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Nº 418
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12/6/2000
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Dirigentes
clave para un congreso crucial (V) Rosa Díez, la incombustible aspirante |
Esther JAÉN A sus 48 años y con 23 de militancia socialista
a sus espaldas, Rosa Diez pasa por ser una de las caras nuevas del relevo
generacional del PSOE. Cierto es que Rosa Diez era una práctica desconocida
para el conjunto de la sociedad española hace tan sólo cuatro o cinco
años. Entonces era la consejera de Comercio, Consumo y Turismo del Gobierno
vasco y en Euskadi tenía su público y gozaba de un cierto grado de conocimiento.
Pero no así en el resto de España. En poco tiempo y tras haberse postulado para
lo que fuese menester cuando corrían malos tiempos para el PSOE, Rosa
Diez se ha convertido en uno de los referentes de la mujer socialista.
Y eso, cómo no, le ha granjeado amistades y adhesiones, pero también
no pocas enemistades con algunas de las mujeres del PSOE. Mujeres del
ámbito parlamentario, algunas de ellas fueron miembros de anteriores
Gobiernos socialistas, no quieren oír hablar de Rosa Díez y así se lo
hicieron saber en su día a Joaquín Almunia, cuando era secretario general
de un PSOE que buscaba candidato tras la inoportuna baja causada por
José Borrell. A Almunia se le ocurrió comentar en un acto político que
le gustaría que la futura presidenta del Gobierno fuese una mujer, lo
que las detractoras de Rosa Díez y muchas otras personas presentes interpretaron
como que estaba señalando a la audaz vasca. Por si las moscas, le hicieron
saber a Almunia que si Rosa Diez era la candidata del PSOE, ellas estaban
dispuestas incluso a abandonar su carné. Argumentos de peso para hacerlo
no dieron, aunque su vehemencia era mucha. En los dos últimos años, Rosa Díez ha optado
a todo lo que se ha puesto a su alcance. Desde luego, valentía y decisión
no le faltan a esta mujer que, no obstante, no ha tenido demasiada suerte
hasta la fecha en sus empresas. En 1998, Rosa Díez se disputaba mediante
elecciones primarias con el secretario general de los socialistas vascos,
Nicolás Redondo, la candidatura del PSOE a lehendakarí.
Aunque por poco, perdió esas primarias. Después fue lanzada como
candidata del PSOE a encabezar la lista europea frente a Loyola de Palacio
por el presidente de la junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez
Ibarra. Una vez mas se lanzó al ruedo sin pestañear. Y aunque hizo un
papel digno, tampoco en esta ocasión logró vencer a la candidata del
PP. Presta a apuntarse a un bombardeo si fuera menester,
Rosa Diez se ha lanzado en esta ocasión a la conquista, nada más y nada
menos, que de la secretaría general del PSOE. La tarea es tanto o más
difícil que las anteriores, pero Rosa Diez la afronta, como es habitual
en ella, con la mejor de sus sonrisas y yendo a por todas. Se dirige
a las bases, quiere sacar al partido de la crisis desde abajo, conseguir
los votos que la conviertan en la primera mujer que ha liderado el PSOE
entre los militantes de a pie. Y para ello no escatima esfuerzos, energías
y largos trayectos de agrupación en agrupación. Fue la primera en lanzarse
a la carrera por la secretaría general y, aunque sabe que lucha contra
los gigantes que representan los poderes territoriales, y que ellos
pueden acabar aupando a José Bono, va como una moto para intentar hacerse
con su objetivo. Vasca
por obligación y socialista de corazón
Dice cuando le preguntan que, por encima de
todo, es vasca. Pero Rosa Díez nació en Euskadi como una de tantas víctimas
de la represión franquista. Su padre, procedente de Mataporquera (Cantabria),
fue a dar con sus huesos en la cárcel de Larrinaga (Vizcaya). Sobre
él pesaban tres condenas a muerte. Su pecado fue, como tantos otros,
ser rojo. Preso político y condenado a muerte, primero fue a parar a
un campo de concentración en Cantabria. Poco después fue trasladado
a la prisión de Larrinaga. La madre de Rosa Diez, resignada, le siguió
