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Nº
557 - 26
de mayo de 2003
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El nuevo mapa bancario en España Mucho han cambiado las cosas en el panorama financiero español en los últimos años. No sólo se ha reducido el número de entidades como consecuencia de diversas fusiones, compras y diferentes operaciones las últimas, la protagonizada por el Barclays y el Banco Zaragozano y la anunciada fusión de las cajas andaluzas El Monte y San Fernando, sino que el papel que tradicionalmente han jugado bancos y cajas tiende a parecerse cada vez más. De hecho, ambas siguen inmersas en una solapada batalla para lograr comerse terreno, sobre todo en lo que se refiere a banca minorista, es decir, en el negocio que afecta al cliente prototipo. Por Vera Castelló Poco se parece el panorama financiero español de inicios de la Transición con el de ahora. Por entonces, nuestro país se caracterizaba con un nutrido número de marcas de bancos encabezado por un grupo de media docena de entidades que sobresalían por encima del resto. En cuanto a las cajas, estaban obligadas por ley a quedarse dentro de su territorio fundacional. Hablamos de 1977, año en el que el Gobierno estableció un nuevo marco jurídico que permitió a las cajas empezar de verdad a competir con los bancos. Por entonces, los bancos tenían el 82% del mercado de créditos y el 70% de los depósitos. Hoy, el negocio se reparte a medias con las cajas. La banca ha estado durante años centrada en mejorar sus ratios de rentabilidad y eficiencia (mide lo que gasta en proporción a los ingresos recibidos), apremiada por mantener una alta cotización bursátil. Las cajas, sin accionistas a los que dar cuentas anualmente, mantuvieron su nivel de gasto y de inversión. Con la crisis de 1992, las cajas ganaron otra partida. Los bancos, más violentos en sus movimientos, redujeron su riesgo recortando los créditos. Las cajas no siguieron esa estrategia ayudadas, quizás, por la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) que en ese tiempo puso a disposición de sus asociadas sistemas de gestión globales que permitieron importantes ahorros en costes. Otro hito para las cajas fue 1988. Hasta ese año la legislación impedía a estas instituciones financieras abrir sucursales fuera de su ámbito natural. Desde principios de 1989 comenzaron a hacerlo con cierta timidez. Hasta entonces, las cajas se habían dedicado en exclusiva al negocio bancario al por menor: particulares y pequeñas y medianas empresas. Una actividad que se centraba en la captación de dinero de los clientes y que se rentabilizaba en el mercado interbancario, prestándolo a otras instituciones de crédito. Sin embargo, en apenas unos años, las cajas dieron un cambio radical a su estructura de negocio elevando en sólo cinco años 17 puntos el peso del crédito en la estructura del balance desde el 40,6% de 1996 hasta el 52,8% de 2001, según los datos de la (CECA). Una de las claves más importantes para explicar este cambio es, sin duda, que las cajas, para poder atender el tipo de negocio elegido, han abierto más de 13.000 nuevas oficinas por toda España en los últimos 25 años, mientras que los grandes bancos han vivido diversas fusiones, lo que ha provocado el cierre de unas 4.000 oficinas y han buscado su crecimiento fuera de España, principalmente en América Latina. Ahora parece que, al menos los grandes bancos, han decidido volver a recuperar el interés en el negocio español. La banca adquirió su mayor dimensión en España en 1992, cuando contaba con 18.154 sucursales las cajas tenían entonces 14.123. Ambas entidades tenían prácticamente el mismo peso en 1998, momento en el cual las cajas comienzan a distanciarse de la banca en red. El espectacular proceso de apertura de sucursales de cajas iniciado a mediados de la pasada década ha coincidido con el cierre de oficinas bancarias derivado, principalmente, de las fusiones de los grandes bancos. Además, Banesto, adjudicado al Santander en subasta, registró un importante proceso de cierre de oficinas, debido a las duplicidades con la red del banco cántabro. Así mismo, el Banco Sabadell, que adquirió Banco de Asturias y Banco Herrero, también se ha visto afectado por este proceso, aunque en menor medida. Ninguna zona se ha librado de los intentos de conquista de las cajas. En Madrid, por ejemplo, sólo en 2001, se abrieron 137 nuevas sucursales, ampliando la red de oficinas hasta los 2.396 establecimientos. En el mismo periodo, la banca cerraba 143 establecimientos y su presencia se reducía hasta los 2.337 locales en