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Nº
571 - 29
de septiembre de 2003
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51ª Edición del festival de cine más importante de España SAN SEBASTIÁN 2003. VUELTA A EMPEZAR Con un cierto sabor amargo a resaca de celebración redonda quincuagésimo aniversario del Festival el año pasado nos reencontramos con San Sebastián. Y sentimos una sensación conocida pero extraña a la vez. Por una parte, ilusión de saber que el cine continúa emocionado y sirve de guía hacia la reflexión; y por otra, la responsabilidad y esperanza de saber que comienza una nueva etapa hacia otros cincuenta años de cine, ese cine que nos hace soñar. Por
Cintia Escandell La competición arrancó con la impactante película cubana Suite Habana, dirigida por Fernando Pérez. Un curioso experimento entre realidad y ficción, que muestra la Habana y su gente sin diálogos ni entrevistas; valiéndose tan sólo de la imagen, el sonido y la música. Merece la pena. A este estimulante comienzo le siguió un más que olvidable film alemán: Supertex, del experimentado Jan Schutte. Por el contrario, el novato Tom McCarthy nos propone una encantadora y pequeña comedia agridulce, que ya se llevó el premio a la mejor actriz y del público en el festival de Sundance y que por lo que sabemos a la hora de cierre de esta crónica parece que también se va a llevar el premio de mejor dirección novel de San Sebastián. Se trata de (la película en cuestión) The station agent, película que combina de forma deliciosa las relaciones entre tres personajes que, a primera vista, parecen muy diferentes pero que en realidad tienen mucho en común: un tipo aficionado a los trenes que desea pasar desapercibido y tranquilo pero que su corta estatura no se lo permite (un metro treinta); un cubano de conversación insaciable que instala su chiringuito móvil en los terrenos del anterior, y una mujer que acaba de sufrir una terrible tragedia en su vida y no sabe cómo enfrentarse a ella. La primera película española este año ha habido bastantes más de la media de otros años-, que se proyectó en el festival (aunque fuera de concurso) fue El misterio Galíndez. Largometraje dirigido por Gerardo Herrero, basado en la novela de Manuel Vázquez Montalbán, que explota la figura del controvertido Jesús Galíndez: miembro del Partido Nacionalista Vasco en el exilio, asesor del dictador Trujillo y colaborador del FBI. Para rematar el pastel, el reparto lo encabezan dos actores de relumbrón internacional: Harvey Keitel y Saffron Burrows. Interesante, ¿no? Pues no. El argumento no engancha, las interpretaciones no están bien conducidas ni hilvanadas, la realización es pobre y la fotografía no es que ayude mucho. En definitiva, es una película que tiene tanto potencial, que no me explico cómo ha acabado dando este resultado. Llegados a este punto, y en descargo de las películas, he de decir que en un festival todo se agudiza. En especial las críticas. Lo que visto de forma aislada te parece normal, aquí te parece horrendo, lo que está bien lo reduces a la normalidad y las películas sobresalientes en seguida las encuentras un par de fallos más producto de tu cansancio y de la saturación que provoca ver hasta cinco películas al día durante nueve días, que te permitan reducir su alcance y poder mostrar que no hay nada perfecto. Desde aquí pido disculpas por lo que precede y por lo que continuará. No me tomen demasiado en serio, o sí. Eso depende de ustedes. Yo sigo, y lo hago diciendo que la película danesa Arven y la holandesa Grimm, no merecen ni que las comente. Pasemos a otra cosa y no perdamos el tiempo. Aunque si hablamos de tiempo, tenemos que hablar de La historia de Marie y Julien del afamado director de la nouvelle vague Jaques Rivette. ¡He aquí una película para ver crecer la hierba! Esto no tiene por qué ser necesariamente negativo. De hecho ha habido un gran número de críticos si bien es cierto que no he encontrado ningún espectador de a pie que comparta sus gustos, que la consideran una película bellísima y que lo mejor que posee es el ritmo con la que es contada. He de decir que no es mi caso, pero entiendo que es una película perfectamente defendible. Memorias de un asesinato, del coreano Bong Joon Ho, ha sido una de las agradables sorpresas del festival. Basada en una historia real, narra las averiguaciones de un curioso grupo de policías de un pueblo de Corea, que investigan las terribles circunstancias de los asesinatos de una serie de jóvenes a manos de un psicópata. Ésta es la típica película