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Nº
570 - 22
de septiembre de 2003
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Dónde se encuentran las verdaderas armas de destrucción masiva LA AMENAZA NUCLEAR A casi cinco meses de la declaración de George Bush que ponía fin a la guerra de Iraq, sigue sin aparecer ningún rastro de las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía Saddam Hussein y que, según Bush, Tony Blair y José María Aznar, constituían un riesgo tal que justificaban el conflicto bélico. Sin embargo, en el mundo siguen existiendo más de 20.000 cabezas nucleares en manos de las cinco grandes potencias (Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia), y al peligro de los otros Estados nucleares confirmados, India, Pakistán e Israel, se suma sobre todo la creciente amenaza de Corea del Norte y los supuestos intentos de países como Irán. Por Teresa Larraz El director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA), el egipcio Mohamed ElBaradei, declaraba recientemente que el mundo está en un momento decisivo y que se ha vuelto mucho más peligroso, una opinión a la que se suma la del secretario general de la ONU. Kofi Annan, ha asegurado que la eliminación total de las armas nucleares debe ser la prioridad número uno en desarme. Los acontecimientos de los últimos meses, como el progresivo desafío bélico del inestable régimen de Corea del Norte, las presiones de Estados Unidos sobre Irán para que aclare si está construyendo una bomba nuclear con ultimátum incluido de la AIEA, la tensión nunca zanjada entre India y Pakistán dos potencias nucleares sin control internacional, la posibilidad de que grupos terroristas como Al Qaeda adquieran material para construir este tipo de armamento y un nuevo interés en la Administración estadounidense por potenciar su armamento defensivo, están poniendo de manifiesto la realidad del peligro nuclear, acercándonos a los peores tiempos de la Guerra Fría. Por armas de destrucción masiva se suele entender las nucleares, químicas y bacteriológicas, pero el devastador efecto de las primeras las convierte sin duda en las más nocivas y peligrosas. En la actualidad existen cinco potencias nucleares reconocidas, que a su vez son los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, una clara herencia de la Segunda Guerra Mundial que en estos casi 60 años no se ha querido modificar. Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia suman 20.150 cabezas nucleares operativas, y a ellas habría que sumar miles más que están inactivas o se van a desmantelar. Los años 80 y 90 vivieron una época de deshielo y de acercamiento entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, y las dos superpotencias emprendieron unas negociaciones que desembocaron en diversos tratados de desarme (ver despiece Los tratados). Así, se llegó a atisbar la posibilidad de que el desarme nuclear pudiera ser una realidad en un futuro próximo, y de hecho, la preocupación mundial por las armas nucleares descendió notablemente. En 1995 se celebró una importante conferencia para revisar el más significativo de todos estos acuerdos, el Tratado de No Proliferación (TNP). Como consecuencia de esa conferencia se decidió su extensión indefinida, y los Estados no nucleares además añadieron unos principios y objetivos que insistían en la necesidad del desarme para evitar el peligro de una guerra nuclear y de prohibir las pruebas nucleares, así como en el afán decidido de los Estados nucleares de realizar esfuerzos sistemáticos y progresivos para reducir las armas nucleares con el objetivo final de su eliminación total. Cinco años después, en una nueva conferencia de revisión, se adoptaron 13 importantes pasos prácticos encaminados a alcanzar el desarme completo bajo el artículo VI del TNP, incluyendo acciones que deben ser tomadas en relación con las pruebas nucleares, el almacenamiento de las armas existentes y la verificación y transparencia de los arsenales. Ese parece haber sido el punto máximo en los compromisos multilaterales, porque desde entonces el panorama mundial ha variado considerablemente, y no para mejor. Resulta significativo que el cambio de postura más notable haya sido del Gobierno estadounidense, especialmente desde la llegada al poder de George Bush en noviembre de 2000, y sobre todo tras los atentados del 11-S. Estados Unidos se refuerza. La Administración estadounidense, dominada por halcones conservadores como el secretario de