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Nº
524 - 30
de septiembre de 2002
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Semblanza de un santo polémico Escrivá de Balaguer, según Carandell Cuando el próximo domingo 6 de octubre, el papa Juan Pablo II convierta en santo a José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, habrá culminado una de las principales aspiraciones de este grupo que desde su creación hace ahora exactamente 74 años, ha crecido hasta convertirse en un instrumento de influencia social sin parangón en la sociedad española. El recientemente fallecido periodista Luis Carandell supo desentrañar como nadie lo ha hecho hasta la fecha la peculiar personalidad del santo y sus seguidores en su libro Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer, que EL SIGLO ha utilizado para elaborar siguiente semblante del santo. Por Fermín Núñez Desde que el 26 de junio de 1975 muriera monseñor Escrivá de Balaguer, una de las principales aspiraciones de sus seguidores ha sido ver a su líder espiritual convertido en santo. El próximo domingo este objetivo se cumple y con ello, el Opus Dei dará un nuevo paso importante en su lenta pero constante escalada social. Una escalada que, sorprendentemente, no se corresponde en absoluto con lo que de este grupo religioso se conoce a pie de calle. No deja de resultar curioso que una institución en la sombra como el Opus Dei haya llegado a cosechar tantos fieles y tanta relevancia en la sociedad no sólo española, sino mundial. Así le debió parecer ya en 1975 a Luis Carandell, periodista y escritor recientemente fallecido que retrató como nadie la crónica de una sociedad todavía contradictoria y a veces surrealista como sigue siendo la nuestra. Su obra sobre el fundador del Opus Dei, titulada Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer fue escrita a principios de la década de los 70, aunque se publicó cinco años después tras muchas vicisitudes que podrían resumirse en la importante influencia que el Opus Dei ejercía en el Gobierno de la época, en la editorial Laia/paperback, cuando como bien describe el editor Alfonso C. Comín en el prólogo, se entreabrieron las puertas de una mayor posibilidad crítica. Si tuvo tantas dificultades su publicación es precisamente por su carácter absolutamente inédito y original en el panorama biográfico de Escrivá: hasta entonces pocas o ninguna obra se habían publicado desde un punto de vista puramente periodístico y neutral: o eran panegíricos escritos desde el entorno de la Obra o duras críticas difundidas por ex-miembros. Por ello, tratar de abordar un estudio de este calibre, resultó una tarea ardua para Carandell, que tuvo que luchar contra viento y marea para tratar de desentrañar las claves y contradicciones del pensamiento de Escrivá a base de una labor de arqueología biográfica en la que cada mínimo detalle de la vida de monseñor podía resultar crucial para el desarrollo del Opus Dei. El propio autor revela este supuesto al afirmar: La Obra que él [Escrivá] va a fundar, recogiendo profundas aspiraciones de su clase, quedará indeleblemente marcada por sus orígenes. Carandell tuvo que basar su biografía en comentarios y anécdotas contadas por terceras personas, a pesar de que, como el mismo periodista admite: cuando el biografiado vive, el biógrafo difícilmente puede excusar el contacto personal con él, salvo que existan sustanciosas razones que le impulsen a saltarse el inexcusable requisito. Este es mi caso. Pero aún así, se equivocaba Carandell cuando afirmaba: tengo el convencimiento de que solamente un escritor perteneciente al Opus Dei o al menos en la órbita del la Obra, podría hacer una biografía del fundador que tuviera vigencia: las claves generales acerca de la personalidad del beato convertido en Santo y de su obra recogidas en Vida y Milagros... no sólo continúan vigentes, sino que siguen conformando el más fiel e imparcial retrato de una institución cuya relevancia social merecería muchos más estudios neutrales de los que actualmente existen. Buena prueba de esta vigencia