Nº 618 - 4 de octubrede 2004
 
Hemeroteca Esta semana

Del silencio de los cínicos

Deseo manifestar de inmediato que no puedo entender, salvo que sea fruto del miedo o de ganas de rebajar las tensiones con el PP, la conclusión que la defensora del lector del diario El País, Malén Aznárez, suscribía el domingo 26 de septiembre, parapetándose en el criterio del director adjunto y responsable de Opinión, Lluís Bassets, a raíz de un editorial publicado por el rotativo de Jesús Polanco en el que se recogía algún paralelismo digamos histórico entre Aznar y Bin Laden. ¿Cuál es esa conclusión? “A esta defensora le hubiera gustado que muchas de estas cartas (cartas de los lectores) hubieran sido menos ofensivas e insultantes, y más respetuosas, en consonancia con el respeto que solicitan los lectores. Pero, preferencias al margen, considera que Lluís Bassets tiene razón: cuando un editorial necesita explicación es que algo ha fallado. Y, sin entrar en análisis históricos, cree simplemente que esa frase fue un error, una imprudencia”.

Se trata, como probablemente muchos de mis lectores saben ya, del editorial de El País a propósito de la conferencia o clase impartida por José María Aznar en la Universidad norteamericana de Georgetown, durante la cual el ex presidente del Gobierno deslizó, como si de una prodigiosa aportación histórica se tratara, la hipótesis de que los enfrentamientos de Al Qaeda con España se remontan a la invasión de los musulmanes, los moros dijo él, y a la guerra de la Reconquista que duró por cierto la friolera de ocho siglos. Una frase de ese editorial provocó la indignación de Mariano Rajoy, de Ángel Acebes y del Comité de Dirección del partido. Los dos primeros enviaron una durísima carta de réplica al periódico, en un ejercicio sin apenas precedentes en los últimos veinticinco o más años.

La frase en cuestión es la siguiente: “En la invención del pasado, y la reivindicación de las cruzadas entre el islam y la cristiandad, hay una inquietante similitud entre Aznar y Bin Laden”. Mi pregunta es ésta: ¿una frase como la transcrita se entiende fácilmente o no se entiende y necesita, por contra, de explicación posterior? Aviados estaríamos si se siguiera siempre el mismo criterio por parte de la dirección de El País. Pongamos por caso que el partido éste o aquél, el grupo éste o aquél, fulanito o menganito leen en un editorial unas líneas que les incomodan o les irritan. Solución: inundar, de tener capacidad, y el PP naturalmente la tiene, la redacción de cartas y mensajes de lectores o de supuestos lectores protestando, puesto que ello demostraría que no se ha entendido el editorial, según la doctrina Bassets. Y, por consiguiente, hay que pedir disculpas argumentando que la frase no ha sido ni afortunada ni prudente.

Digo lo de las cartas supuestas porque Malén Aznárez insinúa claramente que pudo haber montaje en la autoría de las citadas misivas.  Así comenzaba el artículo de Aznárez, como defensora del lector: “El editorial titulado El teatro del horror (...), que examinaba la actual escalada de horror en Iraq, ha provocado numerosas quejas de lectores, plasmadas en medio centenar de cartas –muchas de ellas con una sospechosa coincidencia en algunos párrafos–, con un denominador común. El País, dicen, hacía en el último párrafo del editorial una comparación inadmisible (...)”. Yo, con más de setenta años de profesión, buena parte de ella desarrollada en el exilio, sostengo que el párrafo era inequívoco y se limitaba a constatar una posible coincidencia entre Aznar y Bin Laden a la hora de enfocar el sangriento litigio existente en la actualidad. Eso es todo. Que es cierto y, desde luego, es mucho y muy grave. No puede olvidarse, al respecto, que Bin Laden, si mi memoria no me falla, hizo una declaración hace no demasiado tiempo aludiendo a que uno de los objetivos de Al Qaeda era precisamente la reconquista de Al Andalus. Con su teoría de Georgetown, Aznar legitima el ensueño demencial del integrismo violento musulmán de ocupar de nuevo gran parte de la España de nuestros días.

Javier Tusell, de cuya prudencia nadie podrá dudar, razonaba también en El País del día después, 27 de septiembre, con erudición y fundamento. “No merecería la pena abordar la cuestión aludida por el ex presidente Aznar en su primera intervención profesoral en Washington de no tratarse de una cuestión más de fondo. Remontar hasta el siglo VIII el origen de la confrontación esencial entre España y el islam y ligarla al actual terrorismo islámico puede parecer grotesco. Se diría que quien emite esta opinión es un filósofo muy cercano a la estirpe del «guerrero del antifaz». Todo lo que los dirigentes del PP afirman en su nota acerca de la propia trayectoria ante el terrorismo es verdad, pero no libra al lector del inquietante interrogante de cómo Bin Laden ha podido opinar antes que Aznar lo que éste ahora repite (...)”, puntualiza. Las simplificaciones de Aznar, que  niegan sus acólitos en cuanto conducen en cierto modo a Al Qaeda, son perfectamente conocidas por todos los ciudadanos. ¿Por qué no se escandalizaron como han hecho ahora los líderes del PP cuando Aznar clamaba por todas partes que había que escoger, acerca de la guerra de Iraq, entre Bush o Sadam Hussein? Aznar creía o hacía creer que o se estaba con Bush o se estaba con Sadam. ¿No era ésa una comparación mucho menos matizada que la del editorial de El País, destinada a descalificar a cuantos salieron a la calle para expresar su no rotundo a tal guerra?

El episodio reseñado puede parecer anecdótico, pero me da la impresión de que no lo es. La presión de las cartas que la defensora del lector de El País califica de “ofensivas e insultantes” ha conseguido promover, con la valiosa cooperación de Rajoy y de Acebes,  un acto de arrepentimiento, si se quiere relativo, por parte del más importante periódico español. Y, repito, ese párrafo era nítido y sólo se podía interpretar de forma perversa a partir de prejuicios manipuladores. ¿Quién se ha creído que es, a la hora de emitir dictámenes de ética periodística, ese probo funcionario del PP, y antes de la UCD, Eugenio Nasarre, que describe como “repugnante” el comportamiento de El País en torno al editorial de marras?

El PP, que ha censurado, instrumentalizado, vetado, castigado o amenazado hasta la saciedad, se ha disfrazado en esta ocasión de vestal mancillada. Repasemos sucintamente la carta de Rajoy y de Acebes: “Al Partido Popular (...) esta afirmación que el diario El País ha realizado le parece una agresión injustificada que supera todos los límites. En política, en periodismo, en cualquier actividad humana, hay que respetar unos límites. Éstos a veces están impuestos por las normas y otras, la mayoría, por la moral o los principios. Aquí se han rebasado todos ellos”. ¿Dónde estaban los límites del PP cuando decidieron llevar a la cárcel a Polanco y a Cebrián, amedrentaron a Asensio y depuraron a cientos de periodistas, algunos conocidos y otros anónimos, por el grave delito de ser críticos con la derecha? Silencio: el silencio de los cínicos.

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