|
|
|
|
|
Nº
545 - 3
de marzo de 2003
|
|
El presidente manchego escribe un libro con experiencias inéditas Bono se retrata fuera del despacho El presidente de Castilla-La Mancha presenta esta semana en Toledo su último libro, Bono con todos (Ediciones B), un volumen lleno de sorpresas sobre la verdadera pasión política de José Bono: el día a día con los ciudadanos. El Siglo presenta en exclusiva dos de los capítulos más interesantes de esta obra: Bono con las mujeres que trabajan fuera... y en casa y Bono con los cocineros. Pero hay 26 capítulos más, que reflejan la convivencia del presidente manchego con distintos colectivos y personas de la región. Un libro cargado, sobre todo, de humanidad. Bono con las mujeres que trabajan fuera y en casa U na empresa sólo de mujeres, eso es la Cooperativa Confecciones Alcarreñas. No sé si detrás de una gran mujer habrá un gran hombre, o un hombre a secas, que no es poco. El dicho, al derecho o al revés, tiene cierta carga de machismo. Lo que descubro en esta empresa de Guadalajara es a un grupo de grandes mujeres que al quedarse en paro reaccionaron con iniciativa, arriesgaron y se han ganado contra corriente el calificativo de emprendedoras, en lo personal y en lo profesional. Han conseguido rehacer su vida desde el trabajo y la ilusión. En enero de 1999, la empresa Lovable cerró sus puertas y dejó sin trabajo a un numeroso grupo de mujeres mayores de 40 años. Cinco de ellas, armadas de coraje, decidieron hacerse con la maquinaria de la empresa caída y formar la suya propia. Así nació Confecciones Alcarreñas, una cooperativa de mujeres que se dedican a coser ropa interior femenina. Hoy son quince socias, cuentan con cinco empleadas y tienen su sede en el polígono de Cabanillas del Campo, en Guadalajara. No se resignaron a su suerte y lucharon. Con mujeres así Castilla-La Mancha tiene asegurado su futuro. María Jesús y Angelines, dos de las socias fundadoras, me reciben en la puerta y me colocan una bata blanca, su uniforme de trabajo. Ya desde la entrada se intuye que es una empresa dirigida y formada en su totalidad por mujeres: la fábrica no parece lo que es. Son mil los detalles que me hacen llegar a esta conclusión: el cuidado exterior, el cálido ambiente que se percibe desde la entrada y que me acompaña durante mi estancia, el orden y la eficacia que impera en aquel lugar, la acogedora decoración, la música de fondo y una alegría que, a pesar de las muchas horas de trabajo, se palpa continuamente. Observándolas, recuerdo la torpeza de una diputada del PP, que ha asegurado que las mujeres conducen los vehículos peor que los hombres y que, además, "está científicamente demostrado que tienen disminuida la capacidad de orientación". La verdad es que algunos se desorientan sin subir a ningún coche. A su error añade la vana pretensión de que "está demostrado científicamente". Me pregunto qué pensaría la diputada si viese lo bien que "conducen" estas mujeres su empresa. En las instalaciones, un rosario de frases enmarcadas en la pared de la entrada da buena cuenta de la filosofía que se respira dentro: "El día más bello: hoy", "La cosa más fácil: equivocarse", "El obstáculo más grande: el miedo", "El sentimiento más ruin: el rencor", "La mayor satisfacción: el deber cumplido". ¡Qué bien le sienta la bata! con una sonrisa devuelvo el inmerecido cumplido. ¿Qué tal en Azuqueca de Henares, con los de Mercedes Benz? ¿Y la inauguración del colegio? me preguntan todas a la vez. ¡Vaya! ¡Conocéis mi agenda y lo que he hecho esta mañana! Seguimos su trabajo por la radio, Presidente. El futuro es nuestro reto Confecciones Alcarreñas fabrica bañadores, bikinis y lencería femenina. El horario no es precisamente apto para relajarse: nunca entran más tarde de las ocho y media de la mañana, ni salen de trabajar antes de las ocho de la tarde. Aun así, debe de ser cuestión de carácter, se muestran sonrientes y amables. Es, sin duda, la sensación del trabajo bien hecho. Un trabajo que cuenta con la injusta dificultad añadida de ser realizado por