![]() |
||
|
Nº
666 - 17 de octubre de 2005
|
||
| Hemeroteca | Esta semana |
|
De los sapos internos que hay que tragarse Ilustrando el artículo de Pedro J. Ramírez el domingo 9 de octubre, aparecía en El Mundo un dibujo de Pasqual Maragall más o menos en corpiño, cual si el presidente de la Generalitat fuera una meretriz de lujo. De la literatura que acompañaba a la viñeta prefiero olvidarme. Era tan repugnante, a pesar de que, como siempre, Ramírez se presentara ante sus lectores como un estadista. O precisamente por eso, por jugar a estadista, todavía lo era más. Cuando mis ojos cansados a causa de mis más de noventa años contemplaron el espectáculo, pensé para mis adentros que no podía ser verdad, aunque ya casi nada me asombre y mi estupor tenga, por fortuna para mí, algunos límites infranqueables. ¡Pero era verdad: ilustrando un comentario de Ramírez, se veía a Maragall en corpiño! En ABC del sábado 8 la barbaridad la firmaba Martinmorales, ese dibujante que hace años parecía incluso progre. Al menos, progre. Delante de una lápida circulaban en burro o a pie unos paisanos. La lápida rezaba de la siguiente guisa: “Aquí nació Manuela de Madre, socialista catalana que, con su voto al Estatut, nos ha dado una lección de emigrante insolidaria. Andalucía agradecida”. Pues muy bien, Martinmorales, estás en gran forma y sigues en ABC, años tras año, cuántos trienios ya, macho, eso sí, de segundo de Mingote. Es una lástima, sin embargo, que Campmany, don Jaime, ya no esté en el mundo de los vivos, y nunca mejor utilizado el término “vivos”. ¡Qué divertido artículo habría redactado el maestro desaparecido citando alborozado a Martinmorales! Manuela de Madre es, según Martinmorales, una “emigrante insolidaria”. ¿Son imbéciles los ciudadanos de Santa Coloma de Gramanet, localidad de la que fue alcaldesa a lo largo de varias legislaturas, hasta que se la cargó, por cierto, una enfermedad traidora de casi imposible curación? Lo pregunto porque la mayoría inmensa de Santa Coloma, al lado del río Besós, es población inmigrante y la han votado masivamente, elección tras elección. ¿Serán también insolidarios los emigrantes que votaban a Manuela o los que en Cornellá votaban a José Montilla, otro emigrante? ¿Lo son quienes votan al PSC en cada consulta en la Cataluña donde los socialistas cosechan siempre, hasta el día de hoy, victorias espectaculares en los comicios generales y en las municipales, mientras que en las autonómicas, tras décadas de oposición, al fin gobiernan, en coalición pero gobiernan? Manuela, Montilla, Corbacho, el imbatible alcalde de Hospitalet de Llobregat y presidente de la Diputación de Barcelona, ¿son todos ellos emigrantes insolidarios? Los errores cometidos en la redacción catalana del Estatuto son innegables. Sin embargo, tales errores, que son en parte fruto de una geografía electoral altamente compleja, no justifican la avalancha de reproches, ofensas, insultos, recochineo y lo que se quiera añadir a la lista de vejaciones que se propaga en relación al Tripartito desde la prensa afín al PP, en no pocas tertulias radiofónicas y televisivas y, por lo que explican mis nietos, también en Internet. Algunos dicen que son dardos lanzados contra los catalanes. Me temo que no. Que todo este ajetreo demagógico va bastante más allá. Que el estilo de la derecha española, que ya montó números periodísticos de espanto cuando se debatió en el Congreso el Estatuto de 1932, así como a raíz del Estatuto actualmente vigente, es previsible siempre. Porque siempre se crispa sea a causa de Cataluña, de Euskadi, de los matrimonios entre parejas homosexuales, de los papeles de Salamanca, del diálogo (todavía no iniciado) con ETA, de Marruecos, de Iraq o de lo que en cada momento más convenga a sus intereses. Por eso me desconciertan los barones socialistas que caminan en paralelo al PP o que le suministran munición dialéctica impagable. Estoy de acuerdo personalmente en muchos de sus argumentos, a pesar de que me molesta su exaltación de España a veces con aroma de incienso, pues esto de las patrias, unas y otras, no son más que convencionalismos o estructuras administrativas cambiantes, como la historia, que empezó millones de años antes de los llamados Reyes Católicos, nos demuestra fehacientemente. Y después de tales reyes, en España no se ponía el sol y más tarde se puso y éramos un Imperio, y lo perdimos, y no nos quedaron ni Filipinas ni Cuba, para entendernos, y Portugal se desgajó en el siglo XVII o XVIII, se independizó y no sucedió nada de nada, no recuerdo la fecha pero me da igual a los efectos de lo que escribo. Digo en todo caso que estoy de acuerdo con bastantes de los razonamientos de esos barones, pero deberían de ser más cuidadosos y menos centralistas. Y no poner contra las cuerdas a Zapatero dándole puntapiés al presidente en el culo de Maragall. Claro que éste hubiera tenido que ser más prudente y menos heterodoxo porque el cuentecito del Estatuto nos puede costar carísimo. Los de Esquerra deberían, por su lado, repasar la historia y verían cómo determinados excesos de su partido en los años de la II República no condujeron a nada bueno. La culpa de la guerra no fue de ERC, tal como proclaman los pseudo historiadores a la medida de los conservadores. Pero no ayudaron. Este es un mal de las izquierdas, la tendencia a pelearse entre sí. Dentro del PSOE se está advirtiendo con motivo del Estatuto. Y lo mismo pasa entre socios de Gobierno en Cataluña y hasta en España. A
ver si aprenden antes de que sea irreversible. Si liquidamos en baso al
Estatuto la etapa Zapatero, que nos coja Nuestro Señor Jesucristo confesados.
¿Hay mejor alternativa a Zapatero? No, en absoluto. No, para nada. Cuidado,
que la derecha está otra vez eufórica. ¿Esta eufórica la derecha? Por
tanto, a cruzar los dedos y a tragarse los sapos de las desavenencias
internas. Salvo que lo que alguno pretenda en el fondo sea ejercer de
Judas. Allá él, ¡qué asco! |