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Nº
472
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30/7/01
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LOS NUEVOS MEDIOS DE PAGO |
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Las tarjetas bancarias originan compras en España por importe de 6 billones de pesetas
EL móvil e Internet revolucionan los medios de pago Los 45,5 millones de tarjetas bancarias que hay emitidas en España generaron el año pasado un volumen de compras superior a los seis billones de pesetas, tan sólo el 10,4% de lo que se podía pagar con ellas. los pagos a través del teléfono móvil, Internet y la televisión digital se impondrán, aumentando las transacciones, que se realizarán prácticamente con un 100% de seguridad. Gonzalo SAN SEGUNDO Es tiempo de de viajes. Tiempo por antonomasia para utilizar las tarjetas de crédito, un medio de pago cada más enraizado entre los españoles, - A pesar de ello, poco más de una de cada diez pesetas susceptibles de ser pagadas con tarjeta se abona con el popular plástico. El camino a recorrer aún es largo, pero el desarrollo de las telecomunicaciones y el comercio electrónico empujan la tecnología y los servicios asociados a los medios de pago hacia un futuro previsible. El dinero de plástico (tarjeta con relieve), que nació en Nueva York en los años 50 de la mano de Diners Club, llegó a España una década después, para dar paso, en 1982, a la tarjeta con relieve y banda magnética. luego, en 1994 vino la primera generación de tarjetas inteligentes con la incorporación de un chip, que permite verificar el número de identificación personal (PIN) del titular en el mismo punto de venta o cajero automático y da mayor seguridad que la banda magnética. La primera expresión de las tarjetas con microprocesador fue el monedero electrónico, lanzado al mercado español en 1997. Su función primordial consiste en pagar pequeños importes, con lo que el usuario se evita llevar la pesada calderilla en el bolsillo. En mayo de 2000, de la mano de Visa España, nació la segunda generación de tarjetas inteligentes mediante el sistema operativo llamado Advantis, que combina las aplicaciones del débito y crédito, es decir, el pago y el correspondiente e instantáneo cargo en la cuenta bancaria del cliente, con las del monedero electrónico. los nuevos medios de pago, unos en ciernes y otros ya operativos, se abren paso en un mundo en el que las compañías emisoras de tarjetas, las entidades bancarias y las operadoras de telefonía aúnan esfuerzos para crear plataformas universales de pago reduciendo costes y aprovechando los nuevos canales electrónicos, como el teléfono móvil, Internet y la televisión interactiva. Según un estudio elaborado por Firma de Información, las transacciones electrónicas, que hoy suponen el 25% de los pagos que se realizan en todo el mundo, representarán cerca de¡ 60% en el año 2010. Esto quiere decir que los pagos tradicionales, como el efectivo o el cheque, disminuirán en importancia, lo que favorecerá la utilización de las tarjetas, sean éstas de plástico, inteligentes o virtuales. Pero un escollo se presenta a la hora de utilizar los nuevos canales de pago, especialmente Internet. Se trata de la seguridad. Un dato: la mitad de los problemas que tiene que resolver Visa Internacional provienen de transacciones realizadas a través de la red. De ahí que, según estudios fiables, sólo el 5% de los consumidores finales se sienta totalmente seguro a la hora de realizar una compra en el comercio virtual. Pero las
nuevas fórmulas de pago que están desarrollándose
contribuirán a aumentar la confianza y seguridad del consumidor
en el comercio electrónico, así como a simplificar los costes
y hacer más sencillo el modo de operar.
