Nº 418
12/6/2000

Dirigentes clave para un congreso crucial (V)

Rosa Díez, la incombustible aspirante

Esther JAÉN

A sus 48 años y con 23 de militancia socialista a sus espaldas, Rosa Diez pasa por ser una de las caras nuevas del relevo generacional del PSOE. Cierto es que Rosa Diez era una práctica desconocida para el conjunto de la sociedad española hace tan sólo cuatro o cinco años. Entonces era la consejera de Comercio, Consumo y Turismo del Gobierno vasco y en Euskadi tenía su público y gozaba de un cierto grado de conocimiento. Pero no así en el resto de España.

En poco tiempo y tras haberse postulado para lo que fuese menester cuando corrían malos tiempos para el PSOE, Rosa Diez se ha convertido en uno de los referentes de la mujer socialista. Y eso, cómo no, le ha granjeado amistades y adhesiones, pero también no pocas enemistades con algunas de las mujeres del PSOE. Mujeres del ámbito parlamentario, algunas de ellas fueron miembros de anteriores Gobiernos socialistas, no quieren oír hablar de Rosa Díez y así se lo hicieron saber en su día a Joaquín Almunia, cuando era secretario general de un PSOE que buscaba candidato tras la inoportuna baja causada por José Borrell. A Almunia se le ocurrió comentar en un acto político que le gustaría que la futura presidenta del Gobierno fuese una mujer, lo que las detractoras de Rosa Díez y muchas otras personas presentes interpretaron como que estaba señalando a la audaz vasca. Por si las moscas, le hicieron saber a Almunia que si Rosa Diez era la candidata del PSOE, ellas estaban dispuestas incluso a abandonar su carné. Argumentos de peso para hacerlo no dieron, aunque su vehemencia era mucha.

En los dos últimos años, Rosa Díez ha optado a todo lo que se ha puesto a su alcance. Desde luego, valentía y decisión no le faltan a esta mujer que, no obstante, no ha tenido demasiada suerte hasta la fecha en sus empresas. En 1998, Rosa Díez se disputaba mediante elecciones primarias con el secretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo, la candidatura del PSOE a lehendakarí. Aunque por poco, perdió esas primarias. Después fue lanzada como candidata del PSOE a encabezar la lista europea frente a Loyola de Palacio por el presidente de la junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Una vez mas se lanzó al ruedo sin pestañear. Y aunque hizo un papel digno, tampoco en esta ocasión logró vencer a la candidata del PP.

Presta a apuntarse a un bombardeo si fuera menester, Rosa Diez se ha lanzado en esta ocasión a la conquista, nada más y nada menos, que de la secretaría general del PSOE. La tarea es tanto o más difícil que las anteriores, pero Rosa Diez la afronta, como es habitual en ella, con la mejor de sus sonrisas y yendo a por todas. Se dirige a las bases, quiere sacar al partido de la crisis desde abajo, conseguir los votos que la conviertan en la primera mujer que ha liderado el PSOE entre los militantes de a pie. Y para ello no escatima esfuerzos, energías y largos trayectos de agrupación en agrupación. Fue la primera en lanzarse a la carrera por la secretaría general y, aunque sabe que lucha contra los gigantes que representan los poderes territoriales, y que ellos pueden acabar aupando a José Bono, va como una moto para intentar hacerse con su objetivo.

Vasca por obligación y socialista de corazón

Dice cuando le preguntan que, por encima de todo, es vasca. Pero Rosa Díez nació en Euskadi como una de tantas víctimas de la represión franquista. Su padre, procedente de Mataporquera (Cantabria), fue a dar con sus huesos en la cárcel de Larrinaga (Vizcaya). Sobre él pesaban tres condenas a muerte. Su pecado fue, como tantos otros, ser rojo. Preso político y condenado a muerte, primero fue a parar a un campo de concentración en Cantabria. Poco después fue trasladado a la prisión de Larrinaga. La madre de Rosa Diez, resignada, le siguió allá donde estuvo encerrado.

