Nº 593 - 8 de marzo de 2004
 
Hemeroteca Esta semana

De los grandes hermanos

Dónde se esconde Alfonso Ussía? ¿Ha caído por Dios y por España? Dice el rumor que cualquier día de éstos Ussía reaparecerá en La Razón, acogido al fin por su amigo Luis María. (Chapeau, por cierto, Carlos Carnicero, valeroso colega, denunciando en la SER y sin tapujos los tejemanejes económicos de Luis María y su hermano Rafael,  cobrador sin frac). Así pues, pronto la alegría volverá a los hogares de los españoles buenos y honrados. Regresa Alfonso Ussía, salvo contingencias no previsibles, y lo hará a través de  La Razón. Aleluya. Alfonso, nombre  inequívocamente dinástico, tan español, tan monárquico, tan señorito, tan gracioso, expulsado de ABC, qué barbaridad, qué atroz injusticia, no se puede uno ni fiar ni siquiera de los vascos que proclaman su españolidad a los cuatro vientos, como los del Grupo Correo, llamado Vocento en plan más fino, casi posmoderno.

En ABC quieren liquidar a la vieja guardia. Hasta Jaime Campmany corre peligro. También, dicen, peligra el gran Mingote. Circulan versiones catastrofistas en los confidenciales electrónicos, cuyas noticias y comentarios me llegan a través de mis nietos, como he narrado aquí mismo en más de una ocasión. Extremen el  cuidado, toda precaución es poca, los veteranos de la Casa, llegados al rotativo cuando el apellido Luca de Tena era aún solvente, no se hable más, un linaje de caballeros, una estirpe noble, vinculada a patrióticas hazañas bélicas de carácter aéreo. Recuerden, por favor, el Dragon Rapid. Fueron felices los años ochenta con Luis María de director, subiendo la tirada, reflotando la nave que navegaba hacia al naufragio, a la deriva. Engulló a los lectores de El Alcázar y del YA e hizo de ABC uno de los arietes infatigables contra el Gobierno socialista, reforzado luego por El Mundo, que nació cerca ya de los años noventa, con el sindicato del crimen en pleno apogeo hasta que lograron el objetivo.

Más tarde llegó la escisión. Luis María montó su chiringuito. ¡Ojo que puedo cantar la traviata: todo sobre el golpe mediático, judicial, financiero y político, lo que no está escrito y aquí la armo, mi querido José María, respetado presidente! El aviso para navegantes surtió efecto. Algún día se escribirá la historia verdadera de La Razón y se rastreará con minuciosidad en sus cuentas, en sus números rojos de escalofrío, y se conocerán los nombres y apellidos de  accionistas relevantes, los de la pista castellano-leonesa  y, sobre todo, la pista levantina o fallera, aparte de Juan Manuel Lara Bosch, heredero del imperio Planeta, que financió, y sigue ahí perdiendo dinero a espuertas, el periódico como eficaz salvoconducto para acceder a la propiedad de Antena 3 TV y  Onda Cero.

 Ambos diarios, el ABC y La Razón son aznaristas sin fisuras, sus directores en primer tiempo de saludo, aunque se concedan algún respiro, ciertas picardías, pequeñas contraprestaciones críticas, anecdóticas, de tono menor, minúsculas. Buscan con anhelo, cada cual por su lado, llegar a ser la favorita del sultán. Éste va repartiendo sus favores ora a uno ora a otro. Al ABC lo recompensó, recientemente, con un premio gordo: nada menos que la revelación de los contactos de Carod-Rovira con ETA. Anson tiene un hermano poderoso. Zarzalejos, también. Gran exclusiva, filtrada desde Moncloa. Luego Anson trató de chupar rueda, se inventó que los etarras iban a por La Razón, inventarse la realidad es su fuerte, y vivió horas de gloria, sin desmentido alguno del Ministerio del Interior. Estaba Ángel Acebes muy ocupado defecándose en Carod-Rovira, mientras Anson parecía que lo hubieran matado a él y a su redacción en pleno, mártires del terrorismo, héroes de la hispanidad, moscardós de alcázares supuestamente razonables.

Cómo debió de gozar, el viejo caimán, escribiendo su leyenda. ¡Qué hermoso título! Vivos gracias a la Guardia Civil. “No han cesado las llamadas telefónicas en toda la tarde. Escritores, académicos, intelectuales, políticos, sindicalistas, empresarios, deportistas, artistas, lectores anónimos y, sobre todo, compañeros de profesión, me han llamado para expresar su solidaridad con el periódico. «Estáis vivos de milagro», ha sido la frase más repetida. A todos he contestado lo mismo: «Estamos vivos nosotros, tal vez otros destinatarios del atentado, gracias a la Guardia Civil». (...) El objetivo, según los propios etarras y según lo difundido por los canales de televisión, era La Razón”. El muy ladino, sin embargo, hace una finta por si acaso: “Yo no descarto que los terroristas hayan mentido para ocultar otros propósitos”.

