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Nº
483
- 12 de noviembre 2001
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Menos tropa y más vinculación con la OTAN, claves del incierto futuro El
Ejército español ante la crisis
El petate de nuestros soldados y marineros no descansa. Primero Croacia, luego Bosnia, Centroamérica, Kosovo, Macedonia y hace unas semanas a Afganistán. España quiere pisar fuerte en el escenario internacional, pero su gran reto ahora está en casa: el Ejército español ha tocado techo; a dos meses de la plena profesionalización contamos con 78.534 profesionales, cuando la previsión era de 105.000 efectivos. Los sueldos quizá sean los culpables, cobran 50.000 pesetas menos que los carteros cuando tienen la misma categoría administrativa. El siguiente informe pasa revista a las FAS, en un momento clave para nuestros retos en el exterior, pero también para la defensa nacional, precisamente en unos días tensos con el vecino Reino de Marruecos.
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Por Julián Pérez Olmos Nadie discute a estas alturas que las Fuerzas Armadas Españolas, después de la caída del Muro de Berlín y del fin de la amenaza soviética, han tenido que hacer un gran movimiento de fuerzas, dejando de mirar hacia la Europa Oriental, y poniendo todas sus vistas tanto a nivel nacional para cubrir el flanco sur de nuestro país y generar la suficiente estabilidad que requiere el Norte de África, donde Marruecos, tal y como ha demostrado estos días, sigue siendo un potencial punto de inestabilidad para España; como a nivel externo, con su plena integración en la defensa y seguridad europea y transatlántica y los compromisos que de ésta se derivan. Este espacio del Norte de África ha sido en estos últimos años uno de los puntos tradicionales de la política exterior española, particularmente activa tanto en las relaciones bilaterales con los países del Magreb, en especial con Marruecos, como en el impulso de las iniciativas de diálogo y cooperación desarrolladas en el marco de la UE (Conferencia de Barcelona) y en el de la OTAN (Diálogo Mediterráneo). En este sentido, no cabe sólo innovar, sino persistir en esta política de intensificación de las relaciones en un área que, por su inestabilidad y proximidad geoestratégica, resulta vital para los intereses de España y de Europa en general. Es necesario, por ello, reforzar la cooperación militar bilateral con estos países, fortalecer los instrumentos de diálogo, fomentar nuevas medidas de confianza entre las dos orillas, lograr que los Quince intensifiquen su cooperación económica y política en el área y que la Alianza dé un salto cualitativo desde el diálogo actual a una nueva dimensión de cooperación. |
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Acertó de pleno quien por aquellos años dijo que la inestabilidad ahora iba a provenir del Norte de África, y es por ese motivo que se produjo una inmediata revisión de nuestros planes estratégicos, con un lento pero progresivo desplazamiento de fuerzas, sobre todo navales hacia el sur de la Península. Esta visión estratégica supuso el traslado hacia la zona sur de la Flota española, es decir los buques de combate, que en estos años han tomado como base principalmente el puerto militar de Rota, compartido con los americanos gracias a los convenios bilaterales entre ambos países. Es por eso, que en los muelles de esta ciudad gaditana se encuentra la joya de la corona de la Armada, el portaaviones Príncipe de Asturias, además de las ocho fragatas, cuya dotación será ampliada en breve con otras cuatro del modelo F-100, una auténtica virguería de la ingeniería naval que estos momentos se encuentra en construcción. Los buques de desembarco y de asalto anfibio y otros barcos logísticos completan el despliegue de la Fuerza Naval que también se extiende al área de Cartagena, en donde se encuentran los flamantes cazaminas y los ochos sumergibles de la Flotilla de submarinos. En cuanto a la Fuerza Aérea Española y al Ejército de Tierra su reubicación se ha manifestado de forma desigual y en algunos casos su tenue movimiento puede ser considerado preocupante si se quieren atender los nuevos retos defensivos. En este sentido, las bases aéreas de Torrejón y Zaragoza, y también Morón (Sevilla), aunque esta última en menor medida y sólo en casos excepcionales como el de apoyo de los americanos por el conflicto en Afganistán, siguen siendo el principal cobijo de los 70 cazabombarderos F-18, el más moderno avión de combate de nuestra aviación, y que en breve será completado con 80 unidades del Eurofighter, el nuevo caza europeo que al mismo tiempo servirá para sustituir al Mirage F-1. En cuanto al Ejército de Tierra, desde