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Nº
610 - 5 de julio de 2004
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De Gallardón y también de la Corona En el ABC de hace unos días se reflejaba cuál es el estado de ánimo en el interior de la cúpula y alrededores del PP respecto al notorio relieve otorgado por Rajoy a Ruiz-Gallardón, quien será el encargado de abrir oficialmente el XV Congreso de este partido, pronunciando, al parecer, un discurso no protocolario, sino de intensa coloración política. La crónica, firmada por C. de la Hoz y P. Planas, ambos expertos en los entresijos del PP, aludía a que el gesto de Rajoy había sido calificado nada más conocerse de “jugada maestra”. Sin embargo, “fuentes de la dirección (...) realizaban una lectura mucho más ponderada del protagonismo del alcalde”, subrayando que es tradición del PP que sea el alcalde de Madrid, así lo hizo durante años José María Álvarez del Manzano, quien se dirija en primer término a los asistentes. Esta circunstancia, señalan tales fuentes, rebaja notablemente la proyección supuesta de Ruiz Gallardón. Pero nunca antes el líder del partido, hasta hace bien poco José María Aznar, había destacado que Álvarez del Manzano sería el anfitrión del Congreso y que, además, su parlamento tendría carácter claramente político. Por ello, cabe leer en el periódico citado, “la intención de Rajoy ha provocado cierto asombro y estupor en muchos de sus compañeros (...) que llegan a minusvalorar la intervención del alcalde, a quien no corresponde en absoluto marcar las líneas políticas del PP ni decir al resto de los dirigentes cómo abordar su tarea los próximos tres años (...) Tampoco falta quien considera que Rajoy necesitaba potenciar, al menos aparentemente, el papel de Gallardón en el XV Congreso después de que Esperanza Aguirre haya sido designada presidenta del cónclave y su mano derecha, Ignacio González, uno de los ponentes. Así, hay múltiples interpretaciones sobre Gallardón (...), pero un denominador común: minimizar la importancia de su papel y desviar la atención hacia otras intervenciones que se consideran trascendentales”. ¿Por qué ABC tiene este empeño en reducir la figura de Ruiz-Gallardón? ¿Lo hace a propósito o, como yo intuyo modestamente, no hace otra cosa que pulsar el ambiente de puertas adentro del PP, donde por lo general se respira un aire poco propicio al actual alcalde de Madrid, personaje peculiar, cuyo perfil es considerado por unos y otros como centrista y, desde luego, como liberal en la mejor acepción del término pero, asimismo, resulta para muchos un traidor? En la crónica de referencia se asegura que este político, hijo del fallecido José María Ruiz-Gallardón, dilecto amigo y colaborador de Manuel Fraga, suscita “recelos (...) por sus amistades peligrosas”. Ésta es otra de las obsesiones subyacentes en el PP y, con especial énfasis, en su cortejo mediático. Las amistades de Gallardón son peligrosas o, al menos, equívocas. Dime con quién vas y te diré quién eres. No soportan sus críticos del PP que Ruiz-Gallardón tenga relaciones fluidas con el denominado polanquismo. Tampoco se le perdona que hable con frecuencia, y en un clima de cierta confianza, con Felipe González, la bestia negra de la derecha española. Éstos y otros escarceos progres del alcalde madrileño, como su fervor por Joan Manuel Serrat o por Ana Belén, así como su apuesta por tener a su lado primero como consejera autonómica de Cultura y más tarde como concejal asimismo de Cultura a Alicia Moreno, sacan de quicio al macizo de la raza conservadora. ¿La hija de Nuria Espert haciendo con Gallardón lo que hiciera en su época André Malraux con el general De Gaulle? ¡Hasta aquí podíamos llegar! Pero todo lo dicho en el anterior párrafo no figura en la radiografía de ABC. Por lo visto el auténtico amigo malo de Gallardón es actualmente Maragall. Textual: “En este sentido, se afirma que el alcalde de Madrid potencia en exceso sus relaciones con dirigentes socialistas como el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall. La concesión a la ciudadanía de Madrid del premio Blanquerna que otorga la administración autonómica catalana fue objeto de la penúltima polémica, pues el acto, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de la capital de España, coincidió con el ecuador de la dura campaña de las elecciones europeas y dio pie a felicitaciones y abrazos entre el alcalde madrileño