Nº 459
30/04/2001

DE UN ARTÍCULO DE TABUCCHI

Luis G. DEL CAÑUELO

Le Monde, ese periódico que tantos ciudadanos leemos con veneración en los más diversos países, publicó el jueves 19 de abril, arrancando en portada, un artículo titulado Oú va l'talie, M. Ciampi?, firmado por Antonio Tabucchi. He de confesar que yo, a Tabucchi, lo descubrí hace casi diez años, cuando en Le Nouvel Observateur encontré una crónica sobre el interés extraordinario que estaba suscitando en Italia, en Francia y en Portugal su novela Sostiene Pereira. Creo recordar que el semanario citado precisaba que ese libro estaba causando verdadero furor en los círculos progresistas y de izquierdas y que algunos interpretaban el homenaje de Tabucchi a la libertad de prensa que es uno de los ejes de la novela- como una especie de llamamiento a la movilización intelectual ante el peligro Berlusconi. El llamado Il cavaliere estaba entonces, en efecto, en pleno despegue y se presentía que podía llegar a la Presidencia del Consejo de Ministros, como así acabó sucediendo.
Posteriormente, hacia 1995, si mi memoria no me falla, la editorial Anagrama puso esa novela en circulación, convenientemente traducida al español. Me apresuré a comprarla, y la leí con auténtica pasión, no exenta de una extraña nostalgia y una emoción poco contenible. Reconozco que, salvadas todas las distancias entre Pereira y un servidor, el corazón me dio un vuelco cuando, al final de tan excelente narración, hallé el siguiente párrafo en la Nota de Antonio Tabucchi a la décima edición italíana: "Yo sabía que después del setenta y cua
tro, cuando Portugal recuperó la democracia, (Pereira) había regresado a su país, pero no había vuelto a encontrarme con él. Ya no escribía, se había jubilado, nos sé a qué se dedicaba, por desgracia había sido olvidado. En aquel período, Portugal vivía la vida convulsa ( ... ). Era un país joven, dirigido por gente joven. Nadie se acordaba ya de un viejo periodista que se había opuesto con determinación a la dictadura de Salazar'. Y es que yo, como saben mis amables lectores, soy también un viejo periodista, que supe de los caminos del exilio, que veo transcurrir mis últimos días en el olvido -no negaré que comprensible-, aunque mi buen amigo José García Abad me devolviera hace tiempo la dicha inmensa de escribir, lo que vengo haciendo -por fortuna para mí- en EL SIGLO cada semana.
Sostiene Pereira es para mucha gente un texto admirable, un clásico ya, en el que sobresale la loa del periodismo más noble, significativamente protagonizado no por un divo, ni por un triunfador, ni por un famoso, sino por un hombre sobrio, sencillo, anónimo. Pereira fue inmortalizado para el cine por un actor inconmensurable, el gran Marcelo. No deja de ser estremecedor, en cambio, que la película sobre esta novela fuera el postrer trabajo de Mastroiani, quien falleció poco después de terminar el film. Lo vi en mi casa, en el vídeo, y me pareció una adecuación al cine realizada con encomiable corrección y respeto exquisito hacia el original escrito. Soy, como se ve, un entusiasta de Tabucchi porque, entre otras razones no menos poderosas -como su especialización portentosa en la obra del poeta Pessoa-, no oculta su ideología, nítidamente progresista y de izquierdas, y no rehuye el combate político en favor de sus ideas que, en buena parte, son las mías. No juega a la hipocresía de la independencia, concepto que, a menudo, sólo sirve de coartada para los intelectuales y periodistas serviles con la derecha.
Oú va l'talie, M. Ciampi?, inquiría Tabucchi en el diario Le Monde. Ciampi es el presidente de la República. ¿Hacia dónde va Italia, señor Ciampi?, preguntaba Tabucchi el domingo 22 de abril en El País, donde volví a encontrarme con el comentario leído antes en Le Monde. Ha escrito, pues, Tabucchi en Francia y en España. No ha podido hacerlo, sin embargo, en el suyo propio. Lo afirma el autor en su re