Madrid. Según un informe elaborado por Caja España, las cajas de ahorros y las cooperativas de crédito inauguraron el año pasado 681 sucursales, lo que sirvió para compensar prácticamente los 684 cierres que protagonizaron a su vez los bancos. Al finalizar el año 2002, el conjunto de las entidades de crédito contaba con 38.673 oficinas, es decir, tres establecimientos menos que un año antes. El grueso de la red era propiedad de las cajas, después de que estas entidades abriesen el año pasado 497 nuevos establecimientos al público y ampliasen así el número de oficinas desde 19.829 hasta 20.326 sucursales. Sin embargo, las entidades de ahorro, que copan de esta manera el 52,56% de la red de oficinas en España, dan casi por finalizado el ambicioso plan de expansión protagonizado en los últimos años. La expansión territorial de las cajas de ahorro se ha producido de muy diversa manera. Unas instituciones decidieron realizarla a base de la apertura de oficinas. El ejemplo más destacado fue La Caixa, una entidad que en un decenio ha duplicado el número de sus sucursales, ha penetrado con fuerza en Madrid y ha colocado sus fichas por todo el tablero financiero nacional. Otras prefirieron la vía de las fusiones o incluso la compra de bancos. Las cajas catalanas de Pensions y de Barcelona fueron a comienzos de los noventa las primeras en protagonizar una gran fusión, que dio origen a La Caixa, tercer grupo financiero español. Caja Madrid no quería ser menos, pero la imposibilidad de fusionarse con otra entidad de su región la convirtió en la primera caja española en atreverse a comprar un banco, el Crédito y Ahorro, filial del BBV y en 2000 Banca Jover al Grupo Crédit Lyonnais. Dos ejemplos de una de las principales quejas de los bancos: las cajas pueden comprar bancos, pero no al contrario. Una situación que responde al hecho de que los bancos son sociedades anónimas, con el capital repartido en acciones, en tanto las cajas son instituciones de carácter fundacional con fines sociales. Si bien las cajas de ahorros han logrado ampliar el negocio y quitar cuota de mercado a los bancos, han comenzado a sufrir descensos en sus beneficios. El año pasado, por primera vez en su historia, el sector registró un descenso anual del beneficio atribuido del 2,8%. ¿La causa? Los malos resultados cosechados en sus participadas y es que, a imagen de los bancos, las cajas llevan años conformándose también carteras industriales e invirtiendo parte de sus recursos. La Caixa, por ejemplo, posee una de las carteras de participaciones más importantes del panorama, con inversiones en empresas claves como Telefónica, Gas Natural, Endesa o Repsol YPF. De hecho, si en vez de considerar los grupos consolidados se tuvieran en cuenta sólo las cajas matrices, el beneficio hubiera ascendido un 4,9% en 2001. Los menores beneficios por este concepto condicionaron la cuenta de entidades como la mencionada La Caixa, que arrastró el resultado del conjunto del sector. Este descenso en los beneficios ha llevado a buena parte de los analistas a creer necesario un cambio en el panorama, que vendrá obligado en parte si se confirma la ofensiva comercial de los dos grandes grupos, BBVA y Santander Central Hispano, en el mercado doméstico. Una estrategia que los grandes bancos quieren retomar después de dos años de descensos en su cuenta de resultados. Eso obligará a las cajas a políticas más defensivas, después de la fuerte expansión vivida en los últimos años, con fuerte ganancia de cuota de mercado. Lucha por el tamaño. Otra de las diferencias entre bancos y cajas estriba en el tamaño. En realidad sólo hay dos de ellas que puedan codearse dignamente con los grandes. La Caixa, tercera entidad financiera del país, y Caja Madrid, la cuarta, las mayores en activos. El resto va disminuyendo progresivamente su tamaño. Sin embargo, si nos fijamos solamente en los bancos, las diferencias entre ellos llegan a ser abismales. Arriba del todo, el SCH y el BBVA, continuamente luchando por el título de campeón absoluto, les siguen el Popular y Banesto, también en pugna por el tercer apuesto, y luego el denominado grupo de medianos que conforman el Sabadell, Bankinter, Pastor, Atlántico, Guipuzcoano y Zaragozano. En este punto hay que resaltar el importante salto en la clasificación que dará el Zaragozano después de ser opado amistosamente por el Barclays. A finales de la década de los ochenta, la escena estaba ocupada por siete bancos (Banesto, Hispano, Santander, Bilbao, Central, Popular, Vizcaya), ligados a un grupo de accionistas y ejecutivos concretos, en muchos