es que Vida y milagros... fue reeditada en 1992 por la editorial barcelonesa Deriva Editorial, revisada y actualizada por el propio Carandell en un breve epílogo en el que se describía lo acontecido a Escrivá desde 1975 hasta entonces. Una vida, un Camino. Según los datos que Carandell ofrece en su libro, José María Escrivá de Balaguer nació en la localidad de Barbastro, capital del Somontano, en enero de 1902. Su padre, José Escrivá y Corzán, era copropietario de la tienda de tejidos Escrivá, Mur & Juncosa y su madre, Dolores Albás y Blanc, se dedicaba a las labores del hogar. Una familia, por tanto, acomodada para la época, que además pertenecía, por estrechos lazos de sangre a la casta sacerdotal. Pero en el año 1915, tras un conflicto entre los socios, el floreciente negocio textil fue a la quiebra. Escrivá (padre) tuvo que marcharse con su familia (en 1909 había nacido otra hija, Carmen) a Logroño y la secuela de penuria y privaciones que tuvieron que padecer dejó marcado para siempre a su hijo, que por aquel entonces tenía 13 años. Como dice Carandell, deja en la tierna mente del niño José María un trauma profundo que se manifestará inconfundiblemente a lo largo de su vida. Sin la ruina de la razón social Juncosa & Escrivá la personalidad del fundador del Opus Dei y, de hecho, el Opus Dei mismo, habrían tenido un contenido muy diferente del que ahora tienen. Una vez en Logroño, el padre de nuestro protagonista se colocó como dependiente del establecimiento de tejidos La Ciudad de Londres y José María se matriculó en el Instituto de Enseñanza Media de la ciudad (antes había estudiado en el colegio de los escolapios de Barbastro). En su expediente de Logroño hay algún sobresaliente, varios notables, y hasta algún premio. Pero se observa, en sus notas, una clara insuficiencia en una asignatura que llegará a ser trascendental para él. Va mal en latín. Tras tres años en el centro, en 1918, el joven Escrivá ingresó en el seminario menor de Logroño, en donde compañeros suyos aseguraban a Carandell que seguía flojo en latín. Esto explica, según el autor, que una de las obsesiones del fundador y del Opus Dei sea la utilización del latín en su liturgia: desde el mismo saludo Pax- In aeternum hasta un gran número de oraciones y lemas. Escrivá compaginaba sus estudios en el instituto con su recién inaugurada carrera eclesiástica, pero al poco tiempo de ingresar en el seminario decidió trasladarse a Zaragoza, algo que un compañero de estudios explica a Carandell, diciéndole que el futuro fundador del Opus deseaba estudiar Derecho, cosa que no era posible en Logroño y sí podía hacerse en la Universidad Pontificia de la capital aragonesa. También pudo influir, apunta el autor, el que su madre, Dolores, tuviera un hermano sacerdote en la ciudad, que hubiera podido introducir al joven en la universidad y la sociedad aragonesas. En el seminario comenzará a gestarse otro de los rasgos característicos del futuro monseñor: cierta altanería y atildamiento que sus compañeros todavía recordaban a Carandell: aunque algunos de ellos declaran profesarle un sincero afecto, esta impresión de vanidad que produce su forma de vestir y de arreglarse, sus calcetines de seda, su bonete ladeado, el pelo largo cuando todos lo llevaban corto, el perfume que a menudo usa, constituye el recuerdo dominante que de él guardan sus compañeros. Así, Escrivá pasa los primeros años de su juventud en Zaragoza, mientras en la capital riojana, nacerá el último de la familia, Santiago (1920) al que José María acabará cediendo el título de Marqués de Peralta y al poco tiempo, en 1924, fallecerá su padre. En 1925 el joven se ordena sacerdote y se licencia en Derecho obteniendo años más tarde el doctorado en la universidad de Madrid. Los biógrafos de la Obra suelen decir que Escrivá comenzó su labor sacerdotal en parroquias rurales, afirma Carandell, aunque él mismo sólo tuvo constancia de uno, Perdiguera, en donde no estuvo ejerciendo más de mes y medio. Sea como fuere, en 1926 se traslada a Madrid llevando consigo a su madre y sus hermanos. Y no deja