Nº 447
5/2/2001

DE LA NUEVA COPE

Luis G. DEL CAÑUELO

Vi en la calle ‑mientras daba una vuelta a la búsqueda del sol imposible en este Madrid con milenio lluvioso y plomizo‑, poco después de haber comprado los periódicos y haber charlado con mi amigo Manolo, el quiosquero, un cartel grande que animaba a la gente a oír /luna nueva COPE". Luego, ya en casa ‑mi vetusta casa del barrio de Lavapiés, leyendo los diarios me topé con un anuncio a doble página, inmenso, de los que deben costar el presupuesto mensual de Cáritas. "Descubre una nueva COPE cada hora del día... y de la noche", rezaba el titular de tan monumental reclamo.

¿Habrá operado la Virgen de Lourdes o la que ciertos visionarios afirman que se les aparece con regularidad en las cercanías de El Escorial, por fin, el gran milagro? ¿Será cierto ‑me dije a mí mismo‑ que la Conferencia Episcopal, las órdenes religiosas más relevantes y, en su conjunto, la clerecía hispana han acordado convertir a la COPE al catolicismo? Entiendo el catolicismo, o el cristianismo, por supuesto, en su dimensión evangélica, lo que estaría reñido frontalmente con una historia como la de la COPE, auténticamente abominable, sectaria y, además, mercantilista, donde se confunde de modo sistemático el argumento con el insulto, la narración de los hechos con la injuria, el diálogo con el tiro dialéctico en la nuca del contrario. Un contrario habitualmente ausente, porque el pluralismo de la COPE empieza y termina, por lo general, en el Partido Popular.

Repasé con atención los programas de la "nueva COPE", conforme los enumeraba ese anuncio. No figuraba José María García, lo que ya era conocido, pues el maestro de la patraña y de toda suerte de fabulaciones demagógicas ha sido esta temporada el fichaje estelar de Onda Cero. Pero García se fue de la COPE con público pesar de sus directivos, incluidos los curas que manejan el tinglado, habiendo difundido en consecuencia un comunicado de loa a este radiofonista de oro al cual le eran agradecidos los servicios prestados. El bloque matinal ‑seis horas de gran audiencia radiofónica‑ continúa capitaneado por Luis Herrero. El de la noche ‑cuatro horas: de 8 a 12‑ sigue en manos de Federico Jiménez Losantos.

No había, pues, cambio alguno, sino más de lo mismo. El resto, entretenimiento, actualidad, crónicas rosas, estupideces varias. Y sólo media hora diaria, de 3 a 3,30 cada tarde, de contenido religioso, aparte de una hora nocturna los domingos por la noche. ¡Menudo cambio! ¡Estafa manifiesta! Los responsables de la cadena de los monseñores no se habían, ni mucho ni poco, devanado los sesos diseñando la oferta pretendidamente nueva. La cleriguicia ‑con excepciones y salvedades ejemplares como la de algunos capellanes que estos días acogen en sus templos a los inmigrantes perseguidos‑ permanece anclada en el oprobio pasado de una Iglesia sostén fundamental del conservadurismo.

Bendijeron los cañones de la sublevación militar del 36, presentaron al general genocida cual si fuera el Mesías anhelado, y 65 años más tarde bombardean, día a día, a través de las ondas de la COPE, al estilo de Queipo de Llano desde Sevilla, a la España progresista y de izquierdas. Hace mucho que vienen haciendo todo esto. Hace demasiado que prescinden de Cristo y adoran a un señor llamado Aznar, incluso aunque éste les tome el pelo, no satisfaga sus demandas y preste más atención a las oscilaciones de las encuestas que a la doctrina y a la moral de la Santa Madre Iglesia.

En Alfa y Omega, que es un cuadernillo que el ABC inserta semanalmente y que está auspiciado por la jerarquía eclesiástica, un tal Gonzalo de Berceo escribía esta perla deliciosa: "Miguel Ángel Rodríguez, que tiene muy buenas razones para conocer a fondo a don José María Aznar, publicó recientemente un artículo titulado Cálmese la Iglesia que Aznar tiene mal genio. Contaba una anécdota, según él, por lo visto muy elocuente: nada más llegar a la presidencia del PP, a una alta autoridad eclesial que le pedía claridad y coherencia sobre el aborto, Aznar le respondió: "Yo, personalmente, soy contrario al aborto, pero el partido es laico". El diálogo siguió, y Aznar preguntó: "El domingo, ¿pedirán en las homilías el voto para el PP?". Respuesta. “Nosotros no podemos ser partidistas". Y Aznar, según Miguel Ángel Rodríguez, le remató: “Y entonces, ¿con qué derecho la Iglesia me pide a mí nada? Miguel Ángel Rodríguez no cuenta si hubo respuesta por parte de la alta autoridad eclesial. Por si les sirve a Aznar y a Miguel Ángel Rodríguez, bien podía haber sido ésta: "Porque ‑cálmense vuestras mercedes‑ la Iglesia nunca ha dicho que sea de Aznar ni del PP, mientras que a la inversa sí. Esa es la pequeña diferencia".

¿Ignora ese Berceo que la Iglesia ha sustituido, y con más eficacia, las homilías ‑es decir, aquel púlpito preconciliar­por los micrófonos de la COPE? ¿No sabe Berceo que la COPE ha sido y es ‑la vieja y la nueva COPE‑ una temible arma propagandística contra los socialistas y a favor de la derecha que, hoy por hoy, encarna el Partido Popular? El viernes 26 de enero, hacia las nueve de la noche, Fray Jiménez Losantos bramaba contra los socialistas y contra Rodríguez Zapatero. De su boca surgían vituperios, venablos y anatemas. Le habría agradado a este intoxicador de las ondas, y de la pluma, excomulgar al PSOE, siglas ‑sentenció‑ que tendrían que ser borradas. No aguanta este predicador de olla asegurada que la izquierda avance y que Aznar se tambalee. Le ocurre lo mismo al predicador de los maitines, Fray Herrero, secundado por Fray Jiménez Losantos, que hace doblete, Fray Martín Ferrand y monseñor Pedro José Ramírez.

Cuando la Iglesia española proclama que no es partidista, como le dijera un cualificado representante episcopal a Aznar, sencillamente miente. Es partidista hasta las cachas. Lo es sin escrúpulo aparente. La prueba del nueve se halla en la COPE. No hay más que sintonizarla. Mezcla religión y política reaccionaria, y el potaje resultante lo calienta con dinero, con miles de millones que es el negocio de la COPE, a repartir entre los frailes de lujo y los directivos de rapiña. Nada que ver, por tanto, con la italiana Radio María. Si Radio María es lo que cuenta el diario La Razón, la cadena italiana sí cumple con la lógica de la religión católica. No la COPE. Se sostiene Radio María sin publicidad y sólo con el dinero que le aportan sus oyentes. Transmite misas, rosarios, meditaciones, vidas de santos, Angelus, horas de espiritualidad, de teología, de oficio divino...

Y, entre medio, música y noticias. Dice ese periódico que goza de audiencia creciente. Alex Rosal, que comenta el éxito de esa cadena de raíz religiosa profunda, manifiesta que es "un ejemplo a seguir" porque "si la Iglesia católica tiene radios, televisiones o periódicos es únicamente por un motivo: dar a conocer a Jesucristo. Todo lo demás es accesorio. Esos medios deben ser rentables, claro, pero no se puede desvirtuar su finalidad última por cuestión econórnica". ¡Monseñor Rouco Varela, cierre la COPE o, por favor, cuelgue los hábitos y que Aznar lo nombre ministro de Agricultura a ver si bautiza a las vacas locas!

 

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