casos familiares. Aguirre, Boada, Botín, Sánchez Asiaín, Valls, Escámez o Toledo diseñaban el devenir del sector en los famosos almuerzos mensuales que, tradicionalmente, se encargaba de convocar el presidente del Central. De aquella fotografía, hoy no queda prácticamente nadie. Los siete grandes bancos se han reducido a tres, contando con la irrupción de Argentaria a principios de los noventa, y de los comensales de aquellos almuerzos tan sólo siguen en primera línea de fuego Emilio Botín y los hermanos Valls. Lo que ha sucedido en este periodo es una densa historia de batallas, con las fusiones, la pugna por ganar tamaño y la obsesión por el poder como telones de fondo. En realidad, España no ha sido diferente. Al igual que han hecho otras entidades financieras en Europa, las españolas han protagonizado numerosos movimientos en los últimos años, empujados por la globalización económica, la entrada del euro y la mayor competitividad entre entidades para garantizar su supervivencia en un sector altamente competitivo, intentar reducir costes y conseguir una mayor rentabilidad. La tendencia es que existan menos bancos, más grandes y con una extensa red de sucursales, tanto en territorio nacional como en el resto de Europa. Se espera que en pocos años se produzca alguna fusión transnacional entre grandes bancos europeos, pero de momento únicamente ha habido fusiones nacionales, alianzas bancarias en sectores muy concretos e intentos, en la mayor parte fallidos, de fusiones entre bancos de distintas nacionalidades. Esta tendencia a crear grandes bancos es apoyada por la mayor parte de los grandes bancos europeos, pero algunos gobernadores de bancos centrales son reticentes a las fusiones, pues consideran que estas concentraciones ponen en peligro la competencia y eliminan gran cantidad de puestos de trabajo, y creen que no es el momento adecuado, pues hay que simplificar y unificar las diversas legislaciones, adecuar los diferentes sistemas fiscales y aunar las diversas maneras de hacer banca, integrando culturas y visiones diferentes. Los grandes bancos europeos esperan que en cinco años se produzcan cambios radicales en las posiciones de los bancos europeos y mundiales. Por ello, están preparándose realizando mejoras en eficiencia, flexibilidad, capacidad comercial, rentabilidad y desarrollo tecnológico, para que cuando esto ocurra, no se encuentren descolgados y puedan subirse al carro de las fusiones. El último de los cambios en el mapa bancario del país ha tenido lugar hace sólo unos días con la OPA amistosa lanzada por el británico Barclays al Banco Zaragozano. La unión entre ambos ha sido objeto de especulación en el sector incluso desde antes de mayo de 2002, cuando el banco británico reconoció una aproximación preliminar a directivos del español. Barclays había insistido en repetidas ocasiones en su interés por crecer en España mediante la adquisición de un banco mediano y Zaragozano se perfilaba como la única entidad dispuesta a una operación de este tipo, más aún cuando Los Albertos, propietarios del 40% del banco, dejaron la copresidencia del banco tras ser condenados por el caso Urbanor. Desde que a principios de 2001, los ex presidentes de la entidad, Alberto Cortina y Alberto Alcocer, dejaran abierta la puerta a la venta del banco, varios han sido los grupos interesados. Entre ellos han estado tanto extranjeros, como el holandés ING y el alemán HypoVereinsbank, como españoles, como Popular y Sabadell, y cajas de ahorros, como las de la Comunidad andaluza, Bancaja, Caja Madrid y La Caixa. Las condiciones planteadas por Los Albertos frenaron la operación: el elevado precio llegaron a pedir 17 euros por título y su intención de continuar en la gestión. Con datos a cierre de 2002, la nueva entidad cuenta con 526 sucursales, 570.000 clientes y alrededor de 3.500 empleados. Los beneficios netos conjuntos habrían ascendido a unos 84,2 millones de euros. No obstante, Barclays Bank ha dejado claro que esta OPA no cierra los deseos de expansión que en varias ocasiones han reiterado sus directivos y que estarán atentos a nuevas oportunidades de crecimiento en el mercado español. Los medianos recobran protagonismo. De entre los de mayor tamaño, de las fusiones sólo parece haberse librado en España el Banco Popular. Los hermanos Luis y Javier Valls han rechazado una tras otra las innumerables propuestas de fusión que han llegado a su puerta. Sin embargo, la irrupción del británico Barclays en el escenario de los bancos medianos españoles ha reavivado las quinielas sobre futuros movimientos y hay quienes vuelven a mirar al Popular buscándole novio. Sin embargo, no hay que olvidar que el Popular siempre se ha caracterizado por una política conservadora, reacia a sacrificar o poner en riesgo sus envidiables ratios con operaciones de este tipo. Aún así el banco no niega que si llegara una oportunidad interesante, la aprovecharían. |