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En España existen 46 millones de tarjetas bancarias y unas 400.000 de las denominadas de empresa ¿En efectivo o con tarjeta? En efectivo o con tarjeta? Es la pregunta habitual que el consumidor escucha cuando va a adquirir un bien o un servicio. Y cada vez son más los españoles que utilizan las tarjetas de plástico para pagar. El año pasado realizaron transacciones por importe superior a los seis billones de pesetas, lo que representa el 10,4% del consumo total, la mitad que en Gran Bretaña y casi la tercera parte que en Estados Unidos. No obstante, el usuario no aprovecha todas las posibilidades que la tarjeta le brinda y la usa más para sacar dinero de los cajeros automáticos que para pagar en los comercios. De ahí que el pago en efectivo "sea nuestra mayor competencia", señala Luis Dupuy de Löme, director Comercial y de Márketing de American Express en España. Hay tarjetas para todos los gustos, edades, bolsillos y menesteres. Las tarjetas personales son aquellas destinadas a cubrir las necesidades de los pagos derivados de la compra de bienes y servicios del consumo privado. Pueden ser de débito (operan con cargo inmediato en la cuenta bancaria del titular) y de crédito, con las diferentes modalidades de clásica, oro, platino y otras, generalmente en función del nivel de ingresos del cliente. Las tarjetas de empresa están diseñadas para gestionar los gastos de viaje y representación de las empresas, profesionales liberales y autónomos, y las pequeñas compras de aprovisionamiento de las grandes compañías. Éste es un negocio de gran crecimiento (su número aumenta a un ritmo anual del 30%) y alta rentabilidad. Los datos son elocuentes. Según Europay 6000, dos millones de empresas en España mueven en gastos de viaje y representación 1,6 billones de pesetas, lo que supondría unos ingresos por comisiones para las entidades financieras y emisoras de tarjetas de 32.000 millones, en el caso de que esos gastos fueran abonados con tarjetas. De ahí que las principales compañías emisoras de tarjetas y los bancos se hayan lanzado a la conquista de este mercado. Éste es el fin de la sociedad Global Commercial Payment Solution (GCPS), creada conjuntamente por BBVA, Santander Direkt (el banco directo alemán de BSCH), Bank of America, Barclays Bank, BNP Paribas, Us Bancorp y Visa Internacional. Su objetivo es ofrecer una solución global en tarjetas de crédito y monederos electrónicos a las empresas privadas y administraciones públicas. Junto a todas ellas coexisten las tarjetas comerciales. Las dan los grandes y pequeños establecimientos para conseguir la fidelidad de sus clientes y facilitar la compra y financiación de los artículos. Estos plásticos suelen llevar aparejados, cuando se usan, descuentos, pagos aplazados sin intereses, promociones y puntos canjeables por regalos, viajes en avión, noches de hotel o coches de alquiler. Una modalidad híbrida son las tarjetas de marca compartida, es decir, tarjetas bancarias que son fruto de acuerdos privados entre una entidad financiera y un socio comercial. Cuando éste tiene ánimo de lucro se llama co-branded, y si carece de él pasa a denominarse affinity o de afinidad. Con este tipo de tarjetas, el cliente obtiene ventajas similares a las netamente comerciales. Los programas de afinidad llegaron a España hace una década procedentes de Estados Unidos. Y es que, según algunos estudios realizados por consultoras internacionales, fidelizar a un cliente es entre cinco y diez veces más fácil y barato que conseguir uno nuevo. Además, está demostrado que los clientes fieles a la marca consumen más que los nuevos clientes. Un informe de Mitchel Madison Group asegura que el 33% de los españoles cuenta con una tarjeta de fidelización, en tanto que en Estados Unidos este porcentaje se amplía hasta el 42% y en el Reino Unido, hasta el 65%. Es el imperio del plástico que, lejos de desmoronarse, se fortalece con la llegada de las nuevas formas de pago.
