Nº 410
17/4/2000

DE CARDENAL, DE HERRERO TEJEDOR, DEL OPUS

Luis G.DEL CAÑUELO

El pasado día 6 de marzo, el obispo prelado del Opus Dei, Javier Echevarría ‑que es el sucesor de[ sucesor de¡ beato Escrivá de Balaguer‑, presidió en la basílica de San Pedro del Vaticano la oración de la tarde, que se celebra todos los jueves de Cuaresma y es una iniciativa del Comité Central Jubileo del año 2000. Echevarria ni se salió de[ guion ni fue, por ende, original en sus planteamientos. El Opus viene repitiendo fundamentalmente lo mismo desde que lo fundara Escrivá de Balaguer no mucho antes de la guerra civil. Lo que necesita el mundo ‑dijo Echevarría‑ son "santos, hombres y mujeres comprometidos en buscar ardientemente la unión con Dios en el cumplimiento de los deberes familiares, profesionales y sociales".

Es el objetivo, sin duda, de Jesús Cardenal, el fiscal general del Estado: llegar a santificarse cumpliendo con sus deberes. Cardenal es miembro del Opus. Abundan en la carrera judicial los opusinos. Parece que lo es también el teniente fiscal, José María Luzón, su actual segundo de abordo. El común denominador de los seguidores de Escrivá metidos a jueces y fiscales es su acendrado conservadurismo y su fidelidad básica a las directrices del PP en estas materias. Lo cierto es que, salvo rarísimas excepciones, si es que existen, ser del Opus resulta sinónimo de simpatizar, como mínimo, con partidos o formaciones de la derecha. El Opus fue uno de los ejes vertebradores del franquismo. Ahora ha regresado al protagonismo público gracias al Partido Popular.

Durante la dictadura, sus militantes más egregios brillaron con luz propia, como Alberto Ullastres, el recientemente difunto López Rodó, López de Letona, Fernández de la Mora, el también desaparecido López Bravo, Mariano Navarro Rubio, Vicente Mortes Alfonso y un larguísimo etcétera. La lista debe incluir asimismo a Fernando Herrero Tejedor ‑padre, por cierto, del periodista de la Cope Luis Herrero‑, quien murió de accidente de coche en circunstancias no del todo esclarecidas, siendo ministro secretario general del Movimiento y tras haber ocupado la Fiscalía del Tribunal Supremo. Adviértase, pues, ya la tendencia opusina hacia los puestos clave judiciales. Por lo demás, Herrero Tejedor fue uno de los principales padrinos de Adolfo Suárez, el cual por aquella época jugó también personalmente la carta del Opus. Como fiscal de[ Supremo, Herrero Tejedor desempeñó un papel relevante en el caso Matesa, escándalo económico que sacudió las estructuras de¡ franquismo porque fue, sobre todo, un ajuste de cuentas interno.

Herrero Tejedor ‑modelo en el que ha debido inspirarse, más que probablemente, Jesús Cardenal‑ conjugaba su devoción joseantoniana con su vinculación opusina, lo que, además, permitía a los voceros del Opus presumir de pluralismo, ¡mandan huevos!, que podría decir al respecto Federico Trillo, si no fuera porque él también es un preclaro discípulo de Escrivá. En su libro de Memorias, publicado por Plazajanés en marzo de 1991, Navarro Rubio ‑procesado y condenado por el caso Matesa, como los ex ministros del Opus Espinosa San Martín y García Moncó‑ alude textualmente a Ios arreglos de Fernando Herrero Tejedor" en su calidad de fiscal del Supremo. Reproduce significativamente un texto que le envió Escrivá de Balaguer, en respuesta a una carta suya /¡explicándole mi sufrimiento" por el procesamiento. El fundador del Opus se limitó a escribir una jaculatoria en latín: 'Como siempre ‑subraya Navarro Rubio‑, monseñor Escrivá de Balaguer conducía, en todas las ocasiones, hacia Dios".

Las actuaciones de Cardenal se orientan también "hacia Dios". "¡Por el Imperio, hacia Dios!". Por la Fiscalía General del Estado, asimismo, hacia Dios. Hacia la santidad, sin duda. Dios escribe recto con renglones torcidos, como lo son, desde luego, los renglones del affaire Ercros. Pero pudieron escribir torcido, si acaso, Javier de la Rosa y los componentes del Consejo de Administración de la empresa. Todos, salvo Josep Piqué. Por eso, todos los miembros del Consejo que lo eran en el tiempo en el que se produjo el presunto delito de alzamiento de bienes en la compañía y la venta de la petrolera filial Ertoil ‑todos ellos: la justicia es igual para todos‑ han sido imputados en la causa. Todos, salvo Josep Piqué. Jesús Cardenal sirve a Dios y a su señor, que es José María Aznar. Al fin y al cabo, Aznar sería, en el peor de los supuestos, el "mal menor". Y el "mal menor" -lo recordaron los obispos poco antes de las elecciones del 12 de marzo‑ siempre es mejor que el "mal mayor".