Estado de Defensa, Donald Rumsfeld o el vicepresidente, Dick Cheney, parece haber apostado por una línea mucho más dura en materia de dDefensa. Los últimos documentos vinculados directa o indirectamente con el Gobierno, como la Revisión de la Postura Nuclear (RPN), dada a conocer en enero de 2002, o la Estrategia Nacional para Combatir las Armas de Destrucción Masiva, publicada en diciembre, pasan a reclamar el derecho de defensa de Estados Unidos contra las amenazas a su territorio utilizando incluso su armamento nuclear. Estados Unidos continuará dejando claro que se reserva el derecho de responder con una fuerza abrumadora incluyendo el recurso a todas nuestras opciones a la utilización de armas de destrucción masiva contra los EE UU, nuestras fuerzas en el exterior, nuestros amigos y aliados, se dice en el documento preparado por el departamento de Estado. Además incluye la posibilidad de medidas preventivas para destruir las armas del enemigo. La NPR, por su parte, explica la necesidad de reformar la estrategia militar estadounidense (con la denominada Nueva Tríada), apostando por mejorar sus capacidades defensivas mediante nuevos sistemas de misiles, y reconoce el papel decisivo que desempeñan sus armas nucleares. Corea del Norte, Iran, Iraq, Siria y Libia se mencionan como los países que se podrían ver envueltos en contingencias inmediatas o inesperadas; de China se dice que también podría involucrarse; y aunque Rusia ya no es una amenaza, sus fuerzas nucleares siguen siendo motivo de preocupación. Esta nueva posición se ha materializado en la retirada del Gobierno estadounidense del Tratado de Misiles AntiBalísticos (ABM), considerado anticuado y herencia de la Guerra Fría, en su rechazo de los trece pasos prácticos como medida para alcanzar el desarme nuclear, y en una doctrina del ataque preventivo cuya primera manifestación ha sido la guerra de Iraq. Asimismo, como parte de la reforma de sus capacidades militares, parece que se está investigando el desarrollo de mini bombas nucleares con una potencia de entre 1-5 kilotones (la bomba que destruyó Hiroshima tenía 14,5), algo calificado de inaceptable por el director de la AIEA. La Administración norteamericana argumenta que tienen que defenderse ante las declaraciones públicas de sus enemigos sobre su intención de atacarles con armas de destrucción masiva, y que además siguen trabajando intensamente para lograr el control y las inspecciones internacionales de las armas nucleares. Como ejemplo de ello pone su millonaria colaboración con Rusia y las repúblicas herederas de la URSS para colaborar en el desmantelamiento y la vigilancia del antiguo arsenal nuclear soviético, cuyo descontrol es uno de los mayores peligros para el mundo, y la firma con Vladímir Putin, en mayo de 2002, del Tratado para las Reducciones Estratégicas Ofensivas. Presentado como un hito por ambos gobiernos, este acuerdo establece un máximo de 1.700-2.200 cabezas nucleares para los dos países en 2012. A raíz de la retirada estadounidense del ABM, Putin había declarado que jamás firmaría un nuevo compromiso de desarme con ellos, pero ante la imposibilidad de mantener en activo su costoso armamento nuclear tuvo que claudicar. Por otra parte, el tratado refuerza la nueva amistad ruso-estadounidense, puesta de manifiesto con el apoyo ruso tras el 11-S. Algunos expertos critican, sin embargo, que no se exige la destrucción de estas cabezas nucleares sino sólo desmantelarlas, y el senador John Kerry, uno de los candidatos del partido demócrata para las elecciones del año próximo, ha asegurado que este tratado está lleno de agujeros y que su debilidad más peligrosa es que no contiene medidas de verificación. De este modo, diversos grupos de expertos denuncian que la nueva política estadounidense frena el desarme nuclear y fomenta el rearme de aquellos países calificados de peligros potenciales por EE UU. Los ejemplos de más actualidad son los de Corea del Norte e Irán. El caso norcoreano. En el último año, Corea del Norte se ha convertido en una preocupación creciente para el mundo. La única dictadura comunista hereditaria es un régimen militar impredecible, dado el inestable carácter de su presidente, Kim Jong Il, pero en este tiempo está dando muestras de habilidad en lo que parece ser una partida de cartas con Estados Unidos. Durante décadas, las fuerzas militares estadounidenses en Corea del Sur mantuvieron armamento nuclear desplegado a lo largo de la frontera entre