que en julio de 1994 se pusiera en marcha el Plan Norte de nueva organización territorial la tónica general ha sido el cierre de cuarteles y una nueva concepción de estructuras en donde la más significativa fue la creación de la Fuerza de Maniobra, que engloba a un conjunto de unidades capaces de ser proyectadas fuera del territorio nacional, y que cuyo cuartel general fue instalado estratégicamente en Valencia. El elemento más preocupante en estos momentos y que por el momento no tiene una respuesta presupuestaria sigue siendo la escasa operatividad que se le atribuye a la actual ubicación de los 120 potentes carros de combate Leopard que España adquirió de Alemania y que se encuentran distribuidos en las unidades de Córdoba, Extremadura y Madrid, a cuya flota de blindados se incorporarán otras 300 unidades que actualmente construye la empresa Santa Bárbara, y que al mismo tiempo servirán para reemplazar los ya anticuados AMX y M-60. Los grandes estrategas de este país apoyan la compra de este polivalente carro de combate, pero también coinciden en que de poco valdrá si su movilidad por la península sigue limitada por la ausencia, sobre todo de ferrocarriles, que permitan su rápido traslado. Participación internacional activa, pero simbólica La apuesta de nuestro país para mantener la estabilidad en el Norte de África está claramente probada, pero en esto de la defensa y seguridad común hay que ir cogido de la mano de otros, bien con países de nuestro entorno, a través de la Unión Europea Occidental (UEO) y del Cuerpo de Ejército Europeo, o con países del vínculo transatlántico. En estos últimos años de compromisos internacionales, España ha tenido un papel activo, pero de escasa relevancia, con una participación de 3.322 profesionales, primero en Croacia y en Bosnia, luego en Centroamérica, después en Kosovo y Macedonia y ahora en la operación Libertad duradera en Afganistán, a raíz de los terribles acontecimientos terroristas del pasado 11 de septiembre. Desde el primer momento, nuestro Gobierno vio en Afganistán una oportunidad de protagonismo internacional con los americanos, y por eso motivo se ofreció de pleno para colaborar, aunque el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el almirante general Antonio Moreno, después de una reunión de la Junta de Jefes de Estado, manifestó de forma implícita que España debería limitarse a los compromisos de cesión de fuerzas establecidos en los tratados con organismos internacionales a los que pertenece, pero que una extralimitación significaría un descuido de la defensa nacional, sobre todo en un momento como el actual, en el que nuestras Fuerzas Armadas se encuentran en pleno proceso de profesionalización, con las limitaciones de personal que se están planteando, lo que sugiere una nueva revisión estratégica. Hasta la fecha la participación española se ha limitado a un total de 555 militares, repartidos entre la tripulación de dos fragatas, la Santamaría y la Extremadura, dependientes de la Fuerza Naval Permanente de la OTAN en el Atlántico (STANAVFORLANT) y de la Fuerza Naval Permanente en el Mediterráneo (STANAVFORMED), además de un buque de detección de artefactos submarinos adscritos a la Fuerza de Medidas Contra Minas del Mediterráneo (MCMFORMED), además de los 40 hombres correspondientes a las tripulaciones de los AWAS o más conocidos como aviones espías, dependientes de la OTAN y con base en la ciudad alemana de Geilenkirchen; incluyendo igualmente la utilización de las bases de Morón y Rota. También están a disposición de la OTAN, además de aviones de combate F-1 y F-18, un importante número de fuerzas terrestres, aunque por el momento y pese al ofrecimiento español seguirán en casa, en concreto son unidades integradas en el Cuerpo de Reacción Rápida del Mando Aliado y está compuesto por una división de Reacción Rápida, apoyada en la Fuerza de Acción Rápida (FAR), e integrada por la Brigada Paracaidista (BRIPAC), la Aerotransportada (BRILAT), unidades de Alta Montaña, Grupos de Operaciones Especiales y otras de apoyo y logística. Como se puede observar, la relación de España con la OTAN ha experimentado un profundo cambio en los últimos años: ha pasado de ser un aliado renuente a convertirse en uno de los socios más fiables y firmes. Pero quizá el hecho que mejor simboliza la nueva apuesta de España por la Alianza Atlántica lo constituya su decisión de acceder a una plena participación en la OTAN. Ello nos permitió participar por primera vez en la definición de la nueva estructura de mandos de la Alianza. Este proceso, que incluyó negociaciones difíciles con algunos de los aliados, ha cristalizado en la creación de un mando subregional sur-oeste en Madrid, con capacidad de planeamiento