Nº 638 - 28 de febrero de 2005
 
Hemeroteca Esta semana

De la segunda guerra mediática

Menuda portada/poster/ la del otro día en La Razón, ese periódico tan independiente, que inspira Luis María Anson y pertenece a José Manuel Lara Bosh, el propietario de editorial Planeta! Volvió Aznar a la primera plana, flanqueado por Lara y el presidente del periódico que nominalmente es Mauricio Casals. Empezaba así, con la mayor solemnidad posible, la cooperación formal entre el “Diario independiente de información general”, fundado en su momento por Anson, y la FAES, el cuartel general de la derecha donde se ha instalado Aznar para sus maquinaciones. ¡Atención, oído al parche: “Aznar denuncia la política económica del Gobierno”!. ¡Gran noticia, paren máquinas, se tambalea Pedro Solbes, tiembla José Luis Rodríguez Zapatero! Y en páginas interiores todo un despliegue de fotografías cordiales: Lara recibe en la calle nada más bajar Aznar de su automóvil al ex presidente; Aznar sonríe junto a Luis María; Aznar saluda a la periodista Carmen Morodo, aparte de otras instantáneas gráficas llenas de alborozado fervor aznarí.

El presidente ahora de la FAES y el mayor editor del Reino, juntos en La Razón. Albricias, gaudeamus igitur. ¡Qué artículo el de Pablo Planas en La Razón para enaltecer al César expectante en su refugio! La FAES, ese “ambicioso think tank”, escribía el tal Planas en el neo Arriba. Basta con leer el primer párrafo: “Aznar quiere hacer una España mejor y en ese cometido cuenta con la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), reactivada tras su abandono de la política”. En fin, que  Lara invirtió en La Razón cuando peligraba el periódico nacido contra ABC. Es el juguete mediático-venganza de Luis María contra los Luca de Tena y Vocento, los vascos de El Correo y de una relación impresionante de medios de comunicación. La escisión de ABC, o sea La Razón, pasaba momentos de grave apuro, a pesar de la inyección económica que le había llegado, entre otros, de empresarios valencianos vinculados a Eduardo Zaplana. Aznar le agradeció a Lara su gesto de invertir prácticamente a fondo perdido para contentar a Luis María. A este caimán conviene, desde luego, tenerlo satisfecho. Lo más satisfecho posible. Se trata de una cuestión de supervivencia, de instinto de conservación. La retribución le llegó más tarde a Lara: obtuvo como compensación nada menos que Antena 3 y Onda Cero. A los vascos nuevos dueños de ABC, Aznar para más inri los ninguneó.

Aznar durante su Reinado jugó con los medios afines al estilo que Franco jugaba con las familias políticas de aquel Régimen repugnante. Les repartía la sopa boba y el trozo de pastel asignado a cada uno como botín de la victoria y le eran adictos porque entendieron enseguida que era mucho más confortable estar intramuros que extramuros del Movimiento denominado nacional. Pero intentaba que se mantuvieran hostiles y recelosos entre sí. Hubo por consiguiente serias batallas intestinas entre carlistas y falangistas, falangistas y Opus, Opus y propagandistas, juanistas y juancarlistas, etcétera, etcétera. Los entretenía azuzando sus rencillas y procuraba al mismo tiempo complacerlos ora a unos ora a otros. Al final, todos rivalizaban por ser más franquistas que los demás a ver si subían en el escalafón del poder.

Pues eso hizo Aznar con acierto evidentemente perverso. A todos quería pero los mantenía en estado de insatisfacción y de celo. Luchaban entre ellos por conquistar más mercado de lectores, oyentes o telespectadores y más publicidad. Con un ojo hacía guiños al ABC de Zarzalejos, al que él puso en la dirección, y con el otro guiñaba pícaramente a Luis María y su Razón. Intimaba con Pedro J. Ramírez pero sin desautorizar a César Alierta el hecho de haberle birlado a El Mundo su incursión en Onda Cero, pagada a precio de oro, incienso y mirra, a mayor gloria de Ramírez. Se quedó éste sin ver cumplimentada su ambición de convertirse en el Polanco de Aznar. Todos los periodistas del Aznarato han soñado alguna vez con ser Polanco o, al menos, Juan Luis Cebrián. De ahí tal les viene su obsesión antipolanquista que es enfermiza a veces y que debiera ser analizada más en el gabinete de un buen psiquiatra que a la luz de los estudios de prestigiosos catedráticos de Política o Sociología. No lo consiguieron y Aznar se enamoró además de recién llegados o advenedizos como Javier González Ferrari, Alfredo Urdaci o Sáenz de Buruaga, por ejemplo.

