Nº 573 - 13 de octubre de 2003
 

De la ‘Brunete Mediática’

Escribe el novelista Juan Manuel de Prada en el ABC, cada vez más escorado este periódico de la derecha hacia la derecha, en torno a La Brunete Mediática (tal es el título de su comentario correspondiente al día 6 de octubre). Esa expresión fue empleada por Pasqual Maragall para referirse a la prensa de la caverna y, naturalmente, ha encendido los ánimos, siempre a punto, por otra parte, de los periodistas concernidos. Como el término Brunete Mediática fue engendrado, al parecer, por algún destacado líder del nacionalismo vasco como Iñaki Anasagasti o Xabier Arzalluz, a Maragall se le vuelve a acusar de soberanista catalán camuflado, de irresponsable o, sencillamente, de majadero. ¿A quién se le ocurre, salvo que uno no esté en sus cabales, hacerse eco de cosas relativas al siniestro mundo de los cómplices del terrorismo? ¿O no son cómplices, los militantes y simpatizantes del PNV y de EA, y los de IU también, de los asesinos?

El jovencito escritor se rasga las vestiduras. “Al denigrar a los periodistas, señala De Prada, con ese sambenito oprobioso de ‘brunete mediática’, que tanto regocijo habrá causado a quienes lo acuñaron, Maragall adopta la estrategia del calamar y elige el muy socorrido recurso de matar al mensajero. Quizá estos desahogos tan cutres sirvan para tranquilizar su conciencia”. Pero este chico novelista no quiere darse cuenta de que lo de Brunete Mediática describe con mejor o por fortuna una realidad inquietante: la sistemática tendencia de los medios afines al PP, que son la mayoría, a manipular los argumentos de sus adversarios y, una vez hecho esto, arremeter contra ellos por haber dicho aquello que no han dicho. Por ejemplo: ahora acusan a los socialistas de  querer liquidar, destruir, cargarse o aniquilar a la Guardia Civil, cuando la propuesta del PSOE al respecto es la de fusionar en un solo cuerpo u organización a la Policía Nacional y a la Guardia Civil. ¿Cómo puede confundirse la voluntad de unificar a estas dos fuerzas de seguridad con la de cepillarse a la denominada Benemérita?

El propio Juan Manuel de Prada lo hacía dos días antes de atacar a Maragall y en el propio ABC. En esta ocasión el título de su artículo, Las cagaditas del PSOE, rozaba la escatología, aunque de forma cursi; sin duda, para no asustar a los lectores y a las lectoras del barrio de Salamanca, alrededores y otras zonas. Una de estas cagaditas es, textualmente, la de haber lanzado los socialistas “un órdago contra su pervivencia” (la de la Guardia Civil, por supuesto). De Prada teoriza en favor de la Guardia Civil, la defiende con  ardor, asegura que la sociedad española la admira. Sin embargo, ¿es que ha sostenido alguien con autoridad, desde el PSOE, lo contrario?  Para nada. Los socialistas, en esta oportunidad, han advertido simplememente que las rivalidades corporativistas entre Policía y Guardia Civil, lo que es humano, y su frecuente falta de coordinación adecuada y eficaz produce, a veces, errores tan monumentales como los registrados recientemente. ¿Por qué sacar, por consiguiente, la conclusión de que “los rojos van a por la Guardia Civil que nos protege”, que tal es el mensaje nítidamente subliminal que el Gobierno nos está vendiendo? Porque así se ganan votos y se lamina a la izquierda. En este arte malvado, tanto el PP como sus bien recompensados pregoneros son maestros. Lo ejercitaron desde la oposición, entonces a través de la AEPI o del Sindicato del Crimen,  y lo continúan ejercitando hoy mediante lo que se ha convenido en denominar La Brunete Mediática.