sobre todo el territorio nacional. Igualmente, desde que el pasado 5 de diciembre de 2000 el Comité Militar de la OTAN seleccionó al Cuartel General de la Fuerza de Maniobra como candidato a convertirse en un cuartel general de fuerzas terrestres de alta disponibilidad de la OTAN, este proyecto ha pasado a ser la primera prioridad del Ejército, ya que permitiría pasar de meros participantes a liderar fuerzas de la Alianza Atlántica. Este cuartel general está ubicado en la Base Jaime I de Bétera, a unos 30 kilómetros de Valencia, con buenas comunicaciones hacia el aeropuerto y el puerto de esta capital, lo que constituye un importante activo a favor de la oferta española. Por otro lado, 250 oficiales españoles están en proceso de integración en los diversos cuarteles generales aliados, con una significativa cuota de 21 estrellas en lo que se refiere a los mandos superiores. En este sentido, España es uno de los miembros de la UE que defiende con mayor firmeza la necesidad de mantener y reforzar el vínculo transatlántico, particularmente en materia de seguridad. Fortalecer ese vínculo, tanto en el marco multilateral de la UE y la OTAN como en la relación bilateral de España con Estados Unidos, debe constituir uno de los ejes fundamentales de una renovada política española de seguridad. Esta relación especial tiene un claro reflejo en la dimensión industrial de la defensa. El acuerdo estratégico de Bazán con Loockhed para la exportación a terceros países de la fragata F-100 dotada del sistema Aegis, y la más reciente adquisición de Santa Bárbara por parte de General Dynamics son ejemplos de cooperación transatlántica en un terreno tan estratégico y políticamente relevante como el de la industria de defensa. La defensa europea merece un capítulo aparte, ya que ni España ni el resto de países del entorno parecen haber demostrado por el momento mucho entusiasmo, sobre todo si contabilizamos su aportación de fuerzas, aunque poco a poco se dan pasos de cara a crear una entidad europea de defensa y seguridad común estable y con entidad. Nuestro país parece tener claro que ésta es la línea a seguir sobre todo de cara a la mantener la estabilidad en el Mediterráneo, y en este sentido el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), almirante general Antonio Moreno Barberá, anunció recientemente en el Parlamento la oferta final de España de incrementar de 4.000 a 6.000 el número de efectivos del Ejército de Tierra para el Cuerpo de Ejército Europeo, también conocido como Eurocuerpo, con los medios navales y aéreos necesarios, así como los apoyos de combate y logísticos precisos para alcanzar una proporción equivalente a cerca de un 10% del total de las fuerzas que la Unión Europea prevea organizar para una operación determinada. Más presupuesto militar, pero aún en la cola Es obvio, que la potencia de un país en términos de defensa y seguridad continúa siendo un factor esencial para establecer su peso y relevancia política en el contexto internacional. Las ganas de liderazgo de España en la escena internacional le ha obligado en los últimos años a corregir un déficit histórico en inversiones militares, una tarea ni fácil ni planteable a corto plazo, a la que se ha hecho frente mediante aumentos moderados pero constantes en los presupuestos militares. Sin embargo, se está aún lejos de superar ese desfase de forma que permita un mayor protagonismo español en los asuntos de seguridad internacional. El presupuesto del Ministerio de Defensa para el próximo año, que en estos momentos se debate en el Parlamento, se eleva a 6.320 millones de euros (un billón y 52.000 millones de pesetas) y supone un crecimiento del 4,28% respecto al pasado año. Este es el tercer ejercicio consecutivo en que los presupuestos de Defensa crecen por encima del 4%, que a juicio del secretario de Estado de Defensa, Fernando Díez Moreno estamos en una línea insuficiente respecto de nuestras ambiciones, pero al menos es una línea sostenida en cuanto a las posibilidades de los Presupuestos Generales del Estado que en este año 2001 y en 2002 se presentan con déficit cero. El presupuesto del departamento de Defensa participa en un 5,61% del total del Estado, y que supone un 23% de la inversión total y un 35% de los gastos corrientes. Si se observa la evolución experimentada por las diferentes potencias europeas en gasto en defensa puede concluirse que se está produciendo una cierta convergencia en el esfuerzo realizado por los distintos países, y España es el único que ha aumentado su presupuesto en los últimos años. Es necesario destacar que los países que realizaban un mayor gasto en defensa son, precisamente, los que han reducido de forma más intensa sus presupuestos en la última