Nº 425
agosto 2000

El ministro de Defensa rompe la política de su antecesor

Los nuevos militares de Trillo

Entró casi de rebote –estaba destinado a Justicia– en el Ministerio de Defensa. Pero Federico Trillo ha asumido su nueva cartera con mano firme, decidido a darle un giro radical a la política ejercida por su antecesor, Eduardo Serra, con quien ya ha marcado distancias en temas como el Cesid o la política de nombramientos. La adscripción al Opus Dei del ministro, sus orígenes militares ligados a la Armada y la búsqueda de lealtades personales van a ser los factores clave a la hora de definir el perfil de los nuevos militares de Trillo. Una tendencia que ya ha empezado a materializarse con su decisión de paralizar los nombramientos previstos por Serra en la Junta de Jefes de Estado Mayor.

Catherine Mordos

Soy uno de vosotros. Mis horizontes son vuestros horizontes. Mis valores son vuestros valores. Mis anhelos son vuestros anhelos”. Lo dejó muy claro desde un principio Federico Trillo, al tomar posesión de su cargo como nuevo ministro de Defensa en el segundo Gabinete del Presidente José María Aznar. A pesar de haber llegado al cargo gracias a su dedicación a la política, Trillo quiso convertir su aterrizaje en Defensa casi como una “vuelta a casa”, un reencuentro entre compañeros que hablan el mismo idioma. De esta forma, Trillo, por encima de las alabanzas oficiales de rigor, empezaba a marcar muy claras distancias respecto a su antecesor, Eduardo Serra, quien había ejercido una gestión, en opinión de muchos militares, demasiado “empresarial”, más pendiente de las presiones de los lobbys internacionales de la industria de defensa que del estado de ánimo de los militares.

Este aviso a navegantes por parte de Trillo no pasó inadvertido en el estamento militar, hasta el punto de que su aterrizaje en Defensa ha sido acogido por los militares con enorme expectación. Una curiosidad que, pasados tres meses desde su toma de posesión, aún no ha sido satisfecha, en la medida en que el ministro ha sido hasta ahora extremadamente cauto a la hora de desvelar sus planes, sobre todo en lo que se refiere a su futura política de nombramientos. Fuentes cercanas al ministro explican que este retraso, en buena medida, se debe a que Trillo esperaba, tal y como apuntaban todos los rumores, asumir la cartera de Justicia, y que su nombramiento en Defensa fue una sorpresa, incluso para él. Por ello, a la hora de asumir su nueva responsabilidad no tenía prácticamente ninguna idea concreta esbozada de antemano.

Esta circunstancia ha pesado sin duda en el ánimo de gran parte del estamento militar, en la medida en que, según apuntan varias fuentes solventes, el habitual periodo de 100 días de gracia –por otra parte a punto de ser superado– ha sido ampliado a un año. Ese es el plazo que se marcan los militares para confirmar por dónde “respira”, en lo que a estrategias se refiere, su nuevo ministro, ver si responde a las expectativas suscitadas y, sobre todo, cómo lidia con las patatas calientes heredadas de su predecesor.

Por el momento, muy pocos han sido los pasos dados hasta ahora. De hecho, se han producido escasos ascensos de importancia –los estrictamente necesarios– en la carrera por iniciativa del nuevo ministro en estos tres meses. Lo único realmente significativo ha sido todo lo contrario a un nombramiento. Se trata de la paralización de los planes trazados en un principio por Serra como consecuencia de la prevista renovación de la cúpula militar.

El actual jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el general del Aire Santiago Valderas Cañestro, un hombre que goza de prestigio en la carrera, es, entre los miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor de la Defensa, el más antiguo ya que lleva cinco años en el destino y ya le corresponde ser sustituido. Este relevo, tradicionalmente, se hace por turnos rotatorios entre Aire, Tierra y Armada, y dado que Valderas es de Aire y su antecesor era de la Armada, corresponde ahora que la jefatura sea asumida por el Ejército de Tierra. Los planes de Serra contemplaban que fuera el general Alfonso Pardo de Santayana, jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME), el que asumiera el cargo. Pardo de Santayana es considerado en medios castrenses como un militar no problemático, cercano a Opus, menos brillante quizás que otros miembros de una familia de larga tradición militar. Su ascenso, que en principio parece razonable, provocaba una vacante en el JEME. Serra tenía previsto, según fuentes cercanas al ministerio, nombrar para este puesto al teniente general Juan García Martínez, actual jefe de la Región Militar Sur, con sede en Sevilla. García Martínez es un nombre que, al contrario de lo que ocurre con Pardo de Santayana, sí suscita ciertas reticencias, debido, por un lado, a sus actividades empresariales, y por otro, a su talante notoriamente conservador. Amigo del presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, y hombre de Eduardo Serra, García Martínez era, según varias fuentes, cercano al PP.