que nunca acaba llegando a nuestras pantallas, pero si por un casual lo consiguiese, vayan a verla. Merece la pena. Dos películas que si que merecen la pena son las españolas Noviembre, de Achero Mañas (director de El Bola) y Te doy mis ojos, de Iciar Bollaín (directora de Hola, ¿estas sóla? y Flores de otro mundo). Las dos películas son muy diferentes entre sí, pero hay varios elementos que las hermanan irremediablemente. Para empezar, son dos de los títulos con mayor calidad que se han presentado en este certamen bastante más calidad en el caso de la película de Iciar Bollaín, y ambos poseen una cualidad muy difícil de encontrar hoy en día: valentía. Son tremendamente valientes a la hora de afrontar los temas que tratan y no se andan con milongas ni subterfugios en los que esconderse. Van al grano de lo que quieren contar y eso es, sinceramente, de agradecer. Noviembre, en concreto, trata de un grupo de chavales que quieren cambiar el mundo a través del teatro. De verdad lo creen y no es tan importante lo realista o idealistas que puedan ser, sino la convicción con la que lo defienden. Es una película de corazón, sincera, directa a los ojos, sin ganas de esconderse... una película que se arriesga, y eso no es poco. Aunque el resultado no es todo lo gratificante que esperábamos los que vimos El Bola. Te doy mis ojos también es una película arriesgada, aunque de distinta forma. Afronta de forma valiente y sin complejos el problema de los malos tratos y cuenta con dos intérpretes Luis Tosar y Laia Marull en estado de gracia. A mi entender, una de las mejores películas que hemos visto en el festival. Para acabar con las películas españolas en sección oficial, hay que hablar de En la ciudad, de Cesc Gay (director de Hotel room y Krampack, que obtuvo el premio de la juventud en la semana de la crítica de Cannes). Historia intimista de secretos y sentimientos no descubiertos que cuenta con un reparto coral espléndido y muy bien aprovechado. Destaquemos aquí el trabajo de los siempre estupendos Leonor Walting y Eduard Fernández. Para los amantes de lo bello y de la historia a partes iguales, queda para el recuerdo La joven de la perla, de Peter Webber. Adaptación del best seller de mismo título que narra la relación del genial pintor Johannes Vermeer y de su joven sirvienta y posterior musa, inspiradora de uno de los retratos más famoso de la historia de la pintura. La fotografía del magnífico operador galo Eduardo Serra está a la altura de lo esperado en una película que debía retratar la visión de uno de los mayores genios en el uso de la luz en la pintura. Otra película que no se puede quedar sin reseña es Verónica Guerin, del realizador inglés Joel Schumacher. Ésta es la historia real de la periodista Verónica Guerin, la cual fue un símbolo para toda Irlanda por su lucha incansable contra los grandes capos de la droga, cuyos intentos por acabar con su vida lo que terminaron consiguiendo en 1996, la convirtieron en una leyenda. Pero, sin lugar a dudas, la película más impactante de todo el festival se vio en pase especial y fuera de concurso. Ésta fue traída por el flamante premio Donostia Sean Penn. Se trata de 21 gramos, la nueva película del sorprendente Alejandro González Iñarritu, director de Amores Perros. En este caso, el director ha dejado las calles de México para adentrarse en una de las múltiples y anónimas poblaciones de los EE UU, de la mano de tres magníficos actores que hacen una de las interpretaciones más impactantes de sus carreras. Estos tres actores son el citado Sean Penn, Naomi Watts y Benicio del Toro. Los tres componen con sus impagables rostros las voces de esta mágnifica historia, contada con una increíble estructura narrativa. El propio autor daba pistas hace un par de meses cuando dijo que creo esta historia y su complicada estructura a raíz de la huella que le produjo la lectura de El ruido y la furia de William Faulkner novela en la que el autor confunde continuamente al lector cambiando de voces y de tiempo sin previo aviso. He de reconocer que cuando lo leí, no le creí. Me parecía harto difícil que consiguiese acercarse a lo que conseguía Faulkner y no caer en el más absoluto de los caos, pero me equivocaba. González Iñarritu lo consigue y de forma sobresaliente. Declaro mi absoluta devoción por este joven director, que con sólo dos películas ha conseguido hacerse un nombre entre lo más selecto de la cinematografía actual. Zabaltegi: Perlas de otros festivales La sección de Zabaltegi nos presenta una selección honrosa de películas que