Tras seis años de prisión, el padre de Rosa Diez fue puesto en libertad. No cumplió, afortunadamente, las condenas que pesaban sobre él, pero estuvo buena parte de su vida condenado a esconder su ideología política y resignarse a transmitirla a sus tres hijos 'en voz baja". A Rosa, la única chica, entre ellos. los padres de Rosa Díez decidieron seguir su vida en Euskadi y así nació la única hija, la menor de los tres hermanos, Rosa Díez, en Sodupe, un pueblo de Vizcaya.

Hija, pues, de un obrero de la metalurgia y de una costurera, Rosa Diez creció en el País Vasco que tanto ama. Recibió, por un lado, la educación que le dieron en el colegio de monjas donde estudió y donde siempre destacó por sus buenas notas y porque sus padres eran "de los que no iban a misa'. Por el otro, su padre y su madre, socialistas ambos, le enseñaron los valores de la democracia, inexistente entonces en España, de la solidaridad y de la igualdad. Por sí misma descubrió que la libertad era algo muy distinto a lo que habían vivido sus padres, algo que tenía que ser todo lo contrario a las escenas que se vivían en su casa, cuando alguna huelga o disturbio en el País Vasco acababa, como siempre, con una pareja de guardia civiles que aparecían en el domicilio de la familia Díez‑González para detener a su padre,

Aunque socialista de corazón, Rosa Díez no se afilió al PSOE y al sindicato UGT hasta el año 1977. Antes de hacerlo le dio tiempo de conocer en una verbena popular a un músico llamado Iñaki Fernández Ochoa, con el que se casó años después y sigue estándolo 26 años después.

Consejera "a lo Emma Bonino”

Comenzó su andadura con más implicación en el sindicato UGT que en el PSOE y así llegó a ostentar la Secretaria Confederal de Administración Local del sindicato. Desde allí, desde su trabajo sindical entró en contacto con hombres como José Luis Marcos Merino, a la postre dirigente del PSOE y otros tantos que acabaron fichándola para la Secretaría de Participación Ciudadana y más tarde la de Política institucional del PSE­P-SOE.

Rosa Diez compaginó sus cargos orgánicos con otros institucionales, en la Diputación Foral de Vizcaya o el en Parlamento vasco, como diputada, aunque anteriormente hubiese sido simplemente una funcionaria, la secretaria del grupo socialista, Precisamente esos orígenes humildes, como funcionaria, sin una carrera universitaria en su currículum, fueron utilizados por Loyola de Palacio cuando se convirtió en su rival durante la campaña electoral de 1999 al Parlamento Europeo. Loyola de Palacio sacó a relucir el dato e intentó usarlo en contra de Rosa Diez, pero se volvió en su contra. Los orígenes y el trabajo desde abajo no son algo de lo que se avergüence Rosa Diez. Más bien al contrario, sacó pecho y dejó descolocada a su oponente.

Ciertamente Rosa Díez nunca alcanzó relevancia en el PSOE y trabajó desde la segunda fila, en la sombra en el partido y el sindicato hasta convertirse en la consejera de Comercio, Consumo y Turismo del Gobierno vasco. Fue Ramón Jáuregui, el entonces secretario general de los socialistas vascos, quien propuso su nombramiento. Y, en aquella época, lo cierto es que la consejería que le tocó en suerte no formaba parte precisamente del nervio central del Ejecutivo vasco.

Hay quienes la comparan en ese sentido con la italiana Emma Bonino. Al igual que la comisaria Bonino se encontró con pocas competencias y poco presupuesto y consiguió que su departamento fuese el que más partido sacó a sus tareas, el que más relumbrón tuvo durante mucho tiempo, Rosa Diez se encontró con una consejería cuya definición tenía muchas letras y apartados pero poca consistencia en la práctica.