mujeres. Los problemas entre los dueños de una misma familia hicieron que quebrase la empresa Lovable y, desde que empezaron los conflictos, estuvimos convencidas de que se nos trató mucho peor que si los trabajadores hubiesen sido hombres me cuentan indignadas. Recuerdo cuando hace más de cinco años visité la fábrica, coincidiendo con su 25 aniversario. Comento mis recuerdos y a ninguna se le han olvidado los detalles. Tengo la imagen de la dueña. ¿Era mexicana? les digo. Sí, Irene. Me reuní con ella y con el gerente en su despacho y ya había dificultades. Me gusta comprobar que, con la narración de este pequeño episodio, se da por cerrada cualquier referencia al pasado. Estas mujeres optimistas no quieren hablar de él. Aquello ya no tiene vuelta de hoja, lo que tenemos por delante, el futuro, es nuestro reto. Me resulta entrañable el hecho de que estas mujeres se muestren alegres a pesar de la crisis que están pasando. A raíz del atentado del 11 de septiembre de 2001 en las Torres Gemelas, la situación empezó a cambiar negativamente. También la mala situación económica en Argentina les afecta: allí ahora confeccionan ropa tirada de precio y empresas que antes trabajaban con ellas prefieren mandarla a este país. Pese al Atlántico, les resulta más rentable. Silicona en los sujetadores Café en mano en torno a una mesa de juntas, la totalidad de la plantilla me pone al día sobre su trabajo. He de confesar que, sobre bañadores y ropa interior de mujer, no soy un experto. A lo largo de esta jornada aprendí sobre su realización y los trucos y estrategias empleados en esta ingeniería textil que yo nunca podría haber imaginado. Ahora sé muchísimo más, aunque no todo, y les digo: Desde luego, respecto a la ropa interior, los hombres somos mucho más simples. Lo nuestro no permite mucha variación. Nadie me lleva la contraria. Y en mi ordenador cerebral aparecen los calzoncillos de toda la vida, de la infancia y la juventud. ¿Quién no ha utilizado aquellos "Abanderado", reforzados por delante, prietos a la pernera? Un verdadero prodigio por lo que ensanchaban y por lo que duraban. En no pocas familias se heredaban de unos hermanos a otros. Eran tiempos en lo que no se tiraba nada. Pero, ¿cobráis mucho? ¡Qué va! Cobramos 200 ó 300 pesetas por pieza. Bueno, las que llevan "relleno" son más caras. Hasta 400 pesetas cobramos por un sujetador de los de aceite o silicona. ¿Aceite o silicona en los sujetadores? Yo creía que para poner silicona hacía falta una operación de cirugía estética. ¡Qué va!, ahora, además de los tradicionales rellenos de espuma para simular más talla de pecho, los hay de agua, aceite y silicona. El efecto es más natural. Son mucho más caros, así que por una unidad cobramos 400 ó 500 pesetas. Claro que la venta al público supera las 5.000 pesetas. Mujeres que luchan todos los días Me escandaliza ver lo poco que se cobra por pieza y, claro, para que resulte rentable hay que fabricar cantidades tremendas. María Jesús me confiesa que a causa de la crisis, tienen el mismo sueldo desde hace cuatro años, sólo aumentan las horas de trabajo. Por este motivo se están planteando fundar su propia marca. Antes era una ilusión, ahora es una necesidad. ¿Y qué se requiere? Sobre todo, conocimientos empresariales, estudios de mercado y mucho trabajo. Por otro lado, dinero, claro. Embarcarse en este proyecto, desde luego, es arriesgado, pero estas mujeres, jóvenes aún, que luchan todos los días, trabajadoras e inteligentes, seguro que saldrán adelante. Tienen claro cuál sería su espacio: un buen producto con una buena relación calidad-precio. Bien es verdad que la competencia de las grandes marcas es demoledora; sin embargo, la valentía suele tener recompensa. Hay un caso en Toledo de tres cooperativas que se han unido y han creado una marca nueva. Hacen trajes de chaqueta, jerséis... De momento, no parece irles mal. El problema, Presidente comenta María Jesús, es que habría que dedicarle al proyecto un tiempo de preparación que tendríamos que sacar del que pasamos trabajando. Y eso