han destacado en diferentes países así como en otros festivales. La primera película proyectada dentro de este bloque es la americana Le Divorce, del director James Ivory. Nos intenta convencer con una comedia romántica, plagada de visiones estereotipadas a cerca de los franceses, de que el amor es más puro y pasional si lo vives en París. Se trata de una película menor de un director que nos tenía acostumbrados a títulos como Una habitación con vistas o Lo que queda del día. Por otra parte Reconstrucción, del joven director danés Christofer Boe. Original presentación de una realidad ficticia que conduce de la mano de una estructura elástica y versátil hacia el mundo de las elecciones, las posibilidades o tal vez azares en las relaciones personales. Película que nos hace reflexionar sobre la memoria y el olvido de los sentimientos materializados en amor. Una de las grandes sorpresas del festival. El reciente conflicto de Iraq está presente de trasfondo en Los abajo firmantes, de Joaquín Oristrell. Pero esta película española es más que una reivindicación social; las inseguridades de un grupo de actores de teatro se reflejan de forma irreprimible en el trabajo y en definitiva en sus vidas. Es una película de diálogos frescos y espontáneos. Aunque en ocasiones peca de panfletaria, aprovecha su condición mediática para aportar su grano de arena en contra de la situación vivida en Iraq y mostrar su visión sobre la reacción pública española. Uzak, película turca galardonada en el Festival de Cannes con el Premio del Jurado y el premio al mejor actor. Trata sobre las relaciones humanas, sobre las dificultades de la convivencia de dos parientes, presentadas de forma minuciosa, con una distancia objetiva que nos permite ver a los personajes tal cual son, sin ningún tipo de juicio de valor. También se presentan en esta sección las películas francesas: Lautre, que refleja el dilema moral de una mujer embarazada de mellizos que decide abortar uno de los fetos. Y Les corps impatients, donde la enfermedad de una chica obliga a su pareja a buscar la pasión en una tercera persona, catalizador que se cuela en sus vidas para mostrarles la verdadera situación que les ha tocado vivir. Cabe destacar también la película francesa La fleur du mal, de Claude Chabrol, que fue presentada en el Festival de Berlín. Película divertida, irónica y tremendamente crítica con la hipocresía de la burguesía francesa. Chabrol nos vuelve a deleitar con una de sus habituales comedias ácidas, dinámicas y e inteligentes. Son frère, del director francés Patrice Chéreau, nos trasporta de manera dolorosa a la realidad de la muerte a través de una enfermedad. Esta película que obtuvo el Premio al Mejor Director en el Festival de Berlín, invita a la reflexión a través de un drama físico y moral del que es difícil escapar. No defraudará a sus seguidores. En el momento de cerrar estas páginas, la película brasileña Carandiru, del director argentino Hector Babenco presidente del Jurado después de la deserción, a última hora, del actor Chazz Palmintieri (Balas sobre Broadway), se encuentra en la primera posición en las votaciones para el Premio Perla del Público. Es una interesante reproducción de la tragedia ocurrida hace más de diez años en la cárcel de Carandiru, en Sao Pablo; pero, aunque la película reviste realidad y atrapa su conflicto, la forma de presentar las confesiones individuales que los presos cuentan al médico dispersa, dificulta y diluye la problemática de denuncia que se desencadena con la sublevación en la cárcel. Pero sin duda la película más controvertida del Festival este año ha sido La pelota vasca, del director Julio Medem. Se trata de un documental muy valiente sobre el problema vasco, que abre una puerta al diálogo y a la libre expresión de ideas, base fundamental para una vía de comunicación y entendimiento. A pesar de la presión sufrida previamente al estreno provocó la ovación del público. Otra película española digna de mención es La flaqueza del bolchevique, del director novel Manuel Martín Cuenca, en la que la vida del protagonista es desarmada por una joven de 15 años que le dará una visión diferente sobre el amor. Cabe destacar la gloriosa interpretación de Luis Tosar. Es una de las apuestas más destacadas de la sección Zabaltegi. La película Intermission, de John Crowley, es una historia coral, donde la reacción en cadena, que parte de la ruptura de los protagonistas, afecta en mayor o menor medida, al resto de personajes. Comedia británica de buenas interpretaciones, historias