En todo caso, Trillo, al llegar al ministerio, en una de sus primeras decisiones, optó por paralizar este proceso de relevo. De esta forma, el teniente general García Martínez ha entrado, por cuestiones de edad, en la reserva, por lo que ya no puede ocupar el JEME. En cuanto al JEMAD, no se descarta que, finalmente, Trillo pueda optar por Pardo de Santayana, pero ya sin las consecuencias que estaba previsto que tuviera este nombramiento.

Fuentes castrenses apuntan que, en todo caso, el ministro, en su primera reunión con los miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor (JEMAD), celebrada el pasado 21 de julio, aunque ha confirmado, por el momento, la continuidad de los integrantes de la cúpula militar, todo parece indicar que procederá a su relevo de forma progresiva en los próximos meses.

Por el momento, no se conocen nombres concretos de altos mandos militares que puedan considerarse como hombres cercanos al nuevo ministro y que puedan ocupar en el futuro puestos de relevancia en la nueva estructura de Defensa. En todo caso, personas que conocen bien a Trillo aseguran que, dado su talante poco proclive a dejarse guiar, es poco probable que deposite su confianza en uno o dos oficiales, que ejerzan como consejeros áulicos, como han hecho otros titulares de Defensa. Por el contrario, es más que previsible que Trillo opte por valorar él mismo a quién asciende y por qué. No en vano, Trillo conoce razonablemente bien el estamento, ya que ha sido él mismo militar, ha pasado por la Escuela Naval Militar y ha sido miembro del Cuerpo Jurídico Militar.  Procede de una familia de tradición militar y ha crecido en una ciudad que, como Cartagena, también está muy relacionada con este mundo. Sea como fuere, su pertenencia públicamente reconocida al Opus Dei va a pesar sin duda en su futura política de nombramientos. No en vano, el Opus está muy presente en las Fuerzas Armadas, sobre todo en los escalafones más elevados, y sobre todo en el Ejército de Tierra y en la Armada. Por otra parte, y de cara a apuntar el perfil de los militares que busca el nuevo ministro, no hay que olvidar que el ámbito que mejor conoce, por haber pertenecido a él, es la Armada, considerada como el cuerpo que tiene a los hombres mejor preparados y el mejor material. En cuanto al escalafón, sus antiguos compañeros de promoción, es decir, los oficiales que mejor conoce y donde ha conservado relaciones de amistad, tienen en la actualidad el grado de coroneles muchos de ellos.

El resto de los nombramientos efectuados por Trillo en esta primera etapa de su mandato son de carácter estrictamente civil. En este sentido, habría decidido desde un primer momento desmontar, de forma paulatina pero real, el equipo de Defensa implantado por sus antecesores. Entre las novedades que podría introducir Trillo estaría la de nombrar a civiles para la gestión dentro del ministerio, rompiendo una tendencia implantada por Serra de reemplazar a los civiles por militares en altos cargos de la Administración. Esto ocurrió, por ejemplo, en la Dirección General de Armamento, desde hace tiempo ocupada por un civil, y para la cual se designó al general de División Miguel Valverde Gómez, un hombre de Serra y amigo del jefe del Estado Mayor del Aire, Juan Antonio Lombo. Trillo, al contrario de Serra, es partidario de que sea los civiles los que se ocupen de la gestión administrativa en el ministerio, dejando a los militares dedicados a su tarea específica como miembros de las Fuerzas Armadas.

Para empezar, Trillo se ha llevado con él al ministerio a una gran parte del grupo de colaboradores que le secundaron durante su etapa como presidente de las Cortes, incluidas varias secretarias y el equipo de prensa. Una excepción es el nuevo secretario de Estado de la Defensa, Fernando Díez Moreno, cercano al Opus, según algunas fuentes, un hombre procedente del Ministerio de Economía y Hacienda, donde era subsecretario. Díez Moreno sustituye a Pedro Morenés, fichado para el Ministerio del Interior. Es abogado del Estado y ha desarrollado prácticamente toda su carrera en el seno de la Administración, por lo que se le considera como un técnico puro.

