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Nº
536 - 23 de diciembre de 2002
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Escribe Encarnación Valenzuela, tradicional pregonera del Régimen vigente, sobre la deslealtad en la terminología pepera de Norma Duval quien, tras dejar a su marido, ha terminado por abandonar a José María Aznar. Duval planta a Aznar, sentenciaba el lunes 16 de diciembre en El Periódico de Cataluña. Norma Duval, escribe Valenzuela, se despide del escenario político y anuncia que nunca más volverá a hacer campaña electoral o a pedir el voto por José María Aznar. Quien fuera durante una década la musa del PP y alegrara con sus minifaldas los mítines de los populares en polideportivos y plazas de toros se sube a sus empinados tacones, se coloca al cuello su bufanda de plumas de marabú y, en medio de la crisis de Prestige, le espeta a Aznar: Ahí te quedas. (...) Su desplante se convierte en la prueba irrefutable de que se está terminando el ciclo del PP en el poder. Primera pregunta. ¿Ha de ser considerada Norma Duval una rata, según el argot ansoniano, ya analizado en esta misma sección de EL SIGLO la semana pasada? Segunda pregunta: La última aseveración de Valenzuela, con la que terminaba su comentario ¿conduce inexorablemente a pensar que esta periodista se encuentra a punto de trasmutarse también en rata? ¡Dios Santo! ¡Hasta Encarnación Valenzuela, prototipo de la más férrea ortodoxia aznarista, asegura, sin pestañear siquiera, que se está terminando el ciclo del PP en el poder! Me estremece barruntar que incluso gentes de la máxima fidelidad y confianza del líder mundial vayan deslizando por doquier vaticinios tan funestos para la suerte de la derecha española y de las JONS. Yo creo, en mi humilde y, por otra parte, insignificante opinión, que sí, que Valenzuela tiene razón y que, como decían en la mili antaño al concluir el período de servicio a la Patria, cuando en España todavía había tropa abundante, y no este miniejército del glorioso, aunque infortunado, Federico Trillo, esto se acaba, no hay quien lo pare. Se les ha ido Norma, huyendo del barco que naufraga. A nadie le gusta hundirse en el mar profundo para ser pasto de tiburones o, en el mejor de los supuestos, encontrar una isla desierta como Robinson Crusoe. Duval ha dicho: Hasta aquí hemos llegado, querido José. Todo un síntoma. Es un indicio solvente, en efecto, de que nos encontramos en situación de fin de reinado. Apenas nadie da un duro, o medio euro, por el sucesor de Aznar. Ni las encuestas. Señala Jesús Cacho en El Mundo del domingo 15 de diciembre a propósito del destino dado al Prestige: La realidad es que Fomento nunca se planteó seriamente la posibilidad de llevar el Prestige a puerto. Nadie llamó a Repsol proponiendo el atraque en alguno de los pantanales de su refinería de La Coruña. Porque eso implicaba la firme voluntad de fajarse con el problema y arremangarse, y el Gobierno Aznar no estaba para eso, estaba para quitarse el problema de encima lo más rápidamente posible y volver a la agenda del día. Se optó por coger la mierda y tirarla a la calle, en lugar de depositarla en el cubo de la basura. Pero la mierda ha vuelto a casa. Demasiada mierda acumulada, aunque Jesús Cardenal haga todos los esfuerzos, desde la Fiscalía General del Estado, para ayudarles en la recogida del chapapote. Hercúleos esfuerzos, los de Cardenal; a medio plazo inútiles. Pedro José Ramírez, al que Cardenal le ha arrebatado la presa telefónica, continúa arremetiendo contra su antiguo compañero de padel, desde hace casi siete años domiciliado en La Moncloa. La decisión, por otra parte, previsible del fiscal general, mayordomo siempre complaciente del poder, deja a Ramírez, dicen los enterados, a los pies de los caballos. Su cabeza como director de El Mundo está en casi todas las rebajas de enero, insiste la rumorología. Lo que no consiguiera González, puede lograrlo Aznar. Ramírez ha pasado a ser un perdedor, un derrotado. Pero se trata de una rata peligrosa. Su mordedura puede ser letal. La estrategia de gobernar mediante la administración de los silencios puede generar durante un tiempo una falsa sensación de empaque, afirmaba recientemente. Pero en lo único que desemboca, antes o después, es en una sucesión de espacios vacíos. ¿Cómo iba a partir del ministro de Fomento la iniciativa de consultar con el presidente o los