, sus evidentes tics y su afición a quedarse diez minutos traspuesto tras la comida, por todos los lugares, primero como diputado en el Congreso de Madrid, y posteriormente ya como poderoso líder en la Generalitat, midiendo a la perfección los diferentes matices de su nacionalismo “amable” en contraposición con el desplegado por otros.

Este licenciado en Medicina, que apenas ejerció, comenzó a vincularse desde muy joven con asociaciones cristianas y catalanistas, lo que durante los años de franquismo le procuraron la cárcel. Fue acusado de ser el redactor de un panfleto crítico con el general Francisco Franco y un consejo de guerra lo sentenció a siete años de prisión. Sólo cumplió dos en Zaragoza y estuvo confinado en Girona durante ocho meses. Con el lema “Fer país”, emprendió una serie de actividades sociales y de resistencia a favor de la cultura y la lengua catalana. Además, fue editor de la revista Destino y controló, accionarialmente a principios de los años 70, El Correo Catalán.

En enero de 1977 empezó a desvincularse de las actividades empresariales para centrarse en la política. En 1974 había fundado Convergència Democràtica de Catalunya, el instrumento que le ha servido para encabezar el proyecto nacionalista durante los últimos 25 años. Primero fue diputado de las Cortes Constituyentes. Repitió escaño en 1979, pero abandonó Madrid para liderar la lista de CiU en las primeras elecciones autonómicas en 1980. Ganó y ahí se ha quedado hasta la fecha, gobernando con mayoría absoluta en 1984, 1988 y 1992.

Su gestión ha tenido luces y sombras –principalmente el estallido del escándalo Banca Catalana, sus relaciones con financieros catalanes hoy entre rejas, y el caso Pallerols relacionado con la financiación irregular del partido–, pero siempre ha recibido el apoyo de su esposa, Marta Ferrusola, que durante estos 23 años ha tenido un papel destacado en la sociedad local, siendo consciente en todo momento que su matrimonio era “un menaje a tríos: Jordi, Yo y Cataluña”. Tan nacionalista y religiosa como su marido, en alguna ocasión ha puesto en un brete al president, sobre todo con sus opiniones sobre la inmigración.

No quieren vivir en el Palau de la Generalitat y siguen en su casa de siempre, donde han criado a sus siete hijos y a la que a menudo no acude Pujol hasta la madrugada, ya que este catalán prefiere trasnochar que poner el despertador. Ella practica deportes de aventura, se ha tirado en paracaídas, ha subido en globo y le gusta el montañismo de riesgo. Su marido, sin embargo, es mucho menos atrevido. Sus únicos esfuerzos físicos los dedica a caminar por tierras catalanas y subir sus montículos más emblemáticos, aunque en alguna ocasión su cargo ha requerido que dejara de lado sus miedos y, por ejemplo, se subiera a una endiablada atracción con motivo de la inauguración de Port Aventura.

Este hombre, barcelonés, de extracción burguesa, que ya ha sobrepasado los 70 años, capaz de pactar tanto con la izquierda como con la derecha, cuyo aspecto físico es el del antigalán pese a su comentada afición a la belleza femenina, ha hecho de su dedicación a Cataluña su vida. Ahora, ha llegado la hora del adiós del dirigente político más veterano en el poder de toda Europa.

El nacimiento de CDC. Uno de los primeros logros políticos de Jordi Pujol fue la fundación del partido catalanista Convergència Democràtica de Catalunya. El catedrático y ex diputado en el Congreso por el Partit dels Socialistes de Catalunya, Joan Marcet, analiza en un libro dedicado a la formación política los antecedentes del partido y la evolución personal e ideológica de Pujol, que entró en contacto con el catalanismo de obras como El sentiment de la patria de Maragall y Elogi de Catalunya de Valles y Pujals, paralela a la de CDC (“Convergencia Democrática de Cataluña”, Centro de Investigaciones Sociológicas). El autor recuerda que después de la actividad esencialmente resistente de los años 40, en los primeros años de la década de los 50, algunas personas se habían significado en los diferentes grupos de resistencia al franquismo y empezaban a buscar una salida a sus inquietudes personales. Entre ellos, estaban los representantes del movimiento de afirmación nacional catalán y democrático, entre los que destaca el que encabezará Jordi Pujol y precederá a la futura Convergència Democràtica de Cataluña.