es imposible, estamos aquí hasta once horas. Hay que comer. Se quejan, además, de las altas tasas de economía sumergida que hay en el sector textil, de que las grandes marcas recurren a trabajadoras de países del Este o de países subdesarrollados en busca de mano de obra más barata y de cómo las marcas aprovechan que muchas mujeres trabajan en casa, por cantidades miserables, porque deben aportar dinero a la familia. Nosotras debemos pagar impuestos y, claro, quien no tiene que hacerlo puede ofrecer precios más bajos. Aunque nosotras tengamos un sueldo mínimo, debemos sostener la fábrica y pagar a las empleadas. ¿Cómo llevan estos horarios vuestros maridos? A estas mujeres nadie les ha dado la opción de poder hacer algo diferente a lo que hicieron. Sus padres las pusieron a trabajar a los catorce años, sin preguntarles, aunque sirviesen para el estudio. Eran otros tiempos y los varones tenían prioridad. Trabajaban hasta que llegaba la hora de casarse, entonces eran los maridos los que pretendían que se quedasen en casa. La sociedad en la que vivíamos entonces era así y no te daba otra alternativa. Así que nos la buscamos nosotras, por narices afirma orgullosa María Jesús. ¿Cómo llevan estos horarios vuestros maridos? ¡Huy! muy bien, son muy pacientes y muy buenos. Incluso, nos han ayudado con la cooperativa. Naturalmente, su valiente actitud les llevó a enfrentarse con sus padres, con sus hermanos, hasta con sus madres, que tenían asumido como bueno el reparto social de papeles de la época. Al principio, tampoco los maridos entendían por qué sus mujeres querían ser diferentes a la mayoría y se empeñaban en trabajar "por narices". A ver quién le hacía ver al marido que renunciabas a la dote porque querías seguir trabajando... La dote. Es verdad. Aquella cantidad que las empresas daban a sus trabajadoras cuando se casaban y dejaban la actividad. Pero los maridos de estas mujeres fueron "educados y enseñados" por ellas en otros términos y, cuando todo iba sobre ruedas..., el desastre: cierran Lovable. Los hombres las vieron tan hundidas y tan decididas a sacar adelante su proyecto que se volcaron en apoyar la idea de la cooperativa y contribuyeron en todo lo que pudieron: poner máquinas, montar la fábrica... Además, deben colaborar en la casa: comidas, cenas, hijos... No tienen "más narices" que hacerlo. Portadoras de modernidad Ya no tenemos 20 años, Presidente, sino más de 40... Y no digo cuántos porque después me regañan mis socias... se ríen, y apuntan que les da igual que se sepa, pero ninguna dice la suya. Pues yo cumplo 52, el 14 de diciembre confieso. Viendo la evolución de estas mujeres, me viene a la cabeza aquella frase de Fernando Savater en la que afirma que "las mujeres son portadoras de modernidad y cuando ellas se modernizan se moderniza el conjunto de la sociedad". ¡Cuánta razón tiene! Tengo que preguntarle algo, porque si no reviento me dice María Jesús. Cuando llega a los sitios y lo veo por la tele, siempre pienso: ¿no le cansarán tanto beso y tanto abrazo? Hay dos cansancios, María Jesús: el cansancio de hacer lo que uno no quiere, que no es mi caso, porque a mí me encanta mi trabajo y me considero un privilegiado por ello; y el cansancio físico, del que me recupero por la noche, como todo el mundo, durmiendo. El afecto de la gente me sirve para recargar las pilas. Lo único que no me gusta de mi trabajo es que paso muy poco tiempo en casa. Cuando llego por la noche, mis hijos duermen y cuando se levantan, ya me he ido. Apenas les veo y, eso si no duermo fuera, que entonces no veo ni a Ana, mi mujer. A veces le preguntan a Sofía, la pequeña de la casa: Sofía, ¿dónde ves a papá? ¡En la tele! La tierra para conocerla hay que pisarla, no pisotearla Los que me conocen saben que tengo una idea clara: "La tierra para conocerla hay que pisarla, no pisotearla". Eso me lleva a implicarme en la vida de la gente y a visitar todos los rincones de Castilla-La Mancha, lugares en los que cada día descubro algo nuevo. Hoy, en Confecciones Alcarreñas, tengo que reconocer