Internacional
Nº 661
12/9/2005
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LAS PLAGAS DEL FARAÓN BUSH

Ciertamente me echo a temblar por mi país cuando pienso que Dios existe.
                                                                              
Thomas Jefferson

Ya es más que evidente que, mientras el faraón mantenga cautivo al pueblo elegido, que somos todos, las plagas seguirán abatiéndose sobre los suyos. Ya van tres de envergadura, las Torres Gemelas, Iraq y el Katrina, pero parece que el gran culpable no se da por enterado.

Ahora, para dar satisfacción a críticos y damnificados, no ha ideado mejor cosa que iniciar una investigación y no para encontrar culpables de los daños causados por el gran huracán, sino para averiguar, ¡oh, dioses!, hasta qué punto están los Estados Unidos preparados para resistir un ataque con armas de destrucción masiva. Evidentemente, los dioses ciegan a quienes quieren
perder, el número de los necios es infinito y no habrá peor amenaza que un idiota con poder.

Hasta cuándo y a qué precio habrá que soportar a semejante personaje, repudiado ya hasta por la mayoría de sus más tolerantes compatriotas. Una vez más, se le ha visto desbordado por los acontecimientos sin que apareciera por ninguna parte su famoso liderazgo, del que tanto ha presumido para arrogárselo no sólo para si, sino también para sus más obtusos aliados o protegidos.

Para que las cosas quedasen más claras, precisó que sería él mismo quien presidiera la investigación. A nadie le extranará, por tanto, el resultado, fuera el que fuese. Si no hay culpables que determinar y el principal
implicado es quien preside las investigaciones nes, no habrá mucho que averiguar. La cul pa será, muy probablemente, de los hados adversos o de anteriores administracionE Se admiten apuestas sin remuneración.

Si el mundo era ya un teatro de títeres c da vez mayor y más inquietante, el gran jeque blanco de los Estados Unidos lo va convirtiendo cada día en el escenario de patochadas de alcance universal que en nada bueno pueden desembocar. "Mi intención, dijo cuitado, es encabezar una investigación para determinar qué se hizo bien y qué mal Y ello para "garantizar que podemos re ponder de manera adecuada si se produce un ataque con armas de destrucción masiva u otra tormenta de grandes dimensiones".

Se podría ahorrar esfuerzos. Es más que evidente que lo que se hizo mal, rematad, mente mal, fue reelegirlo presidente, aun que difícil será que la comisión de marras llegue a semejante conclusión. Entretanto habremos de seguir soportando alusiones la amenaza que pesa sobre todos nosotros por las hipotéticas armas de destrucción m, siva, que parecen marcar la existencia misma del actual primer mandatario norteamericano.

No deja de ser altamente sorprendente irritante que un país como Estados Unidos el mundo entero con él tenga que seguir so portando sin pestañear, o apenas, semejan tes tomaduras de pelo. Porque jamás ante riormente se había vivido semejante de precio del sentido común por quienes tienen las más altas responsabilidades.

Si ni siquiera un desastre como el de Katrína ha bastado para devolver la cordura los ocupantes de la Casa Blanca, habremos de temer lo peor de ahora en adelante. Con el agravante de que deberemos además se guir pagando todos, incluso en especies. Hasta el supremo desquiciamiento de tener que dar petróleo al mayor especialista mundial en sustraerlo allá donde se encuentre.

Con el agravante, además, de que nos ve en perspectiva ninguna posibilidad legal de desbancar al causante de semejantes desaguisados antes de que pueda perpetrar otro! Habrá que reignarse y esperar a ver cuál la próxima plaga que los dioses, ya más qu hartos, le envíen al gran faraón en activo. Lo malo, lo peor, es que habremos de pagar entre todos lo que sólo es suyo y muy suyo.

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