divertidas y personajes con aroma de realidad; sin embargo, existe un evidente descuido respecto a la realización, que lastra el resultado final del filme. La película de Michael Winterbottom, In this world, ganadora del Oso de Oro en Berlín, refleja con técnicas propias del documental la difícil situación de dos refugiados afganos y su búsqueda de una vida mejor. The human stain, del director estadounidense Robert Benton, presenta una historia basada fielmente en la novela homónima de Philip Roth; película situada en Estados Unidos, narra la vida de un profesor de universidad salpicado por un escándalo que le provocará el despertar de su propia identidad. El gran problema que arrastra la película es su falta de libertad a la hora de desprenderse de las estructuras del lenguaje literario, que poca cabida tienen en el fílmico. Las interpretaciones resultan un poco frías y despegadas con respecto a la historia. Nicotina, una película cómica sin indulgencia así la define su director Hugo Rodríguez presenta una estructura de historias entrecruzadas a un ritmo desenfrenado donde la acción contada en tiempo real conduce a los personajes hacia un destino imprevisible. Bernardo Bertolucci vuelve a sus orígenes con la película The Dreamers, ambientada en el Mayo del 68, contexto en el que se desarrolla la historia de la liberación e inquietudes de tres muchachos en París. Esta película, presentada fuera de competición en la Mostra de Venecia, es algo más que una rememoración a una época pasada, es un homenaje a una forma, actualmente envidiable, de idealismo juvenil. La película que cierra esta sección del Festival es Hero, del chino Zhang Yimou. Fue galardonada con el Premio Alfred Bauer en el Festival de Berlín. Esta vez Zhang Yimou abandona las pequeñas temáticas cotidianas y se decanta por una epopeya histórica reinado del primer emperador de China para demostrarnos, con su habitual alarde de belleza espectacular, que las verdaderas historias no importa en que época se desarrollen, lo importante es el sentimiento amor, honor y deber que trasmiten. Para ello cuenta con un reparto de lujo: un Tony Leung incapaz de defraudar y la maravillosa Maggie Cheung, actores que ya coincidieron en la película Deseando amar, del también Chino Wong Kar-Wai. 30 años de un espíritu libre Hace 30 años que comenzó su accidentada andadura este maravilloso poema cinematográfico. Recuerda Elías Querejeta productor del largometraje, que cuando la proyectaron en el festival de San Sebastián en 1973, muchos se acercaron para darle el pésame, porque entendían que jamás se proyectaría en una sala. Poco después conseguía la Concha de Oro, numerosos premios internacionales que la siguieron y el empujón definitivo para conseguir una taquilla espectacular para la época. Treinta ediciones después, el festival donostiarra ha decidido rendir homenaje a este pequeño pedazo de nuestra historia cinematográfica, restaurando una copia y proyectándola de nuevo para el medio en el que Víctor Erice su director la concibió: la sala cinematográfica. Pero, como confirmaron el propio Víctor Erice y Elías Querejeta reunidos por fin después de su divorcio profesional tras su colaboración en El Sur, esta proyección no va a ser la única, ya que esperan que El espíritu de la colmena se volverá a proyectar en países como Francia e Inglaterra y están en trámites para que se proyecte en las salas españolas. Esperemos que lo consigan. Repaso único a Winterbottom y Sturges Michael Winterbottom es un caso extraño en el panorama cinematográfico actual. Un director que es capaz de realizar diez películas en ochos años y, para colmo, cada una de ellas es absolutamente diferente a la anterior y siempre con resultados excelentes. Remitámonos a los ejemplos más sobresalientes de su corta pero prolífica filmografía: Jude (1996, adaptación literaria), Welcome to Sarajevo (1997, crónica de una guerra), Wonderland (1999, retrato social), El perdón (2000, western), 24 hour people (2002, musical), In this world (2002, falso documental) con la que ganó el Oso de Oro en el último festival de Berlín o, su última película realizada hasta la fecha, Code 46 (2003, futurista). Lo mínimo que provoca este inclasificable cineasta, es admiración por ser capaz de fluir con tanta asiduidad y naturalidad de un género a otro, de una historia a otra y llegar, casi siempre, a la esencia de lo que quiere contar. Es como si llevase toda la vida manejando las herramientas del género que se proponga. Qué mejor forma de valorar a un cineasta único, que una retrospectiva