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Nº 413
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8/5/2000
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LA ALTERNATIVA GUERRISTA |
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Los resultados electorales del pasado 12 de marzo motivaron la dimisión de la CEF del PSOE y la convocatoria del 35 Congreso. Ambos hechos han desencadenado un debate en torno a las causas de la derrota, al que se añade el de los cambios que‑han de producirse en el partido para que éste vuelva a ser un instrumento capaz de articular una mayoría de progreso. Sin un análisis riguroso de los errores cometidos y sin una organización sana y seria, resultará imposible recuperar la credibilidad, el respeto y la autoridad necesarias para volver a tener la confianza de los españoles. Nos encontramos, por lo tanto, en un momento excepcionalmente importante, en el que se ha puesto de relieve la existencia de una crisis ‑cuya magnitud no se puede minimizar‑ a la que hay que buscar soluciones alejadas del “parcheo" y del “ir tirando". Porque creemos que las cosas no pueden seguir igual, proponemos llevar a cabo un cambio de rumbo que termine con el declive que ha experimentado el PSOE durante la última década. Pero, además, el último desenlace electoral nos obliga a ponernos delante del espejo, con recato pero sin disimulo, para superar, con nuevas propuestas, los desaciertos internos, Para elaborar ‑con la colaboración de la mayoría de los ciudadanos‑ un nuevo proyecto que posibilite conseguir una sociedad mejor. Nuestro objetivo consiste en devolver al militante su voz, recuperar, para todos, la satisfacción y el orgullo de protagonizar una nueva etapa de un proyecto político que, a o largo de su historia, se ha caracterizado por defender un conjunto de ideas avanzadas capaces de imprimir, en cada momento, un cambio cualitativo en la sociedad española. LAS CAUSAS DE LA DERROTA La derrota sufrida por el PSOE, en particular, y por la izquierda, en general, se fundamenta, primordialmente, en la abstención de una parte considerable de quienes les apoyaron en 1996. El que cientos de miles de electores, no habiéndose sentido estimulados por lo que se les ofrecía desde los partidos políticos de izquierdas, hayan preferido quedarse en su casa, antes de entregar su representación a la derecha, no permite hacer una lectura dulce del resultado. La izquierda está en la peor situación que ha tenido desde hace muchos años, por lo que encontrar las causas que la han motivado es el paso previo a poner los remedios. Por eso, frente a una derecha empeñada en desacreditar la tarea llevada a cabo por los Gobiernos socialistas, reivindicamos ¡a labor llevada a cabo por éstos. El balance conseguido por los mismos arroja un saldo positivo para el conjunto de la sociedad española. No obstante, pese a la importancia de lo alcanzado, ha sido la acumulación de equivocaciones cometidas a lo largo de un periodo dilatado de tiempo, durante el que no se les dio la adecuada solución, las que motivaron el distanciamiento que, actualmente, vienen mostrando los españoles respecto de nuestras ofertas políticas. La subordinación del partido. El PSOE, a la vez que protagonizaba la vida política española a lo largo de un periodo de tiempo dilatado, sufrió un deterioro de sus estructuras partidarias. Fue reduciendo sus funciones y decayendo su vida orgánica. Además, supeditó sus puntos de vista y sus posiciones políticas a aquellas otras que mantenían los miembros de los Gobiernos socialistas. De este hecho se percató la sociedad española, puesto que vio que cuando acudía al partido, bien para resolver o para avanzar en la solución de múltiples problemas o para impulsar nuevas propuestas, éste resultaba poco útil para poder elaborar desde él nuevos objetivos. Además la organización pronto encuentra, dentro de sí misma, dificultades para llevar a cabo modificaciones cualitativas en el programa que le dio el triunfo en 1982. Aparecieron resistencias a su actualización, lo que dio origen a discrepancias entre quienes pretendían seguir desarrollando ordenadamente nuevos cambios sociales y aquellos otros que envueltos ‑la mayoría de las veces‑ en planteamientos tecnocráticos lo supeditaban todo a la consecución de objetivos instrumentales, casi siempre, de naturaleza económica. La concentración de poder. En el PSOE, además, se produce la concentración de la toma de decisiones en un número reducido de personas, para lo que se favorece la permanente devaluación de las direcciones surgidas en los distintos congresos. Y lo que es peor, se acentúa un creciente divorcio entre ellas y la gran mayoría de los militantes. Se quiebran las relaciones de confianza entre quienes dirigen el partido y quienes son miembros del mismo. Estas relaciones, que son esenciales en cualquier proceso de legitimación, en nuestro caso pasaron a ser un recuerdo del pasado. Distanciamiento que aumentó en la medida en la que los proyectos colectivos van declinando y los personales adquieren