allá donde estuvo encerrado. Tras seis años de prisión, el padre de Rosa
Diez fue puesto en libertad. No cumplió, afortunadamente, las condenas
que pesaban sobre él, pero estuvo buena parte de su vida condenado a
esconder su ideología política y resignarse a transmitirla a sus tres
hijos 'en voz baja". A Rosa, la única chica, entre ellos. los padres
de Rosa Díez decidieron seguir su vida en Euskadi y así nació la única
hija, la menor de los tres hermanos, Rosa Díez, en Sodupe, un pueblo
de Vizcaya. Hija, pues, de un obrero de la metalurgia y
de una costurera, Rosa Diez creció en el País Vasco que tanto ama. Recibió,
por un lado, la educación que le dieron en el colegio de monjas donde
estudió y donde siempre destacó por sus buenas notas y porque sus padres
eran "de los que no iban a misa'. Por el otro, su padre y su madre,
socialistas ambos, le enseñaron los valores de la democracia, inexistente
entonces en España, de la solidaridad y de la igualdad. Por sí misma
descubrió que la libertad era algo muy distinto a lo que habían vivido
sus padres, algo que tenía que ser todo lo contrario a las escenas que
se vivían en su casa, cuando alguna huelga o disturbio en el País Vasco
acababa, como siempre, con una pareja de guardia civiles que aparecían
en el domicilio de la familia Díez‑González para detener a su
padre, Aunque socialista
de corazón, Rosa Díez no se afilió al PSOE y al sindicato UGT hasta
el año 1977. Antes de hacerlo le dio tiempo de conocer en una verbena
popular a un músico llamado Iñaki Fernández Ochoa, con el que se casó
años después y sigue estándolo 26 años después. Consejera
"a lo Emma Bonino” Comenzó su andadura con más implicación en el
sindicato UGT que en el PSOE y así llegó a ostentar la Secretaria Confederal
de Administración Local del sindicato. Desde allí, desde su trabajo
sindical entró en contacto con hombres como José Luis Marcos Merino,
a la postre dirigente del PSOE y otros tantos que acabaron fichándola para la Secretaría de Participación Ciudadana y más tarde la de Política
institucional del PSEP-SOE. Ciertamente Rosa Díez nunca alcanzó relevancia en el PSOE y trabajó desde la segunda fila, en la sombra en el partido y el sindicato hasta convertirse en la consejera de Comercio, Consumo y Turismo del Gobierno vasco. Fue Ramón Jáuregui, el entonces secretario general de los socialistas vascos, quien propuso su nombramiento. Y, en aquella época, lo cierto es que la consejería que le tocó en suerte no formaba parte precisamente del nervio central del Ejecutivo vasco. Hay
quienes la comparan en ese sentido con la italiana Emma Bonino. Al igual
que la comisaria Bonino se encontró con pocas competencias y poco presupuesto
y consiguió que su departamento fuese el que más partido sacó a sus
tareas, el que más relumbrón tuvo durante mucho tiempo, Rosa Diez se
encontró con una consejería cuya definición tenía muchas letras y apartados
pero poca consistencia en la práctica. En poco tiempo, la consejera infatigable convirtió
su negociado en el mejor motor y a sí misma en el perfecto embajador
que puede haber tenido el Gobierno vasco hasta la fecha. Viajó por todos
los continentes vendiendo las magnificencias del País Vasco, fletó aviones
de empresarios vascos para entablar relaciones comerciales con los países
más insospechados. Pero, sobre todo, se la recuerda por haber puesto
en marcha la campaña publicitaria más acertada en materia de turismo
que haya tenido Euskadi. Optó por algo sencillo, un eslogan que llegó
a mucha gente y que no estuvo exento de polémica por otros motivos:
"Pais Vasco: ven y cuéntalo”. Poco después lo utilizaría un humorista
para hacer humor negro sobre un atentado de ETA. La respuesta de la
consejera fue una querella al dibujante. Fue durante sus años en el Gobierno vasco cuando
Rosa Díez empezó a cobrar protagonismo dentro del PSOE. No precisamente
entre un grupo de mujeres socialistas que nunca la vieron con buenos
ojos y siguen sin verla ahora, pero sí caló su empuje, su capacidad
de trabajo y sus muchas ganas en el mismísimo Felipe González. Fue González
