Nº 574 - 20 de octubre de 2003

Ataques crecientes, división internacional y falta de estrategia estadounidense dificultan  la recuperación

LA RECONSTRUCCIÓN DE IRAQ

Se acaban de cumplir seis meses desde la caída de Bagdad, y la situación de Iraq está muy lejos de lo que imaginaron Estados Unidos y Reino Unido. La gran satisfacción inicial de sus dos líderes por el rápido desenlace del conflicto ha cambiado hasta convertirse en un grave quebradero de cabeza para ambos: ni han aparecido las armas de destrucción masiva con las que quisieron convencer al mundo de la necesidad de la guerra, ni los iraquíes han aceptado de buen grado la presencia de sus soldados. Este descontento ha desembocado en un número creciente de ataques a las tropas estadounidenses y brutales atentados terroristas que, junto con la pésima situación económica del país y la falta de acuerdo internacional para implicar a más países en la reconstrucción, amenaza con empantanar su situación y convertir a Iraq en otro foco de inestabilidad en Oriente Medio.

Por Teresa Larraz

Algunos miembros del Gobierno estadounidense siguen repitiendo un argumento que, cuando menos, peca de optimismo: “Iraq sin Saddam servirá de faro y catalizador para cambios democráticos en todo Oriente Medio”, afirmaba recientemente el nuevo peso pesado de la Administración Bush, Condoleezza Rice.

Dado el actual panorama en Iraq, estas palabras demuestran o bien un confiado intento de seguir convenciendo al público estadounidense de las bondades de la guerra a falta de sólo un año para las elecciones, o bien un peligroso

    Iraq en cifras
Indicador
Iraq (2002)
Oriente Medio
y Norte de Africa
Población (millones)
23,8
306
PNB (millones $)
26.400
670
PNB per capita ($)
1.090
2.070
Esperanza de vida (años)
63
69
Mortalidad infantil
(por mil nacimientos)
107
37
Analfabetismo
(% población +15 años)

60
35
Indicador 1992 2001                     2002
Total Deuda/PIB 448,2 307,5                   344,1

Indicador

1992-02

2001                     2002
PIB (media crecimiento anual) 26,1 -6,0                       -6,5
PIB per capita (media crec.anual) 32,2 -7,9                       -8,5

desconocimiento de la complejidad de la posguerra iraquí. En estos seis meses, el número de soldados americanos muertos supera a las bajas en combate, el elevado coste de la reconstrucción ha forzado a Bush a solicitar un desembolso extra de las arcas estadounidenses, agobiadas ya por un elevado déficit presupuestario, y la comunidad internacional sigue muy fracturada por lo que está ocurriendo en Iraq y la gestión de la crisis por parte de la coalición angloestadounidense. Precisamente esta semana está prevista la celebración en Madrid de la Conferencia Internacional de Donantes para la Reconstrucción de Iraq, con la que en principio se quería lograr lo mismo que se hizo con Afganistán tras la guerra de octubre de 2001: un compromiso de toda la comunidad internacional para destinar los fondos suficientes con los que poner en pie un país devastado por años de conflicto. La suma alcanzada en Tokio en enero de 2002 fue de 4.500 millones de dólares y ya entonces se consideró insuficiente, pero las perspectivas no son mucho mejores para esta nueva reunión, si finalmente llega a celebrarse.

El problema radica en que la intención inicial era llegar a la conferencia con una nueva resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que complemente a la 1483 aprobada en mayo que reconocía la ocupación anglonorteamericana de Iraq. Se trata de conciliar las distintas posturas: por un lado la de norteamericanos, británicos y españoles, y por otro la de Francia, Alemania, Rusia y China. Los primeros no quieren fijar una fecha precisa para la devolución del poder al pueblo iraquí y pretenden que el mando de cualquier misión internacional siga en manos de Estados Unidos. Por su parte, los segundos, para prestar su apoyo político y militar exigen una mayor implicación de la ONU y un proceso concreto que ponga fin a la ocupación y establezca un gobierno iraquí democrático.