mayor notoriedad y relevancia. La territorialización del partido. El debilitamiento de las distintas direcciones federales del PSOE se acompaña de un proceso destinado a elevar el papel de las organizaciones territoriales integradas dentro de él y, en particular, el de los más característicos líderes de las mismas. Como consecuencia de ello, se pierde la capacidad de defender el mismo proyecto en toda España, que había sido una de las características más apreciadas del PSOE. La improvisación como práctica habitual. La improvisación se convierte en la práctica habitual del periodo más reciente. El principal ‑y más grave‑ exponente de tan equivocada forma de actuación fue el 34 Congreso. En medio de una enorme operación mediática y gestual se precipita una sucesión en el liderazgo del partido, carente de la más simple y elemental preparación. Si el fracaso de la misma aún no resultara hoy muy evidente, bastaría con recordar lo que queda tras ella: un rosario ininterrumpido de conflictos, marginaciones internas y descarnadas luchas por el poder orgánico, que al sobrepasar los límites de lo razonable han motivado un castigo democrático por parte de los ciudadanos. El castigo ha sido más intenso allí donde las decisiones arbitrarias y autoritarias fueron más evidentes. El desconcierto se traslada al electorado. Por un lado, se proponen iniciativas a favor de la participación democrática de los militantes (las primarias) que, presentadas como una gran aportación a la política son, posteriormente, bloqueadas desde dentro de la propia organización. El mismo desconcierto se produce con el acuerdo con U que de forma inexplicable se realiza muy a última hora, sin que medie una reflexión suficiente sobre su oportunidad y operatividad. Las frustraciones que, con estas actitudes, han podido experimentarse deben tenerse muy en cuenta, ya que han contribuido al estrecha miento de las lealtades electorales hacia el partido. El fracaso de la llamada renovación. Tras las primeras señales de alarma escuchadas a partir de 1993, estos males no sólo no se corrigen, sino que se acentúan. La llamada renovación trae una trivialización de cuestiones importantes y complejas como el tratamiento a dar a las nuevas capas medias; la disputa electoral de¡ centro político; la democracia interna, la multiplicación de los discursos en ausencia del que debía de ser único del PSOE, los debates provocados individualmente sobre aspectos fundamentales, como el modelo de Estado, sin antes haber sido discutidos en el seno del partido, etc. El fracaso rotundo de esta operación se explica porque más que abordar con seriedad esas cuestiones, las utiliza como pretexto para la confrontación interna y la exclusión.,La imagen de división y pugna que ella desencadena nos ha: acompañado desde entonces, quebrando otro de los activos que poseíamos: la unidad de los socialistas. La infravaloración de la derecha política. La subestimación del PP y de sus máximos dirigentes llevó también a un claro error de diagnóstico. Se extendió la idea de que la derecha estaba incapacitada para ganar elecciones, que bastaba con invocar el nexo entre el PP y el pasado franquista para obtener el apoyo mayoritario de los ciudadanos. Con este planteamiento se apostaba por seguir viviendo de las rentas y, para quienes así pensaban, lo importante era el colocarse bien internamente para recibir los votos. Como conclusión de lo expuesto puede decirse que algunos factores que explican la derrota del 12 de marzo tienen un origen cercano, al tiempo que otros, quizás lo más serios, tiene raíces más profundas. Frente a unos y a otros, hemos de admitir que se ha producido con reiteración, la aceptación inercial de los sucesivos fracasos políticos, sin que ello originase una reflexión acerca de la naturaleza de los mismos y de los remedios que habrían de administrarse para superar tal situación. Es más, con elevada frecuencia se ve cómo se persevera en volver a suministrar más de lo mismo, quizás porque se piensa que los ciudadanos pronto olvidarán las anteriores equivocaciones cometidas. Podría decirse que después de muchos años de hacer política, en la clandestinidad y en la democracia, se nos ha olvidado en qué consiste la política. Más problemática resulta la situación cuando la ausencia de reflexión está acompañada de la cultura de la autocomplacencia. Al empobrecimiento que la primera supone se le añade una dinámica perversa que impide una correcta valoración de las circunstancias bajo las que el proyecto se desenvuelve. De todo lo anterior se deduce que nos encontramos ante un nuevo marco político, en el que el PP presenta su victoria como el proyecto de su marcha hacia el centro, a lo que añade los buenos resultados conseguidos por su gestión en el Gobierno. En su discurso de investidura, Aznar ha vuelto a dibujar una España idílica, que sólo existe en su cabeza; sin entrar a valorar aquí los méritos que él afirma que ha contraído, sí es preciso tener en cuenta los riesgos que se anuncian tras el 12 de marzo. El PP, con su actual