A principios de la década de los cincuenta prolifera un movimiento católico de signo catalanista, contrario al régimen franquista. Así, en el año 1954 nace el grupo CC (Catolics Catalans), una plataforma y debate de formación democrática que cuenta con Jordi Pujol entre su nómina de dirigentes. La formación se replantea de manera radical la ideología y la práctica del catalanismo tradicional y promulga la triple fidelidad a unos valores básicos que, como decía Pujol, eran Dios, la tierra (es decir, Cataluña), y los hombres concretos de Cataluña (la libertad interior). CC se plantea la necesidad de construir una minoría dirigente. Además, la plataforma adopta entre 1955 y 1960 las características de un movimiento político, pero que no quiere ser un partido. Pujol y sus seguidores consideran que si terminara el franquismo la opción política pasaría por la Unió Democràtica de Catalunya, aunque esta consideración irá variando en los sesenta, una vez muerto el primitivo CC, y se irá orientando hacia formas que, a largo plazo, prefigurarán el grupo de Convergència.

CC empezará a cambiar a partir, sobre todo, de la detención y encarcelamiento de Jordi Pujol por los hechos del Palau de la Música del 19 de mayo de 1960. Fue acusado de organizar una campaña contra la visita de Franco a Cataluña. Un consejo de guerra le sentenció a siete años de prisión, aunque sólo cumplió dos años en la cárcel de Zaragoza y ocho meses de confinamiento en Gerona tras varios indultos. Durante su reclusión tuvo tiempo de reflexionar y redactar parte del ideario del germen de CDC. Dos años antes, en 1958, ya publicó unos escritos llamados Fer poble, fer Catalunya. En ellos se apuntan los grandes trazos de su ideario. Después, durante su encarcelamiento, escribe un conjunto de reflexiones continuación de las anteriores, donde manifiesta su voluntad de afirmación individual y colectiva, dentro de una referencia religiosa prácticamente constante.

En estos textos también se apunta la idea del fer país, que integra en su seno el doble objetivo de crear una infraestructura para la construcción de Cataluña, por un lado, y por otro, la intención de ir modelando un futuro movimiento, en muchos aspectos fundamentado en el antiguo grupo CC, pero tendente ahora a adoptar una dimensión básicamente política.

Durante el proceso político abierto con la muerte de Carrero Blanco en diciembre de 1973, se activará la toma de posiciones del grupo de personas que encabeza Jordi Pujol. Así, en el verano de 1974 aparece el primer llamamiento de lo que será CDC, que incluye contactos con la Unió Democràtica de Catalunya. A finales del verano se acelera el proceso que conduce a la fundación de CDC. El proyecto inicial de Pujol y de los hombres de su entorno inmediato consistiría en la vertebración de un gran partido de centro izquierda, definido como nacionalista, democrático, moderado y, a la vez, socialmente avanzado.

Llegado el 15 de noviembre de 1974, con 125 personas reunidas en Montserrat, se constituye la I Asamblea de Convergència Democràtica de Catalunya. En el comunicado elaborado por esta primera Asamblea se resume el proceso que ha dado lugar a la definición del programa político de la misma: la democracia política y la libertad; los elementos de democracia económica y participación social; la reivindicación del autogobierno de Cataluña y la proyección en Europa como gran marco natural.

Durante la segunda mitad de 1975 se inicia el proceso hacia la constitución de un partido político y desde los primeros días de 1976 se acelera la constitución definitiva de Convergència como partido. Los grupos dentro de CDC se disuelven para integrarse, pero Unió Democrática anuncia su voluntad de no fusionarse en un partido más amplio y, por consiguiente, su salida de CDC. Fue en aquella época, a principios de 1976, cuando se celebra la III Asamblea general, en la que Convergència Democràtica de Catalunya se constituye definitivamente como partido, adoptando un programa socialdemócrata como vía de concreción de su definición como partido nacionalista. Fue también en esta Asamblea cuando se procede a elegir a Jordi Pujol como secretario general de CDC, una elección que acaba por confirmar su liderazgo personal y político.

