![]() |
|||
|
Nº
414
|
15/5/2000
|
|
DE
ETA, DEL,PNV, DE EA Luis
G. Debo reconocer -muy a mi pesar- que, cuando
el Partido Popular austriaco pactó recientemente con el partido filonazi
de Haider y, en medio de la polémica que se organizó entonces, algún portavoz
del PP español manifestó que igual o peor era la alianza gubernamental
en Euskadi, tal observación fue plenamente atinada. En aquellos momentos
-que eran preelectorales- no pude contener mi indignación, porque me pareció
una muestra más del habitual cinismo de la derecha española, que trataba
de desviar así la atención con el fin de eludir su connivencia evidente con los conservadores austriacos. Haider es un peligro. Haider supone el maquillaje
actual de un pasado ominoso. Y, lo que es peor, significa la legitimación
democrática de un futuro potencialmente perverso, que tiene adeptos en
otros países europeos, como ocurre con la Liga del Norte italiana, por
ejemplo. Predica la xenofobia, el racismo y el populismo demagógico, mientras
esparce el aroma putrefacto de las ideas totalitarias, envuelto en el
manto de la supuesta modernidad neoliberal. Pero, hasta el momento, el
partido de Haider ni ha matado a nadie ni tampoco ha perseguido a nadie
abiertamente por sus ideas. El pacto entre los populares austriacos y Haider
es, en todo caso, reprobable. Y es cierto que Aznar sólo se ha mojado
al respecto de manera retórica. No ha sido capaz, desde luego, de ejercer
su cacareado liderazgo europeo en el ámbito del centro‑derecha para
expulsar del PPE a los democristianos de Austria, dando de tal guisa una
lección de pureza democrática. No obstante, la obstinación del PNIV y
de EA manteniendo sus vínculos con HB o Euskal Herritarrol es insostenible,
No se aguanta. No puede ser defendida ni un minuto más. Porque HB o EH
son, inequívocamente, el brazo político de una organización de matones
que responde al nombre de ETA. A lo largo del tiempo en el que duró la tregua
-mal llamada proceso de paz, entre otras razones porque persistía impunemente
el terrorismo también mal llamado de baja intensidad-, la coalición nacionalista
aglutinada en torno al Pacto de Lizarra aún tenía cierto fundamento. Sus
propagandistas sostenían que paulatinamente los radicales irían entrando
en las vías institucionales o políticas hasta que llegara el día en el
cual ETA dejaría de manera definitiva e irreversible el camino de la violencia.
Parecía improbable que ello acabara sucediendo, pero no era menos verdad
que los meses iban transcurriendo y no había ni asesinatos ni secuestros.
La ilusión, sin embargo, se frustró cuando ETA anunció públicamente que
daba la tregua por terminada. Más aún, cuando muy pronto volvió la sangre
y el dolor, primero a Madrid y luego al País Vasco. El
atentado que costó la vida, el domingo, 7 de mayo, al luchador antifranquista,
cofundador de Comisiones Obreras en Guipúzcoa y actualmente columnista
del diario El Mundo José Luis López de Lacalle -un antiguo comunista
que seguía luchando por la libertad plantando cara a ETA y a sus compañeros
de viaje o, mejor dicho, de cortejo fúnebre-, colma el vaso de la paciencia.
Este crimen ha llegado después de los intentos frustrados
de liquidar a los periodistas Carlos Herrera y Zuloaga, de RNE y La Razón, respectivamente. Después, asimismo,
del asesinato de un militar en las calles de Madrid y del socialista Fernando
Buesa, ex vicelehendakari
del Gobierno autonómico. Las ideas se combaten con las ideas. Se combaten,
como había hecho toda su vida López de Lacalle, con un bolígrafo y una
máquina de escribir. 0 con un ordenador. 0 con un micrófono. 0 en un plató
de televisión. Se combaten pacíficamente en el Parlamento, en los mítines,
en las campañas electorales. Y aquellos que, en un Estado democrático
como felizmente es España, no quieran asumir principios tan elementales
como los expuestos, no pueden compartir provecho alguno, por muy respetable
que sea ‑y la idea de la independencia de Euskadi debe ser respetada,
naturalmente‑, con los partidos y sectores sociales que se proclaman
democráticos. Si las urnas acabaran otorgando algún día la razón a los
independentistas vascos, el resto de los españoles tendría, como mínimo,
que reflexionar abriendo los cauces pertinentes al respecto. Pero mezclar permanentemente las urnas con las
bombas sólo abre la puerta, irresponsablemente, a la barbarie. El País
Vasco, de la mano del PNV y de EA -me duele decirlo, pero es verdad-,
circula por la senda suicida de la límpieza
étnica, de los enfrentamientos civiles; por la senda de la ex Yugoslavia.
No hago catastrofismo. Intento reflejar una realidad que cada día que
pasa se me antoja más cercana. Por desgracia. Mis amigos lectores de EL SIGLO saben bien cuál
es mi pensamiento. Yo hice la guerra y empuñé las armas. Lo hice para
defender la República. Lo volvería a hacer. La reacción y el fascismo
se alzaron brutalmente el 18 de julio de 1936 contra la legalidad democrática.
Sufrí exilio. No abjuro de mi ideología. Ni lo haré jamás en los pocos
años que me quedan de vida. Creo en los principios de la Revolución francesa.
Y lamento que los de la Revolución de Octubre fueran traicionados por
gentes despreciables como Stalin y sus secuaces. Toda mi vida he luchado,
desde el periodismo sobre todo, a favor de la utopía que encarna la izquierda.
0 que debería encarnar la izquierda, sea ésta más o menos moderada. Mi
animadversión política -subrayo: política- hacia la derecha, encarnada
ahora en el PP, es pública y manifiesta. He criticado con dureza al diario
El Mundo, a la RNE del PP y a La Razón ansoniana. He creído -cada vez
menos, salvo que sus dirigentes rectifiquen de una vez- en el papel vertebrador
y democrático del PNV y de EA. Entiendo que, en demasiadas ocasiones,
se ha hostigado hasta la infamia a políticos como Xabier Arzalluz. Y lo
he escrito en mis semanales artículos de esta revista. Pero, amigas y
amigos, hasta aquí hemos llegado. Basta
de contemporizar con los nuevos nazis que dicen querer salvar al pueblo
vasco. Me cisco en los salvadores de cualquier patria. Me cisco en los
salvadores que utilizan la metralleta, el coche bomba y el sistemático
amedrentamiento de los que no piensan como ellos. Estoy más cerca -lo he estado
siempre- de las víctimas que de los verdugos. De los perseguidos que de
los perseguidores. Me da igual que los caídos sean militares, civiles,
del PP o del PSOE o de los mormones, si los hubiere. Amigo López de Lacalle. Lloro sobre tu féretro, compañero. No tuve la dicha de conocerte. Pero cuando estuviste en las mazmorras del franquismo eras mi amigo: nuestro enemigo -el que ha acabado con tu vida- también es el mismo ahora. La ETA es el nuevo rostro del fascismo. Y todo lo demás no son más que estúpidas historias para embaucar a incautos. Lo siento por el PNV y por EA. Pero o rompen ya con los totalitarios o pasarán a la historia como sus cómplices. De ellos depende. |