quien escribió su nombre en una lista de ejecutivos del PSOE
que él vería con buenos ojos, en el 33 Congreso del PSOE, en 1994. Finalmente, Rosa
Diez no salió elegida, pero sí consiguió que todo el mundo supiera quién
era “Ia consejera". Contra ETA hasta
la deformación profesional Pese a definirse como una mujer extremadamente
sensible, su aspecto más duro lo ha mostrado siempre en la lucha contra
la banda terrorista ETA. Hacia Rosa Diez dirigieron los terroristas
su punto de mira en 1997. Fue
ese año cuando la banda terrorista le envió un paquete-bomba a su domicilio,
en Sodupe. El paquete‑bomba no llegó a estallar porque,
afortunadamente, había un fallo en el mecanismo de activación. Lo había
recogido su marido, Iñaki. El paquete procedía de Llodio y era nada
más y nada menos que una bomba camuflada en un anuario de deportes. Rosa Diez tuvo que llevar escolta desde mucho
antes de producirse este intento de atentado. No sólo como elemento
de distinción por su cargo de consejera, sino, como repite ella, "por
ser vasca y no ser nacionalista`. No sólo no es nacionalista sino que,
inmediatamente después de salir del Gobierno vasco, tras la ruptura
del PSE con el PNV, se convirtió y sigue Siendo uno de los martillos
pilones del nacionalismo y, en concreto, del PNV. Una de las personas que más rechazo genera en
el PNV es Rosa Diez y los correligionarios de Xabier Arzalluz no lo
ocultan. De hecho, el propio Arzalluz la llegó a bautizar como 1a fregona
de Almunia". De trabajar codo con codo con el PNV en el Gobierno
vasco, Rosa Diez ha pasado a ser una de sus bestias negras. Rosa Diez no desperdicia la ocasión de atacar
a los terroristas, denunciar su sinrazón y defender la paz, pero tampoco,
en estos últimos tiempos, le ha hecho ascos a sacarle los colores a
los nacionalistas vascos. Denuncia los intentos de los firmantes del
Pacto de Estella de romper las reglas del juego democrático siempre
que puede. Lo hace con ese tono de voz grave y esa vehemencia que le
caracterizan. Tal es su necesidad
de denunciar la barbarie etarra y los errores del nacionalismo vasco
que hasta los corresponsales españoles en el Parlamento Europeo se lamentan
de que sea materialmente imposible asistir a una rueda de prensa de
la jefa de filas de los socialistas españoles en el Parlamento Europeo
sin que acabe hablando única y exclusivamente de terrorismo y pacificación
en el País Vasco. Pese a que ahora pasa mucho tiempo en Bruselas,
su día a día sigue estando en Euskadi, la escolta que se ve obligada
a llevar (y sólo ha prescindido de ella durante la tregua de ETA, por
decisión del consejero de Interior del Gobierno vasco) le recuerda a
cada instante que no es libre, que vive bajo amenazas; pero que son
muchos sus conciudadanos que no se sienten libres debido a la situación
en Euskadi. Eso es contra lo que lucha, por encima de todo y lo que
ha llegado a convertirse en casi una obsesión para ella. Candidata
de emergencia: el trampolin hacia la política nacional Siendo todavía poco conocida a nivel nacional
y tras haber disputado y perdido las elecciones primarias frente a Nicolás
Redondo, Rosa Diez, culo de mal asiento, inició otra empresa, que volvió
a acabar en fracaso, pero que le dio una gran relevancia e hizo crecer
como la espuma su popularidad. Rosa Diez se convirtió en 1998 en la
principal promotora de la candidatura de Joaquín Almunia en las elecciones
primarias frente a José Borrell. Se comprometió hasta el tuétano con
Almunia y su candidatura, hizo actos públicos con él, recorrió agrupaciones
y utilizó su gran capacidad de seducción mediática en favor del secretario
general que aspiraba a ser también el candidato del PSOE a la presidencia
del Gobierno. Pero las bases socialistas dijeron que no, que preferían
a José Borrell. Sin embargo, eso sirvió a la ex consejera del Gobierno
vasco para proyectar su imagen en el partido, en los distintos territorios Fue en ese momento cuando el presidente de la
junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, reparó en la capacidad
de comunicación y la nueva imagen que suponía Rosa Diez para el PSOE.