y el presidente de la Generalitat (...) A Gallardón le seduce el perfil progresista que le otorgan esa clase de contactos. Sea como fuere, las opiniones en el seno del PP van desde el ninguneo absoluto a Gallardón hasta la consideración de que puede ser uno de los próximos cuatro vicesecretarios del PP de Mariano Rajoy”. ¡Menudo pecado ser amigo de Maragall! ¡Y menudo problema, hasta el momento más bien silenciado, el que puede derivarse de la actitud del PP catalán en relación al contencioso sobre el Archivo de Salamanca! También leí la noticia en el ABC bajo este titular: “El PP vota en Cataluña a favor de la segregación del Archivo de Salamanca”. ¿Cómo ha sido consentido tamaño sacrilegio? Se nos ha venido reiterando, con machaconería inasequible al desaliento, que el PP, a diferencia del PSOE, todo un ejemplo de guirigay político, tenía una sola voz en cualquier confín de España. Pues no, resulta que en una cuestión tan delicada como el Archivo de Salamanca el PP catalán se ha alineado con el resto del arco parlamentario: desde el PSC a CiU, incluyendo Iniciativa y, ¡ay!, ERC. ¿Pero qué me dice usted? ¿Con ERC ha pactado Piqué? Esto es un pandemónium insoportable. Que vuelva Aznar. ¿Qué han de decir la mayoría de los columnistas habituales de ABC? ¿Lo de Salamanca puede o no romper España? ¿Piqué es como Gallardón? ¿Para qué pensar? ¿Para qué dudar? Lejos de nosotros la funesta manía de pensar. Luis María Anson, el escindido de ABC, el hombre de La Razón, está que trina con la encuesta del CIS sobre la monarquía. Hace cuatro años, mandando el PP, ya el CIS hizo una encuesta parecida. Pero eran otros tiempos. Según Anson, “el CIS ha formulado una serie de preguntas tendenciosas, y además idiotas, sobre la monarquía (...) La gente ni se preocupa por la forma de Estado que el pueblo estableció en la Constitución y que cumple con acierto el papel que la voluntad general le asignó”. Pues ya ven ustedes. La gente no se preocupa por estas minucias, que si monarquía, que si república. Sucede, no obstante, que los resultados del CIS no son en absoluto estimulantes o favorables a la monarquía. El 55% de los españoles opina que la monarquía es “algo superado desde hace tiempo”. Y la boda de Felipe y Letizia, contra todo pronóstico, suscitó poco o ningún interés entre los ciudadanos. Hay otros síntomas menos preocupantes. Por ejemplo: la monarquía “está enraizada en la tradición y la historia de España”, según un 81% de los encuestados, mientras que un 49,8% frente a un 34,5% considera que la Corona “garantiza el orden y la estabilidad”. Pero da la impresión de que la llama ha empezado a menguar y el entusiasmo de antaño ha ido decreciendo paulatinamente. Justo cuando se aproxima la fecha, indeterminada aún por supuesto, de la sucesión. El príncipe heredero se ha casado al fin y, con instinto de acercarse a la ciudadanía de a pie, lo hizo con Letizia. ¿Acertó desde el punto de vista institucional, que es lo único que debe interesar porque las relaciones de la pareja pertenecen, o tendrían que pertenecer, a la más estricta intimidad de ambos? Anson sostiene que la gente no se preocupa, y punto. Como el viejo zorro es listo sabe que es mejor no meneallo, que la prudencia aconseja no abrir el melón, aunque estemos en pleno verano. No enredemos que no está el horno para bollos. El ciclo del Rey se va agotando Su aureola ha sufrido algunos desperfectos no menores. Para algunos el Rey está desnudo. O empieza a estarlo. No es ésta una institución de origen divino, que era una de las preguntas del CIS. No se trata de un sistema teocrático, como las viejas monarquías absolutas de antaño. Pero sí es un sistema fundado en la casualidad genética o, si se prefiere, en la Divina Providencia. Procrear no es lo mismo que elegir al jefe del Estado en las urnas por muchas vueltas y rodeos que se le pretenda dar a la monarquía parlamentaria. El CIS es el termómetro, a veces erróneo, ciertamente, de un país democrático. La temperatura en cuanto a la Corona ofrece algunos datos para la inquietud. La salud es buena, pero no excelente. No es como antaño. No es grave, pero habrá que reforzar la institución. Anson prefiere dejar las cosas como están. La teoría de la avestruz o la de la venda en los ojos significa pan para hoy y hambre para mañana. Y lo cierto es que, con evidente sentido común, una mayoría de españoles entiende que la monarquía es “algo superado desde hace tiempo”. |