Nº 662 - 19 de septiembre de 2005
 
Hemeroteca Esta semana

De cuando ‘ABC’ arremete contra los privilegios

Telemadrid y cierra España. Manuel Soriano, su director general, lo proclamó hace unos días: “Telemadrid será bastión de la defensa de España”. Soriano habló como si fuera Eduardo Zaplana o Ángel Acebes. O, para ser más exactos, cual si fuera mismamente Esperanza Aguirre, de quien es desde hace años su longa manu periodística. Soriano interpreta con no poco entusiasmo la partitura del PP. Le ayudarán esta temporada, en su propósito de apuntalar España  gentes tan ilustres como José Luis Moreno, el ventrículo de los negocios mediáticos multimillonarios, o Valerio Lazarov, el rumano que escogió la libertad, aparte de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, entidad controlada por Génova  a través de un tipo llamado Alcaraz que repite consignas peperas.

Isabel San Sebastián, por cierto, también entra en éxtasis cuando se trata de España. Sorprende, en consecuencia, que Soriano la haya apartado de su flamante cadena donde dirigía y presentaba El debate de Telemadrid. Ha sustituido a San Sebastián por Germán Yanke, que escribió hace un par de años un librito vacuo de loa  a la derecha. No hay duda, desde luego, de que Yanke profesa a España cariño parecido al de Isabel. Pero, ¿por qué ha prescindido Soriano de Isabel? Me comentan jóvenes amigos de la profesión que Isabel era considerada por Esperanza Aguirre como demasiado ¡independiente! Enojó Isabel a Soriano al no acatar sus órdenes respecto a un programa de debate sobre un polémico reportaje de Telemadrid  contra la SER acerca del 11-M. Soriano  suspendió el programa y San Sebastián se negó a sustituirlo por otro improvisado sobre la marcha. Isabel en sus debates, me apuntan, cometía además la osadía de invitar, con cierta frecuencia, a políticos socialistas y de IU, además de algunos periodistas rojos. ¿En la España de Soriano no cabe ni Isabel San Sebastián?

Ignacio Camacho, en su Carta al Director del domingo 11 de septiembre, describe en ABC cosas terribles. Quizás sea comprensible porque Camacho no parece atravesar como director sus mejores horas, ya que el diario, en manos de Vocento (el antiguo Grupo Vasco), da bandazos y no encuentra su norte, mientras continúa el goteo de lectores que se van borrando del  rotativo. Unos lo encuentran pacato  en demasía y exigen más sangre, mientras añoran los tiempos de Anson como director, y buscan en La Razón el remedio a su descontento. A los lectores de ABC se les murió Campmany y Antoñito Burgos, aunque se esfuerza, no es lo mismo. Es tan reaccionario como lo era el difunto, pero no da la talla. Y esos lectores sienten nostalgia por el Ussía perdido y hallado en La Razón. Otros se van a El Mundo. Pedro J. Ramírez siempre ofrece espectáculo, está de nuevo encabronado con los socialistas y es capaz hasta de convertir su piscina mallorquina en cuestión de Estado.

Camacho arranca sic su Carta: “La más perniciosa consecuencia de la irresponsable deriva emprendida por el Gobierno en la cuestión territorial ha sido el palmario rebrote de la desconfianza ciudadana en el equilibrio del Estado (…) En cuanto el fantasma federal ha asomado el pico de la sábana bajo la reclamación estatutaria catalana –por no hablar del tirón secesionista de Ibarretxe–, los demonios de la insolidaridad han empezado a golpear la tapa de la caja en que durante un cuarto de siglo los había encerrado el pacto constitucionalista”. ¡Cuánta verborrea de cáscara de nuez! Pobrecito Camacho que cada día se parece más en el tremendismo patriótico a su antecesor en el cargo, Zarzalejos. El actual director no debería olvidar que el anterior cayó porque el periódico empezó a bajar por la pendiente del descenso de lectores.

 Y, codo a codo con sus colegas de La Razón y de El Mundo o de la COPE este Camacho se adentra en la teoría de que La Caixa aspira a desmembrar España o poco menos. Es tal el ridículo que provocan estas reflexiones que a veces pienso, recordando determinada prensa de los años treinta, con ABC en cabeza, que yo leía entonces cuando daba mis primeros pasos en el periodismo, si la derecha española tiene solución a sus males, salvo cuando se va al monte como hiciera en julio del 36. ¿Puede un periódico que alardea de serio acoger párrafos como los siguientes, firmados por su director?

 Veamos: “A nadie se le escapa el enorme conglomerado con vocación de liderazgo que la burguesía catalana ha construido en torno a La Caixa, lanzada en los últimos tiempos a un acelerón hegemónico sin tapujos en el mapa industrial y financiero. Pero menos aún es disimulable la comodidad con que esta vocación está tomando cuerpo desde que el lobby catalán logró situar al inteligente y eficaz José Montilla al frente del Ministerio de Industria, en paralelo a la influencia que el proyecto de revisión estatutaria de Maragall cobraba en el debate angular de la política española”. ¿Dónde habitaba el director de ABC hace unos pocos años, cuando La Caixa era ya accionista de referencia de las grandes empresas privatizadas y mandadas por los amigos de Aznar?

O este otro: “La ofensiva sobre Endesa, pilotada por la gran caja catalana (…) ha sido entendida (…) como una segunda oleada de esta estrategia destinada a volcar sobre Barcelona la primacía estructural de los grandes parámetros de la economía española (…) Cuando los empresarios catalanes (…) se manifiestan a favor de un nuevo Estatuto que España percibe como claramente lesivo para el equilibrio nacional; cuando Carod y sus “camisas grises” levantan día sí y día también amenazas chulescas sobre la cohesión del Estado; y cuando el Gobierno mismo decanta de manera inequívoca sus prioridades hacia ese conflicto claramente artificial, es casi imposible pedir a la opinión pública que no caiga en reduccionismos ciertamente primarios. Porque lo que esa opinión pública constata es que Zapatero y sus aliados quieren dibujar en el mapa político de España una diagonal de privilegios que baja desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo siguiendo el curso del Ebro, y por debajo de la cual puede quedar un amplio territorio claramente condenado a una segunda velocidad política y económica”.

Conmueve sin duda el hecho de que ABC levante su bandera contra los privilegios. Y lo que veremos

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