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Es cierto que la operación con el Zaragozano ha removido el ránking de las entidades medianas de forma que el nuevo banco pasará a ser el tercer grupo financiero por activos de entre los medianos superando así a Pastor y Atlántico en esta clasificación. Sin embargo, no parece que, a corto plazo vaya a haber movimientos similares, según la mayoría de los expertos, sobre todo porque los dos principales candidatos a emprender una compra, el Banco Popular y el Banco Sabadell, están todavía digiriendo operaciones anteriores. En el caso de la entidad que presiden los hermanos Valls, se trata de la reciente adquisición de la totalidad de las acciones del Banco Nacional de Crédito Inmobiliario (BNC) en Portugal. En similares circunstancias parece encontrarse el Banco Sabadell, que afronta la última fase de consolidación de la adquisición del Banco Herrero que efectúo hace año y medio y acaba de asumir la totalidad del capital de su proyecto en Internet, Activobank. Aunque el Sabadell apuesta de una forma decidida por el crecimiento orgánico, tampoco descarta recurrir a otras vías. Apuestan también por la independencia tanto Banesto como Bankinter. Desde ambas entidades ligadas a Emilio Botín se ha desmentido reiteradamente su interés por acabar fusionados. Respecto al Banco Pastor, ha sido unas de las entidades medianas que también ha figurado como una de las posibles opciones de compra durante los últimos años. De igual manera, sus responsables han defendido su carácter independiente ante cualquier movimiento hostil o amistoso. No obstante, buena parte del sector cree que la compra del Zaragozano ha sido un hecho aislado que no va a desencadenar otros movimientos. La razón principal es que la entidad actualmente presidida por Felipe Echevarría llevaba tiempo en venta, mientras que el resto de bancos no lo está. Es más, en general, apuestan por su independencia e incluso por su carácter local. De hecho, en muchos casos, estas entidades tienen entre sus accionistas cajas regionales o inversores claramente decididos a defender su carácter local.
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Descartada una compra, hay quienes ven más viable una fusión entre iguales o, al menos, algún tipo de alianza o pacto. No hay que olvidar que, por ejemplo, el Banco Guipuzcoano admitió recientemente que están abiertos a algún tipo de coordinación entre los medianos. En cuanto a las cajas, la última fusión se plasmará dentro de unos meses. De momento, los presidentes de las cajas andaluzas El Monte y San Fernando, José María Bueno Lidón y Alfredo Pérez Cano, han presentado públicamente el proyecto después de informar a sus respectivos consejos de administración. Una unión que dará lugar a la entidad Guadalcaja, que estará aprobada en la primavera del año que viene y colocará a la nueva entidad como décima caja española, con 13.300 millones en activos, al mismo nivel que Unicaja. Aunque el proyecto de fusión está muy avanzado, las entidades deben aguardar nueve meses más para cumplir con el doble proceso de adaptación a la Ley Financiera. Según los informes de viabilidad, apenas 50 de un total de 737 oficinas conjuntas están duplicadas, aunque sólo 25 ó 30 deberán cerrarse. En todo caso, se ha garantizado el empleo, consagrado en el pacto laboral previo, e incluso se cree que la plantilla crecerá a partir del segundo año después de la fusión. Guadalcaja, líder en Sevilla, Huelva y Cádiz, nacerá con un tercio del mercado financiero en Andalucía occidental, frente a una cuota regional del 14,5%. La meta es trepar hasta el 25% regional en ocho años, una posición que le arrebataría el liderazgo andaluz a Unicaja. La integración de las dos cajas de Sevilla coloca a la futura Guadalcaja en una privilegiada posición de cara a nuevos movimientos en el mapa financiero andaluz y acerca la tradicional idea de Manuel Chaves de crear la gran caja única de Andalucía, máxime cuando el Barclays ha acabado con los planes de las cajas andaluzas de hacerse con el Zaragozano. |
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Principales operaciones