de ser relevante un dato: en los primeros tiempos encuentra trabajo como preceptor de los hijos de un aristócrata y comienza a dedicar su labor pastoral a los estudiantes, al mismo tiempo que su madre pone una pensión. Ambas dedicaciones convergerán a principios de la década de los 30, cuando Escrivá funda una residencia universitaria en la calle Ferraz. El carácter familiar y el clima de la casa característicos de aquella primera incursión en la vida estudiantil todavía se notan en la residencias del Opus Dei y son claramente, según Carandell, una herencia de la abuela. Respecto a la fundación de la Obra, relata el autor: siempre según la versión oficial, fue el día 2 de octubre de 1928, festividad de los santos Ángeles Custodios, cuando tomó cuerpo el proyecto largamente incubado. Comentaristas más escépticos sugieren que la verdadera fundación no se produjo hasta 1939 y que la insistencia de la Obra en buscarle un origen anterior se debe a la preocupación de desligar el origen del Opus Dei de la guerra civil española, añadiendo, mi impresión personal es que, efectivamente, la estructuración de la Obra no se produjo hasta el tiempo en que el padre Escrivá y un reducido grupo de sus hijos pasaron en el Burgos de 1939 y que no inició su actividad hasta los meses que siguieron al fin de la guerra, sin cuyo desenlace jamás habría sido posible el extraordinario desarrollo que ha llegado a alcanzar. ¿Qué ocurrió en 1928 entonces? ¿Qué hizo Escrivá desde ese año hasta 1939? Carandell afirma que venía trabajando en su proyecto desde mucho antes de la guerra, como demuestra la aparición en 1934 de la obrita Consideraciones espirituales, firmada con un escueto José María y que puede considerarse como una primera redacción de Camino [obra cumbre de Escrivá] al cual pasaron íntegramente o con muy pequeñas variaciones las 440 máximas que el libro contiene. Respecto a aquel 2 de octubre, avisa Caradell la historia pertenece a la leyenda opusdeísta [...] Una persona miembro de la Obra con la cual hablé, me contó lisa y llanamente que en la madrugada del día de los santos Ángeles Custodios, Dios se había aparecido al padre Escrivá y le había participado su deseo de que fundara el Instituto. Ésta no es la versión oficial, pero ha venido circulando en el interior del Opus durante años. La versión más matizada es que mientras Escrivá celebraba una misa [...] sintió que el espíritu de Dios descendía sobre él y le hacía ver claro lo que debía de haber para interpretar la voluntad divina. Sea como fuere, el caso es que el Opus Dei surgió, como su propio nombre indica, como algo perfecto y acabado, una obra divina y que por tanto no es susceptible de cambios ni se debe discutir. Durante la década de los 30, la época de maceración del Opus Dei, Escrivá comenzó a cosechar discípulos desde su residencia de estudiantes, llamada al principio SOCOIN (Sociedad de Cooperación Intelectual), en la que vivía la propia familia Escrivá y que acogía también una academia. Al estallar la guerra civil, monseñor trasladó esta residencia a un noble palacio en la misma calle, que quedó destruido en los primeros días de asedio al cuartel de la Montaña, y fundó otra en Valencia, según la biografía del miembro del Opus, Florentino Pérez Embid. Tras un año de tribulaciones, al parecer, el futuro monseñor buscó refugio, que según diferentes fuentes manejadas por Carandell halló en un asilo, en la embajada de Honduras o en casas particulares, tras lo cual se trasladó a Barcelona, en donde es probable que le esperaran ya su madre y sus hermanos. Su intención era huir a Francia con su pequeño grupo de discípulos. Al final, tras llegar a Andorra, regresaron a España, refugiándose primero en Pamplona y luego en Burgos, en donde el fundador de la Obra comenzaría, sobre la base de Consideraciones espirituales la redacción de Camino: 999 máximas que conforman la peculiar filosofía escrivariana y todavía hoy son consideradas la Biblia del Opus Dei. Con Camino del que desde entonces hasta la fecha de publicación de Vida y milagros... ya se habían realizado 71 