Nº 353
15/2/99

De Álvarez Cascos, de Pedro J. Ramírez, de John Milton

Luis G.DEL CAQUELO

En el diario El Mundo correspondiente a la gloriosa jornada del 29 de enero del año en curso (tercer año triunfal, cómo pasa el tiempo), el lector podía hallar un memorable suplemento bajo el título, ciertamente sugestivo y solemne, de El congreso del poder. El periódico de Pedro J. Ramírez, que controlan casi a medias los italianos de la Fiat y el Grupo Recoletos (es decir, también Telefónica, sin que la sombra alargada de Mario Conde deba ser jamás menospreciada tratándose de ese rotativo) y que siempre opera desde la independencia y desde la exigente denuncia justamente del poder, prosiguió ese día, coincidiendo con el comienzo del XIII Congreso del Partido Popular, su admirable tarea de santificar a José María Aznar. Veinticuatro horas antes, El Mundo ya había batido un récord: el de publicar el mismo día y en el mismo ejemplar tres entrevistas distintas, firmadas por tres periodistas distintos, con un mismo personaje. Este era, por supuesto, el presidente del Gobierno, cuya fotografía con Ramírez, paseando amigablemente de nuevo por los jardines de La Moncloa, venía a certificar, por otra parte, que el vídeo con Exuperancia ha sido definitivamente olvidado por el matrimonio Aznar/Botella. El recurso a las tres entrevistas distintas y un solo presidente verdadero bien hubiera podido ser, utilizando un inteligente lenguaje alegórico, una especie de mensaje remitido a la Conferencia Episcopal: el Espíritu Santo asiste, desde luego, a José María Aznar, pero también asiste benévolamente a Pedro J. !Aleluya!

El mencionado suplemento insertaba en primera página, acompañando una sobria fotografía del primer ministro en su despacho, este texto destinado, cuando transcurra un tiempo prudencial, a que la humanidad del futuro sepa cómo es posible compaginar un periodismo insobornable frente a los abusos del poder político con un sincero reconocimiento periodístico de las proezas positivas de ese poder. Conciso y hermoso texto: "Con el horizonte del centro, el siglo XXI y una España con nuevas oportunidades, hoy se inaugura en Madrid el XIII Congreso del Partido Popular. Es el primer gran cónclave tras la victoria de José María Aznar y sus hombres en las elecciones generales del 96, el primer congreso del poder. Y se nota. El 60% de los compromisarios ocupa en estos momentos algún tipo de cargo público. Tras nueve años de caminar por la senda del centro, el PP se dispone a iniciar una nueva etapa que tiene como objetivo renovar personas y mensajes para seguir gobernando el país."

¿Cabía en semejante exhibición de prensa de felpudo una opinión disonante? De ninguna de las maneras, en efecto. Los boletines propagandísticos ni se encargan ni se confeccionan ni se pagan para acoger impertinencias que pudieran molestar al mandarín en plena orgía de autosuficiencia. Por eso, desplegando una vez más su sentido de la responsabilidad y de la ética, Ramírez, el adversario de Aznar únicamente en la pista de pádel, censuró a Raúl del Pozo. !Pobre Raúl! Después de tantos años de apoyo al PP, aunque él sea un hombre próximo a IU (o precisamente por ello), habiendo predicado de forma incansable que el PSOE era un enemigo común de la derecha centrada y de la izquierda impoluta, porque habíase constituido en gravísimo obstáculo para alcanzar un estadio superior de democracia, supuesto que lo que había fuera mínimamente democrático, a Raúl, su indomable director, su jefe de filas en el sindicato del crimen, Ramírez, le censuró un artículo. Un artículo que debiera haber sido incluido en el suplemento de honor y lisonja al PP de Aznar.

Tuvo el coraje, Del Pozo, de explicar lo sucedido en la tertulia de Luis del Olmo, todavía en Onda Cero. Lo negó en un principio Melchor Miralles, uno de los lugartenientes más preciados de Ramírez, pero tuvo que reconocer que el calificativo de Caudillete, empleado por Raúl del Pozo con el fin de describir el comportamiento de Aznar, había contribuido a la censura. Raúl del Pozo, en su intervención radiofónica, insistió en el creciente riesgo que entraña para la libertad informativa y de opinión la política mediática de La Moncloa, teniendo en cuenta, por lo demás, que los micrófonos de Onda Cero están cambiando ya de dueño. Manda allí, ahora, Aznar a través de persona interpuesta Como condiscípulo suyo es también Pío García Escudero, una de las nuevas estrellas del circo centrista que ha montado Aznar para embaucar a las gentes. Sin duda, ser amigo de Aznar, sobre todo de la infancia o de la adolescencia, se ha convertido en un chollo. Debe pensar El Campeón de Pádel que centrismo y nepotismo son palabras sinónimas.