Aunque no coincidia con ella en sus preferencias sobre el candidato
Almunia, Rodríguez Ibarra retuvo el dato e incluso lo comentó con algunos
de sus allegados. En 1999, cuando el que había sido cabeza de
lista en las últimas elecciones al Parlamento Europeo, Fernando Morán,
decidió que lo suyo era la politica municipal, se présentó a unas primarias
y las ganó, los socialistas tuvieron que echar mano de alguien a quien
presentar. Como suele ocurrir en el PSOE, el primer nombre
que comenzó a circular fue el de Felipe González. El ex presidente del
Gobierno se dejó querer, se dejó rogar especialmente por el candidato
Borrell, dejó que se inflara el globo para pincharlo convenientemente
cuando le pareció más oportuno, aprovechando su paso por unas jornadas
de reflexión socialista en Castilla y León. Como siempre ocurre en la organización socialista,
el mero hecho de que el nombre de Felipe González se hubiese puesto
en circulación generó un entusiasmo desmedido entre sus fieles que cayeron, poco después, en la más absoluta depresión.
González ya no seria candidato y, además, al haber circulado su nombre,
el listón y las expectativas estaban muy altas. Tras este episodio empezaron
a correr nombres de boca en boca. ¿Manuel Marín? ¿Pedro Solbes? 0 no
estaban disponibles o no acababan de cuajar como candidatos. Fue entonces
cuando un buen día, sin encomendarse a Dios ni al diablo, Juan Carlos
Rodríguez ¡barra lanzó durante el transcurso de una entrevista en una
cadena radiofónica el nombre de `su candidata", la que a él le
parecía la más idónea: Rosa Diez. El de Rodríguez Ibarra fue
todo un acierto. La única persona que consiguió trasladar entusiasmo,
garra y empuje a una depresiva organización socialista que no hacía
más que ver publicadas encuestas portadoras de malos augurios fue Rosa
Díez. Quizá Rodríguez Ibarra estuvo menos acertado
en el método empleado. Y es que ni siquiera tuvo el detalle de avisar
a la interesada de que se iba a convertir en su padrino y promotor en
la citada entrevista. Muy al contrario, después de haber lanzado su
nombre, el presidente extremeño llamó por teléfono a Rosa Diez para
decirle: "Oye, te acabo de proponer como candidata a las elecciones
europeas...". Rosa Diez no defraudó. Trabajó duro, le echó
entusiasmo y horas y no se vino abajo cuando, un par de meses antes
de los comicios, el PSOE se quedaba sin candidato a la presidencia M
Gobierno porque José BorreH, salpicado por un escándalo que afectaba
a dos de sus ex colaboradores en Hacienda y hastiado de la obstrucción,
la hostilidad y el juego sucio de la dirección socialista, tiró la toalla. Rosa Diez no consiguió vencer a su rival, Loyola
de Palacio. Pero, honestamente, nadie en el PSOE lo esperaba. Los dos
escaños que aumentó el PSOE en la Eurocámara con respecto a las elecciones
de 1994 parecieron a todo el mundo un resultado más que digno. Resultado
acompañado de notables triunfos en las elecciones municipales que, como
si de un espejismo se tratara, hicieron creer a los socialistas que
estaban en la senda de la victoria para las próximas generales. Con
o sin espejismo, las elecciones municipales, autonómicas y europeas
se vivieron en la sede socialista de la calle Ferraz como una victoria,
aquella noche electoral, mientras en la sede popular de la calle Génova
abundaban las caras largas. Aquella fue una de las noches de mayor gloria
para Rosa Diez en la organización federal del PSOE. A por la
secretaría general
De todos los que aspiran a liderar el PSOE,
Rosa Diez, franca y directa como siempre, fue la primera en hacer públicas
sus intenciones. Días antes de anunciarlo en la prensa, reunió a sus
compañeros del Parlamento Europeo para comentarles su decisión. Argumentó
su postura diciendo que, a pesar del compromiso que había adquirido
para con los eurodiputados españoles y con la sociedad, el PSOE la necesitaba.