Por lo que respecta al subsecretario de Defensa, un puesto de enorme relevancia en este ministerio, ha sido nombrado Víctor Torre de Silva quien, durante la anterior legislatura, había sido director del gabinete de Trillo en el Congreso. Curiosamente, su antecesor en el cargo, Adolfo Menéndez, ha sido fichado por Álvarez Cascos –el hombre que debería haber ocupado, según todas las previsiones, Defensa– para su equipo en el Ministerio de Fomento. Torre de Silva tuvo relación con los temas de Defensa en su etapa en el Consejo de Estado, como letrado, donde se ocupó de estos temas durante dos años. Su autoridad en este nuevo cargo ha quedado de manifiesto en un incidente ocurrido recientemente. Hace unas semanas, al llegar las altas temperaturas, los oficiales adscritos al ministerio optaron por vestir el uniforme de verano por iniciativa propia, como hacían en la anterior etapa. Sin embargo, Torre, según comentan fuentes cercanas, llamó la atención a estos oficiales y les obligó a cambiar de uniforme, recordándoles que en el ministerio el verano no llegaba hasta que no lo ordenaba el subsecretario. Ya en el acto de toma de posesión de Torre de Silva, quien pertenece a la familia López de Letona, Trillo fue claro respecto a las competencias de su colaborador, al señalar que, además de jefe superior de Personal, consideraba a su subsecretario, “a todos los efectos, el jefe de la administración militar”.

Otro de los nombramientos relevantes es el de Jorge Hevia Sierra, nuevo jefe de gabinete del ministro. Hevia había sido, hasta hace unos meses, subdirector general del gabinete de Federico Trillo en la Presidencia del Congreso. Hevia es diplomático y ha estado durante varios años destinado fuera de España, pasando más tarde al Ministerio de Asuntos Exteriores. Hevia sustituye a Pedro Argüelles, considerado como otro hombre cercano a Francisco Álvarez Cascos, quien, aunque manifestó su deseo de permanecer en el cargo, fue finalmente relevado. El ministro de Fomento le nombró hace poco presidente de Aena.

La secretaría general técnica, finalmente, ha sido ocupada en esta nueva etapa por Isabel Revuelta de Rojas. Se trata de otra jurista que goza de la plena confianza de Trillo, letrada de las Cortes desde 1998 que ha trabajado en varios proyectos, como la redacción de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Estos cuatro nuevos altos cargos coinciden en su perfil: se trata de juristas con amplia experiencia en la gestión dentro de la Administración, pero que han tenido muy poca relación directa con el mundo castrense y que son de la absoluta confianza del nuevo ministro.

Sin embargo, la política de nombramientos no va a ser el único escollo con el que se encuentre el ministro. De hecho, ha heredado, de cara a los próximos meses, varias patatas calientes de su predecesor, Eduardo Serra. Entre ellas destacan, por su complejidad, temas como la reforma del Cesid (ver recuadro adjunto), la política de compras de material o el asociacionismo entre los militares. De hecho, ya tuvo que bregar con un embarazoso problema heredado de su antecesor, con el asunto del famoso desfile del Día de las Fuerzas Armadas que estaba previsto se celebrase en Barcelona. Serra, antes de abandonar el cargo, había organizado el desfile sin contar con las autoridades locales y autonómicas, por lo que, después de un tenso enfrentamiento, Trillo tuvo que aceptar que se suspendiese una decisión que, según varias fuentes, ha provocado cierto malestar en el estamento castrense, que ha criticado la falta de decisión del nuevo ministro.   


El cesid enfrenta a Trillo y Serra

Al margen del asunto del desfile del Día de las Fuerzas Armadas, el segundo problema que ha enfrentado a Trillo con su antecesor Eduardo Serra ha sido el de la reforma del Cesid. Con motivo del famoso curso de El Escorial, de la Universidad Complutense, organizado por el propio Cesid, con su director Javier Calderón a la cabeza, llegaron a saltar chispas entre ambos. Trillo, en su primera intervención ante el Congreso como ministro de Defensa, había adelantado sus intenciones de reformar los servicios de inteligencia, separando la parte correspondiente a los servicios de inteligencia militares de la parte civil. Además, anunció que tal reforma se haría de manera consensuada con todos los grupos políticos y que el nuevo director sería un civil.