Convergència no sólo formaba parte del proyecto catalán de Pujol. También le sirvió de plataforma para entrar a formar parte del elenco de diputados noveles del Congreso. Lo fue como resultado de las elecciones de 1977 y las de 1979, aunque un año después de la celebración de estos comicios abandonó su escaño para presentarse a la candidatura de la presidencia de la Generalitat de Cataluña. El 28 de abril de 1980 ganó las elecciones y el 8 de mayo tomaba posesión para no abandonarla hasta el próximo 16 de noviembre.

Aquella primavera de hace 23 años comenzó a cristalizarse el programa ideológico que Pujol fue diseñando desde los cincuenta. Con Felipe González entabló negociaciones para lograr una mayor cuota de autonomía, que se concretó en transferencias agrarias, del INEM y de obras públicas. A medida que se convocaban elecciones, Pujol iba revalidando su mandato en Cataluña, mientras que sucesivos Gobiernos centrales iban llamando a sus puertas para conseguir la llave de la gobernabilidad a cambio de nuevas concesiones para la Generalitat. A raíz del caso GAL, fue siendo cada vez más imprescindible en los Gobiernos de Felipe González, logrando para sí una imagen de estabilidad política y de árbitro de la política nacional que mantuvo durante el primer mandato de José María Aznar. En aquella época, se fijó como prioridad la difusión y fortalecimiento del sentimiento de catalanidad, la obtención de competencias y la mejora de la financiación. Los populares no pudieron resistirse y concedieron a Pujol la mayor parte de sus reivindicaciones. Sin embargo, llegó la mayoría absoluta del PP en 2000 y las relaciones se enturbiaron. Pujol siguió demandando la Administración única y la participación de Cataluña en la UE, pero ciertas circunstancias, como el voto favorable de CiU a la huelga general del 20 de junio de 2002 o la oposición a la intervención española en la guerra de Iraq ha roto las vías de comunicación entre nacionalistas catalanes y el Gobierno central. El propio president y Aznar han mantenido un frío distanciamiento, y tan sólo el pasado mes de septiembre, durante un acto conjunto en Vandellós para apoyar la candidatura española a la sede del proyecto de reactor de fusión del ITER, se les pudo ver juntos y en actitud distendida. Será que ya no se juegan nada y que, con sus procesos sucesorios resueltos, no vale la pena enzarzarse en nuevas disputas.

Y hablando de sucesión. La del president tiene nombre y apellidos desde el 31 de marzo de 2001. El delfín se llamaba Artur Mas y tenía año y medio para presentarse entre los electores catalanes como heredero de Pujol. A partir del próximo 16 de noviembre se sabrá si los votantes le brindan la posibilidad de continuar la política de su antecesor y, si es así, responde fielmente al legado del president invicto.

Frases célebres

A lo largo de 23 años de Gobierno, ha sido mucho lo que Jordi Pujol tenía que decir. Y lo ha hecho sin tapujos ni pelos en la lengua, pero con la suficiente mano izquierda como para no provocar reacciones enfrentadas que no fuera capaz de encauzar por la vía del diálogo. Algunas de sus reflexiones políticas y personales aparecen recogidas en El llibre roig de Jordi Pujol (Planeta), presentado recientemente en Barcelona. Estructurado a modo de diccionario, reúne algunas de las principales consideraciones del president sobre asuntos como la Constitución, la autonomía o Europa. En la A aparece la palabra autodefinición. A ella le dedica frases como “soy enemigo acérrimo de las falsas promesas y de la demagogia. No soy un hombre de derechas ni de izquierdas: que lo cataloguen otros” o “soy un nacionalista catalán, y puedo ser en ciertos momentos un nacionalista catalán romántico”.

De la autonomía dice que “responde a la necesidad de reconocer institucionalmente la voluntad de la manera de ser propia con la intención de acercar el poder al pueblo. Dado que los pueblos de España son diversos, las autonomías han de ser diversas” y de Cataluña dice que “tiene la fuerza moral de haber contribuido de forma importante a la democracia, al progreso y a la paz de toda España; tiene la fuerza moral, también, de haber aplazado a veces aspectos importantes de su reivindicación en nombre de interés general”.

