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El conjunto monumental que alberga Cáceres fue argumento
indiscutible para que el 26 de noviembre de 1986 la UNESCO la declarara
"Ciudad Patrimonio de la Humanidad". Sus murallas almohades
y sus edificaciones de incuestionable valor histórico y arquitectónico
hacen de esta villa un retrato de los siglos XIV al XVI, como dejan
patente sus Casas Fuertes, repasar la historia de Cáceres
se pueden encontrar todas las características que han definido
a la ciudad durante las diferentes etapas, culturas y pueblos que
la han ocupado y que la han elevado a la condición de Patrimonio
de la Humanidad y Tercer Conjunto Monumental de Europa -otorgado
por el Consejo de Europa gracias a su buen estado de conservación-
y que le han permitido tener el reconocimiento de la Federación
Internacional de Periodistas y Escritores de Turismo.
Los primeros restos de asentamientos humanos en Cáceres se
encuentran en la Cueva de Maltravieso, donde se conservan valiosas
pinturas rupestres -dibujos de manos en negativo, puntas de flechas
y algunos anirnales-. Este importante yacimiento ha sido motivo
de estudio de los principales especialistas en arte rupestre, que
han encontrado en las descarnadas paredes calizas de este enclave
un destacado conjunto de manifestaciones artísticas, desde
la pintura hasta el grabado. Hasta ahora se pensaba que estas representaciones
tenían una antigüedad de 13.000 años, aunque,
recientemente, algunos investigadores opinan que pueden tener hasta
27.000 años. Actualmente, aunque la cueva está cerrada
al público, existe un museo anexo con una reproducción
de la misma -Centro de Interpretación de la Cueva de Maltravieso-.
Los orígenes de Cáceres como núcleo urbano
se remontan al año 25 a. C., con la fundación de la
colonia romana Norbensis Caesarina. Situada junto a la Vía
de la Plata, ocupaba un lugar estratégico en el movimiento
de tropas y mercaderes desde las tierras de la Bética hasta
la lejana Artúrica, un eje norte-sur que fue de vital importancia
en la repoblación de estas tierras. Los romanos dejaron en
las inmediaciones de la ciudad los restos de su campamento Castra
Cecilia, que fue reposo y estancia de legiones en su ascenso hasta
el norte peninsular. De esta época se conservan las puertas
y muralla de lo que fue la fortaleza romana, vigilante del paso
de gentes y culturas que llevaron a la zona nuevas lenguas y dioses
que de alguna manera enraizaron en Cáceres. También
se alza una puerta en el flanco oriental de la muralla denominada
Arco del Cristo o Puerta del Río, construida en el siglo
I con grandes sillares dispuestos a soga y tizón y bóveda
de cañón entre los arcos de entrada y salida.
Tras la caída del imperio llegó a Cáceres una
época de oscuridad de la que apenas se conserva información.
Ya a partir del siglo XII se suceden las luchas entre árabes
y cristianos. En 1173 el caudillo almoárabe Abú Ya'qub
arrebató la ciudad a los cristianos, reconstruyendo las murallas.
De este periodo se conservan algunas torres albarranas, como la
de Bujaco, construida sobre sillares romanos de planta cuadrada
con dos matacanes laterales y uno frontal, éste último
de estilo renacentista, y las torres de la Yerba y del Horno, construidas
por los árabes en la última fortificación que
hicieron de la ciudad.
Ambas forman parte de la muralla, a la que están unidas por
un muro que permitía el acceso a las mismas. Los árabes
dotaron a la ciudad de alcázar y mezquita. También
dejaron muestra de su habilidad en la utilización y almacenamiento
de las aguas pluviales a través del aljibe que, situado en
el subsuelo del alcázar árabe, servía para
garantizar el abastecimiento de agua en épocas de sequía
o acoso de la ciudad. La incorporación definitiva al reino
de ó se produce el 23 de abril de 1229 -Día de an
Jorge, patrón de la ciudad- con el rey Alfonso IX. A partir
de esta fecha se empezarán a construir numerosos palacios
y casas solariegas girando en torno a dos núcleos: la plaza
de Santa María y la plaza de San Mateo, que alcanzarán
su mayor esplendor durante los siglos XV y XVI, sobre todo en la
época de los Reyes Católicos.
la Iglesia-Concatedral de Santa María, erigida entre los
siglos XV y XVI, es el edificio más destacado de la plaza
del mismo nombre. La categoría de concatedral le fue otorgada
en 1957. Es de estilo románico de transición al gótico
con algunos elementos renacentistas. La portada principal es ojival
y tiene finas arquivoltas, tímpano desnudo de adornos y el
hueco partido por un pilar con una ménsula sobre la que está
la imagen de la Virgen.
Al pie de la torre se encuentra la imagen de San Pedro de Alcántara,
de 1954, realizada en bronce por el escultor extremeño Pérez
Comendador. En su interior se puede apreciar el retablo realizado
en madera de cedro, obra de Ferrant y Balduque, cuya principal característica
es la conservación del color natural de la madera.
