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Nº
512 -
10 de junio de 2002
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ELECCIONES GENERALES: 25 AÑOS DESPUÉS Este fin de semana se conmemora el XXV aniversario de las elecciones generales del 15 de junio de 1977, las primeras celebradas tras la dictadura franquista y uno de los primeros episodios democráticos acontecidos durante la etapa de la transición. Desde entonces ha habido otras siete convocatorias, donde han concurrido partidos históricos, regionalistas, minoritarios, de izquierdas, derechas, centro toda una amalgama de formaciones que desde los escaños de las Cortes han ido escribiendo la historia política española de los últimos 25 años gracias a los votos de millones de españoles. |
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Por Virginia Miranda La historia de la democracia española está íntimamente ligada a la de las elecciones generales, que este 15 de junio celebran su XXV aniversario. A lo largo de ocho convocatorias (la de las Cortes Constituyentes y las de siete legislaturas) han nacido y desaparecido partidos políticos, algunos han experimentado renovaciones en el fondo y en la forma con cambios de dirigentes y de siglas y los partidos mayoritarios han virado desde sus tradicionales posiciones de izquierda y derecha hacia el centro político para tratar de captar los votos de la mayoría de los españoles, dando origen a un sistema bipartidista caracterizado por los pactos de Gobierno con las formaciones nacionalistas. El actual sistema político nace a finales de los años setenta, tras cuarenta años de dictadura. Un año después de la muerte de Franco se celebró un referéndum para la reforma política aprobado por la mayoría de los españoles y donde se sentaron las bases del régimen político: la monarquía parlamentaria y constitucional. El rey Juan Carlos I cambió al entonces jefe de Gobierno, Carlos Arias Navarro, por el joven y desconocido Adolfo Suárez, al que encargó la tarea de allanar el terreno de un país convulso para propiciar la delicada y esperanzadora transición política. La celebración de las elecciones generales el 15 de junio de 1977 fue el primero de los acontecimientos democráticos vividos por los españoles después de un largo periodo de oscurantismo y ausencia de libertades. Más de 18 millones de personas acudieron a sus colegios electorales para ejercitar, por primera vez en gran parte de los casos, su derecho al voto. A los comicios concurrieron todos los partidos políticos, incluido el recientemente legalizado Partido Comunista de España (el PCE dejó de estar en la clandestinidad el 9 de abril de 1977). La UCD de Adolfo Suárez se hizo con el poder en medio de un difícil escenario donde la ultraderecha seguía dando coletazos (el 24 de enero tuvo lugar la matanza de Atocha, en la que resultan muertos siete abogados laboralistas del PCE a manos de ultras próximos a Fuerza Nueva) y las acciones terroristas de ETA y los GRAPO arrojaban una lista de víctimas cada vez más numerosa. Mientras, la joven Ejecutiva socialista salida del Congreso de Suresnes con Felipe González a la cabeza quitaba el protagonismo al veterano Santiago Carrillo y su PCE (los primeros sumaban cerca de cinco millones y medio de votos mientras que los comunistas lograron poco más de un millón), y la Alianza Popular del entonces ex ministro franquista Manuel Fraga no alcanzó el millón y medio de votos en estos comicios, donde cosecharon unos de sus peores resultados electorales. La victoria de Adolfo Suárez y del joven y precipitado partido Unión de Centro Democrático fue la confirmación del presidente en el cargo, aunque para gobernar necesitó de pactos parlamentarios. A lo largo de su breve primer Gobierno tuvo que sufrir las consecuencias de aglutinar en una misma formación a posfranquistas, socialdemócratas, liberales y democristianos, que con sus disputas internas acabaron minando a la formación hasta acabar destruyéndola. Pero eso será más tarde. En las elecciones convocadas en 1979, tras la promulgación