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Nº 415
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22/5/2000
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Dirigentes clave para un congreso crucial (II) Rodríguez Ibarra:el último guerristaEsther JAÉN Guerrista por convicción y felipista de corazón, Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha tenido siempre Claro de qué lado decantarse en caso de conflicto de intereses. El presidente de la junta de Extremadura no tiene el más mínimo reparo en ser el abanderado del guerrismo, una vez caído en desgracia el que fuera vicesecretario general del PSOE, Alfonso Guerra. Su mayoría absoluta en Extremadura, su poder territorial, es la fuerza con que embiste, siempre de frente, a todo aquel que, desde la tan traída y llevada renovación, confunde, a su entender, la sustitución de personas con la modernización de las ideas y los planteamientos políticos. Juan Carlos Rodríguez Ibarraapenas recuerda ahora las muchas dudas que le asaltaron allá por el año 1976, a la hora de dar el paso definitivo para su afiliación al PSOE. Hoy es uno delos más ortodoxos socialistas. No duda en esgrimir los Estatutos Federales de su partido para recordarle a un recién dimitido Joaquín Almunia que su anuncio de celebrar un "congreso ordinario" el próximo mes de julio va en contra del propio reglamento: "¡Es antiestatutario!", exclama. Vehemente y obstinado, Rodríguez Ibarra sólo antepone a la defensa del PSOE y de su determinada visión de su partido la de su comunidad. Llegó a la Presidencia de la Junta de Extremadura por sorpresa y se encontró con una autonomía en pañales y sin recursos. Sólo en el nombre de los intereses de Extremadura se ha enfrentado abiertamente a su partido y al Gobierno de Felipe González cuantas veces ha sido necesario. |
Primeros pasos y primeros recelos hacia el PSOEEl universitario Juan Carlos Rodríguez Ibarra, estudiante de Filosofía y Letras, conoció a Alfonso Guerra allá por 1969. En aquella época, Rodríguez Ibarra militaba en una organización universitaria marxista‑leninista y Guerra, que compatibilizaba su trabajo como profesor en la Escuela de Aparejadores con los estudios universitarios, se le aparecía como un socialdemócrata reformista. Ibarra y sus extremistas correligionarios decidieron invitar a Alfonso Guerra, que estaba ya en la órbita del PSOE, a una charla "entre gente de izquierdas”. El objetivo era darle una lección. Pero, según reconoce el propio Rodríguez Ibarra30 años más tarde, la lección se la dio Guerra, con su discurso marxista, a todos ellos. Debió de ser una lección magistral, porque, después de aquel episodio, Juan Carlos Rodríguez Ibarra decidió enviar a rodar su militancia, su organización marxista-leninista que tan sólo le había servido, hasta entonces, para que le detuvieran de vez en cuando. En aquellos años, el ahora presidente extremeño frecuentaba un heterogéneo grupo de amigos en el que se incluían, además de Alfonso Guerra, otros de los inmortalizados en la famosa foto campestre de la tortilla: Carmen Hermosín y Luis Yáñez; también formaba parte de aquella peculiar pandilla el ahora famoso cantante sevillano Kiko Veneno, denostado entonces por sus compañeros en cuanto amenazaba con ponerse a la guitarra. De este grupo salió, además, el actual secretario general del PSOE de Badajoz, Francisco Fuentes. Eran tiempos en los que compatibilizaban sus pinitos en política con el cante. Y cuentan los que frecuentaban esas reuniones que Rodríguez Ibarra era uno de los mejores a la guitarra. Ahora se reserva sus exhibiciones musicales para momentos muy especiales y en núcleos muy reducidos de amigos. Sin embargo, pese a los estrechos lazos que se crearon entre el extremeño y Alfonso Guerra, la afiliación de Rodríguez Ibarra al PSOE no fue tarea fácil para el que fuera número dos socialista. Fue en junio de 1976 cuando, empujados por Alfonso Guerra, sus compañeros universitarios decidieron fundar el PSOE de Badajoz (Cáceres no estaba a su alcance, dada la escasa implantación del Partido Socialista en aquel momento). En una venta, a las afueras de la ciudad, el acto fundacional se convertía en una ceremonia íntima, con poquísimos asistentes. Y Juan Carlos Rodríguez Ibarra brilló. Pero por su ausencia. No se presentó y no se afilió. la excusa oficial fue que estaba haciendo la mili. Pero sus más allegados sabían que el tozudo Rodríguez