En poco tiempo, la consejera infatigable convirtió su negociado en el mejor motor y a sí misma en el perfecto embajador que puede haber tenido el Gobierno vasco hasta la fecha. Viajó por todos los continentes vendiendo las magnificencias del País Vasco, fletó aviones de empresarios vascos para entablar relaciones comerciales con los países más insospechados. Pero, sobre todo, se la recuerda por haber puesto en marcha la campaña publicitaria más acertada en materia de turismo que haya tenido Euskadi. Optó por algo sencillo, un eslogan que llegó a mucha gente y que no estuvo exento de polémica por otros motivos: "Pais Vasco: ven y cuéntalo”. Poco después lo utilizaría un humorista para hacer humor negro sobre un atentado de ETA. La respuesta de la consejera fue una querella al dibujante.

Fue durante sus años en el Gobierno vasco cuando Rosa Díez empezó a cobrar protagonismo dentro del PSOE. No precisamente entre un grupo de mujeres socialistas que nunca la vieron con buenos ojos y siguen sin verla ahora, pero sí caló su empuje, su capacidad de trabajo y sus muchas ganas en el mismísimo Felipe González. Fue González quien escribió su nombre en una lista de ejecutivos del PSOE que él vería con buenos ojos, en el 33 Congreso del PSOE, en 1994.

Finalmente, Rosa Diez no salió elegida, pero sí consiguió que todo el mundo supiera quién era “Ia consejera".

Contra ETA hasta la deformación profesional

Pese a definirse como una mujer extremadamente sensible, su aspecto más duro lo ha mostrado siempre en la lucha contra la banda terrorista ETA. Hacia Rosa Diez dirigieron los terroristas su punto de mira en 1997. Fue ese año cuando la banda terrorista le envió un paquete-bomba a su domicilio, en Sodupe.

El paquete‑bomba no llegó a estallar porque, afortunadamente, había un fallo en el mecanismo de activación. Lo había recogido su marido, Iñaki. El paquete procedía de Llodio y era nada más y nada menos que una bomba camuflada en un anuario de deportes.

Rosa Diez tuvo que llevar escolta desde mucho antes de producirse este intento de atentado. No sólo como elemento de distinción por su cargo de consejera, sino, como repite ella, "por ser vasca y no ser nacionalista`. No sólo no es nacionalista sino que, inmediatamente después de salir del Gobierno vasco, tras la ruptura del PSE con el PNV, se convirtió y sigue Siendo uno de los martillos pilones del nacionalismo y, en concreto, del PNV.

Una de las personas que más rechazo genera en el PNV es Rosa Diez y los correligionarios de Xabier Arzalluz no lo ocultan. De hecho, el propio Arzalluz la llegó a bautizar como 1a fregona de Almunia". De trabajar codo con codo con el PNV en el Gobierno vasco, Rosa Diez ha pasado a ser una de sus bestias negras.

Rosa Diez no desperdicia la ocasión de atacar a los terroristas, denunciar su sinrazón y defender la paz, pero tampoco, en estos últimos tiempos, le ha hecho ascos a sacarle los colores a los nacionalistas vascos. Denuncia los intentos de los firmantes del Pacto de Estella de romper las reglas del juego democrático siempre que puede. Lo hace con ese tono de voz grave y esa vehemencia que le caracterizan.

Tal es su necesidad de denunciar la barbarie etarra y los errores del nacionalismo vasco que hasta los corresponsales españoles en el Parlamento Europeo se lamentan de que sea materialmente imposible asistir a una rueda de prensa de la jefa de filas de los socialistas españoles en el Parlamento Europeo sin que acabe hablando única y exclusivamente de terrorismo y pacificación en el País Vasco.

Pese a que ahora pasa mucho tiempo en Bruselas, su día a día sigue estando en Euskadi, la escolta que se ve obligada a llevar (y sólo ha prescindido de ella durante la tregua de ETA, por decisión del consejero de Interior del Gobierno vasco) le recuerda a cada instante que no es libre, que vive bajo amenazas; pero que son muchos sus conciudadanos que no se sienten libres debido a la situación en Euskadi. Eso es contra lo que lucha, por encima de todo y lo que ha llegado a convertirse en casi una obsesión para ella.