flexión dirigida a Ciampi: "Y si me permite una observación de orden personal, ¿no le parece a usted preocupante que este mismo artículo, aunque haya sido finalmente publicado en nuestro país por la revista Micromega, haya sido rechazado por los dos principales diarios italianos con los que suelo colaborar habitualmente?". El artículo constituye una pieza inculpatoria contra Berlusconi. !Berlusconi, otra vez! Las elecciones están a la vuelta de la esquina. Las encuestas continúan vaticinando que el líder del Polo de las Libertades -!qué sarcasmo, el nombrecito!- ganará en las urnas. Y, por consiguiente, hay miedo, temor, a molestar al magnate/político. Cuesta creerlo, pero es verdad. Hasta el veterano -93 años, mayor que yo- Indro Montanelli, un hombre de trayectoria liberal, de voto habitual al centroderecha, ha advertido públicamente del riesgo que, para las libertades, comporta la elección de Berlusconi. Montanelli lo conoce de cerca. Fue su editor hace unos años. La relación entre ambos terminó mal: Beriusconi quería utilizar al célebre y prestigioso periodista italiano como si fuera un títere en sus manos. Hasta Montanelli ha exhortado a votar a la izquierda.
Tabucchi incluye en su requisitoria durísimas críticas a las instituciones italianas, desde el final del fascismo, sin que falten evocaciones de masacres conectadas a los servicios secretos, intentos de golpes de Estado, presiones de¡ Vaticano y, desde luego, influencias de la mafia. Inicia su relato subrayando un episodio del que, hace unas semanas, me hice yo eco en esta revista: la entrevista de la RAI "con un periodista que presentaba un libro de documentos sobre el señor Berlusconi, que lleva meses circulando y que no había sido denunciado hasta entonces ni por el propio Berlusconi ni por nadie". Como probablemente recuerden los lectores, la entrevista provocó una escandalera, el programa fue suprimido y, a partir de ese momento, la vigilancia de los contenidos fue redoblada en la televisión pública italiana, favoreciendo así los intereses de Berlusconi que ya controla la mayoría de las televisiones privadas. Además, señala Tabucchi, la fiscalía de la República denunció al presentador, el actor Daniele Lutazzi, por haber pronunciado la siguiente frase dirigida al periodista: "Aprecio su valor en esta Italia de mierda."
Aquella entrevista y sus consecuencias -que pasaron prácticamente inadvertidas en nuestro paí ha servido nada menos para que Antonio Tabucchi haya escrito un artículo excepcional, a la altura del firmado por Émile Zola, a raíz del proceso Dreyfus, incorporado a la historia con el título de "Yo acuso". Tras su repaso a las múltiples miserias de Italia, el autor de Sostiene Pereira argumenta: "Y si hay quien se escandaliza o quien denuncia al señor Lutazzi por haber pronunciado la frase de marras, ¿por qué nadie denuncia a un representante de las instituciones cuando declara que también los jóvenes de Saló tenían sus ideales? Naturalmente que los tenían: ideales de sangre y de muerte como los de los nazis que les servían de inspiración. ¿0 es que no existe un articulo legal que se llama 'apología del delito'?" Téngase en cuenta que, en la coalición conservadora que encabeza Berluscon¡, figura el partido Alianza Nacional, heredero directo del fascismo, a pesar de sus esfuerzos por maquillar su imagen.
Acerca de Berlusconi impresionan estas apreciaciones: "¿Considera usted plausible que no ya en un régimen militar, sino en una democracia parlamentaria occidental, un hombre que posee cadenas de periódicos, editoriales y varias televisiones pueda actuar en nombre del interés público y convertirse en primer ministro? ¿No le parece a usted también que, si ello ocurriera, Italia quedaría definitivamente atada y amordazada? ¿No cree usted que un exceso de poder de esta clase prefigura una nueva forma de autoritarismo? ¿Es que le parece normal que un cantante de cruceros se convierta de la noche a la mañana en uno de los hombres más ricos del mundo? ¿Considera legítimo que los italianos quieran saber de dónde ha salido su fortuna, o no?'
Antonio Tabucchi, sin embargo, no añade a su lista la complicidad que Berlusconi está obteniendo de José María Aznar con el fin de preservarlo de la instrucción judicial sobre su gestión en Tele 5. "Este es -razonaba Jordi Solé Tura el 21 de abril en El Periódico de Catalunya- el gran amigo de Aznar, el que le presenta aquí y fuera de aquí como su gran compañero en la
reconstrucción de la derecha europea. Y el que le pide favores y los consigue. Éste y no otro es el sentido de la acción esperpéntica del Gobierno español de extraviar, para ganar tiempo, el suplicatorio que la justicia española ha puesto en marcha contra Berlusconi por un delito de evasión fiscal en España. Y el Gobierno, con Aznar de jefe y el ministro Josep Piqué de ejecutor, hace todo lo que puede para embarullar la madeja y para lograr que esto no salga adelante hasta después de las elecciones italianas, para no perjudicar al amigo y compañero Berlusconi."

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