Ibarra no veía nada claro la obligatoriedad de ostentar la doble militancia: en el PSOE y en la UGT. Esas dudas le hicieron postergar su decisión de afiliarse al PSOE hasta dos meses más tarde. En el mes de agosto, después de que José Rodríguez de la Borbolla se trasladase a Extremadura para convencerle de la necesidad de que ingresara en el PSOE (algo que no hizo nunca Alfonso Guerra), Juan Carlos Rodríguez Ibarra dio su brazo a torcer y se hizo con el carné del PSOE. Pese a que Guerra nunca le presionó para que militara en el PSOE, siempre supo que Juan Carlos Rodríguez Ibarra iba a ser su hombre en Extremadura. Y no se equivocó. El hombre de Guerra preside Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra fue el elegido por Guerra para ser su mano derecha en Extremadura. No fue preciso que el extremeño luchase por colocarse en la lista de Badajoz al Congreso de los Diputados en las primeras elecciones de 1977. Mientras él se hallaba disfrutando de unos días de vacaciones con su novia (hoy su esposa), Leonor, Alfonso Guerra se ocupó de todos los detalles. Fue en la lista y se convirtió en diputado en 1977. Formó parte de un núcleo de jóvenes socialistas que llegaron a Madrid desde diversas circunscripciones, que se instalaron en una pensión de mala muerte y que, como la asignación institucional no daba para mucho más, se alimentaron en muchas ocasiones de bocadillos comprados en un colmado próximo al Congreso de los Diputados, donde hoy todavía se les recuerda por su afición a las sardinas con pimientos. Sabores fuertes para quienes iban a ser los hombres fuertes del PSOE en las futuras autonomías. Junto a Rodríguez lbarra, el valenciano Joan Lerma y tantos otros que iban a conquistar un buen número de territorios para el PSOE. Todos ellos tenían que ser el referente en las diversas autonomías que iba a establecer la Constitución de 1978. Y Rodríguez Ibarra lo fue. Juan Carlos Rodríguez Ibarra fue el referente del PSOE en Extremadura en aquellos años de oposición. No siempre tuvo, sin embargo, las riendas del partido, aunque sí la complicidad de su amigo Guerra. El extremeño se vio en más de una ocasión conformando la minoría del socialismo extremeño frente al hoy dirigente del PASOC Pablo Castellano, que aunaba más voluntades que él en ese momento, pero que no gozaba de las simpatías de la dirección federal del PSOE. Así, pese a ser el líder del socialismo extremeño, Castellano veía cómo González y Guerra le hacían esperar tras una puerta, en su territorio, durante la visita del portugués Mario Soares, mientras invitaban a incorporarse a la reunión al entonces representante de la minoría, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Entre peleas, mayorías y minorías, llegó el año 1982, en el que, por sorpresa, Juan Carlos Rodríguez Ibarra fue elegido presidente de la junta preautonómica de Extremadura (las primeras elecciones autonómicas se celebrarían en 1983). Gracias a los votos de dos ucedistas descontentos con su partido, Juan Carlos Rodríguez Ibarra se convirtió en presidente preautonómico de Extremadura cuando menos lo esperaba. Lo que tampoco esperaba era que todo lo que tenía que traspasarle su antecesor fuese un despacho con goteras, 15 cajas de zapatos con documentación diversa y 50 funcionarios. Ese fue el patrimonio autonómico con el que arrancó Rodríguez Ibarra hace 18 años. En aquel momento, Rodríguez Ibarra se prometió a sí mismo convertir Extremadura en una comunidad autónoma “de las de verdad". El nacionalismo extremeño de Ibarra Por encima de los intereses de su partido y en contra del propio Gobierno socialista, Juan Carlos Rodríguez Ibarra siempre colocó los de su comunidad autónoma. Lo hizo en 1979, siendo diputado en el Congreso, cuando se encerró junto a un grupo de alcaldes extremeños del PSOE, en Villanueva de la Serena, para protestar porque el Gobierno de la UCID había autorizado la construcción de una segunda central nuclear en Extremadura: la de Valdecaballeros. Su gesto no gustó nada a Felipe González, quien acariciaba ya la posibilidad de una cercana victoria electoral y pretendía acabar con cualquier indicio de radicalismo, ahuyentador de votantes potenciales, dentro del PSOE. Aquel fue el primer encierro protagonizado por alcaldes que se producía en España. Se produjo muy a pesar de Felipe González y de los muchos emisarios que mandó al tozudo Rodríguez Ibarra. Su cerrazón con respecto a