de la Constitución de 1978, el líder de UCD vuelve a ganar los comicios generales y gobierna nuevamente en minoría. Sin embargo, Suárez acaba dimitiendo ante el desbarajuste de su propio Gabinete y la crisis económica internacional, que dispara la inflación y el número de desempleados, y Leopoldo Calvo-Sotelo, hasta entonces vicepresidente económico, asume las riendas del Gobierno. Mientras, el PSOE gana terreno y se afianza como la segunda fuerza política del país y los nacionalistas son ya claramente el objeto de deseo de la gobernabilidad, circunstancia que volverá a repetirse en las sucesivas legislaturas. Por su parte, la derecha más conservadora de Manuel Fraga pierde gas y el Partido Comunista logra su máximo histórico con 22 escaños. El 28 de octubre de 1982 se celebraron las terceras elecciones generales en España desde la transición. Ese día comenzó una hegemonía socialista al frente del Gobierno que duró 14 años con Felipe González a la cabeza. Diez millones de votos y 202 escaños le dieron la mayoría absoluta para asumir la tarea de reformar las estructuras económicas, industriales y sociales del país de la forma menos traumática posible. Alianza Popular se convertía en la segunda fuerza política, iniciando una estructura bipartidista del hemiciclo que continúa hoy en día, y la mayor parte de las formaciones renovaron sus cargos, salvo el PCE, que obtuvo 19 escaños menos que en los anteriores comicios. UCD, con Landelino Lavilla como cabeza visible, perdía fuelle y el recién nacido Centro Democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez se estrenó con poco más de 600.000 votos. En los comicios de 1986, el Partido Socialista revalidaba su liderazgo, pero con 18 escaños menos que en la anterior convocatoria electoral. CDS salía ganando con la pérdida del PSOE. Su identificación como partido de centro le permitió obtener un millón de votos más que en 1982, aunque el viraje de socialistas y populares hacia posturas menos escoradas a la izquierda y derecha ideológicas, respectivamente, le impidió consolidarse en futuras elecciones. Alianza Popular no logra romper la mayoría absoluta de González y Manuel Fraga presenta la dimisión. Antonio Hernández Mancha toma el relevo en 1987, aunque lo hará por poco tiempo. Dos años más tarde, Alianza Popular pasará a llamarse Partido Popular. Mientras, en el Partido Comunista, que seguía sin levantar cabeza, ocurrió otro tanto de lo mismo: Santiago Carrillo dimitía después de toda una vida dedicada al comunismo en España y el exilio. Por su parte, los nacionalistas catalanes de CiU logran 18 escaños, la cifra más alta lograda hasta el momento. La formación liderada por Jordi Pujol se consolida como fuerza parlamentaria capaz de despertar las simpatías del partido en el Gobierno, sean cual sean sus siglas, tal y como se comprobará en futuras legislaturas. En octubre de 1989 se celebran elecciones generales con un año de anticipación. Los socialistas pierden ocho escaños después de siete años de desgaste, una huelga general y varios escándalos de corrupción a cuestas. La dimisión de Fraga al frente de los populares no ha tenido el efecto deseado y el PP nombra en 1990 al diputado y ex presidente de Castilla y León, José María Aznar, presidente del partido. Mientras, el que fuera alcalde de Córdoba, Julio Anguita, será elegido el candidato de la coalición Izquierda Unida en las generales. La prueba de fuego de los nuevos líderes de PP e IU llegó en la primavera de 1993. La campaña electoral de los comicios del 3 de marzo fue un anticipo de la de 1996, la más cruenta de cuantas se han celebrado hasta ahora. El PSOE pierde su mayoría absoluta como consecuencia de las encarnizadas acusaciones de corrupción por parte de los populares, que a pesar de todo tendrán que esperar otros tres años para hacerse con el poder. Los socialistas necesitan pactar para poder gobernar con Convergencia i Unió, que vuelve a obtener 18 escaños. Sin embargo, el partido de Pujol le pasa factura al Gobierno, que deberá ceder a sus pretensiones dentro