Nº 556 - 19 de mayo de 2003
 

Del próximo 25 de mayo

La Audiencia Nacional examinará la presunta manipulación informativa de TVE con motivo de la huelga general del 20 de junio del pasado año. La demanda fue presentada el 21 de marzo por Comisiones Obreras. Considera este sindicato que la televisión pública vulneró los derechos fundamentales de huelga y libertad sindical por su cobertura informativa durante esa jornada. El dedo acusador señala, con especial énfasis, al director de los Servicios Informativos y, a su vez, director y presentador de Telediario-2, Alfredo Urdaci. Entiende CC OO que tal telediario generó un grave daño a la actividad sindical y a la información veraz de los objetivos del paro, aparte de otras consideraciones en absoluto desdeñables. Que la Audiencia haya aceptado la demanda y el suceso sea objeto de una investigación judicial permite albergar algunas esperanzas, no muchas, frente a la impunidad sistemática con la que actúan los servidores mediáticos de Aznar. Javier González Ferrari era entonces director general de RTVE.

Un mes después, González Ferrari dejó el cargo y fue espléndidamente recompensado, desde el punto de vista económico o de sus ingresos, con el nombramiento de director general de Onda Cero. De Admira, filial de Telefónica dedicada a controlar medios de comunicación al servicio del PP, donde se encontraba gozando de un excelente enchufe, salió hacia Prado del Rey, para sustituir a González Ferrari, José Antonio Sánchez, quien es el actual director general de RTVE. ¿Continuarán en sus puestos, disfrutando de todo género de prebendas y regalías, Ernesto Sáenz de Buruaga, consejero delegado de Antena 3 TV, antes director de Informativos, procedente asimismo de la dirección de los Informativos de TVE, todo vía Moncloa, cuya gestión estrictamente técnica ha sido un fiasco de magnitud descomunal, así como el mencionado Ferrari, director de Onda Cero, ahora que José Manuel Lara Bosch ha accedido a la propiedad de ambos medios? Lara no puede olvidar que sin la bendición de Aznar su oferta, por debajo de la que había presentado el Grupo Correo, no hubiera prosperado. ¿Le pedirá Aznar a Lara el favor de mantener a sus dos amigos, o servidores fieles, en el puente de mando, con sueldos galácticos, es decir, de jugadores estrella del Real Madrid?

Aunque pueda parecerlo, no pretendo enredar la narración con complementos adicionales de carácter secundario. Todo forma parte del mismo paquete global. Ésta es una parcela importante de la trama mediática del Partido Popular, a pesar de que, en ocasiones, los periodistas cortesanos de Aznar, o sus empresarios palaciegos, se enfrenten aparentemente, se tiren los trastos a la cabeza o emprendan batallas entre ellos con el fin de conseguir un mayor protagonismo y/o enriquecimiento personal. La derecha ha convertido RTVE en su felpudo particular. Pero dispone también de Antena 3 TV, desde que la adquiriera Juan Villalonga para Telefónica con la cooperación necesaria de Moncloa, llevada a cabo por Miguel Ángel Rodríguez, el cual se encargó de amedrentar a Antonio Asensio, que era el presidente de la cadena en esa época, hasta que cedió al chantaje y se avino a vender la mayoría de acciones al ex condiscípulo de pupitre de Aznar.

Mejor dicho, a Telefónica, porque Villalonga no puso ni un duro de su bolsillo, sino que a lo mejor hasta se llevó él, como comisionista, mediador o váyase a saber qué, un buen pellizco de pasta gansa. Por otra parte, Silvio Berlusconi no ha entrado aún del todo en la fortaleza de Tele 5, pero se masca la tragedia o se teme lo peor. Berlusconi es el amo y señor, sin más vigilante de la playa que el Grupo Correo capitidisminuido. Algunos sospechan que el trabajo de acoso y derribo, en silencio y sin testigos, lo efectúa el yernísimo, pues son conocidas las estrechas relaciones entre Agag y Berlusconi. Éste se halla actualmente atravesando un momento delicado en relación a sus cuentas pendientes con la justicia y tiene de nuevo en el punto de mira a la RAI, donde ha encontrado resistencia a sus pretensiones de tratar a la televisión pública italiana como una más de sus televisiones privadas.