Candidata de emergencia: el trampolin hacia la política nacional

Siendo todavía poco conocida a nivel nacional y tras haber disputado y perdido las elecciones primarias frente a Nicolás Redondo, Rosa Diez, culo de mal asiento, inició otra empresa, que volvió a acabar en fracaso, pero que le dio una gran relevancia e hizo crecer como la espuma su popularidad. Rosa Diez se convirtió en 1998 en la principal promotora de la candidatura de Joaquín Almunia en las elecciones primarias frente a José Borrell. Se comprometió hasta el tuétano con Almunia y su candidatura, hizo actos públicos con él, recorrió agrupaciones y utilizó su gran capacidad de seducción mediática en favor del secretario general que aspiraba a ser también el candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno. Pero las bases socialistas dijeron que no, que preferían a José Borrell. Sin embargo, eso sirvió a la ex consejera del Gobierno vasco para proyectar su imagen en el partido, en los distintos territorios que visitó y recorrió infatigablemente.

Fue en ese momento cuando el presidente de la junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, reparó en la capacidad de comunicación y la nueva imagen que suponía Rosa Diez para el PSOE. Aunque no coincidia con ella en sus preferencias sobre el candidato Almunia, Rodríguez Ibarra retuvo el dato e incluso lo comentó con algunos de sus allegados.

En 1999, cuando el que había sido cabeza de lista en las últimas elecciones al Parlamento Europeo, Fernando Morán, decidió que lo suyo era la politica municipal, se présentó a unas primarias y las ganó, los socialistas tuvieron que echar mano de alguien a quien presentar.

Como suele ocurrir en el PSOE, el primer nombre que comenzó a circular fue el de Felipe González. El ex presidente del Gobierno se dejó querer, se dejó rogar especialmente por el candidato Borrell, dejó que se inflara el globo para pincharlo convenientemente cuando le pareció más oportuno, aprovechando su paso por unas jornadas de reflexión socialista en Castilla y León.

Como siempre ocurre en la organización socialista, el mero hecho de que el nombre de Felipe González se hubiese puesto en circulación generó un entusiasmo desmedido entre sus fieles que

cayeron, poco después, en la más absoluta depresión. González ya no seria candidato y, además, al haber circulado su nombre, el listón y las expectativas estaban muy altas. Tras este episodio empezaron a correr nombres de boca en boca. ¿Manuel Marín? ¿Pedro Solbes? 0 no estaban disponibles o no acababan de cuajar como candidatos. Fue entonces cuando un buen día, sin encomendarse a Dios ni al diablo, Juan Carlos Rodríguez ¡barra lanzó durante el transcurso de una entrevista en una cadena radiofónica el nombre de `su candidata", la que a él le parecía la más idónea: Rosa Diez. El de Rodríguez Ibarra fue todo un acierto. La única persona que consiguió trasladar entusiasmo, garra y empuje a una depresiva organización socialista que no hacía más que ver publicadas encuestas portadoras de malos augurios fue Rosa Díez.

Quizá Rodríguez Ibarra estuvo menos acertado en el método empleado. Y es que ni siquiera tuvo el detalle de avisar a la interesada de que se iba a convertir en su padrino y promotor en la citada entrevista. Muy al contrario, después de haber lanzado su nombre, el presidente extremeño llamó por teléfono a Rosa Diez para decirle: "Oye, te acabo de proponer como candidata a las elecciones europeas...".

Rosa Diez no defraudó. Trabajó duro, le echó entusiasmo y horas y no se vino abajo cuando, un par de meses antes de los comicios, el PSOE se quedaba sin candidato a la presidencia M Gobierno porque José BorreH, salpicado por un escándalo que afectaba a dos de sus ex colaboradores en Hacienda y hastiado de la obstrucción, la hostilidad y el juego sucio de la dirección socialista, tiró la toalla.

