Nº 419
19/6/2000

Dirigentes clave para un congreso crucial (VI)

Matilde Fernández: la cara más amable de la tradición guerrista

Esther JAÉN

De todos aquellos que aspiran a liderar el PSOE, Matilde Fernández es la que, sin duda, puede acreditar una mayor antigüedad no sólo en el PSOE sino también en el sindicato UGT. La que fuera dirigente socialista y ministra de Asuntos Sociales ingresó en el PSOE a principios de los años setenta y ya militaba en el partido cuando se celebró el tan traído y llevado congreso de Suresnes, que situó a Felipe González al frente de los socialistas españoles. No estuvo en la primera fila, pero su aportación, más en el sindicato UGT que en el PSOE en aquella época, tenía ya un peso notorio.

Sindicalista por convicción y de todo corazón, Matilde Fernández quiere ahora recuperar las buenas relaciones y la sintonía que antaño tuvieran los socialistas con los sindicatos. Si consigue hacerse con las riendas del partido, promete dejar dos sillas vacías en la futura dirección del PSOE para los secretarios generales de CC 00 y de UGT. No es un farol. Ella, que proviene del sindicalismo, que fue la primera mujer secretaria de una federación, la de Química, en la UGT, ha reclamado, desde hace muchos años, que se recupere el entendimiento entre la cúpula del PSOE y las centrales sindicales.

Nunca ha ocultado su fidelidad a Alfonso Guerra y, en esta última batalla, ha sido capaz incluso de lanzarse al ruedo para defender un pasado del que, como todos los guerristas, no quiere ni tiene por qué renegar.

Defensora de las esencias del socialismo, no aspira a convertirse en candidata a presidenta del Gobierno en el futuro. Su misión, la que apoya todo el colectivo conocido como guerrista más otras personalidades y militantes de base que se le han sumado, es poner orden en el PSOE, intentar aglutinar el mayor número de apoyos posibles a través del diálogo (porque a Matilde no se le puede negar su tolerancia, su capacidad de diálogo y entendimiento y su esfuerzo y dedicación a toda aquella empresa en la que se embarque) y sacar de la profunda crisis en que se encuentra inmerso el PSOE.

Como buena psicóloga, tiene una capacidad innata para escuchar a los demás y para que la sientan una mujer cercana. Frente a esa imagen dura y combativa que presentan los guerristas, Matilde Fernández se aparece como la cara más amable. Sin embargo, tras su cara de niña y su semblante dulce se oculta una dura negociadora y una mujer sólida y defensora de sus principios. Es por ello que, finalmente, quienes se acogen bajo el título de El Proyecto Socialista han decidido colocarla al frente de sus propuestas. Por ello y porque el presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, zanjó la duda que existía entre presentar la candidatura de Matilde Fernández y la de él mismo cuando le espetó, en un almuerzo con el núcleo impulsor de esta plataforma: "Matilde, tú eres mi canclidata".

Matilde Fernández ha aceptado el reto nada fácil que es intentar hacerse con la secretaría general del PSOE desde una plataforma otrora poderosísima pero ahora mismo minoritaria. Ella y sus seguidores saben que el resto de candidatos la temen. .

Aprendiendo a ser socialista

Posiblemente con el ascendente socialista de su abuelo materno, que además de socialista era republicano y masón, y de su abuela materna, una campesina asturiana, cristiana y recta, Matilde Fernández tenía suficiente para demostrar sus convicciones y la tradición socialista de su familia. Pero los incipientes años setenta eran tiempos dificiles para el pensamiento político y mucho más para la militancia.

Teniendo en cuenta que la clandestinidad era la única fórmula válida para militar en un partido político defensor de las libertades y de izquierdas, el PSOE tomaba sus precauciones frente a la afluencia de jóvenes que llamaban a su puerta.

