Internacional
Nº 629
20/12/2004
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CUANDO VOTA EL VENENO

Métele a un tipo una bala en la cabeza y no volverá a molestarte.

Wílliam Janklow

Y quien dice bala dice dioxina, señor fiscal general de los Estados Unidos en otros tiempos. Un ministro de justicia con una muy peculiar idea de los métodos a seguir en detensa de los propios derechos y comodidades, digno de incorporarse a la actual galería de dirigentes de su país convencidos de que más rinde un balazo que un argumento.

No solo, por cierto, en el gran país que a todos nos preside sino también en algunos de sus epígonos, cercanos y lejanos. La confirmación científica de que el candidato de la oposición a la presidencia ucraniana fue envenenado por lerceras personas" con dosis masivas de dioxina meses antes de las u¡timas elecciones deja al descubierto una preocupante vuelta al pasado predernocrático, cuando el veneno íormaba parte de la acción política. Si hemos saltado de la cicuta, el arsénico o el cianuro a las modernas dioxinas será solo porque las ciencias y las técnicas han evolucionado, no porque haya cambiado radicalmente la naturaleza humana y, en particular, la de algunas formaciones políticas.

Si se ha rendido así homenaje involuntario a la memoria de Lucrecia Borgia es sobre todo porque nuestra época está marcada por un exceso de falso pragmatismo que se traduce en el "todo vale" a la hora de conquistar o retener el poder. Lo cual, y es evidente, contradice radicalmente la esencia de la dernocracia, que se justifica como sucedanco de la violencia a la hora de elegir a quienes deben gobernarnos. Si Viktot Yúslienko puede presentar de nuevo su candidatura presidencial frente al oficialista Viktor Yagunóvich, tras sonoras denuncias de pucherazo que llevaron al país al borde de la guerra civil, es porque tiene una fortísima naturaleza y excelente salud, con las que sobrevivió a dosis ponzoñosas mil veces superiows al mínirno nocivo. No, desde luego, porque sus envenenadores dejaran de la escena.

Los datos y diagnósticos aportados por los doctores vieneses que atendieron a Yúshenko confirman fuera de toda duda que `alguien" trató de resolver el pleito electoral de forma radical y asesina. Se trata ahora de saber, por el bien y la salud de todas las democracias, quién fue ese alguien, aunque todo apunta, como es lógico, hacia el bando contrario, el de los protegidos y representantes de la vecina Rusia, presidida por Viadimir Putin, antiguo espía y agente del KGB soviético.

Si tales sospechas llegan a sustanciarse, habrá de verse cómo se da satisfacción a la ciudadanía ucraniana y a las opiniones públicas de todo el mundo. Ahora se plantea el dilema de saber si las nuevas elecciones pueden celebrarse limpiamente en semejantes circunstancias o si, por el contrario, conviene esperar a que esté resuelto el enigma. Muchos es de temer que se, optará por lo primero, dejando una vez más que el tiernpo entierre las vergüenzas por el bien de la convivencia. Quedará, sin embargo, en el aire una ominosa amenaza: ¿que sucederi si es Yagunóvich el vencedor tras los nuevos comicios? Es indudable que los electores no se darán por satisfechos, con todis las consecuencias.

Es así evidente que, en cualquier caso, el dramático episodio habrá socavado los cimientos de la democracia, con lo cual se habrá cumplido uno de los propósitos que parecen guiar a cuantos en cualquier lugar del mundo tratan de condicionar los procesos democráticos con malas artes. Visto con la "visión de Sirio" que tan de moda estuvo entre nuestros abuelos, el mundo ofrece hoy un panorama de descomposición democrática en el que aparece como promotor destacado el presidente George W.Bush. Y siempre con el "todo vale" como enseña y pancarta.

Es inevitable recordar al respecto lo sucedido en los años de la "era Kennedy", que se cerró con el asesinato de los hermanos John Y Robert, presentado como obra de dos del país. La Historia demuestra hasta la saciedad que algunos de aquellos que se oponen a sus designios desde una situación destacada de poder o influencia acaban asesinados sin que nunca se sepa quién fue realmente quien preparó los magnicidios. La lista, sobre todo en los Estados Unidos, se haría interminable aunque en ella no se incluyeran casos dudosos.

Habrá, por tanto, que extraer de lo sucedido y por suceder en Ucrania inevitables y saludables consecuencias. La primera de las cuales será sin duda el confirmarnos en nuestra convicción de que la democracia está más en peligro que nunca en los últimos años y que habrá de darse prioridad a la lucha por defenderla. Se ha producido en muchos países un verdadero levantamiento intidernocrático que implica a diversos sectores conservadores y fundamentalistas, con visos por su parte de estar librando una batalla decisiva. Bien harían quienes no pertenecen a tales facciones y legiones en permanecer alerta y superar disensiones intestinas pira mejor defenderse de la hidra.

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