ediciones, (25 en castellano y el resto en los más variados idiomas: catalán, inglés, francés, alemán, árabe, ruso, chino, japonés, griego, húngaro, hebreo, etc.) se abre un nuevo ciclo en el que, gracias en gran parte al régimen imperante en España, el crecimiento del Opus Dei fue espectacular. De hecho, como resalta Carandell, tras la última de las máximas se añadió un significativo: Se acabó de imprimir este libro en Burgos, día de la Purificación de la Bienaventurada Virgen María, año de 1939, III Triunfal. Año de la Victoria. Camino es crucial para entender la intrincada y a veces contradictoria personalidad del padre Escrivá y, en consecuencia, las complejas entrañas del Opus Dei. En el texto de las 999 máximas alguna de las cuales se recoge en este artículo (ver Escrivá habla de ) comienzan a atisbarse las ideas fundamentales de la institución que forman parte del propio proceso vital de monseñor, con todos sus condicionantes: la altanería y el gusto por la estética, el oscurantismo y el misticismo, el afán por destacar rodeándose de misterio, el afán de universalizar y hacer laica una institución de raíz elitista y profundamente religiosa, la monolítica concepción de familia y el culto a la personalidad del padre, la santa cólera, etc. Del carácter divino a la persistencia temporal. Pese a que no puede considerarse al Opus Dei como una aportación revolucionaria al mundo eclesiástico, Carandell afirma en su libro que Escrivá supo imprimir connotaciones novedosas y bastante originales a su Instituto, diferenciándolo de los dogmas de otras congregaciones y grupos religiosos. El primero de estos rasgos originales es el carácter divino: Escrivá afirma que el Opus Dei surgió en su mente una buena mañana de 1928 como un producto completo, acabado, que no es susceptible de perfeccionarse o de evolucionar. El padre, al explicar cómo nació el Opus Dei, hace una velada alusión a la inspiración divina. En el seno de la Obra se acepta esta idea de que el fundador haya tenido en algún momento una comunicación directa con la divinidad, aunque se habla de ella de una forma vaga [...] Así, el Opus Dei no es una obra humana, sino, como su mismo nombre pretende indicar, una Obra de Dios que es intemporal, que está al margen de la historia y no está sometida a influencia o cambios de ningún tipo. (p. 180) Del paternalismo a la gran familia. La segunda aportación original de Escrivá afirma Caradell radica en el hecho de haber fundado su Instituto sobre los cimientos de la célula familiar. Esta gran familia que los socios o hijos pasan a engrosar a medida que entrar a formar parte de la Obra va a regirse por los principios paternalistas que le impone el concepto que de la institución de la familia tiene la pequeña burguesía provinciana a la que Escrivá pertenece. El principio de obediencia, el principio de disciplina cobrarán así en el Opus Dei una rigidez que no han tenido nunca en la Compañía de Jesús y se acompañarán de un culto a la personalidad del padre. Ese paternalismo manifiesto en fruto seguramente de la época en que, pasando penurias económicas, el propio seno familiar de Escrivá permaneció unido y que al padre hombre hecho a sí mismo le sirvió más adelante como apoyo e idea para constituir un núcleo sólido de seguidores. Según Carandell: el Opus Dei, que al parecer no cree demasiado en la Historia, resucita a las puertas del año 2000 un trasnochado paternalismo y eleva al máximo rango la figura del fundador-padre. Le coloca en un pedestal inaccesible, le mitifica en vida. El propio padre Escrivá se refiere a los miembros del Opus Dei diciendo que son su hijos y sus hijas, y sus hijos y sus hijas se arrodillan ante él cuando están en su presencia [...] En sus raras apariciones en público, el halo mágico y paternal de que está rodeado provoca escenas de histerismo colectivo. Hombres hechos y derechos se arrojan a sus plantas tratando de besarle el borde de la sotana, madres de familia pugnan por acercársele y tocar un hilo de su ropa, jóvenes ilustrados y tecnocráticos se arremolinan en torno a él gritando a