Pujol también habla de la Constitución. No hay que olvidar que él fue uno de los grandes protagonistas de la Transición, no sólo porque Miquel Roca, segundo de a bordo de CDC, fuera uno de los ponentes de la Carta Magna; Pujol también formó parte de la Comisión de los Nueve, que ha aportado mucho a la construcción de la España de las Autonomías. Pues bien, partidario de una revisión del texto legislativo, dice que “la reinterpretación o relectura de la Constitución es factible, pero es difícil no a causa de los textos, sino por razones políticas. En todo caso, es mucho más que posible, como lo prueba que, en diversos puntos, hoy se interpreta y se aplica de una manera diferente de cómo se hacía hace 15 años”.

Europa es otro de los conceptos abordados por el president en su libro. Dice que “se define por unos valores cristianos. Se ha configurado una cultura basada en la influencia de estos valores cristianos o judeocristianos. Los nacionalismos de Estado son mucho más fuertes que la idea europea. Europa cada vez es más estatista y menos comunitaria.

Si Cataluña dejara de jugar la carta de Europa, muy probablemente peligraría su pervivencia como entidad política y culturalmente autónoma.

Por último, merece destacar otra de sus definiciones, que viene a resumir toda una forma de pensar: “el nacionalismo es la legítima defensa política de la diferencia”.

Gobierne quien gobierne

El doble juego político siempre se le ha dado bien. Nos referimos a su vocación de gobernar en Cataluña y ser necesario en el Gobierno central convirtiéndose en el partido bisagra por antonomasia. A Pujol siempre le vio más beneficios que  inconvenientes. Se estrenó con el gobierno de Adolfo Suárez, al que apoyó en votaciones puntuales pese a que aún no ocupaba la presidencia de la Generalitat, lo que posibilitó que el término nacionalista apareciera en el texto constitucional. Pero cuando realmente jugó un papel de primer orden fue en 1993, cuando el PSOE perdió la mayoría absoluta y Pujol se prestó a posibilitarle la gobernabilidad a Felipe González. Tras el escándalo Banca Catalana, González y Pujol habían precisado siete años para normalizar sus relaciones.

En 1996, con el PP quiso ser más cauto, después de aquel bochornoso “Pujol, enano, habla castellano” espetado por las bases populares, y el pacto se selló por escrito. El líder de CiU estaba convencido que la estabilidad política es un bien en sí misma y que era imprescindible que España se integrara en la unión monetaria europea. El pacto con el PP llegó además en un momento muy apropiado, ya que CiU había perdido la mayoría absoluta en Cataluña y los acuerdos con José María Aznar le garantizaban la actuación adecuada de los populares catalanes cuando fuera necesaria.

Hasta ese momento, el president había conseguido convencer a su partido de la bondad de los pactos –su máxima ha sido el formalizar acuerdos con el partido que gobierne España, sea el que sea–, pero no lo ha tenido tan fácil en los últimos tiempos, cuando, pese a la  mayoría absoluta del Partido Popular, Pujol ha seguido apoyando al Gobierno central en la mayoría de sus iniciativas, incluido el polémico Plan Hidrológico Nacional que tanto rechazo ha provocado en alguna comarca catalana, y la controvertida Ley de Partidos. Quizás así el presidente de la Generalitat buscaba agradecer a los populares catalanes sus votos a favor el día de su sexta y última investidura.

En lo que Aznar no logró recabar su apoyo fue en la guerra contra Iraq. Todos se lo agradecen.

Banca Catalana, de sueño a pesadilla

La espinita clavada con la que se va Jordi Pujol es seguramente su fracaso a la hora de crear un entramado financiero y empresarial claramente afín. Ése ha sido uno de sus sueños incumplidos. El intento más claro fue a través de la tristemente famosa Banca Catalana, la entidad financiera que comenzó a fraguar en 1959 su padre, Florenci Pujol, tras adquirir, convencido por su hijo, la Banca Dorca, de Olot. La idea de crear un banco para impulsar la economía catalana –como ya había diseñado Francesc Cambó– era una de las ideas más firmes del joven nacionalista. En 1958, Pujol pensaba que “mientras Cataluña no dispusiera de una entidad financiera propia viviría siempre en peligro de colonización”. Cuando finalmente, en 2000, el BBVA integró Banca Catalana, todavía formaban parte de su accionariado representantes de familias catalanas tan tradicionales como Jordi Miarnau (Comsa), Jesús Serra Farré y Pedro Ferrer (Freixenet).