Rosa Diez no consiguió vencer a su rival, Loyola de Palacio. Pero, honestamente, nadie en el PSOE lo esperaba. Los dos escaños que aumentó el PSOE en la Eurocámara con respecto a las elecciones de 1994 parecieron a todo el mundo un resultado más que digno. Resultado acompañado de notables triunfos en las elecciones municipales que, como si de un espejismo se tratara, hicieron creer a los socialistas que estaban en la senda de la victoria para las próximas generales. Con o sin espejismo, las elecciones municipales, autonómicas y europeas se vivieron en la sede socialista de la calle Ferraz como una victoria, aquella noche electoral, mientras en la sede popular de la calle Génova abundaban las caras largas. Aquella fue una de las noches de mayor gloria para Rosa Diez en la organización federal del PSOE.

A por la secretaría general

De todos los que aspiran a liderar el PSOE, Rosa Diez, franca y directa como siempre, fue la primera en hacer públicas sus intenciones. Días antes de anunciarlo en la prensa, reunió a sus compañeros del Parlamento Europeo para comentarles su decisión. Argumentó su postura diciendo que, a pesar del compromiso que había adquirido para con los eurodiputados españoles y con la sociedad, el PSOE la necesitaba. La necesitaban en Madrid y allí se marchaba dispuesta a todo, incluso a hacerse con la secretaría general del PSOE.

Algunos de los que la escucharon no daban crédito a lo que estaban oyendo. Otros, sonrieron y se dijeron que ¿por qué no, si podía evitarles ser liderados por José Bono?.

Desbancar a Bono no es tarea fácil. Y Rosa sabia muy bien cuando se lanzó al ruedo que Bono, pese a guardar silencio, iba a esperar a echar las cuentas, ver con cuántos delegados puede contar y lanzarse a por la secretaría general y la candidatura a presidente del Gobierno en el mismo paquete. Y es que Rosa Diez asistió a un almuerzo en Toledo, recién dimitido Borrell, en, el que Bono oficiaba de maestro de ceremonias y anfitrión. Asistían también Felipe González, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Manuel Chaves, Joaquín Almunia y Alfredo Pérez Rubalcaba.

No hacía ni 48 horas que había dimitido José Borrell. No tenían candidato y Bono propuso la solución: se autopropuso. El presidente de Castilla‑La Mancha se ofreció a ser el candidato socialista a cambio de que los comensales le garantizasen que saldría elegido secretario general del 35 Congreso. No hubo garantías y, por tanto, el ofrecimiento de Bono no salió adelante. Pero, desde el mismo momento en el que se produjo el mayor batacazo electoral del PSOE en muchos años, no sólo Rosa Diez sino la mayoría de los dirigentes socialistas supieron que Bono iba a intentar hacerse con las riendas del partido, y una vez con ellas, convertirse en el candidato del PSOE y acabar con todo intento de aventura bicéfala y elecciones primarias. Sabedora de las intenciones de Bono de primerísima mano, Rosa Diez no cesa de repetir que el que salga elegido secretario general no tiene por qué ser el candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, no para de reivindicar las elecciones primarias y trata de impedir que un eventual pacto entre territorios le dé a Bono la secretaría general del PSOE e, instalado en ella, cierre toda vía a quienes aspiran a ser candidatos a ocupar la Moncloa.

Aunque evita entrar en esa discusión en estos momentos, Rosa Diez aspira también, ¿por qué no?, a ser la candidata del PSOE un día y la única forma que tiene de hacerlo es a través de las bases. No tiene poder territorial ni barones que la apoyen. Incluso su buen amigo Alfredo Pérez Rubalcaba le desaconsejó encarecidamente que se embarcara en esta empresa de conseguir la secretaría general del PSOE.

En un primer momento, los guerristas la señalaron como la candidata de González", pero ella misma se ocupó de decir que no es la candidata de nadie ni representa a nadie.

Rosa Diez afirma que a ella le apoyan "jefes e indios", pero de ahí a que Felipe González sea uno de los supuestos jefes que le dan su apoyo hay un abismo. De hecho, en el último Comité Federal González inició su intervención con una alusión al manifiesto de Rosa Diez. Ella se presenta a la sociedad diciendo: 'Yo no estuve en Suresnes" y, a partir de ahí, habla de una nueva etapa en el PSOE. González, en tono de broma, según Rosa Diez, pero con toda una carga de profundidad y nada de sentido del humor, según otros de los presentes, no se resistió a decir: Por cierto, yo sí estuve en Suresnes'.