En el Palacio de Carvajal, que cuenta con elementos góticos
y renacentistas, sobresale su fachada principal de sillería
granítica, destacando la portada en arco de medio punto con
grandes dovelas, el escudo de Carvajal encuadrado en un alfiz y
un balcón de esquina en arco apuntado. Su torre redonda realizada
en sillarejos -data del siglo XII- tiene pequeñas ventanas
y alguna aspillera. En su interior hay una capilla con interesantes
frescos y actualmente alberga el Patronato de Turismo y Artesanía
de Cáceres.
La parte más antigua del Palacio Episcopal data del siglo
XIII y la más moderna, del XVII. La fachada principal es
renacentista, con puerta en arco de medio punto con doble adorno
de sillares almohadillados. A ambos lados de la puerta se pueden
observar dos medallones con figuras, todo ello enmarcado por columnas
toscanas. En la parte más alta de la fachada está
el escudo de Galarza, y junto a su parte trasera se encuentra el
Palacio de ToledoMoctezuma, obra renacentista del XVI. Su fachada
está dividida en dos cuerpos. El inferior es de mampostería
y sillería destacando una portada adintelada con un escudo.
La parte superior tiene una galería de ven tanas en arco
escarzano que recorre todo el edificio. Destaca su singular torre
cuadrada terminada en cúpula y rematada por otra más
pequeña. El palacio debe su nombre al matrimonio formado
por Juan Cano de Saavedra e Isabel de Moctezuma, hija del rey Moctezuma
II Un nieto suyo, Juan Toledo Moctezuma, se casó con Mariana
de Carvajal y Toledo y ordenaron reedificar la residencia en el
siglo XVI, que actualmente es la sede del Archivo Histórico
Provincial de Cáceres.
En la Plaza de Santa María también se encuentra el
Palacio de Mayoralgo, con fachada de elementos góticos y
renacentistas de 1537. La portada se abre en arco de medio punto
con largas dovelas y dos ventanas geminadas con mainel de mármol
que flanquean el escudo principal de estilo renacentista.
El Palacio de los Golfines de Abajo presenta elementos típicos
de la casa-fortaleza gótica y decoración plateresca
en su crestería. En la fachada principal la puerta se abre
en arco de medio punto y largas dovelas con escudos a ambos lados.
Sobre la puerta hay dos ventanas, una con reja y otra gemela de
arco de medio punto y mainel de mármol con capitel jónico.
Sobre él se encuentra el escudo de los Reyes Católicos
y por debajo de la ventana el de los Golfines sujetado por dos ángeles
y un láureo con la inscripción "Fer de Fer",
todo ello cobijado por un alfiz trilobulado. En el edificio destacan
dos torres, una muy alta a la derecha de la fachada con matacanes
y grandes ventanas en arco rebajado en los dos lados y otra en medio.
Entre la plaza de Santa María y la de San Mateo está
la de San Jorge dedicada al patrón de la ciudad. En ella
se levantaron durante el siglo XVIII la Iglesia de San Francisco
Javier y el Convento de la Compañía de jesús,
ambos de estilo barroco. El templo cristiano presenta una elevada
fachada con dos cuerpos de columnas; en el inferior, la puerta en
arco de medio punto y en el superior, una hornacina con la imagen
de San Francisco Javier. Se flanquea con dos grandes torres cuadradas
con remate piramidal. Formando ángulo con el templo se eleva
el Convento de los Jesuitas, cuya fachada es similar a la de la
iglesia y aparece rematada con el escudo en mármol de Carlos
III.
En la parte alta de la ciudad se encuentra el segundo centro neurálgico:
la Plaza de San Mateo, en la que se ubica la iglesia M mismo nombre
edificada sobre restos de la antigua mezquita árabe. Su construcción
comenzó en la segunda mitad de] siglo XV, continuándose
durante el XVI y recibiendo distintos añadidos hasta el XVIII.
El Palacio de las Cigüeñas es el único al que
se permitió conservar la torre completa sin que sufriera
el desmochamiento ordenado por la reina Isabel la Católica.
El Palacio de las Veletas fue construido en el siglo XVI. Aún
cuenta en su interior con un espléndido aljibe de los siglos
XI y XII, formado por cinco naves separadas por columnas monolíticas
reaprovechadas y unidas entre sí por arcos de herradura sobre
los que se sustentan las bóvedas de cañón.
El aljibe todavía hoy sigue recogiendo el agua de lluvia
que le llega a través de un bello patio renacentista. Alberga,
actualmente, el Museo Arqueológico Provincial, que está
unido mediante un jardín a ¡a Casa de los Caballos,
donde se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo.
El Convento de San Pablo, de estilo gótico, tiene en su fachada
una portada en arco apuntalado por arquivoltas y está rematada
por una bella espadaña del siglo XVIII con dos campanas,
adornos de volutas y medallón con inscripción. Además,
está coronada con una cruz de piedra.
La Casa del Sol es una casa-fortaleza del XV de estilo gótico
reformada en el XVI. Destacan en su fachada principal el escudo
de los Solís y un matacán semicircular con aspilleras
en forma de cruz.