la posibilidad de que se abriese Valdecaballeros se mantuvo con el PSOE ya en el Gobierno y en contra de un no menos pertinaz ministro de Industria, Carlos Solchaga, que opinaba exactamente lo contrario que el extremeño sobre la central nuclear. El presidente de la junta de Extremadura tuvo no pocos enfrentamientos con Carlos Solchaga a propósito de la central nuclear de Valdecaballeros. Utilizó todos los medios a su alcance para evitar que se instalase esa segunda central nuclear en Extremadura y quiso llevar sus amenazas hasta las últimas consecuencias: si se abría Valdecaballeros él dimitiría de su cargo como presidente de la junta de Extremadura. Así se lo dijo personalmente a Felipe González y así lo anunció formalmente ante los medios de comunicación. Se la jugó. El presidente de la Junta arriesgó su cabeza en dicha empresa y consiguió mantenerla sobre los hombros y bien alta. En 1991, el entonces ministro de Industria, Claudio Aranzadi, le comunicaba oficialmente que Valdecaballeros no se iba a poner en marcha. Rodríguez Ibarra respiraba aliviado y se congratulaba de que, al fin, se hubiese tenido en cuenta la “injusticia" que suponía que uno de los territorios de España que menos energía consumía, asumiese el riesgo de acoger nada más y nada menos que dos centrales nucleares, con los peligros que ello comportaba. A tenacidad e insistencia, pocos pueden decir que hayan superado al presidente extremeño. Y si se trata de lo que él entiende como la defensa de su tierra, menos todavía. Rodríguez Ibarra volvió a convertirse en la bestia negra del Gobierno socialista cuantas veces fue necesario, sin tener en cuenta, en ocasiones, que no era el momento más adecuado para entablar una batalla contra un Gobierno socialista aquejado de una gran debilidad. Volvió a hacerlo, por ejemplo, en 1993, cuando el Gobierno de Felipe González necesitaba como agua de mayo los votos de CiU en el Congreso de los Diputados y CiU no estaba dispuesta a dar ni los buenos días si no se modificaba previamente el sistema de financiación autonómica. El presidente extremeño no sólo dio órdenes de votar en contra de la propuesta de su "Gobierno amigo" durante la reunión de] Consejo de Política Fiscal y Financiera, sino que convenció al presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, de lo insolidaria e injusta que era esa cesión del 15% del IRPF y de que, por una cuestión de estética, él no iba a recurrir el sistema ante el Tribunal Constitucional. Rodríguez Ibarra no lo hizo, pero Fraga, sí. Con o sin razón, el presidente de la junta de Extremadura ha sido el único que se ha mantenido en la misma línea a lo largo de los años e independientemente de quien haya estado al frente del Gobierno de la nación. Los presidentes socialistas que aceptaron y alabaron el sistema de financiación autonómica basado en la cesión del 15% del IRPF, alcanzado durante el último período de gobierno de Felipe González, se han negado a acogerse al modelo impuesto por el PP y sus socios de CiU. Por contra, quienes desde el PP pusieron el grito en el cielo porque se le cedía el 15% de un impuesto como el IRPF a las comunidades autónomas en época socialista, "tirando el Estado y sus valores por la ventana", se han acogido con entusiasmo y sin rechistar a la cesión del 30% de ese mismo impuesto. El único que no ha variado milagrosamente su criterio ha sido el extremeño. Su coherencia, calcula el Gobierno de José María Aznar, le está costando perder muchos millones a los ciudadanos de Extremadura. Fidelidad a Guerra Por coherencia asegura Juan Carlos Rodríguez Ibarra que se mueve en la vida política. Por coherencia rehusó formar parte de la última Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, surgida del 34 congreso, celebrado en 1997. Esa coherencia que rige gran parte de sus decisiones políticas pasa, en muchas ocasiones, por defender los intereses y planteamientos del irreductible núcleo guerrista, al que representa como máximo exponente en estos momentos. En ese 34 Congreso socialista, Rodríguez Ibarra abandonaba el Palacio de Congresos de Madrid, pasadas las siete de la mañana, tras una larguísima noche de discusiones con el que iba a ser secretario general del PSOE, Joaquín Almunia. Rodríguez Ibarra se negó a ser la guinda en una Ejecutiva que aparcaba de forma clara el guerrismo en la cuneta. Si no contaban con hombres como Txiki Benegas o Francisco Fernández