La necesitaban en Madrid y allí se marchaba dispuesta a todo, incluso
a hacerse con la secretaría general del PSOE. Algunos de los que la escucharon no daban crédito
a lo que estaban oyendo. Otros, sonrieron y se dijeron que ¿por qué
no, si podía evitarles ser liderados por José Bono?. Desbancar a Bono no es tarea fácil. Y Rosa sabia
muy bien cuando se lanzó al ruedo que Bono, pese a guardar silencio,
iba a esperar a echar las cuentas, ver con cuántos delegados puede contar
y lanzarse a por la secretaría general y la candidatura a presidente
del Gobierno en el mismo paquete. Y es que Rosa Diez asistió a un almuerzo
en Toledo, recién dimitido Borrell, en, el que Bono oficiaba de maestro
de ceremonias y anfitrión. Asistían también Felipe González, Juan Carlos
Rodríguez Ibarra, Manuel Chaves, Joaquín Almunia y Alfredo Pérez Rubalcaba. No hacía ni 48 horas que había dimitido José
Borrell. No tenían candidato y Bono propuso la solución: se autopropuso.
El presidente de Castilla‑La Mancha se ofreció a ser el candidato
socialista a cambio de que los comensales le garantizasen que saldría
elegido secretario general del 35 Congreso. No hubo garantías y, por
tanto, el ofrecimiento de Bono no salió adelante. Pero, desde el mismo
momento en el que se produjo el mayor batacazo electoral del PSOE en
muchos años, no sólo Rosa Diez sino la mayoría de los dirigentes socialistas
supieron que Bono iba a intentar hacerse con las riendas del partido,
y una vez con ellas, convertirse en el candidato del PSOE y acabar con
todo intento de aventura bicéfala y elecciones primarias. Sabedora de
las intenciones de Bono de primerísima mano, Rosa Diez no cesa de repetir
que el que salga elegido secretario general no tiene por qué ser el
candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, no para de reivindicar
las elecciones primarias y trata de impedir que un eventual pacto entre
territorios le dé a Bono la secretaría general del PSOE e, instalado
en ella, cierre toda vía a quienes aspiran a ser candidatos a ocupar
la Moncloa. Aunque evita entrar en esa discusión en estos
momentos, Rosa Diez aspira también, ¿por qué no?, a ser la candidata
del PSOE un día y la única forma que tiene de hacerlo es a través de
las bases. No tiene poder territorial ni barones que la apoyen. Incluso
su buen amigo Alfredo Pérez Rubalcaba le desaconsejó encarecidamente
que se embarcara en esta empresa de conseguir la secretaría general
del PSOE. En un primer momento, los guerristas la señalaron
como la candidata de González", pero ella misma se ocupó de decir
que no es la candidata de nadie ni representa a nadie. Rosa Diez afirma que a ella le apoyan "jefes
e indios", pero de ahí a que Felipe González sea uno de los supuestos
jefes que le dan su apoyo
hay un abismo. De hecho, en el último Comité Federal González inició
su intervención con una alusión al manifiesto de Rosa Diez. Ella se
presenta a la sociedad diciendo: 'Yo no estuve en Suresnes" y,
a partir de ahí, habla de una nueva etapa en el PSOE. González, en tono
de broma, según Rosa Diez, pero con toda una carga de profundidad y
nada de sentido del humor, según otros de los presentes, no se resistió
a decir: Por cierto, yo sí estuve en Suresnes'. Hay quienes piensan que a Rosa Diez se le ha
ido la mano hablando de la necesidad de renovar las caras, las formas
y dejar a un lado a los de Suresnes y a todo lo que representaron. Pero,
para evitar malentendidos, ella no cesa de decir que si Felipe González
se presentase a secretario general, ella no lo haría. Posiblemente ni
Rosa Diez ni ningún socialista en sus cabales.