que muestre todas sus caras; o por lo menos todas las que ha mostrado hasta ahora. ¿Le quedarán más? También, este año, el festival ha decidido dedicar una de sus retrospectivas a uno de los mayores genios de la comedia del cine clásico de Hollywood. Considerado uno de los más dignos sucesores de Lubistch junto a Billy Wilder, sus comedias tanto como guionista para directores como John M. Stahl, Mitchell Leisen o James Whale, como las que posteriormente dirigió él mismo son uno de los mejores remedios que se conocen contra el aburrimiento y la tristeza. Alguna de sus películas como Los viajes de Sullivan, The Palm Beach story o The great McGinty película con la que debutó como director y por la que obtuvo su primer Oscar al mejor guión, forman ya parte de la mitología hollywoodiense, pero es injusto recordar sólo estas tres maravillosas comedias que esconden a otras increíbles casi desconocidas en nuestro país como Las tres noches de Eva una de las películas más divertidas que jamás se hayan hecho y, créanme, no exagero, Christmas in July, Mad wendsday, El milagro de Morgans Creek o Salve, héroe victorioso. Hay que agradecer la vuelta a las pantallas de este genio de comedias irónicas, ácidas y amorales aunque sea de forma momentánea en el festival y su posterior exhibición en la filmoteca española, que tuvo que cortar demasiado pronto su fulgurante carrera por la deleznable caza de brujas que sufrió, como muchos otros grandes nombres de este maravilloso arte. |
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La pelota vasca Se ha dicho y se ha escrito mucho sobre La pelota vasca. La piel contra la piedra el largometraje documental del director Julio Medem. Se le ha criticado haber dado cabida a voces que hablaban en favor de la independencia del País Vasco, se le ha tachado de partidista y manipulador, se ha denunciado que no tenía ni consideración ni respeto hacia las víctimas... pero todo esto se ha dicho sin que casi ninguno de los acusadores hubiese visto el largometraje y, lo peor de todo, se ha intentado censurar. Es incomprensible que a estas alturas de la democracia se acepten con absoluta normalidad intentos de censura amparados en lo dañinas que pueden ser las palabras de los que no piensan como ellos. Están llevando a unos extremos inimaginables la máxima de conmigo o contra mí, o no se toca la Constitución o España se vendrá abajo, o a favor de la intervención armada o eres cómplice de Saddam Hussein, o blanco o negro... ya no hay matices. Ya no hay colores. Pues bien, este documental viene a demostrar que los colores existen, que coexisten otras opiniones que no defienden a ETA y al mismo tiempo creen en otro camino que el que propone el Gobierno. Creen en volver a dialogar, en saber qué piensa el otro, en descubrir que todo este conflicto está dejando espeluznantes dramas humanos por el camino del dolor y que no pueden ni deben ser instrumentalizados como arma arrojadiza para conseguir votos... que, al fin y al cabo, son personas los que viven los problemas, no siglas. El documental propone acabar con el daltonismo que se intenta imponer, busca dar voz a todos aquellos que han aceptado participar y articular una voz común compuesta por una multitud de voces. Intenta mostrar todos los lados de una supuesta realidad. Es aquí y ahora una vez visto, cuando se puede criticar el documental. No sería desacertado decir que Medem articula descaradamente estas voces para decir lo que él piensa, ni sería descabellado criticarle dada la ambición de diálogo e intento de abrir las zonas oscuras del conflicto para un mayor entendimiento por parte de todos su empeño en centrarse sólo en lo que ocurre en el País Vasco y cerrar los ojos ante la tremenda repercusión que tienen los actos de la banda terrorista en el resto de España. No se puede hablar de ETA, de su historia, su creación, a qué responde... y no comentar hechos tan importantes y que han marcado la respuesta y actitud del resto del Estado español como el asesinato de Miguel Ángel Blanco o, yendo más a la historia, el atentado de Hipercor. Pero estas críticas no son más que opiniones, argumentos de alguien que no está de acuerdo con determinados enfoques del documental; pero que no deja de ser un enfoque personal de otra persona que se expresa con total libertad, de igual a igual, con una gama de colores... y he de decir que la paleta de Medem es rica y abundante, y contiene algunas imágenes y metáforas tremendamente bellas que se quedarán grabadas en las retinas de los espectadores durante mucho