Este relevo, al parecer, podría producirse coincidiendo con el proceso de reforma, con el fin de que el nuevo director asumiera sus funciones al frente de un organismo ya renovado. Trillo no ha ocultado, en estas últimas semanas, su disgusto hacia el actual responsable de los servicios de inteligencia, Javier Calderón, a quien ha advertido que no debía volver a hacer manifestaciones públicas comprometidas. Sobre todo tras las famosas declaraciones del director del Cesid, en las que Calderón explicaba que el PNV no había sido invitado al seminario de El Escorial porque carecía de sentido de Estado.

Horas después, Serra, invitado a la inauguración del curso organizado por el Cesid, y pagado, según informaciones posteriores, con cargo a los fondos reservados, criticó el proyecto de Trillo, calificando la anunciada división del Cesid como de delito de “lesa patria”. A propuesta del diputado de Coalición Canaria Luis Mardones, quien tampoco fue invitado a este curso, pero que asistió en calidad de alumno, se debatirá este otoño en el Parlamento la creación de una comisión especial que estudie, de forma más transparente, esta futura reforma de los servicios de información.

En todo caso, los problemas relacionados con el Cesid heredados de la anterior etapa del ministerio van más allá de la propia reforma de los servicios. En este sentido, varias fuentes cercanas al nuevo equipo apuntan que probablemente Trillo, un hombre dotado de gran sensibilidad democrática tras su paso por la presidencia del Congreso, será partidario de desactivar la política de ascensos practicada por Serra, y por la cual se promocionaron a puestos claves de las Fuerzas Armadas a personajes del Cesid que tuvieron un papel discutible durante el 23-F. Entre éstos figuran, por ejemplo, Juan Ortuño, jefe del Eurocuerpo; Francisco García Almenta, al mando de la Brigada Acorazada, y Juan Cañadas, responsable de la artillería de campaña.


El decálogo de proyectos del nuevo ministro

En su primera comparecencia ante el Congreso, el nuevo ministro efectuó una enumeración de sus proyectos más importantes, aunque sin comprometerse con fechas para su realización. En todo caso, recalcó que su intención era la de darle un impulso renovador a la gestión en el ministerio.

Entre las propuestas que ha adelantado Trillo, figuran los siguientes puntos:

  • Continuar con el proceso de profesionalización y modernización de las Fuerzas Armadas, la racionalización de las estructuras de defensa y colaboración en materia de industria para la defensa en el marco de la Unión Europea.

  • Mantener la presencia española en las fuerzas multinacionales españolas y tender hacia la transformación del Eurocuerpo en Fuerza de Intervención Rápida.

  • Antes del final del año 2003, España deberá coadyuvar a una fuerza europea para la gestión de crisis, integrada por unos 50.000 o 60.000 hombres con los correspondientes medios materiales.

  • Se renegociarán los convenios de cooperación vigentes con Estados Unidos, basándose en criterios de transparencia y reciprocidad, y dándole más relevancia política a la aportación española.

  • Promulgar una nueva directiva de defensa nacional antes de que finalice este año.

  • Buscar un punto de equilibrio entre reclutamiento, renovación y recolocación del personal militar profesional en la vida civil.

  • Elaborar un plan director de recursos humanos, con la adecuada programación para el acceso del personal militar de todas las escalas y categorías, así como del personal civil, funcionario o laboral.

  • Alcanzar 85.000 efectivos de tropa y marinería profesional a finales de este año, y 102.500 efectivos a finales de 2001.

  • Externalización de los servicios de naturaleza civil que aún en la actualidad se vienen realizando por personal militar.

  • Elaborar un nuevo reglamento de retribuciones que asimile la política general de la Administración para que las mejoras en ese ámbito lleguen al estamento militar.

  • Mantener la cifra de 40.000 efectivos de personal civil, funcionario y laboral, cubriendo puestos que antes desempeñaban tropa y marinería.

  • Potenciar la competitividad de la industria española de defensa, incentivando su desarrollo tecnológico y productivo.

  • Proseguir la modernización material, con sistemas de armas de última generación desarrollados en el marco de la cooperación internacional (Leopard 2E, fragatas F-100, Eurofighter 2000).

  • Reorganización territorial del Ministerio de Defensa y de los tres Ejércitos.

  • Estudiar la concentración de los órganos centrales del Ministerio de Defensa y de los cuarteles generales del Ejército de Tierra, Aire y de la Armada en una misma sede.

  • Reforma del Cesid mediante consenso parlamentario, con eventual dirección por parte de una persona civil y posible disgregación de los servicios militares.

  • El servicio militar obligatorio terminará en 2001.

  • En el segundo trimestre de 2001 entrará en vigor el reglamento para la constitución y funcionamiento de los Consejos Asesores de Personal.
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