Internacional
Nº 665
10/10/2005
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TURQUÍA: DUDAS Y QUEBRANTOS

TLa fe y la religión son dinero para los ricos, la vía del honor y del patriotismo ha quedado para los pobres.
                            Ziya Pachá
             

En una época de incertidumbres, cuando ya no se sabe muy bien lo que es una nación ni siquiera si el Estados Unidos de Bush es una democracia, nada tiene de extraño que los intentos turcos de incorporarse a la Unión Europea hayan levantado una oleada de protestas y desconfianzas, esencialmente de origen cristiano y, en particular, católico. Y con los más variados y descabellados argumentos, como pretender que Turquía es país asiático que poco o nada tiene que ver con Europa.

¿Habrá insensatez mayor? Porque resulta que el aspirante, antes de ser lo que es, fue parte del Imperio Romano, de indiscutible europeísmo que nadie le podrá negar a Bizancio, luego Constantinopla y ahora Estambul. Amén de la expansión otomana, que llegó hasta las puertas de Viena en el XVII y dejó impregnados de su cultura y religión a pueblos, ahora naciones, que ya están o aspiran legítimamente a estar en la Unión Europea.

Que el actual Papa fuera, como cardenal, decidido adversario del ingreso turco en la Comunidad habla con claridad de una de las esencias del conflicto, que no es otra que el enfrentamiento de ciertos católicos con cuanto es musulmán. De nada habrán servido, para ellos, los tremendos esfuerzos que los turcos, desde Kemal Ataturk, han des-plegado para cristianizarse y occidentalizarse, dotándose de gobiernos laicos, suprimiendo signos exteriores del islamismo como el fez de los hombres y el velo de las mujeres e incluso, más recientemente, la abolición de la pena de muerte.

Cierto es que la situación de los derechos humanos en Turquía deja todavía que desear, pero también es innegable que el país sigue haciendo esfuerzos en la buena dirección yque grandes campeones de esos derechos, como Estados Unidos y Gran Bretaña, no están dando últimamente muchas pruebas de respetarlos, sino todo lo contrario. ¿Qué sucedería si, por ejemplo, existiera en Turquía un penal como el de Guantánamo, con centenares de cautivos sin proceso ni defensa legal?

La realidad es que a los europeos instalados no les hace ninguna gracia ver llegar a un nuevo socio no muy rico con más de 69 millones de habitantes y otros tres o cuatro ya presentes en Europa, esencialmente en Alemania y Austria, como emigrantes. Con el agravante para muchos críticos de profesar una religión, el islamismo, que ahora se presenta, en sus aspectos más fanáticos y fundamentalistas, como enemigo de nuestra civilización cristiana occidental.

Hay, sin embargo, un elemento de primera importancia que tener en cuenta en este ámbito: los Estados Unidos, en guerra abierta y global contra el fundamentalismo islámico, han apoyado decididamente el ingreso de Turquía en la Unión Europea, hasta elpunto de afirmarse que en las últimas semanas, cuando se dudaba de que la candidatura turca tuviese alguna posibilidad, llegó incluso a amenazar a países como Austria con represalias si seguían obstaculizando el proceso. Y es que Turquía no sólo es miembro veterano de la OTAN, sino también firme aliado de los Estados Unidos en la zona y, por si fuera poco, también de Israel.

Los partidarios de admitir a Turquía en el seno de la comunidad europea tienen además argumentos de indiscutible solidez, como el dotar al conjunto de un bastión musulmán moderado frente a quienes no lo son y de disponer además de un puente con los países de Asia Central con tradición turca. Es preferible, afirman, asimilar que excluir y siempre habrá tiempo, hasta la fecha prevista de incorporación plena en 2014 o 2020, para ir viendo la evolución del candidato y obrar en consecuencia.

Que Turquía vaya a ser un caballo deTroya norteamericano en Europa, como afirman algunos pretendidos progresistas, no deja de ser una inconsecuencia, como demuestran dirigentes europeos socialistas decididos partidarios de la incorporación turca pese a no simpatizar en absoluto con los actuales dirigentes de Washington. Una paradoja más en el mundo actual, donde Paradox es el rey.

Quienes siguen escandalizados por la evolución de los acontecimientos, favorable a las aspiraciones otomanas, deberían reflexionar sobre la necesidad cada vez mayor de entendimiento entre naciones, pueblos, culturas y religiones. La situación actual del mundo no parece muy propicia para seguir fomentando divisiones y exclusiones sin riesgo de males mucho mayores. Mienetras se sigue combatiendo el fundamentalismo islámico, muy bien haríamos en luchar a fondo contra los que crecen en nuestro seno arropados en el nombre de Cristo.

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