que he vivido una de las experiencias más divertidas, que no fáciles, de mi carrera: he cosido a máquina. La infancia de quienes nacimos en un pueblo en la década de 1950 está llena de costureras y de sastres, con sus patrones, sus tizas y esa miríada de alfileres y de máquinas de coser marca Singer, como el escritor norteamericano de origen polaco al que le dieron el Nobel de Literatura en 1978. ¿De qué me suena Singer?, pensamos muchos castellano-manchegos cuando le dieron el premio a este novelista sólo conocido por una minoría. No sé si con una Singer, pero hoy no sólo he cosido sino que, lo más importante, he cosido a máquina un bikini. Algo debo de haber heredado de mi abuela que fue costurera, como bien recordó María Jesús (¡a esta mujer no se le escapa una!). Aunque fue un proceso difícil, mi obra textil, me dicen las expertas, concluyó satisfactoriamente: se me pidió hacer un cosido en línea recta y no había ningún zigzag que, como me temía, diese cuenta de alguna torpeza. ¡Qué contento me quedé! Me senté ante una máquina de coser que me inspiraba gran respeto y empecé con un trozo de tela. ¡Las gafas, por favor! pedí. El pañito tiene que ser rojo, como los socialistas me dice con guasa Angelines, que se encargó de la paciente tarea de enseñarme a coser. ¿Qué es esto? pregunto con una media luna de espuma en la mano. Ése es el relleno de un bikini, del que hablábamos antes. Un truquito. ¡Pero qué barbaridad, si al tacto da el pego perfectamente! se me escapa sin ninguna discreción, mientras todas estallan en carcajadas. Coja el hilo, enrósquelo por aquí, métalo por encima de ese ganchito, sáquelo por detrás... Resultó complicadísimo, había un montón de agujeros pequeños por donde pasar el hilo. Por no hablar de la odisea que supuso encajar la aguja en su sitio. Al final, puse el pie en el pedal y la máquina empezó a ronronear como un gato grande y mi "pañito rojo" salió con su borde cosido... ¡en línea recta! Quise algo más difícil, así que me dieron una pieza de un bikini morado y verde para coserle un pequeño "dobladillo". Pues parece que haya cosido toda la vida. Confiese, lo ha hecho más veces... me dicen las mujeres. Os juro que es la primera, aunque en mi trabajo procuro no dar puntada sin hilo. Siento un sano orgullo, el que me produce ser presidente de quienes trabajan con el título más digno y merecido: el del trabajo bien hecho bajo el noble esfuerzo del anonimato. ¿Se puede pedir algo más? Me gustaría llegar a casa y enseñar mi obra a mi abuela y a mi madre, que en paz descansen, que también hacían ganchillo y puntillas. No darían crédito. Me voy de Confecciones Alcarreñas con mi "pañito rojo" en la mano. En casa, cuando lo cuente, tengo que aportar alguna prueba de esta proeza. Si no, no me creerán. He aprendido mucho en esta visita. Además de ropa interior, estas emprendedoras, a las que nadie les ha regalado nada, están cosiendo todos los días el futuro de sus familias. Bono con los cocineros Dicen que "en la mesa y en el juego se conoce al caballero". He querido descubrir mis cartas adentrándome un poco más allá del comedor de cualquier restaurante para indagar sobre quehaceres de otras personas, con otros oficios. Detrás de una buena mesa hay un tropel de personas que la atiende: el maître, el director de sala, el pinche, el cocinero, el sumiller Es preciso conocerlas, aunque sólo sea por el placer que dan a nuestro estómago. A tal efecto, visité la Escuela de Hostelería de Toledo, donde hay 140 alumnos llegados de distintos puntos de la provincia con el ánimo de especializarse en el mundo de la hostelería y labrarse un futuro certero. Este año es la promoción con más matrículas. Me he colado hasta la cocina para ver cómo se manejan estos jóvenes que están dispuestos a pasar un año recibiendo un cursillo de más de mil horas, para adquirir un certificado de profesionalidad que les abra la puerta de cualquier restaurante y, a ser posible, un sueldo. Esta pretensión está al alcance de la mano, pues una buena mano en el fogón no tiene precio. A