coro: ¡Padre! ¡Padre! [ ] De la misma manera que, en la familia pequeñoburguesa tradicional, el buen hijo se distingue por una indeclinable adhesión y respeto al principio de la paternidad, así también en el Opus Dei la suprema norma de conducta es la devoción y el respeto al padre, tanto más cuanto que, si el padre de la familia es meramente padre en la carne, en la gran familia que el Opus Dei constituye la paternidad del fundador tiene un altísimo contenido espiritual. Por todo ello, concluye el periodista: el fundador era, es y seguirá siendo sin duda la pieza clave del Opus Dei, el eje alrededor del cual gira la vida del Instituto, el padre de la gran familia y pone un ejemplo: Un amigo mío solía decir que la prueba decisiva para saber si una persona es del Opus es hablarle despectivamente del padre. Saltan enseguida. Por lo demás, las máximas de Camino referidas a la familia son lo suficientemente descriptivas de la importancia que el referente familiar tiene en el Opus (ver Escrivá habla de ) Del ansia de ocultación al culto a la personalidad. Derivado de este parternalismo, uno de los fenómenos que más sorprenden en el ideario de Camino y, por tanto, en el desarrollo del Opus Dei es el halo de misterio del que Escrivá supo rodearse en todo momento al empezar a ser conocido: un hermetismo que tenía seguramente más que ver, al menos eso parece interpretar Carandell, con cierto misticismo que con la timidez de Escrivá y que contagió a los miembros de su Obra, ansiosos de proteger a su padre. Este rasgo tan característico de monseñor fue sin duda uno de los principales detonantes de la propia escritura de Vida y milagros y provocó que como afirma el prologista y editor Alfonso C. Comín este libro fuera la primera aportación seria y crítica de una personalidad inaccesible, pese a que Carandell no pudo entrevistarse con él ni una sola vez. Pero no fue sólo el periodista quien tuvo dificultades para ser recibido por el padre. El calculado hermetismo de Escrivá llegó a tal extremo que según le contaron a Carandell en una ocasión el padre Arrupe, general de la Compañía de Jesús, le preguntó al que por entonces era nuncio de Su Santidad en España, monseñor Riberi, si había visto a don Josemaría Escrivá de Balaguer [ ] No, no, contestó el nuncio, con el gesto de extrañeza del superior que espera en vano una obligada visita. Y al parecer, así lo cuentan, el padre Arrupe ladeó lacónicamente la cabeza para decir al prelado en tono de amistosa confidencia: Yo, señor nuncio, a veces dudo de que exista. Añade Carandell en su libro que, así mismo, cualificados miembros de la curia romana cuentan también que cuando el padre Arrupe asumió las responsabilidades del cargo de general de la Compañía de Jesús, escribió una carta a cada uno de los prepósitos de las órdenes y congregaciones religiosas e institutos seculares anunciándoles su intención de visitarles personalmente [...] Los prepósitos, unánimemente, se apresuraron a contestar que no era el general de los jesuitas quien debía visitarles a ellos, sino ellos los que estaban llamados a acudir humildemente [...] Pero hubo una excepción: el presidente general del Opus Dei, don Josemaría Escrivá de Balaguer, no contestó, así se dice, a la carta del padre Arrupe. No se arredró por ello el dinámico jesuita [...] Telefoneó personalmente a Bruno Buozzi, 73, la suntuosa residencia de monseñor Escrivá de Balaguer en Roma. Fuentes fidelignas informan de que el padre Arrupe llamó a monseñor hasta cinco veces y las cinco se le contestó que el padre no estaba en casa. El propio Escrivá clarifica en gran medida este comportamiento, que contagió a todo el Opus Dei, con la máxima 645 de Camino sobre la discreción (ver Escrivá habla de ) Pero ¿a qué se debe ese hermetismo? Sin duda, a otros componentes muy marcados de la vida de monseñor: su carácter retraído, su marcado paternalismo y sobre todo su ansia de ser líder, pastor de multitudes y padre espiritual de todos sus hijos. Como destaca también Carandell: parece evidente que monseñor Escrivá de Balaguer cultivó desde su juventud