Fue precisamente durante su etapa de estudiante en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid cuando Matilde Fernández entró en contacto con aquellos socialistas que más tarde se convertirían en sus “compañeros" de partido. Rápidamente se interesó por el ingreso en el partido y, por tanto, la militancia clandestina en el PSOE. Para ello tuvo que someterse a esa especie de cursillos teóricos del buen socialista que le impartía el profesor de la Universidad Complutense Luis Gómez Llorente. Precisamente, este teórico del socialismo que fuera miembro de la dirección en aquellos duros años y del cual no dudó Felipe González en prescindir poco después de hacerse con el liderazgo del PSOE, no quiso perderse la presentación en Madrid de la candidatura de Matilde Fernández, el pasado sábado, 26 de mayo, en la sede madrileña de la UGT. Allí estaba Gómez Llorente y allí permanecían intactos sus vínculos a pesar de los años transcurridos.

Lo cierto es que los cursillos de socialismo no acentuaron más las ya marcadísimas tendencias socialistas de Matilde Fernández, pero como militante disciplinada que siempre ha sido y seguirá siendo se sometió a tantas pruebas como fueron precisas.

Ella siempre defendió los valores de la igualdad y la solidaridad; así se lo inculcaron sus padres, los porteros de un edificio de la calle Juan Bravo de Madrid, donde se crió. Y los puso en práctica en cuanto pudo: dedicó buena parte de sus energías a ayudar a los demás, dio clases a colectivos gitanos...

Matilde Fernández, que también compaginó su militancia con su trabajo en unos laboratorios de una importante firma cosmética, tenía muy claro por qué y para qué era socialista. Y así se lo hizo saber a algunos de sus compañeros de trabajo que le preguntaron un buen día por qué se metía en problemas y militaba en un partido como el PSOE. Su respuesta fue gráfica, contundente y al uso: enseñó un tubo de crema facial al preguntante y le dijo: "La fabricación de esta crema cuesta exactamente 78 pesetas y su precio de venta al público son 4.000. ¿Quién se queda con todo ese dinero y por qué no se reparte mejor?”. Para intentar redistribuir la riqueza deforma más solidaria, para evitar las desigualdades, Matilde Fernández entró en política siendo muy joven, con poco más de 20 años y con las mismas aspiraciones ha seguido y sigue defendiendo sus planteamientos hasta hoy.

Sindicalista y socialista de armas tomar

Quienes conocen bien a Matilde Fernández no se han dejado sorprender por su reciente propuesta de incorporar a la futura Ejecutiva socialista las voces de los secretarios generales de UGT y de CC 00. Su referente y su cultura sindical jamás la han abandonado. Y es que Matilde Fernández, antes de ser dirigente del PSOE, lo fue del sindicato UGT. Ella fue la primera mujer que se convirtió en secretaria de una federación, la de la Química, en el sindicato UGT. Fue en el año 1978, cuando pocas eran las mujeres que tenían cargos en las centrales sindicales.

Matilde Fernández tuvo una participación muy activa y directa en la concertación social de principios de los años ochenta y tuvo un gran protagonismo en el primer convenio a nivel nacional que se firmaba en el sector químico.

Por primera vez se suprimieron las ordenanzas laborales, se consiguió reestructurar las categorías por niveles e incluir en el convenio un capítulo de salud laboral. Eran elementos revolucionarios para la época. Y ella tuvo mucho que ver en su consecución.

Fue en su etapa sindical cuando entró en contacto con quien después sería compañero de gabinete, José Luis Corcuera, y fue también a través de su actividad en el sindicato por la que Alfonso Guerra se fijó en ella para ocupar tareas de altura en el Partido Socialista y posteriormente en el Gobierno.

En 1984, en el 30 Congreso Federal del PSOE, Matilde Fernández pasó a formar parte de la Ejecutiva socialista por voluntad expresa del vicesecretario general, Alfonso Guerra.