Con demasiada prensa entregada a la causa (incluidos medios cuya actitud frente al congreso ha sido tan equívoca como sorprendente), resultó ese mismo día 29 de enero muy reconfortante leer la encuesta de La Vanguardia. Sólo el 25% de los votantes del PP se considera de centro, mientras que el 46% se define de centro-derecha o de derecha. La realidad sociológica del Partido Popular (la citada encuesta refrenda una obviedad) es ésa. El PP se soporta sobre una mayoría de ciudadanos conservadores, no pocos nostálgicos o herederos, con más o menos reparos, del franquismo. Así, mientras estaba a punto de comenzar el congreso de

la ascensión del centro a los altares (centro y Aznar son idéntica cosa), los ediles del PP en el Ayuntamiento de Santander hicieron funcionar el rodillo de su mayoría absoluta y, junto a los concejales de Hormaechea, se cargaron una propuesta socialista de cambiar el nombre a la plaza del Ayuntamiento, erradicando de ahí el vocablo Generalísimo. Porque ni Franco ni José Antonio obtienen una especial mala nota o descalificación (no muy sobresaliente tampoco) en la referida encuesta del rotativo barcelonés, desde hace un par de años editado asimismo en Madrid. El caso de Santander, a estas alturas del viaje hacia el centro ("nueve años de caminar por la senda del centro", según Ramírez), es paradigmático.

Tiene razón Joaquín Almunia: "Mire, la edad que cuenta no es la biológica, sino la mental, la espiritual, y le aseguro que Aznar es mucho más viejo que yo; y las generaciones del PP, con 25 años, son más viejas que mis compañeros que vivieron la guerra civil." Lo decía, también en La Vanguardia y también ese día. Yo soy uno de esos compañeros de la guerra civil aludidos por Almunia, aunque yo nunca haya formado parte del PSOE, y más bien estuviera más cerca, en aquellos tiempos de la II República y de la contienda fratricida, de Izquierda Republicana, el partido de don Manuel Azaña, aunque no me agradan las divisiones partidarias y me siento a gusto inmerso en un conjunto globalizador al que puede etiquetarse como progresista o de izquierdas. O izquierda plural, como se la llama actualmente en Francia. Pues bien, a mis 85 años, soy bastante más joven que estos petimetres de gomina, de sonrisa artificial y clónica, coristas del aznarismo, tecnócratas de diversos masters, descubridores de la modernidad asexuada, timadores de ideologías zascandiles de chicha y nabo y maquilladores fiscales, como el reformista Piqué, el discípulo de Javier de la Rosa, cuya devoción hacia el legítimo contraste de pareceres, término que oyeron a sus padres volviendo una tarde de El Pilar, en los sesenta, empieza en el Abc y termina en El Mundo. O va de TVE a Antena 3 TV. O de la Cope a la nueva Antena 3 Radio.

(Raúl, ojalá vuelvas pronto al redil.) De Álvarez Cascos, de Pedro J. Ramírez, de John Milton

Cabe reducir el contenido de la carta enviada por Álvarez Cascos a Pedro J. Ramírez (según manifestara Josep Piqué, portavoz del Gobierno) a un asunto de carácter privado? Cuando los emperadores o sus cónsules más reputados se dirigen por escrito a sus súbditos, mediante misiva, ?es razonable invocar la privacidad del texto con el fin de no analizar el alcance real del mismo? Más aún: ?no parecería un solemne disparate tildar de simple súbdito, sin otros adornos relevantes en cuanto a jerarquía y dignidad, a persona tan notable como es en la corte española de finales del siglo XX Pedro José Ramírez, sin cuyo decisivo concurso el emperador Aznar Augusto jamás probablemente habría podido acceder al trono?

Anda desde hace tiempo Ramírez haciendo públicas cábalas acerca de cuál debería ser, de entre los emperadores romanos, el modelo al que se ajusta con mayor exactitud y fidelidad su antiguo compañero de pádel. Es éste un ejercicio tan erudito como significativo, al tiempo que perfectamente necio, en el que, sin embargo, tiende a complacerse con indisimulable fruición el director de El Mundo. Su homilía dominical correspondiente al 7 de febrero del año en curso eludía referirse a la polémica carta del vicepresidente primero, Francisco Álvarez Cascos, y, en cambio (y aun a pesar de defraudar la expectación levantada en torno al insólito cruce de reproches incluido en la edición del periódico del lunes 1 de febrero), volvía a las divagaciones sobre si, en realidad, Aznar Augusto puede ser una especie de remedo de Octavio Augusto, que es la tesis de una antigua compañera de Universidad de Ramírez.