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Internet, el teléfono móvil y la televisión digital son los nuevos canales por los que navegará el plástico Transacciones en la tercera generación Con tarjeta o teléfono móvil? Será la pregunta que haga el comerciante al cliente en un próximo futuro. ¿Y qué pasa si la respuesta es "con móvil"? Cuatro cosas. Una, el cliente da al comerciante el número de su teléfono móvil, que previamente ha vinculado con su número de tarjeta en el banco emisor de ésta y registrado su número de identificación personal (PIN). Dos, el vendedor teclea el número del móvil del cliente en su terminal punto de venta (TPV). Tres, el cliente recibe una llamada del banco para confirmarle la compra realizada y su importe y, si está conforme, le pide que teclee en el móvil su PIN. Y cuatro, el importe de la operación queda cargado en la cuenta del cliente. La misma pregunta recibirá el cliente cuando compre en las tiendas virtuales a través del móvil. Si la respuesta es idéntica, los pasos a dar son los descritos anteriormente. En ambos casos, el comerciante desconoce el número de tarjeta del comprador, con lo que los fraudes se reducen considerablemente. El teléfono móvil (en España existen 22 millones de celulares), especialmente cuando se implante la tecnología UMTS o de tercera generación, será el medio más seguro para realizar los pagos, tanto en Internet como en el mundo real, sin necesidad de usar físicamente las tarjetas de crédito. Los pagos por Internet están estrechamente unidos al comercio electrónico. Se prevé que en el año 2005 se realicen en el mundo 18.000 millones de transacciones en la red, el doble que el año pasado, lo que constituye un plato muy apetitoso para los emisores de tarjetas y entidades financieras. Los medios de pago se han apresurado a atender las necesidades del comercio electrónico. Además de poder utilizar el número de la tarjeta de crédito habitual, existen ya tarjetas virtuales, "una solución imaginativa para no usar la tarjeta tradicional, sea o no inteligente", señala José Manuel Gabeiras Vázquez, presidente de Visa España. Se trata de un número de tarjeta destinado de forma exclusiva a realizar compras a través de Internet. No obstante, la entidad emisora podrá, de forma discrecional, emitir una tarjeta de referencia (o soporte físico de la misma), que sirva como recordatorio al titular y que guarde el menor parecido posible con una tarjeta de crédito estándar. Las cajas de ahorros ya facilitan a sus clientes con tarjetas Euro 6000 Maestro, Euro 6000 Mastercard y Visa el pago en Internet sin tener que dar el número de su tarjeta de crédito. Para ello es necesario instalar en la barra del navegador un asistente virtual llamado Vini, que genera un número que sólo sirve para la operación en concreto que se pretende realizar. También ofrecen este sistema el BBVA y La Caixa. Juan Morlá Tomás, director general y de desarrollo de banca electrónica de La Caixa, expresa su deseo de que las tarjetas virtuales "sean un producto duradero, porque entendemos que tienen su propio nicho de mercado". Este mercado lo copan, fundamentalmente, los adolescentes que no tienen acceso a las tarjetas tradicionales y los consumidores que quieren preservar el anonimato en sus compras por Internet. Entre sus ventajas destacan el control que el usuario ejerce sobre la operativa de su tarjeta y la imposibilidad de ser robada. Pero el desarrollo futuro del comercio electrónico y, por tanto, de los medios de pago por Internet, depende de la seguridad en las transacciones y de la confianza que exista entre comprador y vendedor, es decir, que cada uno tenga la certeza de quién es cada cual. En este ámbito "se está trabajando en la definición de una solución universal que sirva para garantizar la seguridad e irrevocabilidad de los pagos", dice Alfonso de la Viuda, director general de Sistema 4B. Dicha solución contempla los principales requisitos para comprar a través de la red. Uno, la privacidad o confidencialidad, o sea, asegurar que la información transmitida sólo sea leída por el destinatario autorizado, por ejemplo, mediante un número de tarjeta cifrado. Dos, la integridad, es decir, garantizar que no se alteren los datos del mensaje durante la transmisión. Y tres, la autenticación, o lo que es lo mismo, asegurar a los participantes en la transacción que los otros agentes están autorizados a operar. Requisitos que la criptografía (utilización de algoritmos matemáticos que permiten cifrar y descifrar mensajes) ha resuelto. Más allá del ordenador y del móvil (en el futuro vendrán con ranura para introducir la tarjeta con chip), la televisión digital se muestra como el tercer canal de futuro para las transacciones económicas. De hecho, hay entidades, como Caja Madrid, que tienen una Oficina de Televisión, así la llaman, en las plataformas de televisión interactiva, que permite a sus clientes operar en tiempo real con cuentas corrientes, tarjetas y fondos. Y es que las televisiones digitales no sólo desarrollarán el acceso a Internet a través de sus decodificadores, sino que también facilitarán el pago de productos y servicios a través de éstos con las tarjetas inteligentes.
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