vicepresidentes una decisión tan crucial y arriesgada como la de alejar el barco, si tampoco había partido de ellos tenerle no ya en cuenta, sino ni siquiera al tanto de las decisiones sobre medios de comunicación que contradecían las por él adoptadas en nombre del Gobierno y el partido? ¿Cómo iba a saber el ministro de Medio Ambiente que es lo que quería el presidente que hiciera en un determinado fin de semana, si lleva meses intentando averiguar en vano qué es lo que quiere que haga durante el resto de su vida política? ¿Cómo se le iba a ocurrir a alguien plantear que en una encrucijada así era imprescindible complementar desde fuera de la Xunta la veteranía de su presidente con unas dosis adicionales de energía y capacidad de organización, si de todos es sabido que cuanto se refiere a don Manuel es un hermético tabú que nadie puede abordar en el partido? Álvarez-Cascos, pues, despechado por la fusión digital, dirigida contra lo que él orquestara en el feliz 97, no consultó qué hacer con el Prestige. Matas, que pasa por ser amigo personal de Aznar, viene siendo ninguneado por él de forma patética, mientras Jesús Cardenal intenta alejarlo de la fatalidad judicial que le aguarda por el caso Formentera, el del pucherazo. Las relaciones entre Aznar y Fraga son las que son, más bien gélidas y distantes, pero se guardan en el arcano de Génova 13: top secret. Ramírez es una rata que, al morder, envenena. Los ejemplos transcritos son una leve muestra de hasta dónde puede envenenar Pedro Jota. He aquí otra perla: Si el presidente pudiera escuchar los comentarios de desánimo que algunos miembros del Gobierno intercambian al término de esos Consejos de Ministros en los que todo el mundo cierra el pico... Pero a sus oídos ya sólo parecen tener acceso los más torpes o los más aduladores. Lo peor del Aznar de este penúltimo cuarto de hora es el olor a naftalina derechosa que desprenden sus engolados incondicionales. Yo de esto no sé nada ni tengo interés en enterarme, yo he venido aquí a ganar las elecciones, proclama ante quien quiera escucharle un polémico alto cargo de reciente nombramiento. (...) Sería terrible que quien durante tanto tiempo fue tan injustamente desdeñado por tanta gente no reservara ahora ya sino desdén para todo aquel que no se preste a bailarle el agua. Norma Duval ya no le bailará ni el agua. ABC, transformado en el buque insignia de la flota vasca, cada vez con más ratas a bordo, lanza dardos asimismo envenenados contra el Gobierno. Sangra por la herida de las televisiones locales proscritas por Josep Piqué, el recadero catalán de Su Excelencia Aznar López. Primero les garantizó a los jefes de los vascos, los del Grupo Correo, que ningún problema; que adelante con la expansión de sus televisiones locales. Luego, días más tarde, Piqué dijo digo donde antes había dicho diego. O sea, en una y otra ocasión, Aznar dixit. ABC se revuelve, lo que es lógico. Dispara buscando línea de flotación. El lunes 16 de diciembre desnudó a una de las favoritas del sultán moncloíta, Zaplana. Siendo presidente de la Generalitat valenciana, Eduardo Zaplana intermedió con AVSA (Aguas de Valencia)-Bouygues para crear en Valencia un grupo mediático afín. Documentos, pruebas, viajes gratis total a París pagados por Bouygues, que controla, por ejemplo, TF-1, la que privatizó hace más de 15 años Jacques Chirac. ABC acusa. Zaplana intentaba bloquear la penetración del Grupo Correo y el Grupo Prisa en su Comunidad. Manejos de influencias para instrumentalizar lo privado desde lo público. El actual ministro de Trabajo es un experto en tales cuestiones. Hizo y deshizo en Las Provincias, precisamente hasta que este periódico montaraz fuera adquirido por el Grupo Correo. Canal 9 es su cortijo televisivo. Influye extraordinariamente en la RTVE de José Antonio Sánchez, el pupilo de Luis María Anson. La Razón también es su casa. Este diario es, por obvias razones, es el enemigo público número 1 de ABC. En fin, que Norma Duval hace mutis por el foro del PP. Y Encarnación Valenzuela diagnostica que la enfermedad del aznarismo se halla en fase terminal. Ramírez afila los cuchillos. En la peor de las hipótesis, morirá matando. ABC no gasta pólvora en salvas estériles. Avisa que tiene misiles y prueba con Zaplana. Aznar se rodea de pelotas. Sus ministros callan. Sólo él habla. El sultán se muestra altivo y distante. Más dura será la caída. |