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DE UN
ARTÍCULO DE TABUCCHI
Luis
G. DEL CAÑUELO
Le
Monde, ese periódico que tantos ciudadanos leemos con veneración
en los más diversos países, publicó el jueves 19
de abril, arrancando en portada, un artículo titulado Oú
va l'talie, M. Ciampi?, firmado por Antonio Tabucchi. He de confesar
que yo, a Tabucchi, lo descubrí hace casi diez años, cuando
en Le Nouvel Observateur encontré una crónica sobre
el interés extraordinario que estaba suscitando en Italia, en Francia
y en Portugal su novela Sostiene Pereira. Creo recordar que el
semanario citado precisaba que ese libro estaba causando verdadero furor
en los círculos progresistas y de izquierdas y que algunos interpretaban
el homenaje de Tabucchi a la libertad de prensa que es uno de los ejes
de la novela- como una especie de llamamiento a la movilización
intelectual ante el peligro Berlusconi. El llamado Il cavaliere
estaba entonces, en efecto, en pleno despegue y se presentía que
podía llegar a la Presidencia del Consejo de Ministros, como así
acabó sucediendo.
Posteriormente, hacia 1995, si mi memoria no me falla, la editorial Anagrama
puso esa novela en circulación, convenientemente traducida al español.
Me apresuré a comprarla, y la leí con auténtica pasión,
no exenta de una extraña nostalgia y una emoción poco contenible.
Reconozco que, salvadas todas las distancias entre Pereira y un servidor,
el corazón me dio un vuelco cuando, al final de tan excelente narración,
hallé el siguiente párrafo en la Nota de Antonio Tabucchi
a la décima edición italíana: "Yo sabía
que después del setenta y cua
tro, cuando Portugal recuperó la democracia, (Pereira) había
regresado a su país, pero no había vuelto a encontrarme
con él. Ya no escribía, se había jubilado, nos sé
a qué se dedicaba, por desgracia había sido olvidado. En
aquel período, Portugal vivía la vida convulsa ( ... ).
Era un país joven, dirigido por gente joven. Nadie se acordaba
ya de un viejo periodista que se había opuesto con determinación
a la dictadura de Salazar'. Y es que yo, como saben mis amables lectores,
soy también un viejo periodista, que supe de los caminos del exilio,
que veo transcurrir mis últimos días en el olvido -no negaré
que comprensible-, aunque mi buen amigo José García Abad
me devolviera hace tiempo la dicha inmensa de escribir, lo que vengo haciendo
-por fortuna para mí- en EL SIGLO cada semana.
Sostiene Pereira es para mucha gente un texto admirable, un clásico
ya, en el que sobresale la loa del periodismo más noble, significativamente
protagonizado no por un divo, ni por un triunfador, ni por un famoso,
sino por un hombre sobrio, sencillo, anónimo. Pereira fue inmortalizado
para el cine por un actor inconmensurable, el gran Marcelo. No deja de
ser estremecedor, en cambio, que la película sobre esta novela
fuera el postrer trabajo de Mastroiani, quien falleció poco después
de terminar el film. Lo vi en mi casa, en el vídeo, y me pareció
una adecuación al cine realizada con encomiable corrección
y respeto exquisito hacia el original escrito. Soy, como se ve, un entusiasta
de Tabucchi porque, entre otras razones no menos poderosas -como su especialización
portentosa en la obra del poeta Pessoa-, no oculta su ideología,
nítidamente progresista y de izquierdas, y no rehuye el combate
político en favor de sus ideas que, en buena parte, son las mías.
No juega a la hipocresía de la independencia, concepto que, a menudo,
sólo sirve de coartada para los intelectuales y periodistas serviles
con la derecha.
Oú va l'talie, M. Ciampi?, inquiría Tabucchi en el
diario Le Monde. Ciampi es el presidente de la República.
¿Hacia dónde va Italia, señor Ciampi?, preguntaba
Tabucchi el domingo 22 de abril en El País, donde volví
a encontrarme con el comentario leído antes en Le Monde.
Ha escrito, pues, Tabucchi en Francia y en España. No ha podido
hacerlo, sin embargo, en el suyo propio. Lo afirma el autor en su
reflexión
dirigida a Ciampi: "Y si me permite una observación de orden
personal, ¿no le parece a usted preocupante que este mismo artículo,
aunque haya sido finalmente publicado en nuestro país por la revista
Micromega, haya sido rechazado por los dos principales diarios
italianos con los que suelo colaborar habitualmente?". El artículo
constituye una pieza inculpatoria contra Berlusconi. !Berlusconi, otra
vez! Las elecciones están a la vuelta de la esquina. Las encuestas
continúan vaticinando que el líder del Polo de las Libertades
-!qué sarcasmo, el nombrecito!- ganará en las urnas. Y,
por consiguiente, hay miedo, temor, a molestar al magnate/político.
