Nº 462
21/05/2001

DEL AUTÓCRATA Y BERLUSCONI

Luis G. DEL CAÑUELO

Intentó ser didáctico el colega Enric Juliana, uno de los subdirectores de La Vanguardia de José Antich -según veo en la ficha del staff que publica el rotativo catalán-, al explicar a sus lectores recientemente el poder mediático de Silvio Berluscon¡, el triunfador del 13 de mayo versión italiana. "Es como si en España, en vísperas de las cruciales elecciones legislativas de 19%-escribía Juliana-, José María Aznar se hubiese enfrentado a Felipe González siendo el propietario de Antena 3, Tele 5, Canal Plus, el grupo editorial Planeta y el diario Abc". Pero entonces -se olvida Juliana- Aznar ya controlaba una parte muy considerable de los mass-media, imperio que ensanchó aún más después de 1996 y que ha consolidado de forma abrasadora en la etapa actual. Está bien el ejemplo aducido por este periodista de La Vanguardia, aunque resulte un punto paradójico, y hasta cómico, máxime partiendo de un diario que, días después de los últimos comicios generales, fue objeto del asalto del aznarismo. Quien destituyó fulminantemente a Juan Tapia y nombró a José Antich su sucesor fue el conde de Godó, ciertamente, pero lo hizo obedeciendo instrucciones directas de Aznar con la cooperación entusiasta de Josep Piqué.
Recordemos, ejercicio que siempre es saludable en un país como éste tan castigado por la amnesia. Aznar logró vencer por la mínima en 1996 gracias, entre otros factores, a la valiosísima ayuda que le venían prestando una serie de medios de comunicación y de sus respectivos responsables, con la participación añadida e indispensable de columnistas, tertulianos e intoxicadores de variado jaez. Entonces, el papel del denominado sindicato del crimen fue decisivo. La lista de los periódicos, revistas, radios y televisiones en la órbita conservadora no es precisamente reducida. Apostaron por Aznar, y por segarle la yerba a González: Antena 3 aún no comprada por Telefónica, la COPE, programas importantes de Onda Cero en manos de la ONCE, Abc, El Mundo, Diario 16 con José Luis G utiérrez de director, Época y no pocos diarios de la España profunda. Los principales integrantes del sindicato aunque se haya fragmentado y dividido por cuestiones personales y empresaria¡es- se reúnen ahora, por cierto amigablemente, en citas estelares como la cena de cumpleaños de su presidente de honor, Camilo José Cela, el agasajo por todo lo alto a Francisco Umbral al obtener el Cervantes o la despedida de Mayor Oreja, cuando todos pensaban que el ministro del Interior estaba llamado a ser el Emir de las Provincias Vascongadas.
Aupado al poder, Aznar se dispuso a cerrar en su favor el círculo mediático en el mejor estilo Berlusconi. Comentando el toque de atención de la CEOE al Gobierno por el creciente intervencionismo de éste, señalaba Joaquín Estefanía en El País (13.5.200): "Lástima que la CEOE se haya enterado tan tarde de este intervencionismo arbitrista y permaneciera en silencio, por ejemplo, cuando, a través de la guerra digital, el Gobierno quiso acabar con un grupo de comunicación por no ser de su agrado". Ese grupo, obviamente, es Prisa. El episodio, para muchos, da la impresión de que se hubiera producido a principios del siglo XIX, como si se tratara de algo remoto, alejado de la realidad, protagonizado por Fernando VII. Pero fue un esfuerzo supremo, perfectamente calculado, por liquidar el reducto más poderoso de un periodismo no sometido a los dictados del PP. Sucedió hace cuatro años. Por fortuna, Aznar no logró su propósito. Sí lo consiguió,en cambio, obligando al difunto Asensio a.vender Antena 3, que se había reorientado alejándose de los influjos de La Moncloa. Se le obligó con amenazas de cárcel. Lo hizo personalmente Miguel Ángel Rodríguez, en pleno apogeo como portavoz de su amo. El mismo que el pasado 4 de mayo, en su columna de La Razón, se permitía felicitar a El País por los primeros 25 años. Rodríguez es un osado, no se corta un pelo y es capaz de felicitar a quien estuvo a punto de decapitar. Lo hace con cinismo y define a este periódico como el que ha inventado -¡lo dice desde La Razón de Luis María!- a los "partidarios" y ha prescindido de los `lectores". No llega al techo, sin embargo, de Anson, el cual lo que se inventa es la realidad, que la hace a su medida. Entre los "partidarios" y los Iectores", Anson hace décadas que optó por los clientes. Se los suministra su hermano Rafael y él se encarga de darles la satisfacción debida.
Acerca de Aznar y su desmedida pretensión por disponer del mayor número posible de medios, se acaba de editar un libro que, por las apariencias, se me antoja muy atractivo. Leí un adelanto hace unos días en El País. Lo ha escrito Jesús Mota, redactor jefe de ese diario para temas económicos. Se titula Aves de raPPiña y analiza la pasión aznarista respecto a la prensa. Escribe Mota: "Con el inagotable cash flow de Telefónica, el PP dispuso de una televisión privada a su entero servicio (Antena 3), una cadena de radio de las 102 emisoras dispuesta a cantar las alabanzas del poder popular (Onda Cero) y un grupo de prensa con ánimo favorable a prodigar los reportajes laudatorios sobre la economía aznarista (Recoletos-Pearson). Todo ello por la módica cantidad de unos 150.000 millones de pesetas, pagados por los accionistas de Telefónica para comprar activos puestos al servicio delGobierno. Villalonga no tuvo empacho alguno en cambiar su idea inicial de que la primera empresa española no debia participar en
medios de comunicación para, a indicaciones de su buen amigo Aznar, lanzarse a la acumulación obsesiva de periódicos, radios, televisiones y todo lo que pudiera utilizarse como propaganda directa e indirecta del Gobierno".
A este importantísimo paquete hay que añadir el gigante RTVE. El Gobierno allí hace y deshace a su antojo.
La directora de RNE, María Jesús Chao, ha teorizado al respecto. Se merece esta mujer una medalla porque ha construído una argumentación que trata de amparar las tropelías informativas que tanto abundan en RTVE. "La radio pública -ha declarado- es del Estado y el Gobierno es el empresario. Nuestro Consejo de Administración es el Gobierno y no tenemos más condicionamientos respecto a nuestro Consejo de Administración que los de las radios privadas frente a los suyos". Más claro, el agua. El que manda en RNE es el Gobierno. A María Jesús Chao hay que agradecerle la sinceridad. Ha confirmado todas las sospechas. Es una funcionaria disciplinada que asume las directrices y consignas que llegan desde el Ejecutivo. El presidente de RNE es, por tanto, el presidente del Gobierno. José María Aznar no tiene motivos para envidiar a su amigo Berlusconi. Tiene igual o más medios afines que el magnate. Cuando la noche electoral de Euskadi empezó a ser insoportable para él, ordenó cortar la programación de TVE y de Antena 3. No había terminado el recuento oficial, cuando Aznar dijo basta. Este príncipe se está convirtiendo cada vez más en un autócrata. Silencia el CIS, lo distribuye a posteriori convenientemente manipulado y él se queda más ancho que largo. A su lado, Berlusconi parece un pardillo. Ya aprenderá. Ya le enseñará su amigo Aznar.

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