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LAS PLAGAS DEL FARAÓN BUSH
Ciertamente
me echo a temblar por mi país cuando pienso que Dios existe.
Thomas
Jefferson
Ya
es más que evidente que, mientras el faraón mantenga cautivo
al pueblo elegido, que somos todos, las plagas seguirán abatiéndose
sobre los suyos. Ya van tres de envergadura, las Torres Gemelas, Iraq
y el Katrina, pero parece que el gran culpable no se da por enterado.
Ahora, para dar satisfacción a críticos y damnificados,
no ha ideado mejor cosa que iniciar una investigación y no para
encontrar culpables de los daños causados por el gran huracán,
sino para averiguar, ¡oh, dioses!, hasta qué punto están
los Estados Unidos preparados para resistir un ataque con armas de destrucción
masiva. Evidentemente, los dioses ciegan a quienes quieren perder,
el número de los necios es infinito y no habrá peor amenaza
que un idiota con poder.
Hasta cuándo y a qué precio habrá que soportar a
semejante personaje, repudiado ya hasta por la mayoría de sus más
tolerantes compatriotas. Una vez más, se le ha visto desbordado
por los acontecimientos sin que apareciera por ninguna parte su famoso
liderazgo, del que tanto ha presumido para arrogárselo no sólo
para si, sino también para sus más obtusos aliados o protegidos.
Para que las cosas quedasen más claras, precisó que sería
él mismo quien presidiera la investigación. A nadie le extranará,
por tanto, el resultado, fuera el que fuese. Si no hay culpables que determinar
y el principal implicado
es quien preside las investigaciones nes, no habrá mucho que averiguar.
La cul pa será, muy probablemente, de los hados adversos o de anteriores
administracionE Se admiten apuestas sin remuneración.
Si el mundo
era ya un teatro de títeres c da vez mayor y más inquietante,
el gran jeque blanco de los Estados Unidos lo va convirtiendo cada día
en el escenario de patochadas de alcance universal que en nada bueno pueden
desembocar. "Mi intención, dijo cuitado, es encabezar una
investigación para determinar qué se hizo bien y qué
mal Y ello para "garantizar que podemos re ponder de manera adecuada
si se produce un ataque con armas de destrucción masiva u otra
tormenta de grandes dimensiones".
Se podría ahorrar esfuerzos. Es más que evidente que lo
que se hizo mal, rematad, mente mal, fue reelegirlo presidente, aun que
difícil será que la comisión de marras llegue a semejante
conclusión. Entretanto habremos de seguir soportando alusiones
la amenaza que pesa sobre todos nosotros por las hipotéticas armas
de destrucción m, siva, que parecen marcar la existencia misma
del actual primer mandatario norteamericano.
No deja de ser altamente sorprendente irritante que un país como
Estados Unidos el mundo entero con él tenga que seguir so portando
sin pestañear, o apenas, semejan tes tomaduras de pelo. Porque
jamás ante riormente se había vivido semejante de precio
del sentido común por quienes tienen las más altas responsabilidades.
Si ni siquiera un desastre como el de Katrína ha bastado para devolver
la cordura los ocupantes de la Casa Blanca, habremos de temer lo peor
de ahora en adelante. Con el agravante de que deberemos además
se guir pagando todos, incluso en especies. Hasta el supremo desquiciamiento
de tener que dar petróleo al mayor especialista mundial en sustraerlo
allá donde se encuentre.
Con el agravante, además, de que nos ve en perspectiva ninguna
posibilidad legal de desbancar al causante de semejantes desaguisados
antes de que pueda perpetrar otro! Habrá que reignarse y esperar
a ver cuál la próxima plaga que los dioses, ya más
qu hartos, le envíen al gran faraón en activo. Lo malo,
lo peor, es que habremos de pagar entre todos lo que sólo es suyo
y muy suyo.
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