de Cataluña, como la administración de la Hacienda Pública en la comunidad. El resultado electoral de 1996 fue consecuencia de tres años de hostilidades contra los socialistas. El PP y sus medios afines explotaron escándalos como los de Mario Conde y Javier de la Rosa y resucitaron el fantasma de los GAL, logrando arrebatarle la hegemonía a Felipe González con apenas 300.000 votos. Este escaso margen de mayoría les obligó a pasar por el aro de los pactos que tanto habían criticado y a negociar con los nacionalistas para poder formar Gobierno. Los populares han convencido al electorado de que la suya es una posición de centro y los socialistas se encuentran con una crisis interna tras la dimisión de Felipe González, un proceso de primarias, la bicefalia del candidato Borrell y el secretario general Joaquín Almunia y la posterior dimisión del socialista catalán. La crisis de la izquierda se ve acrecentada por el descalabro de IU, cuyos electores no perdonan la pinza de Anguita con Aznar para tratar de desbancar a González. Por otra parte, por primera vez desde la II República los nacionalistas gallegos tienen presencia en el Congreso: el Bloque Nacionalista Galego (BNG) se estrena y logra dos escaños. Mientras el PSOE e IU se encuentran inmersos en sus propios procesos de definición interna, el PP logra afianzarse entre el electorado. Con el respaldo de gran parte de los medios de comunicación los populares logran trasladar una imagen de cohesión y consiguen rentabilizar electoralmente la buena marcha de la economía. Así, el 12 de marzo de 2000 logran la mayoría absoluta, con 183 escaños y más de diez millones de votos. El pacto electoral de Joaquín Almunia y Francisco Frutos, candidatos de PSOE e IU respectivamente, no consigue convencer a los electores de izquierda, que castigan a las dos formaciones políticas. La coalición pierde 11 escaños y pasa a ser la cuarta fuerza política del Parlamento, situándose por detrás de los nacionalistas de CiU. Como en anteriores ocasiones, los resultados electorales obligan a los partidos más perjudicados a reorganizarse y tomar posiciones de cara a la próxima convocatoria. Así, durante la celebración del 35 Congreso del PSOE sale elegida una nueva ejecutiva liderada por el hasta entonces secretario general del partido en Castilla y León, José Luis Rodríguez Zapatero, y la Asamblea General de IU celebrada a finales de 2000 se resuelve con la designación de Gaspar Llamazares como coordinador general de la formación. Los dos deberán enfrentarse con un candidato del PP aún por determinar en 2004. La renuncia del presidente Aznar a optar a la reelección ha puesto a sus delfines en el punto de mira de la oposición, aunque hasta 2003 no se sabrá con absoluta seguridad el mapa de los próximos comicios generales en España. |
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La Huelga del próximo 20 de junio comienza a escribirse
en la historia. ERAN OTROS TIEMPOS La primera huelga general en España, y una de las
primeras de Europa, se produjo en Cataluña en julio de 1855. Toda la
región se vio envuelta en conflictos dirigidos por sociedades de resistencia
que reivindicaban mejoras salariales y de trabajo así como el derecho
a la asociación obrera. La movilización comenzó el 2 de julio. A la
hora del almuerzo, los obreros abandonaron las fábricas en Barcelona,
Gracia, Badalona, Sans y otras localidades de la periferia, y en Igualada.
En Barcelona la huelga fue total hasta el 5 de julio. Pocos días más
tarde, llegaron las medidas de represión con sesenta obreros detenidos.
Pero para poder hablar de una huelga general a nivel
nacional hay que remontarse a 1890, cuando en España comenzó a celebrarse
el día primero de mayo con huelga general y manifestaciones callejeras,
hasta 1919 en que cambia el carácter, transformándose en manifestaciones
pacíficas. Con la difusión del anarcosindicalismo en España se
popularizó la teoría de la huelga general que, siendo total y prolongándose
durante varios días, creían que había de producir la revolución social.