La misión que ella misma se autoasignó, en contra de la voluntad de su valedor, fue la de que se crease una secretaría específica para tratar los temas de la mujer y promover las políticas de igualdad. Fue Matilde Fernández quien dio los primeros pasos para establecer la cuota del 25% de mujeres en los cargos orgánicos y públicos. Cuota de la que, tras seis años de gobierno socialista sin mujeres, se beneficiarían ella misma y Rosa Conde, nombradas en 1988 ministra de Asuntos Sociales y Portavoz, respectivamente.

Desde el PSOE, Matilde Fernández promovió el establecimiento de esa cuota, que fue el primer paso de los socialistas para incorporar a sus mujeres a la vida política. Sus trabajos empezaron en 1984. Ella promovió la creación de un "Comité de Sabias", se encargó de enviar, una por una, a todas las afiliadas al PSOE, cartas personalizadas para concienciarlas de su situación de desventaja y animarlas a participar en el debate y forzar un cambio en los Estatutos Federales del PSOE.

Su postura en defensa de ¡as cuotas no sólo no era compartida por numerosos dirigentes socialistas, como el propio Alfonso Guerra, también algunas mujeres, como la que fuera ministra Portavoz, Rosa Conde, estaban en contra y así se lo hicieron saber. El debate llegó incluso a enfrentar en un programa de televisión a Rosa Conde y a Matilde Fernández quienes se emplearon a fondo la una en echar por tierra y la otra en defender con uñas y dientes la puesta en marcha de las cuotas. Todo ello lo hizo mientras ayudaba en su secretaría a Francisco Fernández Marugán, quien se ocupaba de los asuntos económicos y por ende de las relaciones del PSOE con las centrales sindicales. Nunca perdió de vista su vertiente sindical.

Los frutos de la campaña que Matilde Fernández inició para potenciar el papel de la mujer en la vida pública allá por 1984 dieron sus frutos seis años después, en 1990. El 32 Congreso Federal del PSOE no sólo aprobó la creación de una cuota de participación forzosa de un 25% de mujeres en los cargos orgánicos e institucionales, sino que creó también una secretaría del área de la mujer, al frente de la cual situó a la también sindicalista y buena amiga de Matilde Fernández, Josefa Pardo. Entonces ella compatibilizaba su cargo en la cúpula socialista con el Ministerio de Asuntos Sociales.

Inventando un ministerio

Aquel caluroso día de julio de 1988, Matilde Fernández se hallaba en un restaurante madrileño, almorzando con el secretario de la Federación de Química del sindicato CC 00. Intentaban desbloquear el convenio colectivo del sector cuando el dueño del restaurante se acercó a Matilde Fernández y le advirtió que tenía una llamada telefónica urgente. Al otro lado del hilo, una voz le advirtió que estaba en comunicación con el Gabinete Telegráfico de Moncloa y que se disponían a pasarle con el presidente del Gobierno.

Felipe Gonzáiez le espetó que iba a ser ministra y que quería verla esa misma tarde en el palacio de la Moncloa. Ella intentó decir que no, que el cargo quizá le vendría grande... Pero se presentó puntualmente a ver a González aquella tarde. Llevaba consigo una lista de nombres de mujeres que ella consideraba muy aptas para el cargo. Pero González no le dio opción. Le explicó su idea: quería crear un ministerio que atendiera a ¡a vez los asuntos de las mujeres, de la infancia, de la tercera edad.... Estaba poniendo bajó sus órdenes el que iba a ser el nuevo Ministerio de Asuntos Sociales. Ella siempre ha creido que quien la propuso para el cargo fue Alfonso Guerra e incluso llegó a preguntárselo en una ocasión. Ante el mutismo de Guerra, no volvió a formular la pregunta nunca más.