ambos países, hasta que en 1991 George Bush padre decidió su retirada definitiva. Esta continua presión pudo ser uno de los factores que desencadenaran el interés norcoreano por hacerse con este tipo de arsenal, y su programa nuclear comenzó en la década de los 60, primero con ayuda soviética y posteriormente mediante intercambios con Pakistán, a medida que este país fue mejorando su propia capacidad nuclear. En 1994 Corea del Norte y Estados Unidos firmaron un importante documento, el Acuerdo Marco, por el que se conseguía reducir la tensión en la zona, ya que Corea se comprometía a congelar y eventualmente desmantelar su programa nuclear bajo la supervisión de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA), a cambio de petróleo para mejorar su siempre deteriorada situación económica. A la vez se comprometían a trabajar por una península de Corea libre de armas nucleares, y Estados Unidos daba garantías formales a Corea del Norte que no la amenazaría con las suyas. Ahora ambos países se acusan de incumplir sus obligaciones, y la crisis se ha hecho más aguda desde que en octubre el Gobierno estadounidense acusara al norcoreano de estar trabajando en un programa secreto para lograr uranio enriquecido, uno de los principales componentes de una bomba nuclear junto con el plutonio. El régimen comunista reaccionó rompiendo su vinculación con el Acuerdo Marco y su colaboración con la AIEA, expulsando a sus inspectores en diciembre. La medida más grave llegó en enero de este año con su retirada del TNP, el único país que ha tomado una decisión tan seria. Desde entonces parece que ha retomado su programa nuclear, y se cree que ya ha producido y separado suficiente plutonio como para fabricar un pequeño número de cabezas nucleares; según la CIA, puede poseer una o dos, y además tiene un activo programa de misiles balísticos para transportarlas. Sus intenciones no están claras. ¿Está tratando de jugar con fuego para lograr más concesiones de Estados Unidos? ¿Qué le puede ofrecer Estados Unidos para que abandone una carrera armamentística que está demostrando proporcionarle una baza negociadora decisiva? El hecho es que si efectivamente llega a convertirse en una potencia nuclear, las repercusiones en el sureste asiático podrían ser muy graves, pudiendo desembocar en una carrera de disuasión que podría implicar sucesivamente a Japón, China, Taiwán, Corea del Sur e incluso India y Pakistán. El peligro mayor sería que Corea del Norte se dedicara a traficar en el mercado negro con el plutonio o el uranio, o incluso las propias cabezas nucleares, con organizaciones terroristas. Ya ha firmado acuerdos con Irán, Yemen, Siria y Pakistán en materia de misiles como se recuerda en España por el envío que retuvieron tropas españolas en el Índico y que tuvieron que devolver. Sin embargo, Estados Unidos siempre ha optado en esta crisis por la vía diplomática, algo que no ha dejado de contrastar con la actitud bélica adoptada con Iraq, cuya posesión de armas de destrucción masiva era mucho más dudosa (como demuestra el hecho de que no sólo no hayan aparecido pruebas tras cinco meses, sino que se duda incluso de que existan). En julio el régimen norcoreano declaraba que van a desarrollar armas nucleares en respuesta a las continuas amenazas de Estados Unidos, para así reducir su enorme ejército convencional y transferir parte de los recursos financieros y humanos al desarrollo económico y la mejora de las condiciones de vida, pero a pesar de estas declaraciones, a finales de agosto se celebraba una cumbre que tendrá su continuación a primeros de noviembre. Estados Unidos, Rusia, China, Japón y Corea del Norte se reunían en Pekín, y aunque no alcanzaban un comunicado conjunto, sí que todos se mostraban de acuerdo en seguir negociando, lograr que la península coreana quede libre de armas nucleares por medios pacíficos y evitar cualquier movimiento que pueda producir una escalada de la tensión, hechos calificados de muy importantes por los distintos observadores internacionales. Doble rasero. ¿Por qué con Corea del Norte sí se dialoga y con Iraq no? Esta pregunta se ha realizado a los gobiernos estadounidense, británico y español en múltiples ocasiones y siguen sin ofrecer una respuesta convincente. El caso es que el tercer componente de lo que Bush denominó eje del mal, Irán, está ahora en el foco de atención de Estados Unidos. La Administración Bush se ha erigido en árbitro de a quién se le permite y a quién no poseer