Se produjeron las huelgas generales de mayo de 1901, de febrero de 1902,
de mayo de 1903, así como la huelga contra la guerra de Marruecos en
julio de 1909, en Barcelona especialmente, que dio lugar a la Semana
Trágica. Pero la primera movilización que logró paralizar realmente
el país tuvo lugar en el período de entreguerras. Pese a que España
permaneció al margen de la contienda, la I Guerra Mundial provocó grandes
transformaciones en la estructura económica y social del país que acentuaron
las disparidades económicas y provocaron mayores privaciones para la
inmensa mayoría de la población como consecuencia del encarecimiento
de los productos de primera necesidad. Paralelamente, los sindicatos
comienzan a tener cada vez más presencia y fuerza hasta el punto de
que su influencia en la vida política y económica del país es mayor
que la que tienen por entonces los partidos. Con este escenario, la unión General de Trabajadores
celebra su XII Congreso a mediados de mayo de 1916. Este es el foro
en el que el sindicato, a iniciativa de Manuel Llaneza fundador
del Sindicato de Obreros Mineros de Asturias (SOMA) e Isidoro
Acebedo dirigente socialista ligado a Asturias proponen
reclamar una vez más del Gobierno el abaratamiento de los medios
de transporte, el fomento de las obras públicas y la regulación de todas
las necesidades del país. Los sindicalistas advierten de que,
en el caso de que el Gobierno no respondiera a sus reivindicaciones,
se convocaría un paro general de un día. Efectivamente, el Conde de
Romanones, por entonces jefe del Gobierno, promete, pero no cumple.
Es esta la actitud que lleva a UGT y a CNT a acordar un Pacto de Unidad
de Acción y a convocar un paro de 24 horas para el 18 de diciembre que,
según los historiadores, obtiene un éxito claro y certifica la capacidad
de movilización de los sindicatos. Poco después, el 27 de marzo de 1917, los sindicatos,
con Julián Besteiros y Francisco Largo Caballero a la cabeza, redactan
un Manifiesto denunciando al Gobierno por su incapacidad para detener
la inflación y la subida de las subsistencias y se anuncia la intención
de convocar una huelga general con el fin de obligar a las clases
dominantes a aquellos cambios fundamentales de sistema que garanticen
al pueblo el mínimo de las condiciones decorosas de vida y de desarrollo
de sus actividades emancipadoras. Se impone que el proletariado español
emplee la huelga general, en un plazo no limitado, como el arma más
poderosa que posee para reivindicar sus derechos. Como en otras ocasiones se suspendieron las garantías
constitucionales en toda España, se declaró el estado de guerra en algunas
provincias, se clausuraron las Casas del Pueblo y los centros obreros
y se detuvo a los firmantes del Manifiesto. Cinco meses después, el 9 de agosto, los ferroviarios
declaran huelga general, un espíritu que va contagiando a todo el país
y UGT y CNT convoca huelga general indefinida a partir del 13 de agosto.
El día antes se publicaba un manifiesto dirigido A los obreros y a la
opinión pública, donde por primera vez se hablaba de un cambio de régimen
político y la constitución de un gobierno provisional que convocara
elecciones a las Cortes Constituyentes. La huelga comenzó el 13 de agosto
y fue total en Madrid, Barcelona, Bilbao, Oviedo y cuenca minera asturiana,
zonas industriales de Cataluña y Valencia, minas de Linares, Peñarroya,
Riotinto, Cartagena, León, Palencia y también en capitales de provincia
como Zaragoza, Jaén, Valladolid, Vitoria, Salamanca, etc. Hubo
duros enfrentamientos. El saldo total de la huelga general en toda España
fue de 2.000 detenidos aproximadamente y cerca de un centenar de obreros
muertos. El gobierno respondió a la movilización, que duró
tres días y fue duramente reprendida por las Juntas Militares, encarcelando
a los miembros del Comité de Huelga, quienes fueron condenados a cadena
perpetua. Se suspendieron las garantías constitucionales y se declaró
el estado de guerra en todo el país. Las fuertes movilizaciones pro-amnistía
de los encarcelados lograron que éstos fueran elegidos diputados en
las nuevas Cortes. El 29 de septiembre del mismo año un consejo de guerra
condenaba a reclusión perpetua a los organizadores de la huelga, Besteiro,
Largo Caballero, Anguiano y Saborit, quienes fueron enviados al penal
de Cartagena. Pero pronto represión y condena sensibilizaron en sentido
opuesto a gran parte de la opinión y se despertaron corrientes de simpatía
que fueron encauzadas por una campaña pro amnistía. Al mismo tiempo,
en las elecciones de febrero de 1918, los cuatro condenados del Comité
de Huelga fueron elegidos diputados por Madrid, Barcelona, Valencia
y Oviedo, respectivamente. Dos meses después se promulgó la amnistía.
