Internacional
Nº 632
17/1/2005
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A GRANDES MALES....

Las grandes naciones siempre han actuado como 'gangsters'y las pequeñas como prostitutas.

Stanley Kubrick

No deja de ser tranquilizadora la reflexicin del gran creador cinematograflco, sabio pensador y conocedor de las realidades de su tiempo. Sus palabras nos dejan una positiva evocación para los tiempos que corren: no hay 'ganster' que no acabe eliminado por los suyos o encarcelado en las peores condiciones. Si no, que venga Al Capone y se confiese.

Haciendo incluso abstracción de las posibles responsabilidades de quienes nos gobiernan en las recientes y cataclísmicas manifestaciones de furia de la naturaleza, no se podrá obviar una realidad que habla por sí ,sola y sin ayuda de intérpretes: nunca en la historia del ser humano se ha visto éste sometido a tantos peligros y amenazas, provocados en gran parte por su propio comportamiento. Si hasta el eje, de la Tierra ha llegado a desplazarse, como parece, por el terremoto y maremoto del índico; si los casquetes polares se siguen licuando a todo licuar; si nos quedamos sin grandes extensiones de nuestros pulmones boscosos; si la atmósfera se sigue recalentando como en un invernadero mal administrado; si producimos más humos tóxicos que todos los volcanes reunidos; si no movemos apenas un dedo para poner remedio a tanto dislate, bien merecido tendremos lo que nos espera, que no será nada bueno. Y en cuanto a confiar en nuestros máximos dirigentes...

¿No es supremamente desalentador que todas las miradas tengan que seguir fijas en un personaje de la catadura del presidente George W. Bush? ¿Eso es todo lo que tenemos para tratar de hacer frente a nuestros males y aprensiones? ¿No habrá manera de encontrar o crear medios más serios y dignos de confianza? Porque el tiempo apremia hasta más no poder y, por mucho que se anuncien tímidamente mejores tiempos en zonas tan incandescentes como Israel y alrededores, el mundo sigue en peligro todos los días sin que nadie dé muestras de saber o poder arreglarlo.

Pero el ser humano está hecho de tal madera y manera que tiende siempre a perderse en minucias inmediatas ignorando los grandes problemas. Podría diagnosticarse como síndrome del avestruz si no fuera porque, al fin y al cabo, somos animales superiores. ¿0 no? Cabe dudarlo, cuando nos enteramos de que manadas de diversos animales de Thailandia, con elefantes en vanguardia, se apresuraron a quitarse, de en meclio al galope mucho antes de que llegaran los temblores y olis que tanto daño causaron a los humanos.


¿Hará falta mejor prueba de que nuestros pretendidos logros de civilización no son muchas veces más que juegos de niños que nos han apartado de la clave esencial de la supervivencia de un ser vivo, que consiste, con toda evidencia, en la interrelación con los demás seres vivos y, en definitiva, con la madre naturaleza? Mucho es de temer, sin embargo, que hemos avanzado tanto por la senda equivocada que ya hernos perdido el Norte, como demuestra el desplazamiento posible de¡ eje terráqueo. Y no cabe coinhar en los grandes dominadores del mundo para que lo enderecen. Ellos siguen extraña e infantilmente obsesionados con acumular poder y riquezas.

Habrá que preguntarse para que. ¿En qué playas podrán bañarse y bajo qué árboles cobijarse, de qué se alimentarán cuando llegue la hora final del cataclismo por ellos cuidadosamente fomentado?

No es en modo alguno el amargo escepticismo del creador de 2001, una odisea del espacio algo caprichoso o puramente artístico, sino la constatación de una realidad: el poderoso tiende a actuar sin freno ni medida y quienes no lo son tanto han de someterse como esclavas dispuestas a todo para complacer al amo y señor. Ello abre innumerables perspectivas, tanto para quienes mandan como para los sometidos. En examinarlas y administrarlas consiste, al parecer, el comportamiento esencial de los politicos. Ya dijo Ortega y Gasset que para tratar de conocer lo que realmente pasa en el mundo hay que saber quién manda en él en ese momento. Más claro, agua.

Cuando el que manda es un sujeto como l actual, pocas esperanzas caben de que lleguernos a alcanzir
territorios de miel y rosas. Seguiremos en el interminable éxodo, si antes no interrumpe nuestra marcha una torpeza íinil o un último sobresalto de la naturaleza. No se podrá pretender que faltan señales de uno y otro bordo. Habrá, sin embargo, quien se consuele con resultados electorales y otros se uelos. Así vamos tirando y aquí paz y después gloria.

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