Tras unos inicios difíciles, el banco experimentó una vertiginosa expansión en los años 60. En 1981 tenía ya 250 oficinas, pero el excesivo sesgo político condicionó la gestión del banco, que comenzó a asumir serios riesgos que terminaron con una grave crisis económica, lo cual provocó la intervención de la entidad por parte del Banco de España en 1982, recién llegado al poder el Partido Socialista y con Jordi Pujol ya asentado en la Generalitat.

El saneamiento del banco requirió cuantiosas ayudas públicas que avivaron un intenso debate político, lo que llevó al Gobierno a enviar el caso al fiscal para que investigara posibles responsabilidades. En 1984 los fiscales Mena y Villarejo presentaron querella contra 25 ex administradores del banco, entre los que figuraba Jordi Pujol, por los presuntos delitos de falsedad y apropiación indebida. El president se lo tomó como una afrenta personal hasta que en 1986 la Audiencia de Barcelona acordó no procesarle.

Además, Pujol pese a su pasado relacionado con algunas empresas como las editoriales Enciclopèdia Catalana y Destino, el diario El Correo catalán y, la mencionada Banca Catalana, nunca fue considerado por los empresarios locales, caracterizados por su nacionalismo moderado, como uno de los suyos. Así, La Caixa y sus empresas filiales o participadas, nunca se han encontrado bajo la órbita de la Generalitat.

La sombra de la familia

Nadie duda que, como padre, sus siete hijos le han dado numerosas alegrías y satisfacciones en el plano personal, sin embargo, en el plano político, le han dado más de un problema, sobre todo aquellos vástagos que se han dedicado a los negocios, sembrando la polémica acerca de si una Administración gobernada por un padre puede contratar a sus hijos.

Joaquim Pujol Ferrusola al frente de Tradia, la filial de Husa, obtuvo por adjudicación directa la unidad de infraestructuras de telecomunicaciones catalanas, mientras que Uni-2, la filial de France Télécom, se quedó con Catalana de Telecomunicaciones, conocida hoy por la marca Al-Pi, en una operación asesorada por Europraxis, la consultora fundada en 1994 por Josep Pujol Ferrusola, tercer hijo del presidente, y cuyos contratos con la Administración están siendo actualmente revisados a iniciativa del Parlament. En cuanto a Pere Pujol, elaboró algunos estudios remunerados para la consejería de Medio Ambiente y para seis consejos comarcales gobernados por CiU.

En la actualidad, el más metido el harina política es el quinto hijo de Pujol, Oriol, quien recientemente ha dejado su puesto de secretario general en el departamento de Trabajo e Industria de la Generalitat para concurrir al Parlament en las listas de CiU. Previamente fue concejal del Ayuntamiento de Barcelona. También jugó su papel en política el primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, conocido como Junior, aunque actualmente está volcado en su empresa de consultoría.

En cuanto a sus hijas, Marta es arquitecta, lo que le ha permitido elaborar algún proyecto para las consejerías de Bienestar Social, Enseñanza, Sanidad y Política Territorial, y Mireia es bailarina. Pero es quizás la participación de sus hijos en viajes promovidos por la Generalitat lo que más disgustos ha dado al president. Excepto los más pequeños,  Mireia  y Oleguer –el más nacionalista de todos, participó en la campaña Freedom por Cataluña–, el resto han viajado junto al president en viajes oficiales. Pero la principal defensora del derecho de sus hijos a buscar un empleo ha sido su esposa, Marta Ferrusola, que se ha preocupado de rebatir cualquier crítica hacia sus descendientes.

El presidente viajero

El que el presidente de la Generalitat domine siete idiomas le ha sido de gran utilidad en su carrera, sobre todo a la hora de intentar dar a conocer Cataluña y sus peculiaridades en el exterior; de hecho, Pujol es el político europeo que más ha viajado en su mandato, pues desde que tomó posesión del cargo en 1980 ha recorrido el equivalente a 45 veces la vuelta al mundo tras más de 250 viajes, según se desprende de un libro escrito por su ex jefe de prensa, el periodista Ramón Pedrós.