Matilde Fernández empezó su andadura como ministra con un gran desconocimiento del boato que comporta ser ministro. Así, se presentó a su primera reunión del Consejo de Ministros con su vieja cartera del sindicato y, cuando le indicaron que tenía que ir con la cartera negra de ministra, pidió que le dijeran dónde podía comprarla. Ese despiste en los formalismos era inversamente proporcional a la claridad de ideas con que llegó a hacerse cargo del cajón de sastre que era ese ministerio de nueva planta. Como ministra, Matilde Fernández escuchó consejos del ex vicepresidente del Gobierno con la UCD, Fernando Abril Martorell, aunque no siempre los siguió, y aceptó el traspaso de un buen número de funcionarios que le cedió su compañero y amigo Manuel Chaves, a la sazón ministro de Trabajo.

Se estrenó en su tarea gubernamental con un decreto que, en su momento, no estuvo exento de polémica: retirar la hegemonía a la Iglesia y dar al ciudadano la posibilidad de escoger si el 0,5% de su IRPF debía ser destinado bien a la Iglesia, bien a otros organismos de carácter social. No menos polémica fue su campaña publicitaria en favor de la utilización de los preservativos, “Póntelo, pónselo". La Iglesia, que no tenía buenas relaciones con aquella ministra que había mermado sus ingresos, criticó con dureza esa iniciativa. Matilde Fernández también tuvo que escuchar no pocos improperios de las filas populares.

La ministra, muy apreciada por sus compañeros de partido, que disfrutaban cuando se subía a la tribuna de oradores en el Parlamento y era capaz de poner en su sitio a la oposición con su verbo ágil, sin insultos pero directo y demoledor para el oponente, creó otros organismos que se han mantenido hasta hoy. El Inserso fue una invención de Matilde Fernández que no sólo contribuyó a hacer las delicias de la tercera edad gracias a unas vacaciones que muchos de los beneficiados jamás habían soñado, sino que ayudó a crear puestos de trabajo en el sector servicios y permitió que el gremio de la hostelería se beneficiara ampliamente de esa iniciativa, en lugar de tener que cerrar sus establecimientos al llegar el otoño como solían hacer anteriormente. También son de su etapa el Injuve o el Instituto de la Mujer. Ella solita se inventó un ministerio, sus organismos y competencias y salió muy bien parada de esa empresa.

Una de las iniciativas que recuerda Matilde Fernández con más cariño de todas las que llegó a poner en marcha fue la creación de las pensiones no contributivas, que hasta su paso por ese ministerio y hasta que ella se empeñó personalmente en sacar adelante no existían en nuestro país.

En la otra cara de la moneda y junto a sus muchos logros, también tuvo que afrontar situaciones complejas y no deseadas, como la lluvia de huevos con que le obsequiaron un grupo de trabajadores de la empresa Sniace, de Torrelavega (Cantabria), como forma de protesta por la política del Gobierno.

Con todo, Matilde Fernández fue una buena ministra y de ella todavía tienen un grato recuerdo muchos de los funcionarios que trabajaron y convivieron con ella.

Ministra guerrista en desgracia

A Matilde Fernández no le sorprendió lo más mínimo su salida del Ministerio de Asuntos Sociales tras las elecciones de 1993. incluso decidió, tras ser llamada a Moncloa, ponérselo fácil a Felipe González y preguntarle directamente por quién pensaba sustituirla. Pese a que sus relaciones personales y políticas estaban muy deterioradas, la ministra cesante se permitió darle un consejo al presidente del Gobierno: si tenía presupuesto para gastar en las políticas de Asuntos Sociales, debía nombrar a una socialista; si no lo tenía, debía decantarse por una jurista. González se decantó por una jurista independiente: Cristina Alberdi, quien, a su llegada al Ministerio de Asuntos Sociales, se ocupó de que no quedase ni rastro de su antecesora. No quedó títere con cabeza del anterior equipo y hasta los ujieres fueron relevados por la ministra entrante, que no quería aprovechar lo que se le había dejado hecho.