esta virtud de líder que consiste en no prodigarse, en administrar sabiamente el atractivo espiritual e incluso físico que parece tener quien escribía en la máxima 16 de Camino: ¿Adocenarte? ¿Tú del montón? ¡Si has nacido para caudillo! Un ansia de ocultación que comenzó a salir a la luz, según Carandell, justo cuando el padre fundó la Obra: a partir del momento en que, como afirman algunos de aquellos primeros discípulos, el Señor manifiesta al padre Escrivá cuál es el Camino que debe seguir, su personalidad providencial se rodea de un halo de misterio, se agiganta y se hace progresivamente inaccesible. Y cuyo efecto fue multiplicado por sus hijos ya que, según Carandell, el niño, que el socio del Opus Dei aspira a ser, idealiza a su padre, lo mitifica y lo coloca en un pedestal, ocultándolo a los ojos del mundo a fin de mantener intacto lo que en la Obra se denomina su carisma fundacional. La personalidad del padre es la piedra angular sobre la que se sostiene todo el edificio de la Obra. Cuestión importante es cómo pudo la Obra prodigarse de tal modo siendo tan inaccesible: no se explica de otro modo que mediante la misma razón con la que puede argumentarse la fama del propio Escrivá: lo desconocido atrae nuestra curiosidad y nuestra atención. El ansia de ocultación fue de la mano de la aspiración de liderazgo y el carácter dominante y exclusivista de Escrivá, un rasgo muy marcado en su personalidad que muchas fuentes de Carandell intuyeron ya en los tiempos en los que el futuro monseñor estudiaba en el seminario de Zaragoza. De hecho, el libro dedica mucho espacio a explicar el afán del padre por cambiar de nombre y apellidos hacia otros con más abolengo, uno de los muchos síntomas de ese ansia por destacar del resto: La familia no se llamaba originalmente Escrivá, sino Escriba, es decir, con be y sin acento aunque la familia tiene conciencia del origen catalán del apellido, escribiéndolo con uve y con acento. Balaguer es un gentilicio que surgió después, en 1940, tras una solicitud presentada por los hermanos Carmen, José María y Santiago para que se les autorice para modificar su primer apellido en el sentido de apellidarse Escrivá de Balaguer que, según se expresa en el escrito inicial, es el nombre que individualiza a la familia, con la justificación ya que por ser corriente en Levante y Cataluña el apellido Escrivá, dando lugar a confusiones molestas, se unió al apellido el lugar de origen de esta rama de la familia. Aunque Carandell apunta que parece probable que este cambio fuera una primera aproximación preparatoria para la rehabilitación del título nobiliario de marqués de Peralta, que fue concedido en 1968 a monseñor aunque luego lo cedió a su hermano. Pero eso no es todo afirma Carandell A lo largo de la vida de monseñor se observa una constante preocupación que pudiéramos llamar onomástica. Y no solamente su apellido, sino también su nombre sufre variaciones. En efecto, de José María Escriba, pasa en 1915 a José María Escrivá, en 1934 a un escueto José María, en 1940 a José María Escrivá de Balaguer, en 1960 a Josemaría Escrivá de Balaguer, en 1964 a Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás y en 1968 a Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, marqués de Peralta. De la santificación del trabajo a la universalidad. Carandell destaca aún otra aportación original de Escrivá al Opus Dei en lo que se refiere al papel de los laicos en la obra de la Iglesia, que ya el jesuita Ayala, a sugerencia de Roma, había puesto en práctica en 1909 con la creación de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP): me refiero dice el autor a la idea de la santificación del trabajo y de la santificación del mundo por el trabajo que, matiza, no es que se trate de una idea exclusiva de Escrivá aunque es él quien en el marco del catolicismo español, la formula más explícitamente. En el libro Conversaciones, que recoge varias entrevistas realizadas a Escrivá en los años de escalada y consolidación del Opus Dei, monseñor afirma: El Objetivo, la razón de ser de la Obra no ha cambiado