Hay quienes piensan que a Rosa Diez se le ha ido la mano hablando de la necesidad de renovar las caras, las formas y dejar a un lado a los de Suresnes y a todo lo que representaron. Pero, para evitar malentendidos, ella no cesa de decir que si Felipe González se presentase a secretario general, ella no lo haría. Posiblemente ni Rosa Diez ni ningún socialista en sus cabales.

 

 

Fechas clave:

1977 Ingresa en el PSOE y en el sindicato UGT.

1979 Elegida diputada foral de Vizcaya.

1983 Elegida vicepresidenta de las Juntas Generales de Vizcaya.

1986 Elegida diputada en el Parlamento vasco.

1991 Nombrada consejera de Comercio, Consumo y Turismo del Gobierno vasco.

1997 Recibe un paquete‑bomba en su domicilio de Sodupe que no llega a estallar por un fallo en el dispositivo de la detonación.

1998 Salió del Gobierno vasco como consecuencia de la ruptura entre el PNV y el PSE.

1998 Se presentó a las elecciones primarias frente a Nicolás Redondo para convertirse en la candidata del PSE a la presidencia del Gobierno vasco. Perdió las elecciones primarias.

1998 Elegida diputada en el Parlamento vasco y nombrada portavoz suplente del grupo socialista.

1998 Se convierte en avalista y promotora de la candidatura de Joaquín Almunia para convertirse en candidato a presidente del Gobierno. Almunia pierde las primarias frente a Josep Borrell.

1999 Cabeza de lista del PSOE en las elecciones europeas. El PSOE no logra vencer al PP aunque aumenta en dos su número de escaños en la Eurocámara.

2000 Tras el batacazo electoral del PSOE en las elecciones generales, es la primera en anunciar su voluntad de aspirar a convertirse en la futura secretaria general de los socialistas.

 


Muy personal

¿Cuales son sus aficiones?  
En realidad, con lo que más disfruto es con mi familia. El poco tiempo libre que tengo me gusta estar con los míos. Estar en casa, leer, comer con mis hijos, mi marido y mi madre es el mayor placer que me pueden ofrecer. Y cuando tengo más tiempo, con ellos y con mis amigos, senderismo y naturaleza.

¿Practica algún deporte? ¿Con qué frecuencia?
Andar, senderismo y montañismo, aunque suave, con mis tres perros, Terry, Tula y Duque, aunque reconozco que en los últimos tiempos he bajado un poco el ritmo por falta de horas libres

¿Cuál es su libro preferido? ¿Cuántas veces lo ha leído?
Bueno, me resulta imposible decidirme por un solo libro. Pero si tengo que citar alguno que haya leido hace poco serían Seda, de Baricco, y ¿Qué me quieres, amor?, de Manuel Rivas.

¿Cuál es el último que ha leido?
Aunque soy de los que lee más de un libro al mismo tiempo, Memorias de una gheisa es uno de ellos. Lo empecé con un cariño especial porque me lo regaló Olaya, mi hija, pero con cierto recelo. Sin embargo, reconozco que me sorprendió mucho y bien. Y ahora estoy con Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías.

¿Prefiere la literatura de ficción o basada en la realidad?
Me gusta leer y siempre aprecio un buen libro. Por géneros, novela histórica, poesía y novela negra.

¿Ir al cine o verlo en casa en zapatillas?
Reconozco que ir al cine. la pantalla gigante siempre es mejor, pero las zapatillas y el sofá tampoco están mal a veces

¿Su película favorita?
La vida es bella me pareció una auténtica obra maestra en el fondo y en la forma. Es un maravilloso canto al amor y la libertad, con una interpretación cargada de pasión y de coraje. Del cine español me quedo con La lengua de las mariposas

¿Cuál es la que más le ha marcado?
Creo que tanto como haberme marcado, ninguna

¿Y la última que ha visto? ¿Dónde?
Ayer, El hombre que susurraba a los caballos, en Canal +

¿Nouvelle cuisine o guisos tradicionales?
De todo un poco. Pero casi siempre, mejor lo tradicional con un toque nuevo.

