Nº 561 - 23 de junio de 2003
 

De la derecha y el ‘caso Madrid’

Leo la excepción, o casi, en ABC acerca del tremendo caso Madrid. La prensa gubernamental ha cerrado filas, una vez más, en torno a tan bochornoso suceso, tratando de beneficiar al máximo al PP y de provocar el naufragio del equipo que lidera Rodríguez Zapatero. Han aparecido hasta el momento numerosos comentarios en tal sentido, algunos de los cuales procuraré sintetizar en mi artículo de esta semana. Empezaré, sin embargo, por el que considero insólito. Lo firma Luis Ignacio Parada y fue publicado el sábado 14 de junio en la página 2 del diario conservador, donde firma cotidianamente este veterano periodista, siempre comedido, que se mueve con soltura y solvencia entre datos y cifras, mientras procura huir del adjetivo peyorativo o, sencillamente, vejatorio, insultante.

Señala Parada que “si, finalmente, se celebran nuevas elecciones a la Comunidad de Madrid y las ganara el PP podría consumarse un despropósito: los urdidores de la presunta corrupción habrían logrado su objetivo”. ¡Cartesiana conclusión, impecable! ¿Es tan difícil llegar a esta clase de razonamiento, lo que digo a la vista de cuantos eluden el pequeño detalle de que con la celebración de nuevos comicios se complace precisamente a los cerebros de la trama? Bueno, pues debe de ser dificilísimo. Sigamos con la columna de Luis Ignacio Parada: “Porque, salvada la presunción de inocencia, el supuesto soborno no podía tener otro interés que el de impedir que la Comunidad, en manos socialistas, frenara operaciones urbanísticas, paralizara conciertos escolares, centros comerciales y ampliación de horarios, o tomara el gobierno de las entidades de ahorro que otorgan financiación a los partidos, crédito a los promotores e hipotecas a los compradores de viviendas”.

Otra idea clarividente por su obviedad y, en cambio, ausente del debate sobre lo acontecido en el ámbito autonómico de Madrid. Continúa Parada: “Por eso resulta increíble que los electos del PSOE hayan actuado por motivaciones idealistas. Del cambio en el Gobierno de la Comunidad dependen, entre otras, la operación Chamartín, promovida por RENFE y un grupo alemán con apoyos bancarios; la operación Campamento, cuyos terrenos dependen del Ministerio de Defensa, y la operación Valdebebas, que afecta a la futura Ciudad Deportiva del Real Madrid; a la ampliación de los recintos de IFEMA; a la reordenación de las infraestructuras eléctricas; a los accesos ferroviarios de la ciudad aeroportuaria, y a los terrenos en los que se desarrollarían algunas competiciones si Madrid fuera elegida por el COE como candidata a la organización de los Juegos Olímpicos de 2012”. Abrumadora relación.¿Cuántos miles de millones de euros están en juego, admirado Míster Dato? En esta ocasión, Parada no los enumera. Pero podría hacerlo evidentemente, y estoy convencido de que no se equivocaría en exceso. Todo esto, pues lo demás son aspectos menores o colatelares, aunque puedan ser interesantes, está en el fondo del problema. Es el problema de verdad.

Añade otras observaciones nada desdeñables: “Basta ver la locura de los lobbies estos días, buscar en Internet los anuncios de compra y venta de parcelas en las zonas afectadas, y comprobar la desaparición de los billetes de 500 euros en los bancos para imaginarse lo que está en juego. La solución más limpia, aparte de que gobierne, si puede, la lista más votada o quien logre la investidura, es la de repetir las elecciones. Pero entonces el marrón se lo van a comer los electores que, creyendo que castigan a los corruptos de un partido, pueden premiar a los corruptores que no necesariamente militan en el otro”.

En fin, la aportación de Luis Ignacio Parada se halla en las antípodas, en cuanto a inteligencia, de quien, por lo que concierne a las Cartas al Director del diario La Razón, ordenó recuadrar visiblemente, y con foto de Eduardo Tamayo, el texto que reproduzco: “Quiero expresar mi admiración y darle la enhorabuena al diputado socialista don Eduardo Tamayo por su impecable actuación ayer en la Asamblea de la Comunidad de Madrid. El señor Tamayo actuó con dignidad y firmeza admirables, que le dignifican como político, y fue muy claro en sus declaraciones. Hizo gala de una coherencia política intachable y demostró un gran respeto a los electores que han confiado en su oferta de proyecto para formar un gobierno en la Comunidad de Madrid, pero no a cualquier precio”. Firmaba Virginia Cardenal Pombo. Madrid.

Con mayor sutileza dialéctica, y exhibiendo más cultura y erudición, Benigno Pendás, uno de los astros emergentes del ABC actual, profesor de Historia de las Ideas Políticas, ocupaba el día 11 de los corrientes la tercera de ese periódico. Pendás, en un nuevo ejercicio de sectarismo reaccionario, al que es muy aficionado, pasaba de puntillas sobre el comportamiento de los dos diputados traidores y, naturalmente, sobre las presumibles causas de su infame actitud. Prefería insistir este profesor en un argumento fuerza que viene utilizando el PP y que, curiosamente, fue el empleado también por Tamayo para justificar su felonía: el pacto con IU es malo en general y, por otra parte, perjudica al PSOE. (Tal era, en efecto, y según también la mencionada lectora de La Razón, la “coherencia política intachable” de la que “hizo gala” Tamayo).

