|
TURQUÍA: DUDAS Y QUEBRANTOS
TLa
fe y la religión son dinero para los ricos, la vía del honor
y del patriotismo ha quedado para los pobres.
Ziya
Pachá
En
una época de incertidumbres, cuando ya no se sabe muy bien lo que
es una nación ni siquiera si el Estados Unidos de Bush es una democracia,
nada tiene de extraño que los intentos turcos de incorporarse a
la Unión Europea hayan levantado una oleada de protestas y desconfianzas,
esencialmente de origen cristiano y, en particular, católico. Y
con los más variados y descabellados argumentos, como pretender
que Turquía es país asiático que poco o nada tiene
que ver con Europa.
¿Habrá insensatez mayor? Porque resulta que el aspirante,
antes de ser lo que es, fue parte del Imperio Romano, de indiscutible
europeísmo que nadie le podrá negar a Bizancio, luego Constantinopla
y ahora Estambul. Amén de la expansión otomana, que llegó
hasta las puertas de Viena en el XVII y dejó impregnados de su
cultura y religión a pueblos, ahora naciones, que ya están
o aspiran legítimamente a estar en la Unión Europea.
Que el actual Papa fuera, como cardenal, decidido adversario del ingreso
turco en la Comunidad habla con claridad de una de las esencias del conflicto,
que no es otra que el enfrentamiento de ciertos católicos con cuanto
es musulmán. De nada habrán servido, para ellos, los tremendos
esfuerzos que los turcos, desde Kemal Ataturk, han des-plegado para cristianizarse
y occidentalizarse, dotándose de gobiernos laicos, suprimiendo
signos exteriores del islamismo como el fez de los hombres y el velo de
las mujeres e incluso, más recientemente, la abolición de
la pena de muerte.
Cierto es que la situación de los derechos humanos en Turquía
deja todavía que desear, pero también es innegable que el
país sigue haciendo esfuerzos en la buena dirección yque
grandes campeones de esos derechos, como Estados Unidos y Gran Bretaña,
no están dando últimamente muchas pruebas de respetarlos,
sino todo lo contrario. ¿Qué sucedería si, por ejemplo,
existiera en Turquía un penal como el de Guantánamo, con
centenares de cautivos sin proceso ni defensa legal?
La realidad es que a los europeos instalados no les hace ninguna gracia
ver llegar a un nuevo socio no muy rico con más de 69 millones
de habitantes y otros tres o cuatro ya presentes en Europa, esencialmente
en Alemania y Austria, como emigrantes. Con el agravante para muchos críticos
de profesar una religión, el islamismo, que ahora se presenta,
en sus aspectos más fanáticos y fundamentalistas, como enemigo
de nuestra civilización cristiana occidental.
Hay, sin embargo, un elemento de primera importancia que tener en cuenta
en este ámbito: los Estados Unidos, en guerra abierta y global
contra el fundamentalismo islámico, han apoyado decididamente el
ingreso de Turquía en la Unión Europea, hasta elpunto de
afirmarse que en las últimas semanas, cuando se dudaba de que la
candidatura turca tuviese alguna posibilidad, llegó incluso a amenazar
a países como Austria con represalias si seguían obstaculizando
el proceso. Y es que Turquía no sólo es miembro veterano
de la OTAN, sino también firme aliado de los Estados Unidos en
la zona y, por si fuera poco, también de Israel.
Los partidarios de admitir a Turquía en el seno de la comunidad
europea tienen además argumentos de indiscutible solidez, como
el dotar al conjunto de un bastión musulmán moderado frente
a quienes no lo son y de disponer además de un puente con los países
de Asia Central con tradición turca. Es preferible, afirman, asimilar
que excluir y siempre habrá tiempo, hasta la fecha prevista de
incorporación plena en 2014 o 2020, para ir viendo la evolución
del candidato y obrar en consecuencia.
Que Turquía vaya a ser un caballo deTroya norteamericano en Europa,
como afirman algunos pretendidos progresistas, no deja de ser una inconsecuencia,
como demuestran dirigentes europeos socialistas decididos partidarios
de la incorporación turca pese a no simpatizar en absoluto con
los actuales dirigentes de Washington. Una paradoja más en el mundo
actual, donde Paradox es el rey.
Quienes siguen escandalizados por la evolución de los acontecimientos,
favorable a las aspiraciones otomanas, deberían reflexionar sobre
la necesidad cada vez mayor de entendimiento entre naciones, pueblos,
culturas y religiones. La situación actual del mundo no parece
muy propicia para seguir fomentando divisiones y exclusiones sin riesgo
de males mucho mayores. Mienetras se sigue combatiendo el fundamentalismo
islámico, muy bien haríamos en luchar a fondo contra los
que crecen en nuestro seno arropados en el nombre de Cristo.
|