Internacional
Nº 644
11/4/2005
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ENTRE DOS PAPAS

Examina lo dicho, no a quien lo dice.
                         Proverbio árabe

 

Por Ricardo Utrilla

Y más aún habrá que examinar lo hecho, Es lo que acaba de suce- der con el Papa Juan Pablo II, sometido a análisis demoledor por el teólogo suizo Hans Küng,en un celebra- dísimo artículo publicado en España por El País del martes 5 de abril.

Lo dicho y hecho por el recién fallecido pontífice trasciende de su propia personalidad, tan justamente celebrada en muchos aspectos, con particular relevancia negativa en cuanto se refiere a la mujer, la reproducción, el celibato clerical y el apoyo a movimientos reaccionarios como el Opus Dei, aspecto que Küng resalta con particular virulencia.

Era particularmente necesario tal análisis para no dejarse arrastrar por el fervor de los millones de creyentes que han rendido homenaje al difunto en todo el mundo y particularmente en el Vaticano y sus alrededores. A la espera de la designación de un nuevo Papa -que puede.ser el último o el penúltimo, según algunas profecías-, era ímprescindible hacer balance del pontificado de más de un cuarto de siglo que acaba de expirar.

Que la iglesia católica está en crisis no es un misterio para nadie medianamente informado desde hace decenios. Por completo extinguido, o casi, el espíritu del Concilio Vaticano II, todo habla ahora de la necesidad de un Vaticano III que retome las riendas de la renovación, del aggiornamento emprendido por Juan XXIII, Por simpática y atractiva que resulte para creyentes o no la figura del Papa polaco, no se puede ignorar, con Küng o sin él, que en importantes aspectos ha dejado a su iglesia en iguales o peores circunstancias adversas que las existentes a su llegada al trono de Pedro en 1978.

Todo ello es seguramente fruto de una personalidad tan fuerte que en ocasiones ha dado lugar a que se hable de "totalitarismo" e incluso de "fundamentalismo", en la senda de León XIII, que hizo famosa su tajante afirmación de que "el más alto deber es el respeto a la autoridad". De ello dio numerosas pruebas públicas, como la admonición a Ernesto Cardenal en Nicaragua y sus decididas intervenciones contra los defensores de la teología de la liberación.

La elección del nuevo Papa será muy ilustrativa, luminosamente esclarecedora, de la senda que la iglesia católica se dispone a emprender.

Nada por ahora, a unos días de la elección, permite anticipar si se persistirá en el camino trazado por Juan Pablo II o si la fumata bianca será heraldo de nuevos y más abiertos y comprensivos tiempos. Muy poco probable parece, sin embargo, que vayan a persistir obstinaciones como las actuales en lo que toca al sexo y la reproducción, así como la protección preferente a instituciones como el Opus Dei.

Convendría, en cualquier caso, que sí se mantuviera la decidida apuesta del Papa de Cracovia por la paz universal y el acercamiento entre los pueblos y entre las iglesias, aunque en ocasiones se contradijera a la hora de propiciar un ecumenismo real.

Y tampoco sobraría, para creyentes y agnósticos, que se rompieran las sólidas ataduras de la Santa Sede a su vertiente temporal, al poder político y financiero. Es ahí, muy probablemente, donde más y mejor se concentra el divorcio entre la iglesia de Roma y sus fieles en todo el mundo. Particularmente en el tercero, el de los desheredados de la Tierra, que son los reales protegidos de Cristo.

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