Desde el principio, Matilde Fernández, Javier Sáenz de Cosculluela y Virgilio Zapatero fueron considerados los ministros guerristas por excelencia en el Gabinete de González. No es de extrañar que, en 1991, tras la dimisión del vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, los tres se reunieran, desolados, para analizar las consecuencias de esa marcha que auguraban nada halagüeñas. Mientras tanto, otros ministros, como Carlos Solchaga y Claudio Aranzadi, cenaban juntos y, lejos de estar desolados, analizaban el alcance de esa dimisión con mucho más entusiasmo.

En 1990 en medio de las reyertas entre el clan de Chamartín, germen de la renovación y el aparato guerrista del PSOE, surgieron ya algunas voces que pidieron que, del mismo modo que no se había admitido la inclusión de Javier Solana en la Ejecutiva por ser ministro, Matilde Fernández y Enrique Múgica, ministros de Asuntos Sociales y de justicia, respectivamente, debían dejar de serlo. Fueron las primeras escaramuzas que no condujeron más que a la melancolía a sus patrocinadores. Pero Matilde Fernández no necesitaba quien la impulsase en la dirección contraria a Felipe González. Ella sola se encargó de hacerlo cuando, sin importarle las consecuencias, se convirtió en una especie de Pepito Grillo muy incómodo para un Felipe González acostumbrado a escuchar elogios y no voces contrarias a su voluntad, argumentadas con todo lujo de detalles.

Matilde Fernández nunca ocultó ni su lealtad por el número dos del Gobierno ni sus ideas. Al contrario, las defendió con vehemencia en un momento en el que al presidente del Gobierno no se le acostumbraba a llevar la contraria.

En medio de las felicitaciones, los elogios y los parabienes, González se tuvo que acostumbrar a escuchar la vocecilla dulce pero crítica y certera de Matilde Fernández. Ella fue la única que se atrevió a decirle en su cara, siendo ministra y miembro de la dirección del PSOE, en una reunión de la cúpula socialista para analizar con carácter de urgencia la crisis abierta por el estallido del caso Filesa, que su actitud era “cesarista”.

Tampoco tuvo ningún reparo en decir a través de los micrófonos de una emisora de radio que no había punto de comparación entre cómo desempeñaba las labores de vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra y su sucesor, Narcís Serra.

Matilde Fernández fue la primera en decirle a Felipe González que no era capaz de entender su interpretación del "cambio del cambio" que le llevó a ganar las elecciones de 1993. La respuesta de González fue airada: ella ‑le dijo- ­debía ser una de las pocas que, a diferencia de nueve millones y medio de votantes, no se había enterado. Esta última discusión se produjo en el seno de la Ejecutiva socialista, cuando Felipe González propuso a Carlos Solchaga como portavoz parlamentario en contra de los guerristas. Era la primera vez que la dirección socialista se veía obligada a votar a favor o en contra de la propuesta del secretario general, Felipe González. Votaron y Felipe González sacó adelante su propuesta, pero con la oposición de Matilde Fernández, Ramón Rubial, Alfonso Guerra, Elena Flores, Salvador Clotas, Pepa Pardo, José Félix Tezanos, Francisco Fernández Marugán, Abel Caballero, José Acosta, Enrique Múgica, Marisol Domínguez y Txiki Benegas.

Después de todo, no es de extrañar que Matilde Fernández saliese del Gobierno de Felipe González, muy bien valorada, si bien es cierto, pero salió del Ejecutivo. Y la menos sorprendida fue ella misma.

Candidata de El Proyecto Socialista

Tras el batacazo electoral del pasado 12 de marzo de 2000, un grupo de antiguos dirigentes socialistas, en su mayoría relegados por los vientos renovadores que se hicieron con el PSOE en el 34 Congreso Federal, celebrado en 1997, decidieron propiciar una serie de encuentros para analizar el desastre y ver qué se podía hacer. A la primera cita acudieron unos pocos que decidieron convocar nuevas reuniones. La sede de los encuentros era el restaurante madrileño situado en la Casa de Campo Currito, el mismo establecimiento en el que José María Aznar había celebrado días antes su victoria con los periodistas que le siguieron durante la campaña electoral.