ni cambiará por mucho que pueda mudar la sociedad, porque el mensaje del Opus Dei es que se puede santificar cualquier trabajo honesto, sean cuales fueren las circunstancias en que se desarrolla. Sobre esta concepción, dice Carandell: los moralistas del Opus Dei han construido la doctrina del deber de estado. El cristiano, sin abandonar por eso la práctica de la oración y del apostolado, debe encontrar su Camino de perfección en el trabajo [...] Este ha sido el aspecto más visible y llamativo del proceder del Opus Dei, sobre todo para los españoles, que hemos visto actuar a sus socios desde una posición de poder político. Una de las mayores contradicciones a las que se enfrenta el Opus Dei es precisamente el combinar su evidente etilismo manifestado no sólo en sus preferencias a la hora de elegir a sus miembros, sino en la simple estética de sus hogares, residencias y santuarios con el afán de llegar no sólo a todos los sitios, sino también a todas las clases sociales. En los últimos años, el Opus Dei ha tenido especialmente interés en difuminar lo más posible su primitiva imagen aristocratizante y ha extendido su apostolado, como gustan de repetir los folletos de propaganda a todas las clases sociales, afirma Carandell. Ese intento también llevó a Escrivá y sus seguidores a hacer publicidad de la Obra de Dios como un Instituto fundamentalmente laico (pese a que esto entra en evidente contradicción con su propio nombre) e incluso a fundar centros como Tajamar en el madrileño barrio obrero de Vallecas. Vida y milagros recoge una declaración del propio Escrivá respecto al tema: para mí, igualmente importante es el trabajo de una hija mía que es empleada del hogar, que el trabajo de una hija mía que tiene un título nobiliario, aunque, según las máximas de Camino, lo verdaderamente importante para el Opus Dei es que cada uno no se salga del papel que le ha tocado vivir: los nobles, nobles y los empleados, empleados (ver Escrivá habla de : Las clases sociales). Esta santificación del trabajo dio sus frutos: tras la publicación de las 999 máximas y los años de expansión del Opus, sus miembros comenzaron a ser bien vistos en los círculos de poder político y económico. Como dice Carandell: con Escrivá el dinero se hace católico y esto va a tener consecuencias incalculables en el desarrollo del capitalismo español en nuestra época. Los socios de la Obra, provinientes en su mayoría de la burguesía y convenientemente orientados por el lema de Escrivá pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional y habrás santificado el trabajo, formaban una élite social cuya influencia llegó a su punto culminante en 1969, cuando el régimen franquista decidió formar un Gobierno de tecnócratas la mayoría de los cuales pertenecían al Opus Dei. Desde entonces el Mar sin orillas que promulgaba monseñor se ha ido extendiendo por nuestra sociedad, dejando a su paso evidentes muestras de su poder, como el santuario de Torreciudad, el templo dedicado a Escrivá en Basbastro, la Universidad de Navarra, el centro Retamar, y una importante presencia mediática en el Grupo Recoletos (editor de revistas como Telva o Actualidad Económica, que en los últimos años, tras su alianza con el británico Pearson se ha distanciado, aunque continúa bajo su radio de influencia). En 1992, el papa Juan Pablo II beatificó a monseñor Escrivá de Balaguer. Fue tan sólo el primer paso firme hacia la canonización de ahora llega, un hecho que dará prestigio al Opus Dei y terminará un largo proceso que, tras la muerte de monseñor en 1975, sus seguidores se empeñaron en llevar a cabo. Ha funcionado la santa persistencia prodigada por el padre, la misma que Carandell ejemplifica cuando dice he conocido casos de socios que, habiendo decidido no renovar los votos, fueron perseguidos hasta altas horas de la noche de San José por los compañeros de residencia constituidos, digámoslo así, en comandos espirituales. En un caso, el hijo emancipado logró ponerse a buen recaudo en casa de un amigo que no tenía nada que ver con el Opus Dei, a pesar de lo cual fue hallado y sermoneado hasta muy avanzada la madrugada, a fin de hacerle volver de su decisión de abandonar la Obra, con argumentos que el propio interesado calificaba de muestras de chantaje moral. |