Da lo mismo. El culpable, Carod-Rovira (léase, claro, Rodríguez Zapatero). La víctima, Luis María Anson. El prestigioso fabulador no albergaba dudas respecto a Carod: “En todo caso, ahora se comprende bien la atrocidad del acuerdo de Carod-Rovira con Josu Ternera: «Asesinad en España pero no en Cataluña y, a cambio, podéis contar con mi apoyo institucional». Estaba claro que ETA iba a intentar y continuará intentando un gran atentado. Es su tarjeta de visita, rubricada por estas palabras: «A ver si aprendéis. Si os ponéis de rodillas como Carod-Rovira no habrá atentados. Pero para ello tenéis que ceder en todo». A Ángel Acebes hay que ponerle un diez por la contundencia de sus declaraciones (...)”.

 Al lado de Miguel Ángel Rodríguez, todo hay que decirlo, el prestigioso fabulador aparece como un moderado. El  recuadro firmado por Rodríguez sobre el supuesto atentado contra La Razón es una nueva muestra de perversidad: “La Razón sale hoy con normalidad y todo parece indicar que aquellos que pactaron la tregua con Carod tenían intención de segar algunas vidas de este periódico. Felicidades a Carod y a sus amigos porque el atentado no era en Cataluña. Los que trafican con armas se llaman traficantes, y a los que negocian con la mafia se les llama mafiosos. Zapatero tiene muy difícil convencer a los ciudadanos de que pueda llegar al poder sin su ayuda. Él sabrá a qué carta juega. Él sabrá por qué ha puesto su vida política en manos de un megalómano llamado Maragall. (...) ETA mata, los que negocian con ETA negocian con la muerte; los que gobiernan con los que negocian con ETA tienen que admitir que se lo repitamos mil veces hasta que dejen de hacerlo. O hasta que los terroristas nos maten para que no lo digamos. Ayer ya lo planearon”.

Miguel Ángel Rodríguez, siempre el látigo de Aznar. Látigo de superlujo, desde luego. José María García, butanito, que habla desde el despecho, circunstancia que le permite llamar a las cosas por su nombre, sin cobijarse en los eufemismos, lo definió así el otro día, en la presentación de un libro sobre Antonio Herrero: “Rodríguez es hoy un acaudalado empresario, aunque no ejemplar”. ¿No ejemplar? ¿Por qué? ¿Cómo ha llegado un periodista mediocre a ser un “acaudalado empresario”? He ahí otra historia apasionante, que está por escribir al completo. Confiemos que no tarde en saberse tanto tiempo como ha tardado en revelarse la verdadera identidad del padre de Mariano Rajoy, presidente que fuera de la Audiencia Provincial de Pontevedra, habitando todavía el Generalísimo en el palacio de El Pardo. Y aun así, las andanzas de Mariano Rajoy Sobredo, el progenitor, permanecen sumergidas.

Leí la referencia impresa de una noticia de elconfidencial.com. Mariano Rajoy Sobredo tuvo que juzgar “uno de los casos de corrupción más notorios de la dictadura, el denominado caso del aceite de Redondela”. El papá del candidato “hizo al hermano de Franco, Nicolás, uno de los grandes favores de su vida al impedir que prestara declaración ante el tribunal”. El asunto afectaba, entre otros jerarcas, al hermanísimo, un libertino forrado o, como diría García, “acaudalado”. Murieron en extrañas circunstancias al menos seis personas. Hubo suicidios, matanzas familiares, sospechosas emanaciones de gas en la cárcel de Vigo, muertes de testigos. En fin, un tenebroso serial con la familia Franco al fondo. Rajoy Sobredo antepuso su sumisión o adulación al poder vigente a su deber inexcusable de impartir justicia. De magistrados como éste aprendió probablemente su oficio el actual fiscal general del Estado, Jesús Cardenal.

De aquella casta franquista proceden estos galgos peperos. Rajoy, también, faltaría más. Mira, Mariano, querido juez, te lo digo yo, Manolo Fraga, que entiendo de esto, muchos años en la política sirviendo siempre a España: tu hijo, Marianito, vale. Y tanto que vale. Llegará lejos.

Hemeroteca Esta semana