década. Alemania ha reducido su presupuesto en un 7%, Reino Unido lo ha hecho en un 1% y Francia en un 0,65%. Este incremento del presupuesto militar en un 4,28% supone además consolidar la tendencia al alza que viene caracterizando el gasto militar en estos últimos cinco años y que alcanza 10,9% en términos monetarios y el 2,5% en términos reales. Por tanto, se puede se puede llegar a la conclusión de la progresiva convergencia en los niveles de esfuerzo presupuestario en defensa con respecto a las principales potencias europeas como consecuencia de la reducción del gasto militar que ellas mismas están realizando. Al margen del presupuesto del Ministerio de Defensa, es necesario destacar tres aportaciones que inciden de manera positiva en la financiación de las fuerzas armadas. En primer lugar, los créditos concedidos por el Ministerio de Industria para la producción de los principales sistemas de armas de los tres ejércitos: el EF-2000, la fragata F-100 y el carro de combate Leopard, y otros tres grandes proyectos como son la construcción de los nuevos submarinos de la clase S-80, la compra de satélites de comunicación, satélites de observación,misiles y el avión de transporte A-400M, que por el momento serán consignados en futuros presupuestos, al igual que la idea de ubicar en un solo complejo todos los cuarteles generales y los órganos centrales del departamento de Defensa. Por otra parte, el Ministerio de Defensa dispone anualmente de un crédito ampliable para financiar sus misiones de paz en el extranjero, de forma que su coste no incida negativamente en el proceso de modernización del Ejército. Este crédito supone una financiación añadida de entre 25.000 y 30.000 millones de pesetas anuales. Finalmente, se está utilizando la enajenación del patrimonio inmobiliario que carecía de utilidad para las Fuerzas Armadas y acelerar así el proceso de modernización de los ejércitos y suplir el déficit de nuestra defensa. Estas enajenaciones, gestionadas a través de la gerencia de Infraestructura y Material del Ministerio de Defensa, están suponiendo unos ingresos anuales añadidos en torno a los 25.000 millones de pesetas, cantidad que en los próximos años podría incluso ser mayor. Con los números de 2002 sobre la mesa, el portavoz socialista en la Comisión de Defensa del Congreso, Jordi Marsal, critica estos presupuestos porque considera que suben más los programas administrativos que aquellos que de forma más directa inciden en la operatividad de nuestras Fuerzas Armadas. Mientras tanto, el portavoz adjunto del grupo popular José Rivas, defiende las cuentas de defensa para el próximo año y dice que he proclamado con letras mayúsculas, que la defensa se considera una prioridad y así responden a lo que podrían ser objetivos a alcanzar. Tropa y marinería tocan techo Por otro lado, y más allá de la cuestión estrictamente presupuestaria, hay que destacar el proceso de profesionalización de las Fuerzas Armadas que culminará en 2001. Las previsiones del Gobierno han sido frustradas, ya que de la previsión inicial era contar a 1 de enero de 2002 con 102.000 profesionales de tropa marinería, mientras que según los datos aportados esta misma semana por el Ministerio de Defensa se cuenta con 78.534 efectivos. En cuanto a los cuadros de mando, el subsecretario de Defensa Víctor Torre de Silva y López de Letona informó que está prácticamente el objetivo alcanzando, es decir, los 48.7200 cuadros de mando, y en algunos momentos de 2002 quizá descendamos de este número. Con estos datos, actualizados a finales de octubre, se puede decir que las Fuerzas Armadas cuentan con 127.000 efectivos, entre tropa y mandos, cuando el objetivo era de entre 160.000 a 180.000, unos datos muy bajos, si tenemos en cuenta que a principios de los años 80 nuestro país contaba con 380.000 militares. Todos estos datos dan auténtico dolor de cabeza al ministro de Defensa, Federico Trillo, sobre todo los referidos a tropa y marinería, lo que hacen pensar que las Fuerzas Armadas han tocado techo: los jóvenes españoles no se animan, los inmigrantes aprovechan su viaje gratis a nuestro país para buscarse otro trabajo, y según el último parte de bajas voluntarias aportado por la Subdirección General de Tropa y Marinería, en los primeros ocho meses del año colgaron el petate 5.487 militares. Los bajas remuneraciones tienen gran parte de la culpa. Los sueldos de los soldados y marineros son 50.000 pesetas inferiores a los de los carteros, con los que se equiparan administrativamente. El ministro de Defensa, Federico Trillo, pretende que el nuevo reglamento de retribuciones para las Fuerzas Armadas, aprobado el pasado mes de junio por el Consejo de Ministros, permita mejorar los sueldos a partir