armas de destrucción masiva, denuncian los profesores Richard Falk y David Krieger, presidentes de la Fundación para la Paz en la Era Nuclear (Nuclear Age Peace Foundation). La presión del Gobierno estadounidense sobre Irán para aclarar si el programa nuclear iraní tiene fines pacíficos, como asegura su Gobierno, ha llevado a que la AIEA fijara el 31 de octubre como fecha límite para que este país aclare la verdad. Los inspectores internacionales hallaron una instalación nuclear secreta el año pasado, y más recientemente, restos de uranio enriquecido en una central. Si Irán no estuviera utilizando su programa nuclear para propósitos pacíficos ello tendría consecuencias desastrosas, ha asegurado el director de la AIEA, ElBaradei. Este organismo solicita a Irán que acepte el Protocolo Adicional del TNP, que establece las inspecciones sin previo aviso, un punto que muchos otros países no han firmado todavía. El régimen iraní ya ha rechazado el ultimátum, insiste en que su programa es pacífico y ha amenazado con revisar con profundidad su colaboración con el TNP. Ello ha desatado el temor de que se convierta en el segundo Estado en abandonar este tratado, y sobre todo, a la escalofriante posibilidad que se produzca la repetición del caso iraquí, con consecuencias mucho más graves. La acusación de doble rasero se dirige también a los Estados nucleares por frenar su proceso de desarme, por dificultar el acceso a la energía nuclear aun con fines pacíficos, y por permitir de facto los arsenales nucleares de Israel, India y Pakistán, tres países que no han ratificado el TNP. Rusia ha vendido material nuclear a los dos últimos, mientras EE UU ofreció eliminar sus sanciones a Pakistán a cambio de su apoyo tras el 11-S. Al mismo tiempo, las ayudas norteamericanas a Israel son más que conocidas (ver despiece El amigo israelí). De esta manera, los demás países ven pocos incentivos en cumplir las condiciones del TNP. Otros organismos como Greenpeace tratan de explicar que aceptar la utilización pacífica de la energía nuclear acerca peligrosamente a sus poseedores a la posibilidad de desarrollar armamento nuclear. Estados Unidos ha considerado el Tratado de No Proliferación como una calle de sentido único cuando es de doble sentido. Los Estados sin armas nucleares renunciaron a su derecho a adquirir o desarrollar tales armas a cambio de la solemne promesa de los Estados nucleares de emprender negociaciones para el desarme nuclear. Estados Unidos, al igual que los otros Estados nucleares, no ha mantenido su parte del trato, critican Falk y Krieger. Mohamed ElBaradei, por su parte, denuncia que nos portamos como bomberos, Iraq hoy, Corea del Norte mañana, e Irán el día después. ¿Y luego?. La amenaza real puede provenir no de estos países, sino de organizaciones terroristas, y especialmente Al Qaeda. Osama Ben Laden ya ha declarado en diferentes ocasiones su interés en adquirir este tipo de armamento y que no vacilaría en utilizarlo. Durante los años 90 principalmente se produjeron varias detenciones de personas acusadas de traficar con material nuclear proveniente de la ex URSS, y otra preocupación ha venido por la posible fuga de cerebros, ante el elevado número de científicos que se encontraron en una situación económica y laboral muy mala tras el derrumbe soviético. Hoy en día parece improbable que Al Qaeda disponga de una bomba atómica, pero para evitarlo se hace más necesario que nunca mantener los controles existentes a la exportación de una manera más rigurosa, algo que también se ha exigido desde la AIEA. Estados Unidos destaca que desde hace años tiene un masivo programa de ayuda con los antiguos países soviéticos para eliminar ese arsenal y redirigir a los científicos hacia programas civiles, unos proyectos en los que ha embarcado a los demás países occidentales, como el G-8 ante la alarmante eventualidad de que un grupo terrorista acceda a estas armas de destrucción masiva. Un informe publicado por unos científicos de la Universidad de Harvard hace sólo unos meses denunciaba sin embargo que todavía la respuesta occidental es muy lenta y que no sólo los antiguos arsenales sino también las instalaciones civiles son peligrosamente inseguras. Por si este panorama fuera poco sombrío, hay que añadirle el tradicional enfrentamiento entre India y Pakistán. Se estima que estos dos países ya poseen varias decenas de cabezas nucleares, y la tensión se incrementó notablemente a raíz del inicio de una competición