tiempo véase la lucha de los carneros de a ver quién es más macho (me recuerda a alguien y no sé por qué), o los grupos de personas enfrentados por una cuerda que pelean por saber quién tiene más fuerza... quién posee la razón. Pero la verdadera belleza del documental reside en su deseo de hablar, de dialogar. Un esfuerzo que agradecemos todos, sobre todo en estos tiempos en los que hemos perdido la vergüenza hasta para pedir que se censuren películas en festivales internacionales. Si alguien no me cree en cuanto a que el público agradece que no se le trate como un hijo que no distingue lo que es bueno o lo que es malo, y que es mejor que no escuche determinadas palabras no se le vaya a llenar el cerebro de cosas raras... me remito al apabullante reconocimiento que le dimos todos los presentes al acabar la proyección. En aquel pase de público, no de prensa; creí que sería mejor ver cómo respiraban los no que no responden ante un grupo mediático, que no están resabiados, ni van con prejuicio alguno había gente de todo tipo de ideologías y convicciones incluso gente del PP, me consta y todos, sin excepción visible, nos levantamos de nuestros asientos para aplaudir este acto de valentía en forma de documental. Lastima que hoy en día, la valentía sea decir que podemos pensar diferente, pero, sobre todo, que podemos hablar. Por eso, de entre todo, me quedo con las palabras recogidas en el documental de la intervención de la periodista Gemma Nierga en la manifestación de Barcelona por el asesinato de Ernest Lluch: Creo que Ernest se habría sentado a hablar con el que le asesinó. Dialoguemos... por favor. Por C. E. y J. G. A. |
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Otra vez tres premios Donostia Desde hace algunas ediciones, se ha impuesto la costumbre de conceder los premios Donostia de tres en tres. No sé si es porque al festival considera que tiene suficiente importancia como para dividirlo y que no pierda valor, o porque tienen miedo de que alguno les falle y se queden sin ningún premiado el año del 11 de Septiembre ya ocurrió con Warren Beatty y Julie Andrews por motivos evidentes. Por lo menos, esta división no afecta a la calidad, que este año vuelve a ser de primer nivel: Sean Penn, Isabelle Huppert y Robert Duvall. Sean Penn. El americano europeo Da la sensación que siempre se encuentra fuera de lugar y que sólo lo halla, de forma ocasional, cuando interpreta sus complicados personajes. Inconformista declarado, crítico recurrente de la administración Bush se fue a Irak para comprobar como vivían antes de la guerra, porque no se creía los motivos de su presidente, actor difícil según algunos, auténtico autor de las películas según otros. Lo cierto es que Sean Penn es uno de los actores de mayor talento en el cine actual y uno de los más solicitados por los cineastas que buscan interpretes capaces de dar cuerpo a personajes difíciles, complejos e incluso inverosímiles. Algunas de sus mejores creaciones han sido en películas como Pena de muerte, La delgada línea roja, Acordes y desacuerdos, Giro al infierno o la más reciente e impactante 21 gramos. Isabelle
Huppert. Como no podía ser de otra manera, al actriz francesa recibió el premio de las manos de su mentor y adorador Claude Chabrol. Ésta ha sido una de las relaciones más fructíferas y productivas del cine francés, que nos ha dado títulos tan estimables como Gracias por el chocolate, Rien ne va plus, Madame Bovary o La ceremonia. Pero sería injusto limitar el alcance de su poderosa pegada cinematográfica a su relación con el realizador francés, olvidando así interpretaciones magníficas que deben quedar en el recuerdo como las realizadas en La pianista de Michael Haneke por la que consiguió el premio a la mejor interpretación femenina del festival de Cannes, El juez y el asesino de Tavernier, La puerta del cielo de Michael Cimino o entretenimientos encantadores como su papel en 8 mujeres de François Ozon. Robert
Duvall. Siempre ha sido un hombre discreto. Desde el principio de su carrera, nunca se ha propuesto figurar como meta, sino realizar buenos papeles. A esta encomiable determinación le debemos creaciones inolvidables como las realizadas en las películas de Francis Ford Coppola como Apocalipsis Now, La conversación, Llueve sobre mi corazón o la histórica saga de El padrino. Como en el caso de Isabelle Huppert, sería injusto quedarnos tan sólo con estas majestuosas interpretaciones, también es necesario recordar otras como en Matar a un Ruiseñor o Gracias y favores, papel por el que ganó un Oscar. |