![]() |
||
|
Nº
642 - 28 de marzo de 2005
|
||
| Hemeroteca | Esta semana |
|
De cómo Esperanza echa una mano Alfredo Urdaci ya tiene digno sucesor. Se llama Manuel Soriano y opera en Telemadrid, la televisión autonómica de la Comunidad madrileña, promovida hace casi veinte años por el Gobierno de Joaquín Leguina y más tarde tutelada por el Gobierno de Alberto Ruiz-Gallardón. En ambas etapas, Telemadrid funcionó con un nivel de autonomía profesional decoroso, sin duda manifiestamente mejorable, pero siendo un canal por lo general alejado de los sectarismos más groseros y, por consiguiente, de los grandes escándalos. No sé si era modélico, pero ciertamente no era abominable, abyecto o insoportable. Hubo tensiones y problemas, pero eso ocurre en todas las redacciones del mundo: en el ámbito público, como es el referido, y asimismo en el privado. Este apacible paraíso llamado Telemadrid empezó a deslizarse peligrosamente por el precipicio de la manipulación sin freno cuando Esperanza Aguirre sustituyó a Ruiz-Gallardón. Atención a este dato porque el cambio, como puede verse, no fue de siglas, sino de personas, de talantes, de opciones bien diferenciadas en el marco de un mismo partido conservador. El PP de Esperanza Aguirre, en la órbita del trío Aznar, Acebes, Zaplana, cada vez se va situando más lejos del PP centrista que encarna sobre todo el actual alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón. Hay gente bien intencionada que se resiste a encontrar diferencias entre unos y otro, todos son lo mismo, todos defienden los mismos intereses, todos juegan a favor de las clases dominantes de toda la vida. En teoría, en medio del combate, a caballo entre el mitin y la trinchera, es probable que tales conceptos tengan alguna validez. Pero, en la práctica, las cosas no son tan simples. El ejemplo de Telemadrid lo confirma sobradamente. No es lo mismo la televisión autonómica madrileña en manos de Leguina o Ruiz-Gallardón –a pesar de que uno sea socialista y no precisamente de los de pitiminí y el otro pata negra del PP– que manejada por Esperanza Aguirre. Con motivo del primer aniversario del 11-M, Telemadrid produjo una serie cuyo último capítulo desbordó los límites de la cordura profesional para transformarse en una plataforma propagandística al servicio de la calle Génova 13, en Madrid. Tanto el PSOE como IU se sintieron, con razón, humillados y escarnecidos por semejante panfleto televisivo. Lo mismo le sucedió a los sindicatos con implantación en esta empresa pública: CCOO, UGT y CGT. El programa se convirtió en un torpedo dirigido a la línea de flotación de la SER, que es el oscuro objeto del deseo destructor de Aznar y sus secuaces. ¡La SER, responsable de la caída del PP el 14-M! He aquí uno de los dogmas más repetidos en el interior del PP e incluso de puertas afuera, sin recato alguno, como suelta públicamente Aguirre entre el entusiasmo de sus fieles. El odio a la SER va parejo al que la derecha manifiesta hacia el Grupo Prisa en su conjunto y a otros medios y periodistas escasamente complacientes con el PP. Nada de cuanto afirmo es falso. Recuérdese, por favor, cuáles fueron las primeras y gravísimas medidas adoptadas por Aznar como presidente e instrumentadas entonces por Miguel Ángel Rodríguez y Francisco Álvarez-Cascos, poco después de conseguir el PP el Gobierno de la nación. “¡Delenda est Prisa!” (“¡Prisa ha de ser destruida!”) ¡Y vaya si ansiaban no dejar de Prisa ni piedra sobre piedra! No alcanzaron el objetivo por el canto de un duro. Pero no han perdonado a Polanco que haya sobrevivido a la ofensiva lanzada contra él por tierra, mar y aire en aquel año 1996-97, con un magistrado del Supremo, Gómez de Liaño, empeñado en ofrecer al César las principales cabezas de