Marugán, entre otros, que no contasen con él. Es la misma táctica que había empleado en el anterior, el 33 Congreso, que se celebró los días 18, 19 y 20 de marzo de 1994. En aquella ocasión, Felipe González le había convertido en uno de los hombres fuertes que iban a llevar el peso de la negociación para ‑elaborar la nueva dirección a sabiendas de que su corazón estaría del lado de los hombres de Guerra. González también sabía del profundo conocimiento que tiene el extremeño de su partido, del respeto que le profesan sus compañeros, compartan o no ideas con él, y de la lealtad que le había demostrado pese a estar situado en el bando contrario. Rodríguez Ibarra fue uno de los cinco cascos azules que sacaron adelante una Ejecutiva con representación de ambos sectores: Manuel Chaves, Joan Lerma, Txiki Benegas , José Luis Corcuera y Juan Carlos Rodríguez Ibarra. En nombre del guerrismo, aunque sin consultarse con nadie, el extremeño dio por rotas las negociaciones y le espetó a Narcís Serra, uno de los representantes de la renovación, que el guerrismo se quedaba fuera de la futura dirección. Su bravuconada dio sus frutos en aquella ocasión. Pero fue la última. Con todo, Rodríguez Ibarra, defendido y promocionado por Guerra en sus inicios, se ha convertido en el último defensor del que fuera número dos del partido; algo que va más allá de su ortodoxia y de su ideología. Como buen guerrista, su culto al partido provoca a veces situaciones incomprensibles para muchos. Incomprensibles e indescifrables fueron para la pobre traductora las explicaciones con que acompañó su oposición a la candidatura presentada por su cuenta y riesgo por Pasqual Maragall en la Asamblea de las Regiones de Europa (ARE). Su principal argumento era: “Es que no es el candidato de Ferraz". La traductora, ajena a batallas internas, jerarquías y desconocedora de que la sede socialista se halla en la madrileña calle Ferraz, traducía sin demasiada convicción: “He is not the candidate of Mr. Feraz” ("Él no es el candidato del señor Ferraz'). Ibarra sabe muy bien cuál es su sitio, sus convicciones y con quién alinearse, pero eso no le impide ser un buen amigo de Felipe González, compartir con él paseos, jornadas de pesca y muchas más opiniones de las que la gente cree. Las ultimas apuestas de Rodríguez IbarraTras 18 años al frente de la Comunidad de Extremadura y 24 de militancia en el PSOE, Rodríguez Ibarra es uno de los barones con más peso que han sobrevivido a batallas internas y elecciones genéricamente adversas. Uno de los tres tenores, el más vehemente y contumaz y, posiblemente, el más temido dentro del partido. Sus últimas intervenciones en el Comité Federal del PSOE han sido en muchos casos polémicas y han denotado una extraordinaria dureza contra la dirección hoy ya dimitida. También fuera de los muros de la sede socialista, Rodríguez Ibarra sigue diciendo las cosas tal cual las piensa, con toda su crudeza. Dice que el PSOE "antes tenía un líder, Felipe González, y un proyecto, e inmediatamente añade: "Ahora no tenemos ni lo uno ni lo otro". Ante esas carencias, el presidente extremeño ha presentado una propuesta de método para escoger al futuro secretario general. Se trata de formar equipos que preparen proyectos y que sea el congreso el que decida cuál es el equipo que merece dirigir el PSOE. Otra de sus últimas ideas expuestas públicamente ha sido la apuesta por que el PSC deje de ser un partido federado al PSOE, pierda su "hecho diferencial” y se integre en el partido como una federación más. La propuesta ha levantado ampollas en el amplio sector catalanista y socialista catalán para quienes Rodríguez Ibarra es casi un ser monstruoso y anacrónico. Tampoco han sido acogidos con entusiasmo, precisamente, sus últimos intentos dé conseguir que la dirección socialista exculpe a Rafael Vera y José Barrionuevo de cualquier responsabilidad en el caso de los fondos reservados, o la puesta en marcha de una recogida de firmas para pedir el indulto al general Enrique Rodríguez Galindo, condenado a 71 años de prisión por su implicación en el caso Lasa y Zabala. Con respecto a su tarea como presidente de la junta de Extremadura, sus últimas apuestas van hacia la potenciación de la sociedad de la información en su comunidad. Antes fue la aportación económica de] Gobierno autonómico para mejorar las condiciones de los contratos de trabajo a los jóvenes. También la construcción y mejora