Los dos primeros viajes fueron a Roma –fue recibido por el Papa– y a París, la capital del país, Francia, que más veces ha pisado en viaje oficial (105 veces), seguido por Alemania (67), Italia (40), Bélgica (38), Suiza (21), Gran Bretaña (18), Portugal (9), Austria (8), EE UU (8), y Suecia, Argentina, Andorra y Uruguay, en cinco ocasiones cada uno.

Pero el President no sólo se mueve en el extranjero. En el mencionado libro se calcula que Pujol ha recorrido dentro de España 350.000 kilómetros, lo que incluye conocerse palmo a palmo el territorio catalán y, lo que es más importante para un político, a sus habitantes. Como al presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, le gusta saludar con nombre y apellido a los personajes más peculiares con los que se cruza.

Un futuro por escribir

El que Pujol deje la presidencia de la Generalitat a finales de año no significa que deje la política. Han sido demasiados años de dedicación por convicción como para dejarlo de golpe. Así lo ha explicado más de una vez  y siempre dejando claro que hará “lo que me toque hacer, pero quiero seguir siendo un servidor de Cataluña”. De hecho, hace sólo unos días manifestó en público que no tiene decidido si desaparecerá de la política después de las próximas elecciones autonómicas catalanas, ya que aseguró que si los resultados para CiU no son buenos, “a lo mejor tengo que continuar en cierta manera”.

Entre sus objetivos más próximos, está el hacer ”el definitivo encaje de Convergència i Unió, y esto se hará en un congreso a finales del año 2004. Hasta allí, yo tengo algo que hacer y algo que decir. Luego, ya se verá”.

Lo que está claro es que el futuro de Pujol no será el mismo si CiU gobierna o lo hace Pascual Maragall, quedándose su elegido, Artur Mas, a las puertas del Palau de la Generalitat. El president es consciente que lo mejor es esperar para tomar una decisión definitiva sobre en qué ocupará su tiempo libre –mucho si se tiene en cuenta que el catalán siempre se ha caracterizado por su gusto por el trabajo- tras dejar el título de Honorable.

 

Los políticos opinan

Jorge Fernández Díaz, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes

“La autonomía catalana está unida indisolublemente a Pujol”

Pujol es un personaje que impregna y domina toda la política catalana en estos 23 años de autonomía. Después de Tarradellas, es el gran personaje catalán de referencia de la Transición. A partir de 1980, la autonomía catalana está unida indisolublemente a Pujol. De hecho, el mayor elogio que se le puede hacer es que la ha consolidado plenamente, convirtiéndola en algo tan natural como el aire que respiramos.

Esta consolidación en la España constitucional la ha conseguido sin crispar las relaciones de Cataluña con el Estado ni con el resto de Comunidades.

Por otra parte, Pujol ha aportado un elemento de estabilidad en la España constitucional a lo largo de estos 23 años contribuyendo a la gobernabilidad cuando no había mayorías absolutas en Madrid. Además, no ha seguido el derrotero del nacionalismo vasco.

Como contrapunto al elogio, el presidente de la Generalitat ha sido excesivamente paternalista y ha hecho en muchas ocasiones una división maniquea en Cataluña, de modo que quien no está a favor de su planteamiento es un mal catalán.

Juan José Laborda, portavoz del grupo parlamentario socialista en el Senado y ex presidente de la Cámara Alta

“Se debería poder aprovechar su capital de experiencia”

Pujol ha sido probablemente el político español más influyente y que más tiempo ha permanecido en el poder. Tiene un hecho distintivo que le diferencia de los nacionalistas vascos: no hay un liderazgo en el nacionalismo del Gobierno vasco equivalente al de Pujol relativo a su compromiso antifranquista. Estuvo en la cárcel en los años 60 y tuvo conexión con otros resistentes de otras regiones españolas. Por eso su catalanismo siempre ha estado relacionado con el concepto de ciudadano y nunca ha tenido una enemistad radical con España.

Como ex presidente de la Cámara Alta he encontrado en él una colaboración esencial para poner en marcha la Comisión General de las Comunidades Autónomas. En septiembre de 1994 intervino en el Senado comprometiéndose con las instituciones españolas; sin esto no habría sido posible la reforma del reglamento de la Cámara.