Éstas son las reflexiones del escritor De Prada a partir de una falsedad como la narrada: “En esta desesperada y errática deriva de los socialistas se adivina –amén del patetismo del volatinero que prueba piruetas cada vez más arriesgadas en el escenario, para frenar las deserciones del público– una propensión irrefrenable hacia la política puramente especulativa, desenganchada de la vida, sorda a las inquietudes más perentorias del ciudadano (...) Sólo así se explica la obcecación con que los socialistas embisten contra asuntos pacíficamente aceptados por el común de la sociedad; asuntos que presentan la solidez de un muro bien cimentado en el inconsciente colectivo, pero que ellos se empeñan en demoler, a fuerza de pegarles topetazos. Y el resultado, claro está, es que salen descornados del envite. Ya apreciamos esta tendencia masoquista y empecinada en la beligerancia exhibida contra la enseñanza de la religión en las escuelas. Enseguida, en un triple salto sin red, se encebollaron con una propuesta de un modelo territorial de nuevo cuño, justo en el momento en que la sociedad española presiente que las veleidades segregacionistas pueden dar al traste con una aspiración de prosperidad y cohesión que se ha forjado con sacrificios y unánimes esfuerzos. Ahora la toman con la Guardia Civil, para acabar de cagarla. (...) Han vuelto a cagarla. Y lo peor de todo es que la mierda hiede”.

A la enseñanza de la religión aludía en el citado rotativo, el 4 de agosto, el abogado Jorge Trías Sagnier, ex diputado del PP, en su habitual columna: “El socialismo español no volverá a ser alternativa de Gobierno mientras siga deambulando por la senda de la España irreal [Reparen, por favor, mis pacientes lectores de El Siglo, hasta qué extremo es coincidente el fondo del argumentario de Trías Sagnier con el de De Prada]. En política exterior se alía con los prosoviéticos y filocastristas de Llamazares. En asuntos domésticos, carecen de propuestas a las distintas reformas que va proponiendo el Gobierno (...) Contra lo que opina la inmensa mayoría de los votantes, hacen el caldo gordo a quienes directa o indirectamente quieren dinamitar la Constitución (...) Lo que ha ocurrido con el griterío que armaron ante la nueva regulación de la enseñanza de la religión, no es otra cosa que que el último episodio del desorden que tienen en su casa (...) la religión y, como consecuencia de ese fenómeno, la educación religiosa es algo que nos preocupa. Nos produce desazón que nuestros hijos se eduquen sin ninguna formación, o con una formación deficiente y descafeínada, en materia de religión, pudiendo ser caldo de cultivo de cualquier adoctrinamiento sectario y espurio (...) Como ha manifestado el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, a partir de ahora, ‘el estudio del hecho religioso, como fenómeno antropológico y cultural, será necesario para todos, bien en la opción confesional católica (o, en su caso, evangélica, judía o islámica), bien en una opción no confesional’. Nuestros hijos podrán así conocer los beneficios que tiene para la persona el estar abiertos a la trascendencia a Dios. En suma, hay que agradecer, cualquiera que sea nuestra ideología, este nuevo impulso a la enseñanza de la religión”.

 “Cualquiera que sea nuestra ideología”, enfatiza Trías Sagnier, todos hemos de estar agradecidos al PP, que nos ha devuelto la religión, obligatoria en la práctica, a las aulas. Mientras el PSOE va de compañero de viaje de  prosoviéticos y de  castristas, pretende por omisión al menos dinamitar la Constitución y carece de propuestas, el PP vela por nuestra Santa Religión y, consecuentemente, vela también por nuestros hijos y su futuro. ¿Pueden escribirse más bellaquerías en menos espacio? No es fácil, aunque llegará el día en el que este vacuo Trías Sagnier, perejil de demasiadas salsas, letrado defensor de algún personaje ominoso, zascandil como pocos, lo consiga. Como lo ha logrado José Manuel de Prada al resumir la situación subrayando que “lo peor de todo es que la mierda hiede”. ¿Qué mierda, señor escribidor, acaso la suya? ¿O la de su colega de calenturas místicas, aunque siempre de abultada minuta, señor Trías Sagnier? ¿O, en general, de cuantos componen la Brunete Mediática, que tienden a convertir en detritus la deontología periodística más elemental, al presentar como verdad lo que es mentira?

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