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La banca extranjera en EspañaEl principal reto que ha de afrontar el Barclays en España es demostrar lo que no ha sido capaz ninguna otra entidad extranjera en nuestro país: penetrar en el negocio minorista. La operación con el Zaragozano supone un vuelco de la estrategia de Barclays en España, hasta ahora centrado en segmentos de clientes de rentas altas y medias/altas, hacia el negocio de banca minorista, en el que tiene una amplia experiencia en Reino Unido. El alemán, Deutsche Bank, deja de ser el primer banco internacional en España y pasa del puesto seis al siete del ránking general. Lo cierto es que el negocio de banca comercial en España ha resultado ser una fortaleza prácticamente inexpugnable para la banca extranjera. Son muchos los grupos que lo han intentado, pero muy pocos, entre los que destaca Barclays, los que han tenido éxito. ¿El motivo? La necesidad de contar con una red importante de oficinas para poder competir con los bancos españoles y las cajas de ahorros en un entorno cada vez más competitivo. Esto provocó agresivas compras cuando el mapa bancario español estaba aún muy fragmentado y había candidatos a ser adquiridos: el francés Crédit Lyonnais compró Banca Jover, el portugués Caixa Geral se hizo con Extremadura, Simeón y Luso Español y Deutsche Bank con Banco de Madrid, entre otras operaciones. Deutsche Bank está entre los pocos que mantiene un importante número de oficinas, 267. De hecho, desde 1998 sólo se ha producido la compra de un banco español, Urquijo, por un extranjero, el belga KBL. El estadounidense Citigroup también apostó fuerte por la apertura de oficinas, pero sus dificultades para obtener beneficios le llevaron a cambiar radicalmente de estrategia. Hoy, la banca extranjera ha encontrado un nicho en la banca privada y personal o en la de inversión y corporativa, aprovechando la banca electrónica o buscando alianzas en el panorama nacional. Por ello, algunos de los bancos medianos pueden verse obligados a iniciar ese camino de acercamiento y matrimonio. La nueva Ley FinancieraEl Congreso de los Diputados aprobó el 31 de octubre de 2002 la Ley de Reforma del Sistema Financiero con los votos a favor de PP, CiU y Coalición Canaria, ocho meses después de la presentación del proyecto de ley por parte del Ejecutivo, y entró en vigor el 24 de noviembre de 2002 . Esta Ley Financiera supone la iniciativa legislativa más importante en materia financiera de los últimos años, ya que reforma alrededor de una veintena de leyes financieras, aunque la parte más polémica correspondió a la regulación de las cajas, un asunto que se incorporó a través de enmiendas parciales. La nueva normativa da vía libre a la emisión de cuotas participativas similares a las acciones pero sin derechos políticos por parte de las cajas de ahorros, que deben servir como instrumento para aumentar sus recursos propios, y que para algunos abren las puertas para su privatización. Las cajas emitirán estos productos, pero sus titulares no podrán acceder a los órganos de control de las entidades. Además, la ley limita al 50% la presencia de representantes de organismos públicos en los órganos de gobierno de las cajas de ahorro e, incluso fija los 70 años como edad máxima para los miembros de sus consejos, aunque esta cuestión podrá modificarse por las regiones que legislen sobre esta materia. Así mismo, se limita a doce años el periodo máximo que una persona puede permanecer en los órganos de las cajas de ahorro y se aumenta la presencia de impositores y empleados en las asambleas generales y en los consejos de estas entidades. Estas novedades han obligado a las cajas de diez comunidades (Andalucía, Valencia, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Cataluña, País Vasco, Murcia, Navarra y La Rioja) a modificar sus estatutos, e incluso han propiciado la salida de algún presidente, como fue el caso de Josep Vilarasau en La Caixa, sustituido por Ricardo Fornesa. Otra novedad se refiere a que el mandato de los consejeros generales será irrevocable, salvo incompatibilidades o problemas legales, para evitar que el poder político intervenga en la duración de sus mandatos. Además, esta ley plantea un régimen especial para las cajas fundadas por la Iglesia. El consejo podrá delegar en órganos de gobierno de la entidad para constituir alianzas entre cajas para reducir costes, aumentar la eficiencia o participar en los mercados internacionales. Además las cajas podrán establecer acuerdos de colaboración, cooperación o alianzas con otras cajas. En caso de fusión con cajas de diferentes autonomías, la sede habrá de acordarse con los gobiernos de las Comunidades Autónomas afectadas. |