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Escrivá habla de La familia Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. ¿Ansia de Hijos?... Hijos, muchos hijos y un rastro imborrable de luz dejaremos si sacrificamos el egoísmo de la carne. Los niños no tienen nada suyo, todo es de sus padres... y tu padre sabe siempre muy bien cómo gobierna el patrimonio. Sé pequeño, muy pequeño. No tengas más de dos años de edad, tres a lo sumo. Porque los niños mayores son unos pícaros que ya quieren engañar a sus padres con inverosímiles mentiras. La patria Ser católico es amar a la patria. Sin ceder a nadie mejora en ese amor. Y a la vez tener por míos los afanes nobles de todos los países. ¡Cuántas glorias de Francia son glorias mías! Y, lo mismo, muchos motivos de orgullo de alemanes, de italianos, de ingleses..., de americanos y asiáticos y africanos son también mi orgullo. El fervor patriótico, indudable, lleva a muchos hombres a hacer de su vida un servicio, una milicia. No te olvides que Cristo tiene también milicias y gente escogida a su servicio. La discrección ¡Qué fecundo es el silencio! Todas las energías que me pierdes, con tus faltas de discreción, son energías que restas a la eficacia de tu trabajo. Sé discreto. ¡Siempre el espectáculo! Me pides fotografías, gráficos, estadísticas. No te envío ese material, porque me parece muy respetable la opinión contraria creería luego que hacía una labor con vistas a encaramarme en la tierra..., y donde quiero encaramarme es en el cielo. La educación Si no corriges las maneras bruscas de tu carácter, si haces incompatibles tu celo y tu ciencia con la buena educación, no entiendo que puedas ser santo. Y si eres sabio, aunque lo seas, deberías estar amarrado a un pesebre, como un mulo. ¿Adocenarte? ¿Tú del montón? ¡Si has nacido para caudillo! Los libros Libros: no los compres sin aconsejarte de personas cristianas, doctas y discretas. Podrías comprar una cosa inútil o perjudicial. ¡Cuántas veces creen llevar debajo del brazo un libro y llevan una basura! La disciplina Trata a tu cuerpo con caridad pero no con más caridad que la que se emplea con un enemigo traidor. La perseverancia ¡Bendita perseverancia del borrico de noria! Siempre el mismo paso. Siempre las mismas vueltas. Un día y otro: todos iguales. Las críticas Otra vez...: Qué han dicho, que han escrito... A favor o en contra...: Con buena y con menos buena voluntad...: Reticencias y calumnias, panegíricos y exaltaciones...: sancedes y aciertos. ¡Tonto, tontísimo!: ¿Qué te importa cuando vas derecho a tu fin, cabeza y corazón borrachos de Dios, el clamor del viento o el cantar de la chicharra, o el mugido o el gruñido o el relincho?... Las alabanzas Honores, distinciones, títulos... cosas de aire, hinchazones de soberbia, mentiras, nada. El matrimonio El matrimonio es para la clase de tropa y no para el estado mayor de Cristo, así, mientras comer es una exigencia para cada individuo, engendrar es exigencia sólo para la especie, pudiendo desentenderse las personas singulares. Las clases sociales ¡Qué afán hay en el mundo por salirse de su sitio! Qué pasaría si cada hueso, cada músculo del cuerpo humano quisiera ocupar puesto distinto al que le pertenece! No es otra la razón del malestar del mundo. Persevera en tu lugar, hijo mío. Las masas Tú no serás caudillo si en la masa sólo ves el escabel para alcanzar altura. Tú serás caudillo si tienes ambición de salvar todas las almas. No puedes vivir de espaldas a la muchedumbre; es menester que tengas ansias de hacerla feliz. ¡Qué pena dan esas muchedumbres altas, bajas y de en medio sin ideal! Causan la impresión de que no saben que tienen alma: son... manada, rebaño... piara. [Nosotros, el Opus Dei] convertiremos la manada en mesnada, el rebaño en ejército... y de la piara extraeremos, purificados, a los que ya no quieren ser inmundos. Fuente:
Camino (1939) |