No olvidemos el número de cadenas de radio en la órbita del PP. RNE lo está, por descontado llegando al bochorno más ignominioso con el nuevo jilguero de la mañana, Antonio Jiménez, que procede de la COPE, siendo de la escuela de Antonio Herrero, y de la Cadena Ibérica, heredera de Radio España, que pereció tras el ansonismo, grupo que ejerció labores de virreinato respecto a los mejicanos de Televisa, del Tigre Azcárraga, fallecido hace más de cinco años, cuya viuda de facto matrimonió posteriormente con Juan Villalonga, episodio de éste que, a juicio de ciertas alegres comadres de la Villa y Corte, pudo precipitar su espectacular caída, empujado por la virtuosa Botella, que ahora, no obstante, y en plena campaña electoral, enseña muslamen, según publicaba con foto incluida La Voz de Galicia. Jiménez escribe semanalmente en La Razón, que financia Lara y fabula Luis María. Basta con leer a Jiménez una sola vez para entender muchas cosas. En cuanto a Cadena Ibérica, la gloria de la gestión ruinosa corresponde a José Antonio Sánchez, director general de tal radio como hombre de confianza que era, y es, de Luis María Anson. Cerrado el invento, despedidos los trabajadores, Sánchez se fue a descansar al balneario telefónico. Repuesto, ocupó el despacho principal de RTVE.

Está también la COPE, que es el nexo de unión radiofónico entre el trono aznaresco y el altar de los monseñores. Ha sido desde tiempo remoto un escándalo vergonzoso. Sigue siéndolo y no se advierte síntoma alguno de rectificación. Viene a ser, en la práctica, lo que representaban, según consta en el Evangelio, los mercaderes del templo. Sucede, no obstante, que Cristo fue crucificado y, a los efectos de la emisora que nos ocupa, no ha resucitado todavía. Ni está ni se le espera, a pesar de que todo lo hagan en su nombre. Y en el de las cuentas bancarias, fabulosamente ensanchadas en lo concerniente a las estrellas del radiofonismo cristiano. Son dos, sobre todo. Luis Herrero, por las mañanas, y Federico Jiménez Losantos, por la tarde-noche. Cualquier parecido entre el mensaje de Cristo y las tesis sostenidas en los programas de la COPE, con honrosas excepciones, es pura coincidencia. Y no olvidemos la ya citada Onda Cero. Se trata de pura propaganda del régimen aznarista.

La relación de la prensa escrita conservadora no se circunscribe únicamente a La Razón y al ABC, que se pelean por pescar en el mismo río de lectores. El Mundo se contornea. En estas elecciones próximas parece haber virado de nuevo hacia el PP, eso sí, con cautela. Sus lectores mayoritarios se inclinan hacia el Partido Popular. Por esta razón, entre otras menos visibles pero intuibles, y probablemente más profundas, El Mundo enciende una vela a Dios (Aznar) y una velita al Diablo (Zapatero-Llamazares). Bueno, sea como fuere, lo que está archidemostrado es la colosal potencia mediática de Aznar. Todas las luces rojas, las luces de alarma, se han encendido estos días. El domingo 25 de mayo los votantes habrán de dirimir el triunfo de la España real o el de la España virtual, la que aparece en los telediarios con apabullante provocación. TVE ha vetado una vez más los debates electorales. Nada ha de quedar fuera del control de los censores. La ley de Sánchez es la ley de Aznar. Con suerte para los que protestan, algún día lejano ya emitirán su veredicto los tribunales, como puede suceder en el caso del 20-J. Después de la sentencia, el recurso ante el Supremo o el Constitucional. O ante el Juicio Final, en el Valle de Josafat. Para entonces todos calvos. Y a quien Dios le dé el voto, San Pedro se lo bendiga.

En estas elecciones municipales y autonómicas nos jugamos la prolongación de la derechona, devota de Frascuelo y de Bush, como se ha evidenciado en la canallada perpetrada contra los habitantes de Iraq. Cuando España fue gobernada por la izquierda, durante los años de Felipe González, el país cambió a fondo y en la línea de más libertad, más justicia y más igualdad. Los errores fueron numerosos y algunos descomunales. Pero la derecha rancia y reaccionaria se mantuvo a raya, después de mandar por la fuerza durante siglos, salvo momentos fugaces destruidos violentamente. En 1996, por una serie de razones, entre las cuales la confabulación mediática, Aznar se impuso y, contra casi todos los pronósticos, ha aguantado hasta ahora. Llegó a engañar a los cándidos, que lo contemplaban como un tipo normal, de la derecha civilizada y hasta centrista. En los últimos tiempos se le ha caído la máscara. Y ha aflorado sin tapujos la derecha extrema, o la extrema derecha, compadre de Bush y sus secuaces del neoconservadurismo duro y puro, señores de la guerra y de los negocios, mezclados abusivamente. Han ocupado la escena: las buenas gentes se han estremecido. Los periodistas sicarios, multimillonarios gracias al aznarismo, han hecho lo posible y lo imposible, hasta límites sin precedentes en democracia, por continuar vendiendo la milonga del PP eficaz, honrado y regeneracionista. Y maquillando a ese Aznar de las Azores, que decía apoyar a Bush por una cuestión de principios y por interés de España en su guerra contra ETA. Pero el 25 de mayo puede ser el principio del fin de semejante farsa. A las urnas, ciudadanos. Por la libertad y por la paz.

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