de la red viaria ha ocupado gran parte de sus preocupaciones durante mucho tiempo. Una de las últimas y más exitosas medidas puestas en marcha por la junta ha sido las ayudas que concede, a fondo perdido, la comunidad autónoma a sus jóvenes para comprar una vivienda. Pero la gestión de Rodríguez Ibarra al frente de su comunidad autónoma es bastante desconocida en el resto de España. Y es que se le conoce por otro tipo de actos: por su crudeza verbal, por la dureza con la que se emplea cuando se trata de defender a su partido, ya sea de los ataques del PP o de determinados medios de comunicación (tras la victoria electoral del PSOE en 1993, en su discurso ante la militancia, hizo un repaso por una serie de columnistas y tertulianos que habían sido muy críticos con el PSOE y, conforme los nombraba, iba adjudicándoles un insulto). la misma dureza con la que repele los ataques que le llegan desde el llamado sector renovador de su partido. Hoy Juan Carlos Rodríguez Ibarra representa una minoría muy poderosa dentro del PSOE; observa cómo van saliendo a la palestra nombres de aspirantes a secretario general que, en ningún caso, le parecen mínimamente convincentes y aguarda pacientemente a que se aproximen más las fechas de celebración del futuro 35 Congreso Federal del PSOE, Aunque hace algunos años anunció su intención de iniciar su retirada de la vida política activa, no volver a presentarse a las elecciones autonómicas y dedicarse a su vida privada, Rodríguez Ibarra podría verse en la tesitura de tener que abandonar la política autonómica para dedicarse a hacer política a nivel nacional. Por el momento, no ha lanzado su candidatura ni ha hablado firmemente de hacerlo. Pero desde hace algún tiempo baraja esa posibilidad. A diferencia de otros, a Rodríguez Ibarra no le interesa convertirse en secretario general para optar a la presidencia del Gobierno. Se sabe un "mal candidato" para buena parte del norte de España, como consecuencia de sus encendidas críticas al Gobierno catalán o vasco. Si finalmente optase a la secretaría general del PSOE lo haría advirtiendo que "en ningún caso será candidato a la presidencia del Gobierno" y con la intención de poner orden en un partido que navega a la deriva. |
Una relación muy especial con FelipePese a su concepto tribal del colectivo guerrista, cada vez menos numeroso dentro del PSOE, Juan Carlos Rodríguez Ibarra siempre ha tenido (y sigue manteniendo) una excelente relación y un grado de entendimiento óptimo con Felipe González. A veces, incluso ha alcanzado un grado de comprensión que muchos de sus correligionarios no entienden. No entendieron por qué durante una reunión de lo más florido del guerrismo, cuando González apostó por Carlos Solchaga para ocupar el puesto de portavoz parlamentario, sabiendo que Solchaga era la bestia negra de su tribu y no sospechoso de ser un fan de Solchaga, Rodríguez Ibarra, de puertas para dentro, defendió el derecho que tenía González a intentar montar su equipo de gente no sólo en el Gobierno, sino también en el Parlamento, Juan Carlos Rodríguez Ibarra sigue manteniendo una relación amistosa y de mutua confianza con Felipe González, a pesar de las veces que se han visto enfrentados ideológicamente. Esos enfrentamientos se olvidan por completo cuando ambos se pierden en el parque natural de Monfragüe, a donde van a pescar y a intercambiar opiniones que, a menudo son mucho más coincidentes de lo que la gente piensa. Uno de los asuntos en los que han tenido ocasión de charlar largo y tendido y coincidir muy ampliamente es el caso GAL. Probablemente, pocos se imaginan que, cuando Rodríguez Ibarra intentó recientemente arrancar del Comité Federal del PSOE una resolución en la que defendiesen la inocencia de Rafael Vera y José Barrionuevo en el caso de los fondos reservados, el presidente extremeño no sólo había puesto al corriente de sus planes a González sino que ambos habían coincidido en sus análisis sobre el caso, Análisis que irritó sobremanera al entonces secretario general del PSOE, Joaquín Almunia. Los allegados de Rodríguez Ibarra aseguran que muchas de las ideas lanzadas, en muchos casos bruscamente, por el extremeño proceden de una charla con Felipe González. El ex presidente suscribe cosas en privado que no siempre dice en público. Quien sí las airea sin complejos es Juan Carlos Rodríguez Ibarra. De presidente a ex presidente, se entienden bien, mucho mejor, por ejemplo, de lo que González puede llegar a entenderse con el ex secretario general socialista, Joaquín Almunia, aupado en su día a ese cargo gracias al empujoncito que le dio el propio Felipe González. |