A estas diferencias se suma el papel que está desempeñando el secretario general de la ONU, Kofi Annan, que ha demostrado una gran firmeza, sobre todo a raíz del atentado contra la sede de la ONU en Bagdad que tuvo lugar el pasado 19 de agosto. Conmocionado por el fallecimiento de su enviado especial, Sergio Vieira de Mello, y los otros 23 muertos y sobre todo por el hecho de que la organización internacional fuera vista como un enemigo y por tanto, objeto de atentado, Annan ha endurecido su posición. La misión de la ONU en Iraq se ha reducido sensiblemente –en la organización hay quienes insinúan que el secretario general podría decidir su total retirada si la resolución estadounidense se aprobara sin introducir modificaciones significativas– y su clara oposición a las primeras propuestas de una nueva resolución decidió a varios países indecisos a no apoyarlas.

Al cierre de esta edición no se había aprobado aún el nuevo proyecto de resolución, al que los americanos han introducido algunas pequeñas modificaciones con el consejo de los gobiernos español y británico para buscar un mayor consenso. A Washington no le basta con que no la veten los países con derecho a ello, como ya ha asegurado Francia que no hará para no profundizar las diferencias, sino que obtenga el apoyo moral suficiente que anime a otros países, sobre todo para aportar tropas.

Estados Unidos es consciente de que necesita más efectivos para controlar una situación cada vez más violenta, sus 140.000 soldados en Iraq (ver despiece En busca de más soldados) empiezan a necesitar rotaciones –el Ejército americano se encuentra desplegado en 140 países–, y un número de muertos que se acerca al centenar supone ya una cifra que puede despertar la reacción del pueblo estadounidense.

El Gobierno español ha querido rechazar en todo momento la posibilidad de que la conferencia se suspendiese, pero en los últimos días se han escuchado diferentes voces que afirmaban que su celebración no sería posible si no había un consenso previo en la ONU. La afirmación más clara en ese sentido venía del entorno del presidente alemán, Gerard Schröder, donde “no verían mal” un aplazamiento. “La conferencia es una señal de compromiso de la comunidad internacional con la reconstrucción en Iraq. Lo que se deben dar son señales de compromiso y no señales que pudieran interpretarse como que los objetivos de los terroristas para sembrar el caos están acercándose a esos objetivos”, ha afirmado con su peculiar estilo Ana Palacio.

División interna. Hace un par de semanas el periódico The New York Times informaba de la creación del “Grupo de Estabilización de Iraq” en el seno del Gobierno estadounidense encabezado por la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice. Diferentes medios estadounidenses han interpretado esta maniobra como el intento de poner bajo control directo de la Casa Blanca un escenario que parece irse de las manos.

El descontento entre los estadounidenses es creciente. Las últimas encuestas realizadas por este prestigioso rotativo mostraban cómo por primera vez son más los que desaprueban cómo maneja la Administración Bush la política exterior, incluido Iraq, y aumentan los que critican la situación económica de EE UU, que consideran su principal preocupación. Ello puede ser una de las causas de esta última reorganización de la gestión de la posguerra iraquí, que ya revelado la existencia de diferencias notables entre los miembros del Gobierno.

El secretario de Estado de Defensa, Donald Rumsfeld, ha sido criticado duramente por el descontrol en Iraq y por su actuación estos últimos meses, y su reacción inicial a esta reorganización –justificada por Rice asegurando que “todos reconocemos que estamos en una nueva fase”– fue significativa. En una comparecencia ante periodistas europeos, y con sus características buenas maneras, quitó importancia al nuevo Grupo y negó tanto haber sido informado de los cambios como que su autoridad fuese rebajada.

Además, las disensiones entre el Pentágono que dirige Rumsfeld y el departamento de Estado que encabeza Powell son conocidas ya desde antes de la guerra, y el mayor protagonismo de Rice podría suponer también un intento de evitar el conflicto entre ambos. El propio Bush declaraba recientemente que “la persona que está al mando soy yo”, tras afirmar que “estamos haciendo muy buenos progresos para conseguir un Iraq libre”. Condoleezza Rice se ha convertido en su mano derecha, con mucho más acceso al presidente que Rumsfeld o su vicepresidente Cheney, pero como han criticado desde el Congreso, su mayor poder supone bloquear los intentos de la cámara baja estadounidense de obligar al Gobierno a una mayor transparencia sobre Iraq. Como consejera del presidente, Rice no puede ser llamada a comparecer ante el Congreso ni está obligada a facilitarle información.