del 1 de enero de 2002. El Ministerio de Defensa empleará, de momento, los 6.000 millones de pesetas de remanente procedentes de la falta de reclutamiento de soldados profesionales previstos para el año pasado en mejorar parcialmente los complementos de destino y específico de los soldados y marineros profesionales. Estos perciben desde el 1 de julio pasado la mitad de las 10.000 pesetas prometidas por el ministro. No cobran todos; sólo los que lleven más de dos años de servicio. El anticipo se puede considerar como el producto de la mala conciencia del ministro de Defensa, ya que prometió la subida para el 1 de enero de este año. El sueldo neto apenas llega a las 85.000 pesetas. El nuevo reglamento supone un aumento salarial global de 26.000 millones de pesetas. De esa suma, 14.000 millones serán para los 80.000 soldados y el resto para los suboficiales (7.500 millones) y para los oficiales (4.500 millones de pesetas). El reglamento no contempla mejoras salariales a los jóvenes que se incorporen a las Fuerzas Armadas. Las mejoras se producen a partir del segundo año, con una cuota de reenganche cuya cuantía no ha sido determinada. De este modo, un joven entre 18 y 28 años que se aliste como soldado profesional recibirá 1.384.804 pesetas brutas anuales: 1.190.728 como sueldo y 194.076 como complemento de destino. Su sueldo mensual bruto, incluidas 3.549 pesetas de ayuda al vestuario, queda en 104.774 pesetas por 14 pagas. Descontados el IRPF y otras deducciones (cuota de desempleo, derechos pasivos, etcétera), el sueldo neto queda en 85.000 pesetas al mes. El salario se congela si no se asciende a cabo. El nuevo reglamento congela el sueldo los dos primeros años. Sólo al renovar el contrato aumenta el complemento de destino y el específico y se pasa de 1,3 millones a 1,8 millones anuales. Ello supone un sueldo mensual bruto de 129.000 pesetas, frente a las 121.811 que cobran ahora. Si los soldados, con el actual sistema, podían alcanzar las 138.000 pesetas mensuales brutas a partir del cuarto año, el nuevo modelo les congela el sueldo desde el tercero al octavo año, si no ascienden a cabos, y se lo reduce en 40.200 pesetas el noveno año si no adquieren la condición de permanentes. El nuevo esquema oscila entre los 2,5 millones anuales brutos de un cabo mayor, los 2,3 millones de un cabo primero, los 2 millones de un soldado permanente y 1,3 millones del soldado recién llegado. |
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| MILITARES PROFESIONALES DE TROPA Y MARINERÍA | |||||||
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Alumnos
en formación
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En
servicio
activo |
Suspenso/
funciones empleo |
En
excedencia voluntaria
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En
reserva
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Total
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| Ejército de tierra | Permanentes Temporales |
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3.184 |
1.002
47.057 |
1
30 |
2
48 |
127
_ |
1.132
50.319 |
| Armada | Permanentes Temporales |
_
1.025 |
593
12.869 |
4 |
108
11 |
17
|
718
13.909 |
| Ejército del Aire | Permanentes Temporales |
1.632 |
223
10.568 |
1 |
_
32 |
_
_ |
223
12.233 |
| Total |
5.841
|
72.312
|
36
|
201
|
144
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78.534
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| Fuente: D.Gral de Reclutamiento y Enseñanza Militar. Mº de Defensa | |||||||
| EL EJÉRCITO QUE QUIERE EL PSOE |
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Así lo expuso en rueda de prensa el portavoz del PSOE en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, Jordi Marsal, quien afirmó que es el momento de cambiar del debate, y que ahora hay que hablar sobre la calidad de nuestro ejército y no tanto de la cantidad. Según Marsal, el Gobierno se ha empeñado en llegar a unas cifras inalcanzables, mientras que nosotros pensamos que si se consiguen los 85.000 soldados estaríamos equiparados al resto de países. Eso sí, también advirtió que el esfuerzo, en cambio, se debería hacer en lo que respecta a los mandos, en lo que a su juicio existe un mal concepto asociado a la palabra mando y que debemos sustituirla en muchos casos por especialista, y no por persona que se dedica a mandar. De esta forma, el grupo parlamentario socialista va a proponer que se llegue a un Ejército de 50% de mandos, donde estuvieran recogidos todos los especialistas, y otro 50 por ciento de tropa y marinería. En total, Jordi Marsal estima que con unas Fuerzas Armadas de 120.000 profesionales estaríamos a la altura de países de nuestro entorno que como el nuestro emprendieron hace años una plena profesionalización. |