la cocina profesional hay dos formas de llegar: la convencional, es decir, pasar de pinche y de trabajador todoterreno con un sueldo escaso, y la de la formación que te facilita este centro, del que se sale con un certificado que te cualifica. De hecho, el porcentaje de inserción laboral de cada una de las cuatro promociones matriculadas hasta ahora ha sido superior al 80 %. Nadie nace con la lección aprendida, y por eso cobran especial importancia las escuelas de gastronomía para los paladares más exigentes y refinados. He pasado una jornada de trabajo en la Escuela de Hostelería de Toledo, con los hombres y mujeres que estudian, conservan y tratan de mejorar nuestra rica gastronomía. En esta región, hace años, tuvimos el acierto de poner en marcha una promoción anual de nuestros mejores productos. Organizamos lo que se llamó la Gran Selección de vinos, quesos, aceites y mieles de Castilla-La Mancha. Ha sido todo un éxito porque hemos fomentado su calidad y la comercialización. Ahora incluiremos el ajo y el azafrán. Las delicias que se enseñan y se elaboran en esta Escuela pueden ser degustadas en el propio centro y en el restaurante de las Cortes de Castilla-La Mancha, ya que son los alumnos y alumnas quienes cocinan el menú que se sirve allí a diario. Mis flanes tienen fama A la llegada, Ángela Fernández, la Directora, me espera para enseñarme las instalaciones antes de asistir a una clase. La Escuela cuenta con 800 metros cuadrados repartidos en nueve aulas para las clases de teoría y prácticas. Hasta dispone de una sala para hacer catas de vino y aceite en los cursos de sumiller. La Directora me apremia para que me cambie, porque me están esperando para empezar a preparar el menú del día siguiente en las Cortes. ¿Es necesario que me ponga el gorro? Sin el gorro, mal cocinero sería aconseja Ángela, y obedezco. En una de las aulas, la Profesora de Servicios, Marina, enseña a un grupo de chicos y chicas el orden en la mesa y la correcta colocación de los cubiertos y demás utensilios. Lo importante es la simetría y que el comensal lo tenga todo a mano, sobre todo en un banquete protocolario. Además, hay que guardar siempre la medida, para que nadie, cuando se siente, corra el riesgo de tirar el plato explica. Con mi llegada pretenden que les sirva de confidente respecto a los pequeños detalles de protocolo. ¡Qué bien me viene su llegada, Presidente!, seguro que usted ha asistido a alguna de estas comidas. Les contesto que vengo a aprender, no a criticar. Hay algunas normas protocolarias que sirven de poco. La ordenación de los cubiertos y platos en la mesa debe servir para facilitar la comida y no para complicar la vida al comensal. A veces, te encuentras tantas copas y cubiertos en la mesa que no sabes cuál hay que utilizar en cada momento. Por eso, hay que ordenarlos de manera que se usen según la colocación que se ha dispuesto. Según cuentan, en cierta ocasión, la Reina de Inglaterra ofreció un almuerzo a distinguidas personalidades. Uno de los comensales confundió el lavamanos de agua con limón con una bebida y se lo aplicó entero. Las risas y cuchicheos de los demás comensales aspiraban a poner en ridículo al que se había bebido el tazón de agua. Dicen que la Reina, para no humillar al que provocaba los comentarios jocosos entre los demás, se bebió también su tazón de agua caliente con limón. No sé si será cierta la historia, pero pone de manifiesto que todo lo que se ponga en la mesa tiene que ser de utilidad conocida, o de lo contrario, hay que explicarlo, porque no suelen faltar listillos que tienen más conocimiento de lavamanos y palas de pescado que sentido común. Entramos en otra de las aulas y noto ciertas caras de sorpresa. El Presidente va a asistir a una clase de cocina con todos vosotros anuncia la Directora. Pues siéntese aquí conmigo me invita una alumna. Lo vamos a poner con el grupo de los adelantados, porque usted debe saber algo de temas culinarios responde la Directora. No soy experto, no, pero mis flanes tienen fama en casa les comento. Aprendiendo