Sólo queda un año para una convocatoria electoral que hace poco Bush probablemente daría por ganada. Por ello, los pesos pesados de su Gobierno han multiplicado sus declaraciones estos días repitiendo el buen trabajo que se está haciendo en Iraq, lo que se ha avanzado en este medio año, y cómo a pesar de no haber encontrado armas de destrucción masiva, Iraq constituía una amenaza y estaba vinculado al terrorismo internacional, incluido Al Qaeda (algo que el propio Bush ha negado anteriormente). El vicepresidente Cheney, en una de sus escasas intervenciones públicas, afirmaba la semana pasada que “Estados Unidos está comprometido con la acción multilateral siempre que sea posible, pero este compromiso no nos obliga a pararlo todo y descuidar nuestra defensa nacional sólo por el visto bueno de un único Gobierno extranjero.”

“¿Qué ha sido de los especialistas? ¿Qué ha leído esta gente?”, se pregunta entre sorprendido e indignado un diplomático buen conocedor de Iraq ante los continuos errores de cálculo del Gobierno de Bush. “Parece que han escogido a gente que no sabe nada del país, que han huido de los arabistas para fiarse de exiliados, gente como [Ahmed] Chalabi, que les presentó un panorama de rosas, los iraquíes les recibirían con los brazos abiertos, el petróleo financiaría toda la operación”… Una perspectiva que ahora está lejos de ser realidad, en primer lugar, porque el coste de la reconstrucción de Iraq va a ser mucho más elevado de lo previsto.

Cifras millonarias. Según las estimaciones de la ONU y del Banco Mundial, la puesta al día de los 14 sectores básicos de la economía iraquí podría situarse en casi 36.000 millones de dólares entre 2004-2007, una cantidad a la que habría que sumar los 20.000 millones que ha evaluado para otros apartados la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA) encabezada por el estadounidense Paul Bremer (ver despiece Los planes de reconstrucción).

Las previsiones más optimistas de la Conferencia de Donantes apenas alcanzan una décima parte de la suma total. La mayoría de los países insiste en la necesidad de establecer un Fondo Fiduciario administrado por la ONU y el Banco Mundial, que garantizaría una gestión más independiente del Fondo de Desarrollo para Iraq, creado por la resolución 1483 y que administra Estados Unidos. Japón estaría considerando una donación cercana a los mil millones de dólares, mientras que la UE se limitará a 200 millones, una cantidad similar a la que destina para Afganistán. Pocas aportaciones se esperan de los restantes países de la Unión, aunque España ha asegurado que destinará una cantidad que la ministra Ana Palacio no ha querido desvelar todavía. El Reino Unido podría rondar también el millón de dólares, y las mayores esperanzas estarían entonces en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Arabia Saudí.

A pesar de que podría ser una cantidad escasa, se podría presentar como un éxito suficiente ya que expertos del Banco Mundial aseguran que tal y como está la economía iraquí no podría absorber más de 5.000 millones de dólares el próximo año. De momento, Bush tiene que lograr que el Congreso y el Senado le autoricen un gasto extraordinario de otros 20.000 millones de dólares. La CPA ya se ha gastado 3.700 millones de dólares, una parte del Congreso y otra de las cuentas bancarias del partido Baaz, que fueron confiscados por Estados Unidos. Las perspectivas iniciales del Gobierno norteamericano eran que el petróleo financiara la mayor parte de los gastos, pero el mal estado de las infraestructuras petrolíferas y los continuos sabotajes de la resistencia han rebajado las previsiones de entre 10-20.000 millones de dólares para 2003 a 4.000. Todo ello teniendo en cuenta que nadie ha hablado de la elevadísima deuda exterior de Iraq, que en 2002  alcanzó casi los 90.000 millones de dólares.