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Sus fechas clave: 1969: Conoce a Alfonso Guerra en la Universidad de Sevilla. 1976: Ingresa en el PSOE y en el sindicato UGT, pese sus reticencias hacia la doble militancia. 106: Nombrado secretario de Organización Provincia[ de la Federación del PSOE en Badajoz. 1977: Nombrado secretario general de la Federación del PSOE de Badajoz. 1977. Es elegido diputado en el Congreso por la circunscripción de Badajoz. 1979: Revalida su escaño por Badajoz en el Congreso de los Diputados. 1979: Se suma al primer encierro que protagoniza un grupo de alcaldes extremeños en la localidad de Villanueva de la Serena, para protestar contra la autorización que concede el Gobierno de UCI) de abrir la central nuclear de Valdecaballeros. 1982: Gracias a los votos de dos parlamentarios de UCI, descontentos con su formación, es elegido, por sorpresa, presidente autonómico de la Junta de Extremadura. 1983: Gana las primeras elecciones autonómicas por mayoría absoluta. 1987: Renueva la mayoría absoluta en Extremadura. 1991: Alfonso Guerra escoge la celebración del Congreso del PSOE de Extremadura para anunciar su dimisión como vicepresidente del Gobierno. Rodríguez Ibarra es uno de los primeros en conocer los planes del número dos socialista. 1991: Aprovecha la primera visita oficial del recién nombrado vicepresidente M Gobierno, Narcís Serra, a Extremadura, para anunciar públicamente que si se abre la central nuclear de Valdecaballeros presentará su dimisión como presidente de la Junta. 1991: Renueva, la mayoría absoluta en Extremadura. 1994: Es elegido vicepresidente del Comité de las Regiones de Europa. 1994: Se convierte en uno de los cascos azules, mandatado por Felipe González, pero en representación M guerrismo, que elaboran la última lista de una Comisión Ejecutiva en la que se sentarán guerristas y renovadores. En ese 33º Congreso del PSOE se convierte en miembro de la Comisión Ejecutiva Federal. 1995: Pierde la mayoría absoluta en el Parlamento extremeño. Afronta cuatro años de mayoría minoritaria en los que denuncia constantemente la existencia de una pinza entre el Partido Popular e Izquierda Unida. 1997: Durante la celebración del 34º Congreso del PSOE representa y defiende los intereses de un guerrismo mermado. Abandona la Comisión Ejecutiva Federal y se mantiene como miembro del Comité Federal del PSOE. 1999: Promociona públicamente la candidatura de Rosa Díez como cabeza de lista por el PSOE a las elecciones al Parlamento Europeo. 1999: Vuelve a ganar las elecciones autonómicas en Extremadura y recupera la mayoría absoluta que había perdido en 1995. 2000: Propone al Comité Federal de su partido un nuevo método para elegir al futuro secretario general socialista. |
Nombre: Juan Carlos Rodríguez Ibarra Edad: 52 Profesión: Profesor titular de la Universidad de Extremadura. Estado civil: Casado Número de hijos: 1 |
Muy personal¿Cuales son sus aficiones? La pesca. ¿Practica algún deporte? ¿Con qué frecuencia? No. ¿Cuál es su libro preferido? ¿Cuántas veces lo ha leído? La insoportable levedad del ser (Milan Kundera). Cuatro o cinco veces. ¿Cuál es el último que ha leido? La fiesta del chivo (Vargas Llosa). ¿Prefiere la literatura de ficción o basada en la realidad? Basada en la realidad. ¿Ir al cine o verlo en casa en zapatillas? Ir al cine. ¿Su película favorita? No tengo ninguna. ¿Cuál es la que más le ha marcado? Los santos inocentes. ¿Y la última que ha visto? ¿Dónde? Trazan. Con mi hija en un minicine de Badajoz. ¿Nouvelle cuisine o guisos tradicionales? Guisos tradicionales. ¿Sabe cocinar? Sí. ¿Con qué plato deleita a sus invitados? Arroces de todo tipo. ¿Por qué plato pierde el sentido? Cocido. ¿Vacaciones en el mar o en la montaña? En el mar. ¿En familia o con amigos? En familia y con amigos. ¿Vacaciones de relax o culturales? Relax. ¿Cuál es el político que más admira? Ramón Rubial. ¿Y el que más le ha sorprendido? Fidel Castro. ¿A qué políticos hay que temer? A los que no tienen convicciones. ¿Cuál es su principal acierto en política? No lo sé. ¿Y su mayor error? No lo sé. Fecha más importante de su vida: Adopción de mi hija. |
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