a cocinar Vestido con el uniforme apropiado, como los chicos y chicas que me van a acompañar, me presento en la clase de cocina. Les saludo y me intereso por su plan de trabajo. Llevan con el curso desde el mes de marzo y se prolongará hasta los doce meses. Las clases se imparten por las tardes, desde las cuatro hasta las nueve de la noche, aunque si un plato se retrasa también ellos retrasan su salida. Son ya unos expertos. Comienza la clase teórica, Miguel detalla las recetas, que estos aventajados alumnos cogen al vuelo y, luego, la teoría se traslada a los fogones. El menú lo dejan hecho y, a la mañana siguiente, lo llevan, en recipientes especiales, al convento de San Gil, sede de las Cortes Regionales. Hoy el menú será el siguiente: de primer plato, un asadillo de pimientos con rape en escabeche montado en ensalada y lentejas estofadas; de segundo plato, perdices a la toledana, servidas con patatas torneadas, y de postre haremos una tarta de manzana y unas flores manchegas, que en mi pueblo se llaman "hojuelas". Además, prepararemos unos canapés porque ya se sabe que las cañas sin tapas no sientan igual. En la escuela, me ha venido al recuerdo la presentación hace unos días, en el convento de San Clemente, de un libro de recetas de cocina del doctor Jacinto García. Es un experto en alimentación y ha publicado Un convento de aromas. Escribe que no es posible participar ni saborear de un modo intenso y apasionado una cocina si se ignoran el origen, el credo religioso, las costumbres y la religión que la alientan. Es una obra recomendable basada, exclusivamente, en el binomio comida-religión y ambientada en los fogones de las monjas contemplativas o de clausura. Al acto asistió el nuevo arzobispo Cañizares. Mientras yo hablaba nos interrumpió estrepitosamente el pitido de un teléfono móvil. Pedí un poco de silencio y, tímidamente, el arzobispo reconoció que el móvil que sonaba era el suyo. Un gracioso comentó que había que disculparlo porque, a lo mejor, le llamaban del cielo. La cocina ha satisfecho el hambre, pero ha sido también un torrente de inspiración literaria. Los dos libros más universales de toda la literatura, la Biblia y El Quijote, enflaquecerían si se prescindiese de todas las menciones que se hacen a la cocina. Las cebollas, un castigo para los ojos Comienza la tarea y lo primero que me toca es pelar cebolla. Me enseñan a manejar el cuchillo sin correr riesgos de cortarme los dedos. La técnica es sencilla. Consiste en doblar la mano por los nudillos y dejar que corra el cuchillo. No vea la de veces que tenemos que ir a urgencias con los alumnos cuando comienza un curso cuenta la Directora, que supervisa todo a corta distancia. Lo peor de las cebollas es el castigo para los ojos. Les pregunto por algo que evite el sufrimiento, pero no parece haber grandes remedios. Hay quien echa vinagre en el saco de las cebollas. No es demasiado efectivo. Con las cebollas hay que fastidiarse me dice Sergio Moreno. Me resigno y sigo pelando. A continuación, la tarea que me encargan es la de limpiar perdices. Es difícil porque están todavía congeladas. Me ayuda Milagros Gómez, que mantiene una sonrisa constante. Es de Fuensalida, "de donde se hacen los mejores zapatos", dice. Finalizada la tarea con las perdices, pasamos a preparar los canapés. Pienso que se me van a dar mejor que las perdices, pero el primero que hago, de sobrasada, no está especialmente bien y la Directora me indica que lo intente de nuevo. Se hacen con la manga pastelera y es necesaria cierta práctica. Ése no se lo puedo pasar dice de manera tajante. Como no puede ir a la bandeja, me lo como. No tendrá el mejor aspecto, pero está muy bueno, Directora. Ángela sonríe y contempla a un chico pegado a mí que me dice cómo he de dar cada paso. Le recuerda a los cursos que dan para chicos ciegos, siempre con la ayuda de un lazarillo. Durante la elaboración de los canapés de queso fresco y membrillo quedan restos en el molde. Pregunto qué se hace con ellos y Rosana Novillo me explica que harán un pastel. En