De todos modos, el administrador norteamericano Paul Bremer ya ha puesto en marcha un proceso de adjudicación de contratos que administra USAID, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Las empresas extranjeras sólo pueden beneficiarse de subcontratas de las compañías principales, y esta decisión, junto con el anuncio reciente del Consejo de Gobierno Provisional Iraquí de privatizar las principales empresas estatales iraquíes ha levantado numerosas críticas en todo el mundo.

Por un lado, se ha condenado el que la mayoría de las ocho empresas beneficiadas por los grandes contratos de reconstrucción están vinculadas a la Administración Bush  o a la de su padre. Sobre todo, el gigante Bechtel, cuyo consejero delegado, Riley Bechtel, pertenece al Consejo de Exportación que asesora a Bush; o Haliburton, de la que el vicepresidente Cheney fue director general entre 1995-2000, o su filial Kellog, Brown & Root, que se ha encargado de la extinción de los fuegos en los campos de petróleo.

Por otro, los planes de privatización de los principales activos de Iraq han recibido incluso las críticas del premio Nobel Joseph Stiglitz, antiguo economista del Banco Mundial. “Esta es una versión extrema de la ideología republicana. Por supuesto, es algo que nunca haríamos en casa, porque de hecho somos bastante proteccionistas”, ha ironizado.

El camino hacia el autogobierno. Seis meses después de la entrada de las tropas norteamericanas en Bagdad, la decepción, cuando no la ira, es el principal sentimiento de los iraquíes hacia los soldados de la coalición. El restablecimiento de servicios básicos como la luz o el agua se realiza a un ritmo muy lento, y la falta de seguridad se ha convertido en el principal problema del país. Los iraquíes se quejan de una delincuencia sin control, mientras los soldados se enfrentan a continuos ataques de una resistencia que el Gobierno Bush califica de terrorista, y que parece reunir a elementos del antiguo Ejército de Saddam con extremistas islámicos. Al mismo tiempo, se producen atentados suicidas indiscriminados que amenazan el restablecimiento de algo que se pueda parecer a la normalidad.

Paul Bremer se esfuerza en difundir los éxitos de su administración: 40.000 nuevos oficiales de policía, 13.000 proyectos de reconstrucción, más electricidad generada que antes de la guerra, 1.500 colegios renovados, 22 millones de vacunas, 4.900 conexiones a Internet, además de libertades como la de expresión, inexistentes bajo la dictadura de Saddam.

Pero estas cifras no consuelan a los iraquíes, cada vez más impacientes ante la falta de fecha para la salida de las tropas ocupantes y ante la existencia de un Gobierno Provisional que es visto por la mayoría como una prolongación del dominio estadounidense. De hecho uno de sus componentes, Aquila Al Hashemi, una de las tres mujeres, murió víctima de un atentado el pasado 20 de septiembre. La resolución 1483 reconoció la autoridad, responsabilidades y obligaciones de la coalición ocupante, pero solicitaba que se avanzase en la formación de un Gobierno representativo.

Ahora las discusiones están en qué tipo de gobierno elegir y qué características debería tener la nueva constitución. Iraq es un país dividido entres grupos principales: la mayoría chií, los sunníes, que acapararon el poder bajo Saddam, y los kurdos en el norte, con un gobierno autónomo. En agosto se creó una Comisión Preparatoria Constitucional, compuesta por 25 expertos iraquíes, y la intención de la Administración Bush es que se apruebe en la primavera de 2004, tras lo cual tendrían lugar unas elecciones, probablemente ya en la segunda mitad del año. Sin embargo, las verdaderas decisiones se van a tomar a nivel de la ONU.

Como ya está demostrando el ejemplo más reciente, que es Afganistán, la reconstrucción de un país afectado por décadas de conflicto es tremendamente complicada, y es necesario el compromiso firme de la comunidad internacional de apoyar con dinero y con tropas un proceso que puede durar años. Las características de Iraq, en pleno polvorín de Oriente Medio y con las segundas mayores reservas de petróleo del mundo aseguran el interés mundial, pero al mismo tiempo multiplican los intereses que harán más difícil un compromiso común internacional.