La Torre y Casa de los Sande son obras góticas del siglo
XIV reformadas en el XVI. Sobresale la torre con su enorme matacán
en esquina sujeto por nueve grandes ménsulas. Fue desmochada,
aunque sólo debió de quitarse el almenaje porque todavía
conserva la bóveda de crucería que cerraba la cámara
superior. El Palacio de los Golfines de Arriba fue construido en
el XV como casa fuerte con torres en las esquinas -aún existen
tres-, en torno a una mayor en el centro del palacio llamada Torre
del Homenaje.
Pero en la ciudad no sólo habitaban este tipo de familias
nobles; diversas minorías dejaron también su propia
huella. Ejemplo de ello es el barrio judío o las muestras
que los mudéjares dejaron a su paso por la ciudad. La Casa
Mudéjar, del siglo XIV, tiene una fachada que consta de dos
partes: la inferior es de mampostería y la superior de ladrillo,
donde destaca la ventana gemela de arcos de herradura apuntada.
Ya en el siglo XVIII se edificaron las últimas construcciones
que forman parte del patrimonio histórico-artístico
de Cáceres. Entre ellas cabe señalar la remodelación
del Arco de la Estrella por Manuel de Larra Churriguera sobre una
construcción del siglo XV. Está considerado como la
puerta más importante de la Ciudad Monumental, ya que fue
el lugar elegido por la reina Isabel la Católica para jurar
los fueros y privilegios en 1477.
En la ciudad extramuros se erigen una serie de palacios e iglesias
de diferentes épocas. Destacan la Iglesia de Santiago de
estilo románico y gótico con retablo de Berruguete
y el Palacio de Godoy -renacentista- ordenado construir por Francisco
de Godoy a su regreso de América -destaca su balcón
de esquina-.
También sobresalen la Iglesia de San Juan, el Palacio de
los Duques de Abrantes, el de la Isla, el Convento de Santa Clara
y el Complejo Cultural de San Francisco. Este último se levanta
sobre un antiguo monasterio franciscano de estilo gótico
tardío.
Finalmente, dominando la ciudad, se encuentra el Santuario de Nuestra
Señora de la Montaña, declarada patrona de la Villa
en 1668.
Alrededor monumental. En los alrededores de la ciudad de
Cáceres se erigen una serie de construcciones de indudable
valor histórico-artístico. El Campamento de Cáceres
Viejo es uno de ellos. La fortificación, ubicada en las proximidades
de la capital -en la carretera de Torrejón el Rubiofue promovida
por Quinto Caecilio Metello en el año 79 a. C. como reducto
o fuerte de seguridad para el almacenamiento de materiales de guerra
y guarnición de los romanos.
El Castillo de las Arguijuelas de Abajo surge como casa-fuerte a
finales del siglo XV. Durante la primera mitad del XVI fue dotado
de sus recursos torreados, matacanes, garitas, troneras y saeteras,
al mismo tiempo que se mejoraron y ampliaron las dependencias residenciales,
construyéndose un patio interior con galerías porticadas
al gusto de los palacios urbanos. Éste tiene en uno de sus
lados una galería algo arcaica, de tradición gótica,
mientras que las otras dos muestran la elegancia y los detalles
constructivos y escultóricos del renacimiento.
El Castillo de las Arguijuelas de Arriba se alza en las inmediaciones
de la anterior fortaleza. Sus estructuras y configuración
originarias son similares. Todos los muros están almenados
con una disposición en voladizo sobre canecil los, realzándose
aún más su silueta y aspecto castrense con las torres
que se disponen en las esquinas, tres de ellas redondas y una prismática.
A unos metros M edificio se encuentra la capilla, una construcción
discreta con un atractivo pórtico elevado sobre columnas
y capiteles finamente labrados. A finales del siglo XIX se instaló
un retablo pintado por Luis de Morales a mediados del XVI.
El Castillo de las Seguras, erigido a escasa distancia del río
Salor, fue restaurado a principios del siglo XX aprovechando la
antigua casa fuerte. Lo auténticamente primitivo es la torre
medieval del XV, a la que se fueron añadiendo otras construcciones
a lo largo del XVI, configurándose una fortaleza propiedad
de la familia cacereña de los Ovando.
La Torre de los Mogollones, situada en tierras del Salor, es una
de las edificaciones que mejor se conservan, por su carácter
fortificado. Se trata de una torre monumental fianqueada por un
pequeno recinto bastante alterado en el que se han incluido instalaciones
pecuarias modernas. Su carácter defensivo sigue evidenciándose
a través de su constitución compacta y monumental,
así como por las aspilleras, matacanes y almenas. El paraje
en el que está enclavada tuvo una notable vitalidad, dada
la concentración de grandes casas situadas en la zona que
funcionaban como cortijos y en las que residían personas
empleadas en las tareas del campo y de la ganadería. Prueba
de ello es la existencia de varias ermitas en los alrededores, como
la de San Jorge, que antiguamente se llamaba del Salvador y que
ahora se halla medio derruida al lado de la torre. En ella se puede
ver un interesante programa pictórico ejecutado por Juan
de Ribera, un fresquista local de mediados del siglo XVI que
firma la obra en 1565.
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