| Internacional | ||
|
| Hemeroteca | Lista Internacional |
|
¡FELIZ AÑO, MUCHACHOS! El pesimismo es en nuestra época infinitamente más respetable que el optimismo... El hombre que prevé catástrofes tiene un don de visión que le garantiza llegar a ser comentarista de radio, director de Time o congresista. John Kenneth Galbraith Mientras al ogro del Pentágono se le siguen cayendo los dientes y su pitanza favorita, Iraq, se va pudriendo a pasos agigantados, a su dueño y señor le alzan de nuevo a los altares. Happy New and B1oody Year, mister Bush! La mayor tragedia de los últimos tiempos para norteamericanos y resto de la Humanid.nd se sigue cocinando a todo cocer, con el aplauso de quienes un día fueron respetables. Nada bueno nos augura 2005. El siempre polémico Donald Rumsfeld se, encuentra ahora más en la cuerda floja que nunca, por mucho que su jefe, el presidente George W. Bush la sostenga por los dos cabos. Se acaba de descubrir, con gran escándalo rnediálico y popular, quc utilizó un tampón, y no su puño y letra, para cornuni 'ar a los iarniliares la muerte de soldados en Iraq. Aunque el secretario de Defensa ha prometido que no lo volverá a hacer, las críticas rnás acerbas se han volcado sobre él tanto en los medios de comunicación como entre el publico en general. Las protestas que había provocado su reelección por el también reelegido presidente se han ahondado y generalizado, hasta el punto de que es ya un clamor la petición de que dimita. Tanto más cuanto que en el escenario de sus proezas bélicas, el sufrido suelo iraquí, la tragedia se extiende y agrava cada día. A poco más cle un rnes de las elecciones inventadas por los ocupantes, los atentados se niultiplican y agravan, así como las reacciones de las principales facciones religiosas o étnicas enfrentadas. El número cotidiario de muertos aumenta sin cesar y proliferan las voces que advierten de una gran tragedia posible, con guerra civil abierta incluída. Pero en la Casa Blanca no parecen darse por enterados, como tampoco en algunos sectores conservadores del país. Todavía no se ha acabado de digerir que el prestigioso semanario Time haya nombrado a Bush hombre del año frente a candidatos como Michael Moore o Mel Gibson. Bien empezamos el año. Nada, así, permite prever que el temporal amaine y los torcidos se enderecen. El capitán de la nave sigue presumiendo de liderazpo jaleado por sus asociados y simpatizantes, olvidados todos al parecer del verdadero significado de la palabra. Porque no habrá que ser muy astuto para descubrir que liderar, lo que se llama liderar, es propio de. singulares personajes y no está al alcance de cualquiera. Si por liderar se entiende, como ahora parece, capacidad para arrastrar a las masas a donde se quiera, nadie podrá discutir que en semejante tarea destacaron no precisamente grandes demócratas, sino personajes como Hitler, Mussolini, Mao Zedong (antes Tsetung) y Fidel Castro. Poco o nada que ver con el auténtico liderazgo en democracia que demostraron Winston Churchill o Franklin Delano Roosevelt. Pero no habrá de olvidarse que vivimos en plena época de sucedáneos, con gatos vestidos de liebre en cualquier corral, cuando políticos de cualquier país disfrazan su incapacidad y torpeza para presentarse como víctimas no de su personal ineptitud y falta de seso sino de conspiraciones de sus adversarios. Una era de propaganda a todo tren que poco tiene que envidiar a la de los nazis, en la que quienes se dicen expertos en opinión pública tienen más predicarnento que cualquier tipo de pensador o especialista. Días, en definitiva, de trileros y otros tramposos sentados a la mesa colectiva. Y como señala Galbraith, más dignos ahora de credibilidad pesimista que los sensatos optimistas. Vamos a entrar en 2005 en plena descomposición universal de los valores que hasta ahora nos han venido sirviendo de guía. Aberraciones como la situación de los presos de Guantánamo, los excesos de quienes mandan en Rusia o la mentira y el engaño como armas políticas nos acompañan en estos días turroneros que debieran ser preámbulo de felicidades y se presentan, a escala universal, corno todo lo contrario. Ni siquiera el "caso Pinochet" aparece claro, pese a todos los pesares. Quienes se amparan en la legalidad y la compasión para preservar la tranquilidad y honor de los delincuentes de altura parecen tener la partida ganada y bien ganada. El único atisbo de esperanza nos viene de una mayor conciencia de los ciudadanos a la hora de distinguir el bien del mal y de obrar en consecuencia.Tal parece ser el caso, por fortuna, con lo que le viene sucediendo a Rumsfeld, aunque no, sino lodo lo contrario, con su jefe Bush. Habrá que plantearse una pregunta muy de moda en ciertos foros: ¿llegará Bush tranquilamente al término de su segundo mandato? Habrá que ver cómo llegan Iraq y el mundo a su proximo cumpleaños y comprobar, sobre todo, si los ciudadanos del mundo, ya despiertos, son capaces de imponerse frente a los siniestros sonámbulos que ahora prevalecen. |