Por otra parte, existen deficiencias en nuestro sistema político porque no ofrece la posibilidad de encontrar un lugar para personalidades como Pujol cuando se retiran. Deberían tener acomodo en instituciones consultivas para aprovechar su capital de experiencia y encontrarle alguna utilidad común.

Xavier Trías, portavoz de CiU en el Congreso

“Es un referente del nacionalismo catalán de todo signo”

Pujol tiene un mérito especial porque ha sido capaz de estar por encima del partido y porque se ha convertido en un referente del nacionalismo catalán de todo signo. Ha sido un presidente con una duración excepcional porque la situación y la recuperación de las instituciones también lo han sido. Esta circunstancia llegará a ser bien valorada dentro de unos años por todo el mundo.

Pujol ha puesto Cataluña a un nivel muy alto, sabiéndolo hacer, a los ritmos posibles y a pesar de los enfrentamientos con otros partidos a nivel de Estado. El presidente de la Generalitat catalana ha demostrado un espíritu constructivo contribuyendo a que todo el proceso de desarrollo autonómico se haya llevado a cabo con paz y tranquilidad.

Felipe Alcaraz, portavoz de IU en el Congreso

“Rompe las previsiones de la política de imagen”

Es un hombre de la derecha civilizada que tiene un gran concepto de Estado y eso le define. También cabe destacar el papel específico que ha jugado dentro y fuera de Cataluña. Dentro, ha intentado totalizar el catalanismo en torno a su persona y su partido. Existe una saturación de Pujol en Cataluña precisamente por su espíritu totalizante. Ya se plantea una necesidad de cambio, aunque valorando lo que ha tenido de bueno su etapa.

La parte positiva es su concepto de equilibrio de Estado. Desde una derecha civilizada ha intentado evitar una política de confrontación y hasta cierto punto lo ha conseguido.

Por otro lado, se trata de un hombre carismático que rompe todas las previsiones respecto a la política de imagen. Su carisma tiene que ver con ser un histórico antifranquista, valiente, decidido, democrático y con visión de Estado.

Iñaki Anasagasti, portavoz del PNV en el Congreso

“Sin dejar de soñar, ha sabido trabajar despierto”

Pujol, que ha estado en el poder durante 23 años, no es una persona cualquiera. Ha sabido conectar con el electorado porque lo ha conocido muy bien y porque ha tenido en cuenta la dosis que debía darle en cada momento. Ha sabido definirse metas y si no ha llegado, ha sabido explicar por qué. Ha defendido con uñas y dientes la realidad compleja de una nación como la catalana y ha sido posibilista desde un nacionalismo radical que ha sacado a pasear pocas veces. Ha aglutinado a los nacionalistas catalanes en momentos clave y ha estado bien representado por él.

Pujol es un político de primera, un nacionalista posibilista con los pies en el suelo que sin dejar de soñar ha sabido trabajar despierto.

Paulino Rivero Baute, presidente de Coalición Canaria y Portavoz de CC en el Congreso.

“Ha sido una figura señera en la Transición”

Jordi Pujol es un político de raza, algo que ha demostrado en sus 32 años al frente del Ejecutivo catalán. Pujol no sólo ha simbolizado al nacionalismo moderado, sino que ha sido una figura señera en la Transición, con un incuestionable pedigrí democrático. Pujol sigue manteniendo intacta su ilusión por Cataluña, a la que ha dedicado juventud y madurez, en pro de su anhelada Europa de las regiones. La política catalana, la política estatal están en deuda con él.

Pujol es un notable político, un europeísta convencido y militante y su papel tanto en Europa como en el resto del mundo ha sido notable, siendo un excelente embajador de Cataluña y de España, defendiendo su imagen en el exterior como pocos lo han hecho.

Jordi Pujol puede estar seguro de haber alcanzado una dimensión de hombre de Estado y, sin embargo y al mismo tiempo, defensor con firmeza del progreso de Cataluña y los intereses de su pueblo; un ejercicio del poder basado en la sensatez y el sentido común.

La estabilidad catalana que ha propiciado Pujol desde la Generalitat merece un reconocimiento público.

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