Nº 361
12/4/99

Del pobre Hernando, el portavoz del PP

Luis G.DEL CAÑUELO

Rafael Hernando, otro jovencito made in Aznar -elevado a portavoz del PP en el congreso del centro, tan reciente, tan lejano ya, tan rebasado por el devastador efecto Piqué-, amenizó esta Semana Santa con una patochada solemne. Olvidadas aquellas, inolvidables sin embargo, fotos del balcón, hace tres años, el viernes santo en Toledo, con Pedro José sin capirote de penitencia acompañando junto a Ágatha -que aún no vivía en París- a los matrimonios Aznar y Rato, mientras el cortejo de la Pasión desfilaba a sus plantas, a punto de que Pujol, los canarios y Arzalluz transportaran a Jose (sin acento, por favor) y a Rodrigo al Edén, por fin a la gloria; la verdad es que esta Semana Santa de 1999 no ha deparado apenas imágenes de piadosos prohombres, o mujeres, del Partido Popular exhibiendo su roqueña fe cristiana, vestidos de costaleros, de nazarenos, de soldados romanos, o de lo que fuere, en medio de las calles y de las plazas de esta bendita tierra que sigue siendo España. Habrá sido por casualidad -o por designio de la Providencia Divina-, o porque este género de escenas no figura en el guión del buen centrista, o porque el Opus habrá advertido a Federico Trillo que Escrivá de Balaguer nunca se disfrazó ni en Cartagena ni en Roma -lo que no le impidió, no obstante, llegar a marqués y luego a beato- o por causas ignoradas hasta por Mayor Oreja, pero el aburrimiento, en esta ocasión, ha primado por encima de esas apostólicas estampas a las que nos habían vuelto a acostumbrar, mitad monjes, mitad soldados, los prebostes del PP.

Debo consignar, en cualquier caso, que no sólo el doncel Hernando procuró al personal algún tipo de divertimento, de carácter estólido desde luego, qué le vamos a hacer, sino que también logró propósito semejante Ana Botella, la gentil esposa del presidente Aznar, o primera dama bis, según se prefiera, a la cual un periódico tan serio y concienzudo como La Vanguardia de Barcelona adjudicaba el siguiente titular de pie de foto: "Ana Botella se sube a la cuba." Conviene precisar de inmediato que el rotativo Abc, sin embargo, evitó lecturas equívocas respecto a la simpática y extrovertida señora de Aznar, otorgándole toda una página de huecograbado con este más aséptico encabezamiento: "Ana Botella dejó su firma en una bodega andaluza." Fue en las bodegas Barbadillo de Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz, donde Ana Botella y Nora de Pastrana (esposa del presidente colombiano) firmaron unas cubas de vino, situadas en la casa de la Cilla, antes de recorrer otras bodegas y degustar, las muy picaronas, tapas de jamón serrano y langostinos de la región. No es menos cierto, de todos modos, que las dos mujeres, tan hermosas como dignas representantes consortes de los Gobiernos de España y de Colombia, contemplaron desde la mencionada casa de la Cilla -que fuera en tiempos sede episcopal- el paso del Cristo de los Milagros de la Hermandad de los Estudiantes de Sanlúcar de Barrameda, lo que prueba que supieron conjugar la obligación derivada de su religión católica con la sana devoción por el buen vino y los gustosos manjares andaluces.

Bueno, pues el joven portavoz del PP, Rafael Hernando, por su parte, conjugó la simpleza de copiar la literatura zafia del sindicato del crimen -o lo que queda articulado todavía de tamaño engendro- con la bobaliconería de un discípulo imberbe de los Álvarez Cascos o Miguel Ángel Rodríguez de los mejores tiempos. No se le ocurrió, a este homófono de Acebes, Pimentel o Pío García Escudero -relamidos ejemplares de la nueva derecha-, otra cosa que acusar a Alfredo Pérez Rubalcaba de amenazar a periodistas diciéndoles que, cuando vuelva el PSOE, se van a enterar. Hernando, el viernes santo, no se subió a ninguna cuba -aunque tal vez consumiera alguna copa de buen vino de más-, sino a la parra de la bobada al pedir públicamente que el comando Rubalcaba (sic) deje de intentar condicionar la libertad de expresión a través de "repugnantes métodos que ya utilizaba cuando era ministro portavoz".

Pero las referidas simplezas del portavoz Hernando sólo reflejan el estado de creciente excitación nerviosa por el que atraviesa el puente de mando del Partido Popular. Creían hace menos de un par de meses, entre el famoso congreso y el tercer aniversario de la victoria, ebrios de encuestas y de lisonjas palaciegas difundidas por RTVE y Antena 3 TV, que lo tenían todo, como Franco, atado y bien atado. Creían que el PSOE estaba a punto de desaparecer, que Borrell era, en realidad, un fantasma; que Felipe González ni siquiera era ya una pesadilla del pasado y que los españoles estaban definitivamente rendidos a los pies de Aznar, felices y contentos en la España de las oportunidades, ese gran supermercado del que se considera propietario el Partido Popular. No pueden entender que incluso el CIS de Pilar del Castillo haya empezado a detectar los primeros síntomas negativos para ellos a raíz de la corrupción que los envuelve. Prefieren pensar que el comando Rubalcaba es el culpable de la situación y no les cabe en la cabeza que Piqué se arrastre penosamente, que Tenerife se haya convertido en el símbolo de la mafia popular, que el asunto Zamora avance en el Supremo, que la Diputación de Cuenca haya incluso superado a las instituciones gallegas en cuanto a nepotismo caciquil y que la tempestad corruptora resulta, cada día que transcurre, más insoportable para Aznar y sus amigos. !Ay, pobre Hernando, tan joven, tan bobo, tan fatuo!

 

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