Coincidencias al margen, todos los asistentes a la reunión, en su mayoría pertenecientes al sector guerrista, concluyeron por primera vez en que había que dar un paso al frente.

Por responsabilidad, alegando su excesiva preocupación por el partido o cualquier otra excusa, muchos de los asistentes se habían guardado sus ganas de presentar batalla a la dirección del PSOE que un buen día decidió prescindir de ellos. ¡Cuántas noches en vela, redactando documentos alternativos a los oficiales, no se habrán pasado muchos de los guerristas en la víspera de la celebración de un comité federal para, finalmente, ver toda su tarea en el cubo de la basura "por no dañar la imagen del partido”!

En esta ocasión, los comensales de Currito decidieron que era el momento de actuar, de dar la cara, decir lo que piensan y ¿por qué no?, de presentar una alternativa para llevar las riendas del PSOE.

En la primera reunión no se habló de nombres, aunque todos pensaron que la responsabilidad de tirar del carro correspondería bien al presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, bien a Matilde Fernández.

En el segundo encuentro, ante unos 150 comensales, fue el propio Rodriguez Ibarra el que, con la claridad y la contundencia que le caracterizan, dijo que no pensaba ser él. Alto y claro, el presidente extremeño dijo: "Mi candidata eres tú, Matilde" y, pese a las protestas de José Luis Corcuera, quien veía mejor candidato en Rodríguez Ibarra, aunque apoyará hasta el final a la ex ministra, quedó claro que la candidata de este colectivo es Matilde Fernández. Todos ellos la arropan y la animan. Lo demás es todo muy artesanal. Apenas tienen ayudas. Pagan a escote comidas, desplazamientos y todo tipo de gastos. Han abierto una suscripción voluntaria y en función de las posibilidades de cada quien a fin de recaudar un fondo que permita sufragar la campaña en toda regla que está haciendo Matilde Fernández por toda España.

 


Nombre: Matilde Fernández Sanz

Edad: 50 años

Profesión: Psicóloga

Estado civil: Soltera

 

Fechas clave:

19 72 Se licencia en Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, donde entra en contacto con el entorno socialista en la clandestinidad.

1973 Ingresa en el PSOE.

1974 Ingresa en la UGT.

1976 Elegida la primera mujer secretaria de una federación del sindicato UGT. Secretaria de la Federación de Química hasta 1988.

1984 Es elegida miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE y se ocupa de los temas relativos a la mujer al tiempo que impulsa la aprobación de cuotas para promover la incorporación de la mujer a la vida pública y la creación de una secretaria permanente de la mujer en la dirección socialista.

1986 Elegida vicepresidenta de la Internacional Socialista de Mujeres.

1988 Nombrada ministra de Asuntos Sociales en el Gobierno de Felipe González.

1988 Reelegida miembro de la Ejecutiva socialista.

1989 Elegida diputada por la circunscripción de Cantabria.

1990 Vuelve a ser elegida miembro de la Ejecutiva socialista en el 32 Congreso Federal del PSOE.

1993 Revalida su escaño por la circunscripción de Cantabria.

1993 Abandona el Gobierno tras las elecciones y es sustituida por Cristina Alberdi.

1994 Es reelegida secretaria ejecutiva del PSOE en el 33 Congreso Federal del PSOE.

1995 Se convierte en miembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa.

1996 Revalida su escaño en el Congreso de los Diputados.

1999 Se presenta en la lista municipal del PSOE en Madrid, tras Fernando Morán y Cristina Narbona, y se convierte en concejala del Ayuntamiento, cargo que desempeña en la actualidad.