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Fechas clave: 1977 Ingresa en el PSOE y en el sindicato UGT. 1979 Elegida diputada foral de Vizcaya. 1983 Elegida vicepresidenta de las Juntas Generales de Vizcaya.
1986 Elegida diputada en el Parlamento vasco. 1991 Nombrada consejera de Comercio, Consumo y Turismo
del Gobierno vasco. 1997 Recibe un paquete‑bomba en su domicilio de Sodupe
que no llega a estallar por un fallo en el dispositivo de la detonación.
1998 Salió del Gobierno vasco como consecuencia de la ruptura
entre el PNV y el PSE. 1998 Se presentó a las elecciones primarias frente a Nicolás
Redondo para convertirse en la candidata del PSE a la presidencia del
Gobierno vasco. Perdió las elecciones primarias. 1998 Elegida diputada en el Parlamento vasco y nombrada
portavoz suplente del grupo socialista. 1998 Se convierte en avalista y promotora de la candidatura
de Joaquín Almunia para convertirse en candidato a presidente del Gobierno.
Almunia pierde las primarias frente a Josep Borrell. 1999 Cabeza de lista del PSOE en las elecciones europeas.
El PSOE no logra vencer al PP aunque aumenta en dos su número de escaños
en la Eurocámara. 2000 Tras el batacazo electoral del PSOE en las elecciones
generales, es la primera en anunciar su voluntad de aspirar a convertirse
en la futura secretaria general de los socialistas. |
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La
telegenia de la candidata
A nadie se le oculta la gran capacidad telegénica
de Rosa Díez, su facilidad de comunicación y su buena imagen ante los medios, Su voz, sus gestos, su aspecto comunican
casi por sí solos. Los fotógrafos que le hacen una sesión fotográfica
por primera vez acaban, por lo general, confesando que muy pocas veces
se han encontrado con una persona tan fotogénica, que actúe con tanta
naturalidad ante la cámara y que pose tan bien. Ese don innato en Rosa
Diez se ha manifestado en no pocas ocasiones. Tras las elecciones vascas,
cuando el PSE se convirtió en la cuarta fuerza política de Euskadi pese
a haber aumentado dos escaños y 40.000 votos, fue ella la que, con la
mejor de sus sonrisas, atendió a todos los medios de comunicación y,
sin perder la compostura, edulcoró los mensajes a la ciudadanía y defendió
la gestión y la campaña del que la había vencido meses antes en las
elecciones primarias, Nicolás Redondo. A Redondo lo había intentado ayudar durante la campaña electoral, especialmente
en la grabación de los espacios electorales televisivos. Ella, tan segura,
tan natural ante la cámara, intentaba explicarle una y otra vez su secreto
a Nicolás. Pero el secreto está en ella misma y Redondo Terreros así
lo decía: "Es que ella disfruta delante de una cámara y yo no". Esta cualidad, que a Rosa Diez le ha sido muy útil y también al PSOE,
y que podría ser de gran utilidad en un momento en el que los propios
socialistas se confiesan faltos de credibilidad y con dificultades para
comunicarse y llegar a la ciudadanía, se ha convertido en un arma de
doble filo que se utiliza en favor
o contra Rosa Diez según sea adepto
o detractor de su figura: quien lo utilice. Quienes están en contra de que Rosa Díez se convierta en la nueva secretaria
general del PSOE argumentan que su capacidad de comunicación y telegenia
oculta, precisamente, su escaso capital político, su falta de preparación.
Advierten una y otra vez que detrás de su imagen no hay nada. Contra
eso, por si no tuviera pocos elementos contra los que luchar, tendrá
también que batallar para demostrar a quienes así la juzgan que están
equivocados. |