la Escuela no se tira nada. Voy recorriendo todos los menesteres de la cocina, desde sufrir con las cebollas hasta adornar un canapé con huevas. Los futuros cocineros se dan maña y la comida va cobrando cuerpo, tanto a la vista como al olfato. Paso a la zona donde se realizarán los postres, ayudo a Noemí García a hacer la masa para la tarta de manzana y, a continuación, me toca hacer flores, aunque ya he dicho que en mi pueblo las llamamos "hojuelas". No le ha salido mal de todo me dice con condescendencia Miguel, el cocinero, mientras comparo la que he hecho yo con la que acaba de hacer él. Se me ha abierto menos que a ti lo corrijo, y los alumnos convienen que la mía está mejor en cuanto a presentación. Hay risas en la cocina. ¿Se quejan los diputados de la comida? pregunto a Miguel. Alguno sí. ¿Por qué, si todo tiene una presencia y un sabor estupendos? Alguno dice que en vez de cosas tan elaboradas prefiere un filete a la plancha. Sergio Moreno me cuenta con orgullo que ha quedado tercero en el Campeonato de España "Interatún", entre más de 100 participantes, con una receta de su invención. Él sostiene que para ser un buen cocinero te tiene que gustar. No me importa coger con la mano izquierda la bandeja Dejamos que el fuego haga el resto y se vayan acabando de cocinar algunos platos, mientras la Directora me acompaña al aula donde se realizan las prácticas de cafetería y servicio de mesas. Tienen preparado un vino en el que participarán todos los alumnos y alumnas de la escuela y, por supuesto, me ocuparé yo del servicio, por eso solicito unos consejos. Coja la bandeja con la izquierda me insta María José Moreno, que no puede parar de reírse porque no se esperaba que yo les sirviese a ellos. Con la izquierda no me importa le digo a modo de guiño, porque ella sigue riendo. ¿Tan mal lo hago? Lo hace estupendamente, pero no me esperaba beber un vino que me sirviera el Presidente de Castilla-La Mancha. Cuando llevo un rato cargando con la bandeja pienso en los camareros y camareras de las recepciones, todo el día con la bandeja de aquí para allá, intentando evitar caídas y manchas cuando se les retira una copa sin que se den cuenta o cuando les cogemos las de los extremos, desequilibrando la bandeja. A veces, tienen que aguantar, incluso, malas caras. Por eso me gusta conocer todas las actividades desde dentro. Está teniendo éxito el servicio. Llevo más de diez minutos con la bandeja y ya me manejo con cierta soltura. La verdad sea dicha, me ayudo un poco con la mano derecha para mantener el equilibrio. Se han unido todos los alumnos de otras aulas a la degustación de los canapés y los postres elaborados. Están buenísimas las flores que ha hecho Bono. Menos peloteo les digo. ¿Os gustan de verdad? Sí, y los canapés también. Alguien tropieza y una copa se va al suelo. Me pongo a limpiarlo, aunque en un principio no me dejan. Si esto se me da de maravilla insisto. Después de pasar la fregona pido un rollo de papel y seco la zona húmeda. Esto es para sacar nota dice alguien. No, esto es para que no resbaléis les contesto. Han sido muchas horas entre fogones, al lado de hombres y mujeres que saben lo que hacen. No tendrán problemas para encontrar trabajo. Con profesionales de la hostelería tan creativos y preparados, no sólo ganan ellos, sino también Castilla-La Mancha. En nuestra región, contamos con verdaderos ases. Citaré a los que recientemente han sido galardonados con la Medalla al Mérito Turístico de la región: El Callejón de los Gatos, Amparito Roca, Las Rejas, El Corregidor, El Bohío y Adolfo. Son sólo un ejemplo de los magníficos profesionales de la restauración que tenemos. A la salida me para una chica de la República Dominicana. Se llama Violeta, está realizando el curso y ha tomado la decisión de abrir un restaurante de comida española en su país, con especialidades de cocina castellanomanchega. Seguro que tiene éxito. Ella y todos los que se dedican a esta profesión, que no sólo alimenta nuestro estómago para sobrevivir, sino también nuestros sentidos. |