Cuesta creerlo, pero es verdad. Hasta el veterano -93 años,
mayor que yo- Indro Montanelli, un hombre de trayectoria liberal, de voto
habitual al centroderecha, ha advertido públicamente del riesgo
que, para las libertades, comporta la elección de Berlusconi. Montanelli
lo conoce de cerca. Fue su editor hace unos años. La relación
entre ambos terminó mal: Beriusconi quería utilizar al célebre
y prestigioso periodista italiano como si fuera un títere en sus
manos. Hasta Montanelli ha exhortado a votar a la izquierda.
Tabucchi incluye en su requisitoria durísimas críticas a
las instituciones italianas, desde el final del fascismo, sin que falten
evocaciones de masacres conectadas a los servicios secretos, intentos
de golpes de Estado, presiones de¡ Vaticano y, desde luego, influencias
de la mafia. Inicia su relato subrayando un episodio del que, hace unas
semanas, me hice yo eco en esta revista: la entrevista de la RAI "con
un periodista que presentaba un libro de documentos sobre el señor
Berlusconi, que lleva meses circulando y que no había sido denunciado
hasta entonces ni por el propio Berlusconi ni por nadie". Como probablemente
recuerden los lectores, la entrevista provocó una escandalera,
el programa fue suprimido y, a partir de ese momento, la vigilancia de
los contenidos fue redoblada en la televisión pública italiana,
favoreciendo así los intereses de Berlusconi que ya controla la
mayoría de las televisiones privadas. Además, señala
Tabucchi, la fiscalía de la República denunció al
presentador, el actor Daniele Lutazzi, por haber pronunciado la siguiente
frase dirigida al periodista: "Aprecio su valor en esta Italia de
mierda."
Aquella entrevista y sus consecuencias -que pasaron prácticamente
inadvertidas en nuestro paí ha servido nada menos para que Antonio
Tabucchi haya escrito un artículo excepcional, a la altura del
firmado por Émile Zola, a raíz del proceso Dreyfus, incorporado
a la historia con el título de "Yo acuso". Tras su
repaso a las múltiples miserias de Italia, el autor de Sostiene
Pereira argumenta: "Y si hay quien se escandaliza o quien denuncia
al señor Lutazzi por haber pronunciado la frase de marras, ¿por
qué nadie denuncia a un representante de las instituciones cuando
declara que también los jóvenes de Saló tenían
sus ideales? Naturalmente que los tenían: ideales de sangre y de
muerte como los de los nazis que les servían de inspiración.
¿0 es que no existe un articulo legal que se llama 'apología
del delito'?" Téngase en cuenta que, en la coalición
conservadora que encabeza Berluscon¡, figura el partido Alianza
Nacional, heredero directo del fascismo, a pesar de sus esfuerzos por
maquillar su imagen.
Acerca de Berlusconi impresionan estas apreciaciones: "¿Considera
usted plausible que no ya en un régimen militar, sino en una democracia
parlamentaria occidental, un hombre que posee cadenas de periódicos,
editoriales y varias televisiones pueda actuar en nombre del interés
público y convertirse en primer ministro? ¿No le parece
a usted también que, si ello ocurriera, Italia quedaría
definitivamente atada y amordazada? ¿No cree usted que un exceso
de poder de esta clase prefigura una nueva forma de autoritarismo? ¿Es
que le parece normal que un cantante de cruceros se convierta de la noche
a la mañana en uno de los hombres más ricos del mundo? ¿Considera
legítimo que los italianos quieran saber de dónde ha salido
su fortuna, o no?'
Antonio Tabucchi, sin embargo, no añade a su lista la complicidad
que Berlusconi está obteniendo de José María Aznar
con el fin de preservarlo de la instrucción judicial sobre su gestión
en Tele 5. "Este es -razonaba Jordi Solé Tura el 21 de abril
en El Periódico de Catalunya- el gran amigo de Aznar, el
que le presenta aquí y fuera de aquí como su gran compañero
en la
reconstrucción de la derecha europea. Y el que le pide favores
y los consigue. Éste y no otro es el sentido de la acción
esperpéntica del Gobierno español de extraviar, para ganar
tiempo, el suplicatorio que la justicia española ha puesto en marcha
contra Berlusconi por un delito de evasión fiscal en España.
Y el Gobierno, con Aznar de jefe y el ministro Josep Piqué de ejecutor,
hace todo lo que puede para embarullar la madeja y para lograr que esto
no salga adelante hasta después de las elecciones italianas, para
no perjudicar al amigo y compañero Berlusconi."
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