¿Sabe cocinar?
Sí y además me gusta aunque mi carta es reducida. Los fines de semana, que es cuando estoy en casa, siempre cocino yo para toda la familia.

¿Con qué plato deleita a sus invitados?
Cordero lechal asado, arroz con almejas, carrilleras con verduritas, pasta al pesto, ensaladas...

¿Por qué plato pierde el sentido?
Cuando llevo tiempo fuera de casa, unos huevos fritos con patatas son insuperables

¿Vacaciones en el mar o en la montaña?
En verano en el mar, sin duda alguna y, si puede ser, en el sur de España. Si hay unos días en Semana Santa, en la montaña.

¿En familia o con amigos?
Siempre vamos con mis hijos y con amigos que tienen hijos de la misma edad. Habitualmente nos juntamos una docena de personas.

¿Vacaciones de relax o culturales?
Si puedo elegir, me quedo con el relax, aunque siempre hay alguna excursión para conocer algún lugar, algún museo, algún teatro que nos apetece conocer.

¿Cuál es el político que más admira?
Eso sí que no tengo que pensarlo un minuto: Ramón Rubial. Ejemplo de compromiso, coherencia, honestidad y humanidad.

¿Y el que más le ha sorprendido?
Sigo con mucho interés la carrera política de la ministra Gigou.

¿A qué políticos hay que temer?
Como en la vida en general, a los mediocres, a los tontos que, como dice un amigo mío, no descansan nunca.

¿Cuál es su principal acierto en política?
Sinceridad y coherencia. Y haber tenido la suerte de trabajar con gente fantástica de la que he aprendido mucho.

¿Y su mayor error?
No sabría decirle

Fecha más importante de su vida:
El nacimiento de mis hijos, en lo personal. En lo político, las elecciones del 82 y la plena integración de España en la UE.

 

La telegenia de la candidata

A nadie se le oculta la gran capacidad telegénica de Rosa Díez, su facilidad de comunicación y su buena imagen ante los medios, Su voz, sus gestos, su aspecto comunican casi por sí solos. Los fotógrafos que le hacen una sesión fotográfica por primera vez acaban, por lo general, confesando que muy pocas veces se han encontrado con una persona tan fotogénica, que actúe con tanta naturalidad ante la cámara y que pose tan bien. Ese don innato en Rosa Diez se ha manifestado en no pocas ocasiones. Tras las elecciones vascas, cuando el PSE se convirtió en la cuarta fuerza política de Euskadi pese a haber aumentado dos escaños y 40.000 votos, fue ella la que, con la mejor de sus sonrisas, atendió a todos los medios de comunicación y, sin perder la compostura, edulcoró los mensajes a la ciudadanía y defendió la gestión y la campaña del que la había vencido meses antes en las elecciones primarias, Nicolás Redondo.

A Redondo lo había intentado ayudar durante la campaña electoral, especialmente en la grabación de los espacios electorales televisivos. Ella, tan segura, tan natural ante la cámara, intentaba explicarle una y otra vez su secreto a Nicolás. Pero el secreto está en ella misma y Redondo Terreros así lo decía: "Es que ella disfruta delante de una cámara y yo no".

Esta cualidad, que a Rosa Diez le ha sido muy útil y también al PSOE, y que podría ser de gran utilidad en un momento en el que los propios socialistas se confiesan faltos de credibilidad y con dificultades para comunicarse y llegar a la ciudadanía, se ha convertido en un arma de doble filo que se utiliza en favor o contra Rosa Diez según sea adepto o detractor de su figura: quien lo utilice.

Quienes están en contra de que Rosa Díez se convierta en la nueva secretaria general del PSOE argumentan que su capacidad de comunicación y telegenia oculta, precisamente, su escaso capital político, su falta de preparación. Advierten una y otra vez que detrás de su imagen no hay nada. Contra eso, por si no tuviera pocos elementos contra los que luchar, tendrá también que batallar para demostrar a quienes así la juzgan que están equivocados.

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