Parézcase Aznar Augusto al emperador Claudio de Robert Graves (conforme a la primigenia teoría de Ramírez, escasamente favorable, por cierto, a las superiores pretensiones del afectado) o parézcase a Octavio Augusto, la gran incógnita no es ésta, sino qué papel desempeña actualmente el todavía vicepresidente primero y ya ex secretario general del PP. Ni sus compromisos, deudas o gratitudes, ni sus quejas ni sus amenazas, o sus implícitos chantajes (bien visibles en al carta remitida a Ramírez), son cosas de tiempos pretéritos sólo de interés para futuros historiadores. Álvarez Cascos no ha pasado a ser virrey del Reino de España en el Estado brasileño de Pernambuco. Sólo el Altísimo y él mismo, Aznar Augusto, saben ciertamente qué hace o hará Álvarez Cascos en La Moncloa (también lo debe saber la Virgen de la Macarena ante la que se postra, buscando su auxilio ante el dilema del asturiano, el sucesor de éste, Javier Arenas), pero sería una grave equivocación darlo por acabado. Aznar Augusto aún es capaz, como Satanás en El paraíso perdido de John Milton, de encargarle, a Paco Cascos, alguna que otra misión especialísima: "Id, pues, truenos poderosos, que, aunque caídos, sois todavía el terror del cielo." (John Milton, amigo de Galileo, fue el gran propagandista de Cromwell. Mereció, como Claudio, el interés literario de Robert Graves con la novela Wife to Mr. Milton, publicada en 1943 y que yo tuve la fortuna de leer por aquel tiempo, hallíndome en el exilio.)

En efecto, aunque caído (formalmente, caído), Francisco Álvarez Cascos continúa siendo "el terror del cielo". Lo fue, sin duda alguna. Y lo fue cuando, en el centro de la conjura, teniendo de compinche principal a Ramírez, aparte de otros personajes y personajillos de menor cuantía, aunque no por ello secundarios o irrelevantes, Álvarez Cascos dirigía, por indicación expresa de Aznar López (todavía no Augusto), las operaciones de guerra sucia contra González. No advertir que la carta a Ramírez alude inequívocamente a este tipo de sucesos es impropio de la inteligencia sobresaliente de Josep Piqué, máxime cuando el actual favorito de Aznar Augusto atesora una acreditada experiencia en el trato con otro de los más descollantes capos de la extorsión: Javier de la Rosa.

Que el vicepresidente primero del Gobierno haya escrito, de su puño y letra, algunas de las frases incluidas en la misiva mencionada no puede ser despachado con la estúpida coletilla de que se trata de un affaire privado o, a lo sumo, personal. Aparte del episodio de la corresponsal de Oviedo, Ana Gallego, donde Cascos no oculta su sombrío rostro de censor, mientras que Ramírez exhibe su auténtico periodismo de investigación, y aparte del penoso capítulo dedicado a Milú, cuando el autor de la carta demuestra su aguda esquizofrenia respecto al fantasma del felipismo; dos fragmentos, especialmente, resultan estremecedores: 1.- "Pocos podrán presentarte las pruebas que yo tengo de comportamiento responsable hacia tu persona, con ocasión de la campaña que sufriste para perjudicar tu carrera, sin hacerte ni una sola pregunta." 2.- "Tienes mi respeto profesional como director de El Mundo y también una deuda personal conmigo demasiado profunda para que se pueda solventar con decoro."

Álvarez Cascos reconoce que defendió a Ramírez a raíz del vídeo de Exuperancia "sin hacerte ni una sola pregunta". No lo defendió a título personal, como un ciudadano anónimo (que ni lo es ni lo era), ni afirmando que él podía poner la mano en el fuego de la honorabilidad de su amigo. ¿Cómo lo hizo? Para los olvidadizos, es el propio Ramírez quien, en la carta de puntualización o réplica, lo recuerda: "Es cierto que "tú fuiste quien con más contundencia aludió a ello en el Parlamento, como parte de la campaña contra los jueces, políticos y periodistas que habíamos investigado la trama de los GAL." O sea, Cascos asumió la tesis de Ramírez: el vídeo fue "el último crimen de los GAL", perpetrado por la banda de Interior (Vera, Barrionuevo, etc.). ¿Cómo podría explicar Cascos que, en una cuestión tan crucial como ésta, él, en su calidad de vicepresidente primero del Gobierno, hablara en el Parlamento, haciendo suyas las tesis de Ramírez, "sin hacerte ni una sola pregunta"? ?Qué pacto de sangre les unía a ambos? ¿A qué "comportamiento responsable" se refiere Cascos? ¿Al comportamiento de quien, ejerciendo su muy importante cargo, ni pregunta, ni investiga (lo hubiera hecho constar en el escrito), mientras sentencia, condena y cubre una vez más de sospechas y de acusaciones a políticos de la oposición?

Segundo párrafo. La deuda contraída por el director de uno de los periódicos más influyentes de España, y que ha sido coprotagonista de la derrota del PSOE, con el vicepresidente del Gobierno tiene que ser pormenorizada a la opinión pública. Siquiera por aquello imperial del César y de la mujer del César. Sin duda, porque estamos en una democracia y los gobernantes no son autócratas que evitan dar explicaciones a los ciudadanos. Más si, como asegura Cascos, esa deuda es "demasiado profunda para que se pueda solventar con decoro". ¿Solamente puede ser, pues, la deuda profunda saldada !sin decoro!? !Menuda confesión de parte!

Volvamos a Milton y a su paraíso perdido. Así describe la figura casi humana de Satanás, de forma muy parecida, por cierto, a la que podría aplicarse a Ramírez: "Los cielos no han perdido criatura más hermosa; parecía haber sido creada para las dignidades y los grandes hechos, pero en él todo era ficción y vanidad, por más que la lengua destilase maní " El retrato también valdría para Álvarez Cascos.

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