En busca de más soldados. Tras la guerra, Iraq se dividió en cuatro zonas, ocupadas cada una por una división. Estados Unidos ocupa el norte y la zona centro, que incluye Bagdad, mientras el Reino Unido se encarga del sur y la división multinacional en la que participa España se despliega en la zona centro-sur. La situación de los soldados de estos países en la siguiente:

Estados Unidos: cuenta con unos 140.000 efectivos, que son los principales objetivos de los ataques casi diarios que lleva a cabo una resistencia creciente. El cansancio de las tropas, sometidas a una tensión constante, el goteo de muertes (que casi suma un centenar y pronto podría movilizar a la opinión pública estadounidense) y el elevado coste del despliegue han obligado a la Administración Bush a solicitar a otros países que aporten tropas, eso sí siempre bajo mando estadounidense.

Reino Unido: hay unos 10.000 soldados en una zona de mayoría chií, que, por haber sufrido más la dictadura de Saddam, de momento, no han reaccionado con la misma virulencia que en otros lugares. A pesar de las bajas tras la guerra, que no llegan a la veintena, Tony Blair ya ha asegurado que su compromiso en Iraq es a largo plazo.

Polonia: con 2.400 soldados, se ha convertido en el aliado sorpresa de Estados Unidos, que le ha premiado con el mando de la División Multinacional, compuesta por 9.000 efectivos. En ella participan principalmente, además de los españoles, 1.640 ucranianos y 1.300 militares centroamericanos.

La postura de otros países respecto a su implicación militar en la reconstrucción es:

Turquía: ya se ha comprometido a enviar 10.000 militares para contribuir a la estabilización de Iraq, pero esta decisión ya podría estar detrás del coche bomba que explotó frente a su embajada en Bagdad la semana pasada. En contra está no sólo la opinión pública turca, sino la mayoría de los iraquíes, incluido el propio Consejo de Gobierno Provisional, temerosos del enfrentamiento entre turcos y kurdos y de las posibles aspiraciones territoriales turcas en el norte de Iraq.

Australia: durante la guerra 2.000 soldados australianos lucharon con la coalición angloestadounidense, pero ahora el Gobierno conservador de Canberra, acosado también por las acusaciones de exagerar la amenaza de Saddam, ha afirmado que no enviará tropas de mantenimiento de la paz, aunque haya una resolución de la ONU que las respalde.

Bangladesh: tiene experiencia en operaciones de mantenimiento de la paz, que utiliza para promocionar su imagen en el extranjero, pero probablemente solo enviarían tropas en caso de una petición de la ONU.

Pakistán: podría contribuir con soldados, pero sólo en caso de una resolución de la ONU.

India: más contundente, su tradicional enemigo ha declarado que solo acudirían con un mandato claro de la ONU en una misión separada de las tropas de ocupación y solicitada por el pueblo iraquí.

Francia y Alemania ya han declarado que no enviarán a sus soldados, mientras que Rusia se ha mostrado más abierta a esta posibilidad, aunque para ello necesitaría un claro mandato internacional. Curiosamente Japón, con una sólida tradición pacifista tras la Segunda Guerra Mundial, ha aceptado enviar mil soldados, su mayor despliegue desde el final del conflicto.

Los planes de reconstrucción

Siempre resulta mucho más fácil destruir que construir, y ahora las autoridades estadounidenses se encuentran con que el estado de la economía iraquí, tras tres guerras en 20 años y una década de embargo internacional, es francamente pésimo. Los dos principales estudios sobre la reconstrucción de Iraq, realizados por la ONU junto con el Banco Mundial (BM) y por el Gobierno estadounidense, estiman en 55.000 millones de dólares el total de los gastos necesarios en el país durante los próximos cuatro años para que pueda recuperarse y alcanzar un nivel de desarrollo normal.

Al terminar la guerra, el núcleo duro de Iraq (compuesto por EE UU, la UE, la ONU, el BM, el Fondo Monetario Internacional, Japón y Emiratos Árabes Unidos) decidió preparar un estudio sobre 14 sectores básicos del país que sirviera para informar a la Conferencia de Donantes de Madrid. En él se pone de manifiesto que la economía de Iraq ha sufrido dos décadas de abandono y degradación de sus infraestructuras, medio ambiente y servicios sociales. Los recursos públicos se destinaron al Ejército y al régimen, a lo que hay que sumar una política económica errónea junto con las guerras y las sanciones internacionales. El resultado es que mientras en 1970 la mayoría de los iraquíes pertenecían a la clase media, en la actualidad dependen de un sistema de racionamiento de los alimentos.