Prisa. Sigue el furor más o menos contenido, según las ocasiones. No perdonan que durante los ocho años de estancia de Aznar en la Presidencia del Gobierno este grupo les plantara cara. ¡Ojo a un artículo reciente de Anson, tras el nuevo estampido contra Polanco de diversos empresarios mediáticos a raíz de la transformación de Canal Plus en televisión generalista y gratuita, transformación amparada, desde luego, por el Gobierno Zapatero! Según Anson, Polanco “está ya en el centro de la plaza. Solo y sin peligro. El saloon del PP, cerrado. El pueblo, desierto. Todos tras las ventanas. Dueño absoluto de la situación. Es ya Billy el niño. Polanco the kid. Refulgen los proyectiles en sus cananas. Al cinto, a la derecha, el revólver de El País; a la izquierda, el de la SER. Está dispuesto a desenfundarlos más rápidos que nadie. Lo hizo el año pasado. Se lió a tiros mediáticos tras el atentado al tren. Les ganó a todos. No tiene rival. Sólo le falta el Winchester de la televisión en abierto. Es la factura de los servicios prestados. Se la van a pagar en unas semanas. Al desenfundar tu revólver, forastero, seguirá la caza a distancia. Con el Winchester a la grupa del caballo, dominado el pueblo, el triunfador galopará hacia Europa. Cabeceras míticas del periodismo europeo ya están bajo el punto de mira de Polanco. Tras la conquista del Oeste iberoamericano, ha llegado la hora de la gran cacería europea. Polanco tiene España a sus pies. Se ha engullido a los grandes de otros tiempos: los Godó, los Luca de Tena, los Ibarra. Ninguno ha sido capaz de medirse con él. Sólo Pedro J. sabe lo que hay que hacer para plantarle cara”. Se habla que Anson deja La Razón y que se va con Pedro J. Ramírez. Está claro que en su artículo no incluye a José Manuel Lara Bosch, principal accionista de La Razón y nada menos que de Antena 3 y Onda Cero, aparte de su imperio editorial, Planeta, como rival con voluntad y capacidad de frenar a Polanco. Sólo Pedro J. Ramírez, afirma este hombre que fundó La Razón a partir de su caída en desgracia en el ABC aún en aquella época controlado por los Luca de Tena. ¿Serán, si se produce la marcha de Anson a El Mundo de Pedro J. los últimos de Filipinas resistiendo a la desesperada frente al coloso? Circulan versiones que dan por hecho el trasvase de Anson para reforzar a Ramírez en su cruzada contra Polanco. Mientras, sin embargo, Esperanza Aguirre echa una mano aportando su televisión a la batalla. En el saloon del PP, que Anson daba por cerrado, Esperanza Aguirre ordena al pianista que no deje de tocar, a ver si se animan los clientes. El pianista, que hace de camarero, y de lo que más convenga, incluso de palanganero, se llama Soriano y está acostumbrado a obedecer a su dueña. “Acabarán viendo Telemadrid sólo los hooligans del Partido Popular”, ha declarado Rafael Simancas tras el programa infame contra la SER, diseñado a mayor honra y gloria de los mandarines de la derechona. Contribuye cada mediodía, con su inagotable fervor por la causa, Curri Valenzuela, que dirige y modera un debate donde los periodistas afines, algunos de ellos antiguos miembros del sindicato del crimen, dejan un huequecito en la mesa para algún progre en apuros o dispuesto a enfrentarse a tres o cuatro a la vez, el solito. Este es el pluralismo de Telemadrid. O sea, la falta monumental de pluralismo. La televisión de los madrileños, postrada a los pies de la presidenta, que hace méritos ante los hombres de Aznar por si conviene una sucesora cuando Rajoy tenga que lanzar la toalla y bajar del ring donde nunca probablemente debió subir. Tras la semana santa van a seguir, no obstante, los vía crucis. Y allá arriba el Gólgota, con el lugar adecuado para clavar la cruz. ¿Quién será el primer crucificado? |