de pruebas nucleares que se desató en 1998. Su disputa proviene por el destino de la región de Cachemira, que se encuentra en su mayor parte en manos de la India, pero donde grupos armados luchan por su incorporación total a Afganistán. El atentado en el Parlamento indio de diciembre de 2001 del que el Gobierno indio acusó a Pakistán elevó el malestar entre ambos al máximo, rompieron relaciones diplomáticas y llegaron a acumular hasta un millón de soldados a lo largo de sus fronteras. Afortunadamente, poco a poco y debido también a la presión de Estados Unidos y Rusia, entre otros, India y Pakistán parecen haber entrado en este verano en una senda de diálogo, y el pasado mes de agosto se producía una histórica visita de diputados indios a la capital pakistaní. El primer ministro indio, Atal Bihari Vajpayee, ha llegado a ofrecer una mano de amistad a su rival, ha hecho un llamamiento para el final de la violencia y el derramamiento de sangre y ha asegurado que la cooperación, en vez del enfrentamiento, es la solución a nuestros problemas comunes. ¿De verdad queremos desencadenar una guerra contra todo país sospechoso de desarrollar armas de destrucción masiva?, se pregunta Mohamed ElBaradei. Creo que las inspecciones pueden ayudar. Esto requiere, sin embargo, tiempo y paciencia. Pero unas inspecciones con profundidad pueden prevenir un holocausto nuclear. |
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EL CLUB NUCLEAR
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LOS TRATADOS Ya desde el inicio de la carrera nuclear, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el control de las armas nucleares se mostró como una necesidad, por interés político o por preocupación mundial real. Desde entonces se han sucedido diversos tratados unos bilaterales, otros multilaterales que con mayor o menor éxito han intentado frenar una loca carrera que llegó a acumular más de 65.000 cabezas nucleares entre los cinco grandes en 1985. Los más importantes han sido los siguientes (no se incluyen los que afectan a armas químicas o bacteriológicas): Tratado de Prohibición Parcial de Pruebas (PTBT): firmado en 1963 entre el presidente Kennedy y Nikita Khruschov, prohibía las pruebas nucleares en la atmósfera, los océanos y el espacio exterior, como respuesta a una opinión pública muy sensibilizada por la reciente crisis de los misiles. En su preámbulo incluía la promesa de continuar con las negociaciones para conseguir poner fin a todas las pruebas nucleares, lo que supondría limitar la capacidad de las potencias para mejorar sus arsenales. Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (NPT): esta iniciativa del Reino Unido, la URSS y Estados Unidos se firmó en 1968, aunque entró en vigor dos años después. Es un acuerdo histórico, al haberse convertido en el único compromiso multilateral de los Estados nucleares de alcanzar un desarme global. Firmado nada menos que por 188 países, es el que ha sido ratificado por un mayor número de Estados. Convencidos de que la proliferación de armas nucleares podría incrementar seriamente el peligro de una guerra nuclear, los países firmantes alcanzaron un doble compromiso: por un lado los Estados que no poseían armas nucleares no desarrollarían ni adquirirían materiales para su fabricación, mientras que a cambio los Estados nucleares les ayudarían a desarrollar la energía nuclear para propósitos pacíficos algo que se considera un derecho, por los beneficios de su aplicación. Especialmente relevante es el artículo VI, en el que las partes de comprometen a seguir las negociaciones para alcanzar medidas efectivas en relación con el cese de la carrera armamentística nuclear lo más pronto posible y ( ) en un tratado sobre desarme general y total bajo un control internacional estricto y efectivo. Tratado de Prohibición Completa de Pruebas (CNTB): su propósito también es muy ambicioso, prohibir todas las pruebas nucleares, ya sean con propósito civil o militar. Costó tres años de negociación en la Conferencia de Desarme hasta que se adoptó en 1996. Sin embargo, sólo entrará en vigor tres meses después de que lo ratifiquen los 44 países con capacidad nuclear, y a día de hoy ni Estados Unidos ni China ni Israel lo han hecho, mientras que India y Pakistán ni siquiera lo firmaron. Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF): dos años antes de la caída del muro de Berlín Reagan y Gorbachov acordaron eliminar toda una categoría de armas nucleares, que afectó a la práctica totalidad de las que había estacionadas en Europa. Otros importantes acuerdos fueron los Tratados de Limitación de Armas Estratégicas (SALT I y II), que reducían el número de sistemas de distribución de las armas nucleares que ambas superpotencias podían tener; los tratados de Reducción de Armas Estratégicas (START I y II), que se firmaron a primeros de los años 90, tuvieron como objetivo reducir el tamaño de los arsenales nucleares activos de EE UU y la URSS, que en el caso de START II llegaban hasta sólo 3.000 cabezas nucleares. Además, hay que señalar que se han alcanzado acuerdos de prohibición de armas nucleares que se extienden a áreas geográficas enteras. Por ejemplo, el Tratado Antártico (1959), el Tratado del Espacio Exterior (1967), y los que han declarado zonas libres a América Latina (1968), el Pacífico Sur (1986), el Suroeste Asiático (1995) y África (1996). De este modo, el hemisferio sur en su totalidad está libre de armamento nuclear. |
| ARSENAL
NUCLEAR * |
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| PAÍS | Cabezas nucleares |
Activas
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Total producidas | Primer ensayo |
| ESTADOS UNIDOS |
10.600
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8.000
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70.000
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1945
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| RUSIA |
18.600
|
8.600
|
55.000
|
1949
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| REINO UNIDO |
200
|
200
|
1.200
|
1952
|
| FRANCIA |
350
|
350
|
1.260
|
1964
|
| CHINA |
400
|
400
|
600
|
1964
|
| INDIA (1) |
30-60
|
1974
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| PAKISTÁN (1) |
15-28
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1998
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| ISRAEL (2) |
100-200
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Cifras aproximadas (1) Estimaciones variables según las fuentes. India podría tener material fisible para producir entre 45-95 cabezas nuecleares, pero sólo habría conseguido montar la mitad. Pakistán, por su parte, podría haber producido material hasta para 30-52 cabezas nucleares, pero igualmente habría conseguido montar una cifra más reducida (2) Israel nunca ha reconocido ni negado poseer armamento nuclear, aunque los informes de la inteligenciaestadounidense lo r5econocen como potencia nuclear "de facto". Según las distintas estimaciones, podría disponer de entre 100 y 200 cabezas nucleares a raíz de iniciar un programa de armamento nuclear en los años 50. Fuente: The Bulletin of Atomic Scientists, www.thebulletin.org |
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EL AMIGO ISRAELÍ Ni lo ha confirmado ni lo ha negado. La posesión de armas nucleares por Israel es un misterio oficial que sin embargo pocos dudan que sea una realidad, pero además es un importante factor desestabilizador de una de las regiones más difíciles del mundo. Los países árabes preguntan siempre a Occidente por qué no obliga a Israel a cumplir las resoluciones de Naciones Unidas que afectan no sólo a sus relaciones con los palestinos sino también a su arsenal nuclear, estimado en unas 100 cabezas nucleares. A pesar de ello, este país puede seguir ignorando los mandatos de la OU, que ha pedido que Oriente Medio se declare zona libre de armamento nuclear, y del TNP, que ni siquiera ha firmado, gracias a la inestimable ayuda económica y militar de Estados Unidos. El programa nuclear israelí además es un tabú que paga caro quien trata de violarlo, como fue el caso del científico israelí Mordejai Vannu, condenado en 1988 a 18 años de cárcel por traición. Vannu, un científico nuclear reconvertido en pacifista, escapó a Reino Unido en 1986 y publicó en el Sunday Times fotografías y datos de la principal instalación nuclear israelí. Ello le supuso ser secuestrado por los servicios secretos, y ahora permanece encerrado en una prisión israelí de alta seguridad. La última víctima era la cadena británica BBC, que el pasado mes de junio emitía un documental titulado Las armas secretas de Israel, como consecuencia del cual ha sido vetada por el ejecutivo de Ariel Sharon, que además les negará asistencia en cualquier problema que les surja en Gaza y Cisjordania. El programa se llegaba a preguntar: ¿qué país de Oriente Próximo engañó a los inspectores internacionales que revisaron sus instalaciones nucleares?. ¿Iraq, Iran? No, Israel. |