Si para evitar el "mal mayor" conviene exonerar a Josep Piqué, un buen católico, como Jesús Cardenal, tiene que intentarlo. El "mal mayor" supone más abortos y menos enseñanza aún de la religión en las escuelas, entre otros daños irreparables relativos a la pérdida paulatina de los valores morales en una sociedad cada vez más materialista y atea. ¿Puede haber duda? ¿Puede un socio activo del Opus De¡ eludir su compromiso de "buscar ardientemente la unión con Dios", conforme predica el prelado Echevarría, sólo por el hecho, más bien nimio, de que unos 40.000 millones de pesetas no aparezcan en el asunto Ercros? ¿Qué hubiera hecho Fernando Herrero Tejedor, hace años ya camino de la santidad, que goza para siempre de la presencia de Dios Misericordioso, junto al beato Escrivá ‑quien le explica, a menudo y pormenorizadamente, con cuánta veneración y enorme piedad el Generalísimo siguió los ejercicios espirituales predicados por él, en el Pardo, en los primeros años de la posguerra‑­cómo hubiera reaccionado, pues, su amigo Herrero, hermano en Cristo y en la Obra, de haberse encontrado frente a una situación parecida?

Incluso Josep Piqué (El Periódíco de Catalunya, 9­4-2000) elogia la independencia de criterio" de Jesús Cardenal, así como su "gran profesionalidad". Pero una cosa no está reñida con la otra. Se debe ser independiente y buen profesional y, al mismo tiempo, saber distinguir entre lo que, en cada momento, es mejor o peor, menos malo o más malo, etc. Pinochet, por ejemplo, cometió verdaderas atrocidades. Pero lo hizo en aras de una causa buena y noble, como la de salvar al pueblo chileno del Anticristo, que era Allende. Esta fue la auténtica razón que movió a Cardenal cuando tuvo que pronunciase sobre la extradición del anciano Pinochet. En el affaire Ercros, procesar a Piqué ‑aparte de su casi segura inocencia, ya que como director de Estrategia Corporativa de la empresa, quizás sólo velara por la imagen publicitaria de la misma‑ hubiera sido hacer el caldo gordo a los socialistas, propiciar su vuelta anticipada, estorbar la buena labor que, aun en medio ‑de no pocas dificultades, procura llevar adelante el presidente Aznar, secundado por su ejemplar esposa, Ana Botella, sobrina de otro veterano hermano del Opus, el profesor Botella Llusiá, un verdadero cruzado en la batalla contra la diabólica pastilla anticonceptiva.

¿Cómo, por tanto, el fiscal general, Jesús Cardenal, iba a desatender Ias llamadas efectuadas desde despachos muy cercanos al de Aznar"? Una de ellas fue "inmediatamente atendida", como no podía ser de otro modo. Le rogaban al fiscal general que "desde allí se aceleraran los trámites relacionados con la causa abierta en el Supremo por el caso Ercros, de manera que la decisión de la sala sobre Piqué no coincidiera con la formación del nuevo Gobierno, como preveía el calendario". lo hizo con gusto, como antes había hecho la gestión -‑legal, por supuesto- de relevar al fiscal Bartolomé Vargas, un hombre bueno, pero lamentablemente equivocado, que había escudriñado a lo largo de tres años con la única y torticera intención de perjudicar a Piqué, lo que en la práctica era perjudicar, y muy gravemente, a José María Aznar y al PP, favoreciendo así el "mal mayor".

No debe ocultarse, sin embargo, que le enojó leer, con el título de Presiones a Cardenal, las frases entrecomilladas arriba escritas. Y más leerlas en el diario El Mundo (8-4-200), firmadas por Isabel San Sebastián. Sin embargo, ofreció el sacrificio por la conversión total de Pedro J. Ramírez y, a pesar de todas las miserias humanas, se dijo a sí mismo que su amigo/hermano Luzón, su segundo en la fiscalía, estaba llevando a cabo muy bien su admirable campaña a favor del indulto para Javier Gómez de Liaño. Si Franco indultó a Navarro Rubio y a sus amigos/hermanos -"esta vez porque sí"-, Aznar debería hacer lo propio. Lo antes posible. Se trata, como proclama Luzón, de "un clamor popular". Sobre todo, ¡popular! Tan popular como el partido del mismo nombre o la cadena de emisoras de los obispos: Cadena de Ondas Populares Españolas.

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