mayoría absoluta, está en condiciones de ampliar el entramado económico, financiero, mediático y judicial, que ya puso en pie durante la pasada legislatura. Reduciendo, a través de él, el papel de la política e incrementando el de otros poderes no emanados de la soberanía popular. El crecimiento económico experimentado en los últimos años no ha estado acompañado de una mejor distribución de la renta y de la riqueza. Nada indica que el PP, reforzado por las urnas, vaya a cambiar esta orientación de su política. Es más, si en la pasada legislatura ya introdujo elementos que erosionaron, aspectos esenciales en el Estado del bienestar, bien cabe pensar que en la presente acentuará esta tendencia, reduciéndolo y recortándolo más: los riesgos de privatizaciones, en principio parciales, de elementos básicos del Estado del bienestar, como son la sanidad, la educación y las pensiones, son evidentes. Por otra parte, la mayoría absoluta le da la posibilidad de manejar las tensiones que puedan producir los nacionalistas, si bien la experiencia de la legislatura pasada muestra que, frente a las mismas, el PP ha venido actuando con planteamientos partidistas buscando de forma deliberada la rentabilización electoral en asuntos en los que, como el terrorismo, deberían de estar fuera de cualquier planteamiento electoralista. Lo antes señalado no impide que valoremos extraordinariamente los casi ocho millones de votos obtenidos en los últimas elecciones generales, así como el activo que suponen los Gobiernos en seis comunidades autónomas y en miles de municipios. Pero, junto a ello, queremos poner de relieve el papel fundamental que para nosotros suponen los cientos de miles de militantes y simpatizantes que, en toda España, tiene el PSOE y su futuro electoral como partido. A todos ellos pretendemos hacerles llegar las anteriores reflexiones, cuya exclusiva finalidad es la de contribuir a que el próximo congreso inaugure una nueva etapa para el socialismo español. En esta tarea es imprescindible la participación de todos, ya que de la actual situación no saldremos si no logramos un grado considerable de unidad en torno a los diagnósticos y a las ideas. EL NUEVO PROYECTO POLÍTICO DEL PSOE Mientras que se producían las anteriores circunstancias, en la sociedad española cristal izaban un conjunto de cambios sociales, culturales, políticos e ideológicos que hacían que se hubiera vuelto más diversificada, perdiendo parte de la homogeneidad que mantuvo durante tiempo, a la vez que en ella aparecen nuevos valores, que pasaban a ser emergentes. Por eso, el 35 Congreso constituye una gran oportunidad para corregir los errores cometidos, para adecuar la organización a las necesidades políticas y sociales de las primeras décadas del siglo XXI, para suprimir los vicios de funcionamiento interno que han impedido hacer una política más democrática y han dificultado el relacionarse abiertamente con la sociedad española. En este sentido, reducirlo a la elección de la CEF y del secretario general constituye una equivocación de considerables dimensiones, cuya aceptación por amplios sectores del partido, del electorado y de la sociedad en modo alguno está garantizada. Por todo ello, consideramos que es preciso anteponer el interés general del PSOE, el de la gran mayoría del partido, a los intentos que se observan por preservar esquemas y actitudes fracasadas social y políticamente, acometiendo decididamente cambios profundos en la definición del proyecto político socialista, en su modelo de organización y en los equipos directivos que han de aplicarlo. En este sentido: ‑El PSOE elaborará un nuevo proyecto político que ofrezca propuestas viables a los grandes retos de este tiempo, desde los principios ideológicos que constituyen la raíz de nuestra organización: la igualdad, la solidaridad, la libertad y la justicia ‑social. ‑El PSOE, con este proyecto, construirá una alternativa política diferenciada frente a la derecha española compatibilizando el crecimiento y la globalización económica con una acción política que vele por la cohesión social y territorial. En él, la economía estará al servicio de la política y ésta, a su vez, al servicio de las necesidades generales de los ciudadanos. ‑La diferenciación de las distintas alternativas políticas ha de situar en un terreno limitado a los llamados pactos de Estado. Por eso, sólo los defenderemos en política exterior, configuración autonómica del Estado y lucha antiterrorista. ‑En relación con el tamaño de lo público, manifestamos que la revisión que viene efectuándose no puede consistir sólo en trasladar a la iniciativa privada lo que ésta puede hacer mejor que la pública, sino también en reubicar dentro de la iniciativa pública lo que ésta puede realizar mejor que la privada. ‑Aspiramos al pleno empleo y, cuando éste no sea posible, a la cobertura económica de los desempleados. Apoyamos la participación de los profesionales, funcionarios, empleados y trabajadores en los frutos del desarrollo económico y del progreso técnico. ‑Consolidaremos