La huelga general de 1917 marcó un punto máximo de
combatividad y tuvo un alcance histórico, ya que fue la primera de género
político en España que, con carácter general, abarcó a todo el territorio
nacional. En septiembre de 1931 se registran huelgas generales
en Zaragoza, Granada, Santander y Salamanca. De 1932 a 1936 estallaron
en el país cientos de huelgas (de febrero a julio de 1936 se registraron
113 generales y 228 parciales) sólo comparables en violencia a las del
período posterior a la I Guerra Mundial, pero es quizás la revolucionaria
de Asturias la movilización más recordada de principios de siglo XX.
El 4 de Octubre de 1934 el Comité Ejecutivo Federal del PSOE decreta
una huelga general en toda España como protesta de la entrada en el
Gobierno de ministros pertenecientes a la CEDA. Sin embargo las movilizaciones
fracasaron en casi toda España con excepción de Asturias. En esta región
se produjo una insurrección armada dirigida por el Comité Ejecutivo
de la Alianza Obrera que hizo que durante quince días las fuerzas del
PSOE, UGT, CNT y PCE tomaran el poder en el centro de la región organizando
un Estado Revolucionario. Mientras los obreros se dirigen a tomar Oviedo,
en las cuencas comienzan diversos experimentos revolucionarios y se
forma un auténtico ejército rojo que vence a las tropas gubernamentales
en los primeros enfrentamientos. Ante el fracaso de la huelga en el
resto de España, se disuelve el primer Comité revolucionario. Sin embargo,
los obreros asturianos deciden elegir un nuevo comité y continúan la
lucha. Durante dos semanas se llevan a cabo encarnizados combates hasta
que los mineros asturianos deponen las armas. El gobierno envía a Asturias
fuerzas de choque, sin embargo los mineros plantan una encarnizada resistencia
hasta que el tercer comité revolucionario, ante lo desesperado de la
situación, emprende negociaciones con el ejército para que no entren
en las cuencas mineras y evitar así unas matanzas que finalmente ocurrieron.
Los dirigentes del movimiento anuncian la pérdida de una batalla,
pero no de la guerra. La represión se adueña de las cuencas mineras
y unas 10.000 personas son encarceladas, siendo cientos los torturados
y ejecutados. Esta represión fue uno de los acontecimientos que
llevó a los partidos de izquierdas a unirse en el Frente Popular que
ganaría las elecciones de Febrero de 1936. Poco después tenía lugar
el golpe de estado que culminó en la Guerra Civil Española. Ya durante
la dictadura, son pocas las ocasiones en las que los trabajadores osan
convocar movilizaciones masivas después de que quedara suspendido por
el General Franco el derecho a la huelga. Aún así, el 27 de enero de1946
se celebra una huelga general en Manresa, en mayo de 1947 el Consejo
de Resistencia Vasco llama a la movilización general en el País Vasco
contra los salarios de hambre; en junio de 1963, la UGT convoca a la
huelga general en el sector minero y son detenidos y procesados los
dirigentes del SOMA y en junio de 1973 le toca a Pamplona. |