Este informe, que reconoce la dificultad de obtener información fiable y precisa dada la situación del país, reafirma la necesidad de crear trabajos aunque sean de corta duración para luchar contra los altísimos niveles de desempleo. Habría que realizar un cambio “gradual, que permita a la población enfrentarse a la transición, asegurar la estabilidad y proteger a los más vulnerables”, como por ejemplo, con la eliminación de los subsidios a los alimentos y la próxima finalización del programa Petróleo por Alimentos.

De este modo, las prioridades de desarrollo deberían incluir el fortalecimiento de las instituciones para un buen gobierno, transparente y soberano; la restauración de las infraestructuras básicas y los principales servicios humanos destruidos y degradados por años de desgobierno y conflictos; y apoyar una transición económica y social que proporcione tanto un buen crecimiento como protección social.

“El desembolso real de los fondos es mucho más difícil de predecir, ya que está unido a la situación de la seguridad y a la capacidad actual de las instituciones iraquíes de planear e implementar proyectos”, afirma el estudio. “La experiencia del Banco en la posguerra de otros países muestra que los límites a la reconstrucción se deben con frecuencia no a la falta de fondos sino más bien a las dificultades de desarrollar e implementar programas de inversión con plazos concretos de acuerdo con los procedimientos internacionales”.

Por su parte, la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA) ha realizado otra evaluación que cubre los sectores no tratados por la ONU/BM, como el Ejército o el petróleo. Las autoridades estadounidenses destacan el potencial de las enormes reservas petrolíferas, que deberían ser el “motor” de la recuperación a pesar del trabajo necesario para reparar sus infraestructuras; de las capacidades de la agricultura, que ocupa un 25% del territorio del país a pesar de la desertificación y una administración deficiente; la necesidad de incrementar la generación de energía, que durante años ha estado por debajo de la demanda; y de reparar la infraestructura higiénica e hídrica, amenazada por la contaminación del agua potable.

Evaluación de la ONU y el BM sobre las necesidades acumulativas de reconstrucción de Iraq por sector (en millones de dólares)(1)

Sector

Administración local, marco legal y sociedad civil

2004

101

2005-7

212

Total

313

Sanidad, educación y empleo
1.880
5.310
7.190
Infraestructuras
5.836
18.368
24.024
Agricultura y recursos hídricos
1,230
1.797
3.027
Desarrollo y sector privado
145
476
621
Desminado
80
154
234
Total
9.827
26.317
35.589

 

 

Estimación de Autoridad Provisional de la Coalición sobre las necesidades en aquellos sectores no incluidos en la evaluación de la ONU/BM(2)

Sector 2004 2005-7 Total
Seguridad y policía 5.000 0 5.000
Petróleo 2.000 6.000 8.000
Cultura (3) 140 800 940
Medio Ambiente 500 3.000 3.500
Derechos humanos 200 600 800
Asuntos exteriores 100 100 200
Asuntos religiosos 100 200 300
Ciencia y tecnología 100 300 400
Juventud y deporte 100 200 300
Total 8.240 11.200 19.440

Notas: (1) El total de las necesidades y el neto de los compromisos de gasto gubernamental se ha identificado incluyendo posibles áreas para la aprticipación del sector privado y la ayuda de donantes. Se espera que con el tiempo algunas de estas necesidades se podrían cubrir con ingresos gubernamentales, reduciendo así la necesidad de financiación exterior. Esto se basa en la suposición de que la productividad y la producción de petróleo aumentará con las inversiones, mientras que la esperada recuperación económica produciría un incremento en los impuestos directos e indirectos.
(2) Las estimaciones de la CPA se han dado al equipo de evaluación del BM, pero no se han revisado
(3) Las estimaciones para el apartado de cultura se basan en una evaluación de la UNESCO

Fuente: Banco Mundial

 

 

La participación española

El pasado mes de agosto el entonces ministro portavoz del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba orgulloso la celebración en Madrid de una conferencia que reuniría a los distintos países y organismos internacionales para financiar la compleja reconstrucción de Iraq. El Gobierno de José María Aznar ha mostrado en todo este conflicto su intención de elevar el prestigio y la consideración internacional de España, y con esta conferencia podría tratar de apuntarse el tanto que el Gobierno socialista logró con la Conferencia de Paz de Oriente Medio celebrada en Madrid en 1991.