 

 


Muy personal

¿Cuales son sus aficiones?
Pasear por el campo y charlar con gente de la que se aprende

¿Practica algún deporte? ¿Con qué frecuencia?
No.

¿Cuál es su libro preferido? ¿Cuántas veces lo ha leido?
Muchos. Estoy haciendo una lista de los 100 mejores libros que he leído.

¿Cuál es el último que ha leído?
El último encuentro
, de Sandor Maral. Se lo recomiendo. Es una excelente historia sobre la amistad.

¿Prefiere la literatura de ficción o basada en la realidad?  
La buena literatura, sea de ficción (Orwell o Huxley) o sea realista (Galdós o Clarín).

¿Ir al cine o verlo en casa en zapatillas?  
Las dos versiones.

¿Su película favorita?  
Memorias de África.

¿Cuál es la que más le ha marcado?
Novecento.

¿Y la última que ha visto? ¿Dónde?
Todo sobre mi madre
, de Pedro Almodóvar.

¿Nouvelle cuisine o guisos tradicionales?
Guisos tradicionales.

¿Sabe cocinar?  
Sí.

¿Con qué plato deleita a sus invitados?
Con platos caseros de cuchara: fabada, cocido...

¿Por qué plato pierde el sentido?  
Por una mezcla de verduras a la plancha.

¿Vacaciones en el mar o en la montaña?
En el norte de España, donde se convive con el mar y la montaña.

¿En familia o con amigos?
Unos días en familia y otros con amigos.

¿Vacaciones de relax o culturales?
De descanso.

¿Cuál es el político que más admira?
Olof Palme.

¿Y el que más le ha sorprendido?
Nelson Mandela.

¿A qué políticos hay que temer?
A los cínicos.

¿Cuál es su principal acierto en política?
Ser cercana, gustarme la gente.

¿Y su mayor error?
Pasar de los medios de comunicación.

 

Ideario y propuestas de El Proyecto Socialista

El ideario que promueve Matilde Fernández tiene tres grandes líneas de actuación: convertir al PSOE en un partido más habitable y ‑tolerante, hacerlo al tiempo más abierto y cercano a los ciudadanos y, por último, presentar a esa ciudadanía un nuevo proyecto, acorde con los nuevos retos que se nos plantean.

Esas ideas se recogen y se especifican en el manifiesto de 37 páginas que quienes suscriben El Proyecto Socialista han incluido en su página web, en Internet (www.elproyectosocialista. com). En él hacen un exhaustivo análisis de las causas de la derrota del PSOE en las pasadas elecciones, muy critico para con la última dirección del partido, en el que denuncian subordinación del partido, concentración de poder, el efecto nocivo que producen las baronías y los barones que ejercen presión al PSOE a través de su poder territorial y, por supuesto, el fracaso de la renovación, entre otras cosas.

Entre sus ideas-fuerza proponen la creación de empleo estable y el fin de la precariedad laboral y la redistribución de la riqueza con una importante recuperación del gasto social, disminuido en cerca de dos billones de pesetas en los últimos cuatro años.

Pero, al margen de las ideas que hayan presentado y recogido formalmente en sus documentos, Matilde Fernández, como abanderada de ese equipo, no cesa de hacer propuestas en sus múltiples actos con militantes y en diversas agrupaciones. Fue en uno de esos actos cuando propuso dejar dos sillas vacías para los dirigentes de los sindicatos. También fue en el transcurso de su campaña para hacerse con la secretaría general del PSOE cuando anunció su intención de aumentar la afiliación de su partido hasta un millón de personas, de los cerca de 400,000 que tiene en la actualidad.

Son ideas que, por ahora, aspiran a poner en marcha, si es que consiguen ganar el próximo congreso federal. No parece lo más probable hoy por hoy, aunque, a buen seguro, tendrán un papel muy destacado y serán algunas de las figuras clave de ese congreso al que acudirán, por primera vez desde que son minoría  organizados en un movimiento alternativo.

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