Pendás advierte: “Izquierda Unida es un buen socio para el socialismo moderno (...) El interlocutor, Izquierda Unida, arrogante y ambicioso, insaciable en sus pretensiones después de su fracaso objetivo en las urnas, ha contribuido a la debacle. Error tras error, que la política no consiente; caldo de cultivo de una paradoja cruel, que dejará huellas profundas en los protagonistas (...) La tristeza ante el sueño que se esfuma es comprensible, pero sería una apuesta inteligente para el futuro. La sociedad española no quiere gobiernos con presencia de comunistas de ideología trasnochada y con graves tentaciones soberanistas en el País Vasco. Soltar lastre para poner los cimientos de una alternativa seria se tomará su tiempo, como es natural; pero así es la política, espejo de la vida”.

Juan José Güemes, número tres de la lista del PP a la Asamblea madrileña ejerció de augur el 2 de junio, una semana antes del golpe. Acusó este joven con pinta de pijo a Rafael Simancas de tener “pocos escrúpulos democráticos” por aliarse con IU. “Esta es –dijo– una formación política que bordea los límites de la Constitución en gran parte de sus posturas en el País Vasco y fuera de él”. Y añadió siguiendo la argumentación deslegitimadora: “El PP es el partido que ha ganado las elecciones; no las ha ganado el PSOE. Y si es posible un Gobierno presidido por Simancas, es gracias a una coalición entre el segundo y el tercer grupo de la Cámara, entre el PSOE y el partido que, por ejemplo, tapa la boca a las víctimas del terrorismo en el País Vasco”. No ha de sorprender, pues, que Tamayo, el traidor, se acogiera a este tipo de raciocinio: se subió a la ola.

Como Jaime Campany, inasequible al desaliento: “La izquierda española es un yacimiento de fósiles y el ‘Gobierno de Progreso’, un museo antropológico”. Lo mismo que Carlos Herrera, el locutor afamado de la Onda Cero del PP, aconsejando a la derecha que destierre cualquier complejo: él lo sabe bien, desde casi adolescente. O Alfonso Ussía, el señorito monárquico de una monarquía que, por fortuna, no es la de don Juan Carlos I: “La gravedad del caso que nos ocupa y a muchos divierte, no radica en la actitud de dos militantes con escaso sentido de la lealtad. Se cimenta en el batiburrillo que es hoy el Partido Socialista. En su dependencia vergonzosa e infantil de un partido comunista que no ha abandonado aún el trasanteayer más oscuro de su nada edificante historia. Es la incoherencia clamorosa de sus dirigentes”.

En otra tercera de ABC, el catedrático coruñés Ignacio Sánchez Cámara, consejero más que áulico de Zarzalejos, llegó a defender a los dos diputados de la traición. “No comparto –escribía– el linchamiento político y moral que se ha cernido sobre los dos diputados socialistas. Al menos, mientras no se apoye en hechos y evidencias. Ellos arguyen discrepancias con la política de alianzas de su partido. Y, ciertamente, en esa actitud es más que probable que no se encuentren solos (...) Cualquier forma de condena política y moral es, por el momento, injusta por precipitada y conjetural. La sospecha es libre, pero el juicio y la condena, no. En cualquier caso, no faltan argumentos, incluso desde la perspectiva socialista, en contra de la alianza con Izquierda Unida para desalojar al político más votado. Menos aún si se considera la política de alianzas de la coalición comunista en el País Vasco y lo exiguo de sus resultados electorales en Madrid. Las exigencias de Llamazares y sus esperpénticas y renovadas apelaciones a la calle, han sido, a todas luces, desproporcionadas, bordeando, si no sobrepasando, los límites del chatanje político. Nunca tan pocos escaños aspiraron a tanto poder”.

A piñón fijo. El PP, inmaculado. Sus relaciones con los grandes y medianos empresarios del urbanismo y de la construcción, simples e inocentes coincidencias. La corrupción terminó felizmente en la primavera de 1996, cuando Aznar conquistó La Moncloa. La corrupción es un vestigio del pasado. Nadie en su sano juicio puede aspirar a que vuelva el tiempo de los desmanes perpetrados desde el poder político felipista. El caso Madrid es un problema del PSOE y es el PSOE el que lo debe resolver. El PP es ajeno, por supuesto, a todo esta trama. Si es que hay, en verdad, trama. Tamayo y Sáez podrían haber actuado por rencor estrictamente personal o por legítima discrepancia política. Más allá de otras intencionalidades, cuanto ha declarado Tamayo, respecto a su rechazo a IU, no sólo parece sensato, sino que conecta con el pensamiento de millones de españoles decentes, quienes nada quieren saber del comunismo, sobre todo desde que Llamazares pactó con el PNV, o sea con EA, o sea con Batasuna, o sea con ETA. ¿Alguien puede estar a favor de ETA? Vamos, hombre.

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