Fuentes diplomáticas dijeron entonces que la propuesta de designar nuevamente a la capital española partió tanto de la Comisión Europea como de Estados Unidos, debido “al prestigio internacional con el que cuenta nuestro país en la organización de este tipo de conferencias”. Un diplomático conocedor de la situación en Iraq afirma que “el Gobierno tiene mucho interés” en que se celebre “por razones de respaldo político”, por lo que su cancelación o retraso “sería vista como una gran desilusión”.

La implicación en Iraq se ha pretendido que fuera política, económica y militar, y es esta última la que mayor polémica ha levantado. España cuenta con 1.300 soldados desplegados en la zona centrosur del país, en la división multinacional bajo mando de Polonia, con un mandato hasta diciembre. La semana pasada, estas tropas se vieron involucradas en su primer ataque directo, afortunadamente sin ninguna consecuencia grave, pero las primeras bajas se han producido fuera de este contingente. El capitán de navío Manuel Martín Oar fallecía en el atentado contra la sede de la ONU del 19 de agosto, y el pasado 9 de octubre fue asesinado el agregado de información de la embajada española, José Antonio Bernal.

A raíz de su muerte, diversas fuentes diplomáticas han criticado la nula protección ofrecida por la policía iraquí, todavía poco preparada, y el escaso despliegue de seguridad por efectivos españoles. IU, PNV y CiU se mostraron muy duros con el Gobierno, acusándole de “una actuación gravemente irresponsable y frívola” o de poner “en riesgo vidas humanas”. El ministro portavoz del Ejecutivo, Eduardo Zaplana, se limitó a afirmar que las medidas de seguridad son “suficientes” aunque “están en permanente revisión”.

En cuanto a la participación económica, el principal instrumento es el Comisionado para la participación de España en la reconstrucción de Iraq, creado en abril y encabezado por el secretario de Estado de Defensa, Fernando Díez Moreno. Entre otras tareas, el Comisionado sitúa como objetivos prioritarios la participación de las empresas españolas en los programas de reconstrucción, la transmisión de la información necesaria, velar por los principios de libre acceso y transparencia en los procesos de selección y porque los intereses españoles se vean asegurados en los distintos foros internacionales que los gestionen.

De momento, las empresas españolas, al igual que todas las no estadounidenses, pueden optar a subcontratas de los proyectos ya adjudicados por USAID a compañías norteamericanas. Los campos en los que se pueden participar son: apoyo al personal; administración del puerto de Umm Qsar; educación; gobierno local; reconstrucción de infraestructuras; apoyo logístico; administración aeroportuaria; y salud pública.

Pero el trozo mayor de la tarta lo constituye sin duda alguna el petróleo, y las dos empresas del sector, Repsol YPF y Cepsa, que ya participaban en el programa Petróleo por Alimentos de la ONU antes de la guerra, están bien situadas. En junio, la compañía estatal iraquí SOMO sacó a subasta 9,5 millones de barriles almacenados antes del conflicto, de los que ambas petroleras se adjudicaron un millón. El pasado mes de septiembre, Cepsa firmó un contrato con SOMO para la compra de otros dos millones de barriles mediante “una gestión directa y unilateral”, según fuentes de la empresa. Repsol YPF, por su parte, ha informado que también está negociando con los responsables iraquíes un suministro de contrato de crudo.

Contribución de España  
Aportaciones Cantidad (millones de euros)
Agencias de naciones Unidas
5
Cruz Roja y ONGs
5
Unión Europea
7,28
FAD a países vecinos
20
Actuación contingente militar en ayuda humanitaria
19,92
Comunidades autónomas, ayuntamientos y otras autoridades
8,25
Total
65,45
Fuente: www.comisionadoiraq.org

 

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