|
ALEMANIA: UNA CRISIS EJEMPLAR
Ser joven es ser espontáneo, estar próximo a las fuentes
de la vida, poder alzarse y sacudir las cadenas de una civilización
caduca, atreverse a lo que otros no han tenido el valor de emprender.
en suma, volver a sumergirse en lo elemental.
Thomas
Mann
No
otra cosa esencialmente es loque está sucediendo en Alemania,por
mucho que la peripecia cotidiana parezca indicar sólo una crisis
política y la prensa local llegue a hablar de "manicomio"
o de "jardín de infancia".
Que la gran coalición de socialistas y cristiano-demócratas
no acabe de cuajar no es sólo muestra de la gravedad de la crisis
que se está viviendo, sino de un ocaso de viejas recetas y personalidades.
Que el líder socialista Franz Münterfering haya dejado el
cargo y posiblemente también su eventual participación en
el nuevo gobierno sería sólo una anécdota, grave
aunque episódica, pero que haya sido acompañada de la retirada
de un peso pesado del partido rival, el ministro-presidente de Baviera,
Edmund Stoiber, de la Unión Social Cristiana, es síntoma
de que se trata de algo más grave.
Sobre todo cuando la renuncia del dirigente socialista se debe a la derrota
de su candidato a secretario general del partido en unas elecciones que
dieron finalmente el triunfo a la joven Andrea Nahles, considerada como
líder del ala más izquierdista de los socialdemócratas.
Las cosas han llegado al punto de que se habla ya abiertamente de repetir
las elecciones generales, aunque nadie vea en qué puede ello solventar
la crisis.
Se ha llegado a hablar en la prensa de "terremoto político"
pero parece tratarse más bien de una conmoción de hondura,
tanto generacional como social. Sin la espectacularidad del mayo del 68
francés, también ahora parece apuntar una protesta de la
juventud, o al menos de los no veteranos, ante la incapacidad de los políticos
instalados para resolver la gran crisis que vive el país.
Las cosas empiezan a tener ya carácter de apremio, con el 12 de
noviembre como fecha límite para el acuerdo y la del 22 para la
presentación en el Bundestag del nuevo gobierno. Los esfuerzos
se hacen, por tanto, febriles. Y las cábalas proliferan. Se habla
insistentemente de que las esperanzas de renovación puestas en
Nahles se verán truncadas por sus dificultades para conectar con
el nuevo presidente del partido, hombre de confianza del dimitido Münterfering.
En cualquier caso, la mayoría de analistascoinciden en considerar
que, sea como fuere el nuevo Gobierno, tanto si se logra la gran coalición
como si no, tendrá por delante no sólo los grandes problemas
sociales, económicos y financieros que aquejan al país,
sino también los derivados de la situación interna de los
dos grandes partidos, que parecen haberse resquebrajado de forma importante
durante la crisis.
Porque, entre otras cosas, están dificultando al extremo la adjudicación
de cargos en el futuro Gobierno de la cancillera electa Angela Merkel,
que creía ya contar con vicecanciller en la persona de Münterfering
y con ministro de Hacienda en la de Stoiber. El cubileteo de nombres se
ha vuelto ahora, sin duda, frenético. No parece haber muchos políticos
de uno y otro bando dispuestos a asumir responsabilidades gubernamentales
cuando sus partidos y el propio país se encuentran en semejante
situación de incertidumbre.
Es de esperar que la conmoción dicte lecciones dentro y fuera de
casa, que haga reflexionar a la llamada clase política sobre la
necesidad de renovarse en profundidad para hacer frente a los nuevos tiempos,
prestando sobre todo más atención a los deseos y necesidades
de los electores que a sus condicionamientos partidistas. Es una canción
que suena ya en muchas de las democracias que se pretenden adelantadas.
No se trata, desde luego, de descartar de un plumazo a veteranos políticos
cuya experiencia es tan necesaria a los jóvenes que van llegando,
pero sí de arrebatarles la exclusiva de la verdad y del dominio
sobre los demás. Los viejos tiburones de la política parecen
ya abocados al acuario de exhibición y no sólo en Alemania.
|