El sueño de Ramírez duró hasta que un maldito vídeo acabó con su ensoñación dorada. Salvó el pellejo profesional, aunque se quedó a medio camino de la ascensión al poder. En la actualidad, por cierto, ha insistido en su empeño. Quiere ser Polanco aunque preferiría ser Ciudadano Kane. Ha terminado su romance con Rodríguez Zapatero porque su amor no era desprendido ni siquiera algo romántico. Buscaba sólo engatusar al nuevo presidente con el fin de que le concediera un canal de televisión. El Mundo no es un multimedia y el plazo otorgado por los italianos del Corriere de la Sera para que Ramírez expire su mandato avanza inexorablemente. Está decepcionado y resentido con ZP y le ha hecho saber que él es especialista en derribar presidentes como hiciera con Felipe González. Que se ate los machos Zapatero porque las embestidas de Ramírez pueden ser temibles. Las de Ramírez y las de la nueva corte sindical que han declarado la guerra al Gobierno. “Es el sindicato ampliado”, declaró con su lucidez habitual Felipe González tras contemplar el espectáculo del alzamiento mediático contra el legítimo Gobierno de la nación. Los hermanos separados, ABC y La Razón, comparten pancarta de protesta dentro de la lógica de Tele 5 y Antena 3.  ¡Los vascos templados, prudentes y equidistantes unidos al carro del sindicato renacido! ¡Quién lo hubiera dicho hace sólo unos meses! No sólo la política, sino también los negocios hacen extraños compañeros de cama. O los separan, incluso no siendo teóricamente extraños, como está ocurriendo, ¡oh, dioses! con don Manuel Fraga Iribarne, presidente fundador del PP, y don José María Aznar López, presidente de honor del PP.

El domingo 13 de febrero Pedro J. Ramírez difundió su ultimátum a Zapatero en su homilía semanal, transformada en aviso de excomunión: “Pues bien, esto no lo podemos consentir. No podemos consentir que después de haber buscado las noticias hasta la extenuación y de habernos esmerado a fondo en su interpretación y análisis para lograr que nuestro periódico haya crecido en 2004 el doble que ese prepotente competidor, ahora llegue un Bertrand Dugesclin del buen talante a decirnos que ni quita ni pone rey, pero ayuda a su señor. Entre otras razones porque ese no sería el ZP que hasta ahora –entre aciertos y errores- ha merecido el beneficio de nuestra duda”.

Con este añadido a modo de recordatorio: “Y nuestro caso no sería el único. Después de haber vivido como uno más de sus protagonistas aquellas iniciativas unitarias que hace una década pusieron al felipismo en la picota colectiva por abusos tales como el proyecto de ley mordaza o las agresiones de toda índole a la libertad de expresión, debo decir que ni siquiera entonces existió un nivel de indignación y agravio en los estamentos directivos de las empresas informativas como el que estoy detectando ahora. Grupos como Vocento, Recoletos, Antena 3, Telecinco o la COPE tienen un cabreo indescriptible”.

El mismo día que se publicó la foto de Aznar y Lara en La Razón, Anson hablaba de “frente común contra la ley Polanco”. Y advertía a Zapatero que “enfrente tiene a los dos canales privados de televisión, a tres potentes cadenas de radio, a los periódicos de más relieve en España, a los mejores profesionales del periodismo español. El gran pulso está en marcha, los brazos tensos, las musculaturas hinchadas (…) Los socialistas están, sin embargo, en el sostenella y no enmendalla, Zapatero va a dejar, en todo caso, muchos jirones de prestigio en las alambradas de sus deudas políticas”. La segunda guerra mediática, a punto. Son los mismos que antaño, esta vez reforzados. Dan miedo, pero Zapatero está muy lejos aún del desgaste. Estos galgos del sindicato corren en esta ocasión demasiado pronto. Allá ellos.

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