el Estado de bienestar, junto con las políticas igualadoras que son consustanciales con éste: fomento y creación de empleo; lucha contra la exclusión, la marginación y la pobreza; defensa del medio ambiente; lucha por la igualdad real de la mujer y la garantía de los derechos humanos. Confrontando con quienes mantengan actitudes racistas y xenófobas. ‑Intensificaremos los compromisos de España a favor de las políticas de cooperación al desarrollo en países en vías de desarrollo. ‑El PSOE liderará la relegitimación de la idea de España en el marco del proceso de construcción europea. Creemos que el modelo de Estado se encuentra perfectamente desarrollado en la Constitución, por lo que, desde ella, ofrecemos un modelo institucional estable donde se compatibilice el respeto a las diferencias con la articulación de los instrumentos que garanticen la cohesión, la igualdad y la solidaridad. ‑Defenderemos la autonomía del proyecto socialista, respecto a cualquier otra forma de poder. En este sentido, desde el reconocimiento y el respeto de la pluralidad de la izquierda española, el PSOE propondrá un diálogo en el seno de la misma, encaminado a buscar las más amplias fórmulas de cooperación dentro de ella. Recuperaremos la interlocución sincera con los sindicatos desde la mutua independencia. El diálogo debe extenderse a los restantes movimientos sociales. ‑El PSOE asumirá un modelo organizativo que profundice en su democracia interna, para lo que ofrecerá a sus militantes nuevos marcos en la elaboración de proyectos, elección de candidatos y formación de equipos directivos. Este modelo de partido exige el respeto estricto a la legalidad interna; un discurso y una actuación política coherente en todas las federaciones y partidos existentes dentro de él, junto con la normalización del debate en el seno de la organización desterrando prácticas clientelares y actitudes sectarias y excluyentes. Impulsaremos la afiliación al partido, recuperaremos la conexión de las agrupaciones con la sociedad, la militancia activa y el valor de la solidaridad interna. ‑El PSOE elegirá una dirección más firme, capaz de llevar a cabo un proyecto político de izquierdas. Para lo que será imprescindible que apoyemos a direcciones colectivas predispuestas a trabajar en equipo, construidas desde la voluntad de sumar y convencer, alejadas de las pautas de imposición y de exclusión. Esta dirección, de modo alguno, puede ser el mero agregado de cuotas de poder territorial. ‑La política que llevemos a cabo, las actitudes que adoptemos y los dirigentes que elijamos han de ser creíbles para una sociedad que observa con escepticismo la capacidad que tenemos para rectificar errores y para cambiar las estrategias equivocadas que está ya ha rechazado. LA VOZ DE LOS MILITANTES Para alcanzar estos propósitos resulta imprescindible al escuchar, sin interferencia alguna, la voz de todos los militantes. De todos aquellos a los que no se les viene dejando decir nada, por parte de quienes nunca han dicho nada, aun cuando habían podido hacerlo ya que estaban en buena posición para ello. Los problemas que hoy padece el PSOE no se resuelven con componendas. Si volvemos a situar la capacidad de propuesta y de decisión en su núcleo reducido de personas que concentrando todo el poder conviertan al resto del partido en sujetos pasivos de sus iniciativas no tendremos soluciones para la sociedad española y ésta seguirá mostrando su desacuerdo con este proyecto político. Tratar de conservar, a cualquier precio, el control interno, impidiendo la construcción de un proyecto político sólido, coherente y atractivo, equivale a perder la oportunidad de recuperar la confianza anterior, Embarcarse, igualmente, en operaciones artificiales que proporcionen la imagen de una falsa unidad está llamado al fracaso, sobre todo cuando se evidencia que las mismas puedan estar promovidas y defendidas por quienes se han distinguido justo por lo contrario. En un momento tan excepcional como éste se requiere que todos cuantos somos miembros del PSOE participemos directamente en el debate sobre el nuevo proyecto político socialista. Sin otras limitaciones que las que se plantean por el respeto solidario que se le debe a los demás compañeros. Sin otra pretensión que la de contribuir a mejorar un instrumento político, tan necesario como el PSOE, para seguir transformando España. Todos somos miembros de una misma organización, en la que defendemos iguales principios, si bien podemos diferenciarnos, en alguna medida, acerca de la forma de llegar a ellos. Como en nuestro partido ha existido una tensión dialéctica entre distintas opiniones, quienes coinciden con unos puntos de vista más que con otros parece, lógico que traten de aunar sus esfuerzos para llevar a cabo aquellos en ¡os que creen. Por todo ello, es necesario que se identifiquen proyectos junto con los equipos que están dispuestos a ejecutarlos. Y que una vez hecha esa presentación, se lleve a cabo un amplio debate sometiendo los mismos a la discusión de los militantes del PSOE. |