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¿MENOS HUMOS?
Preferimos la ley mundial en la época de la autodeterminación, en vez de la guerra mundial en la era del exterminio en masa. John F. Kennedy No parece que, el actual sucesor del presidente asesinado le esté haciendo mucho caso, sobre todo en materia de cooperación y acuerdo mundial para la prevención de todos los males derivados de la contaminación global provocada esencial mente por las actividades industriales de los países mas avanzados. Frente a la creciente unidad de los países más contaminantes para tratar de frenar un proceso cada vez mas amenazador para la salud y supervivencia misma de¡ planeta, EE UU se mantiene impertérrito en su decisión de ignorar el Protocolo de Kyoto, que compromete a reducir las emisiones contaminantes. Así se ha visto y resaltado con ocasión de la inaugura~ ci0n en Buenos Aires de la X Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático , que se prolongará hasta el 17 de diciembre. Entre las delegaciones presentes, 140 de ellas gubernamentales, no figuraban ni Estados Unidos ni Australia, aunque sí Rusia, que, tras hacerse la remolona, acaba de firmar el protocolo, permitiendo así su entrada en vigor el 10 de febrero de 2005. Como en tantas otras c uestiones y ocasiones, Washington ha preferido ignorar los informes de los más autorizados especialistas para actuar por libre, refugiándose en consideraciones puramente técnicas como la pretensión de desarrollar fuentes de energía menos contaminantes y buscar el modo de retirar de la atmósfera el exceso de dióxido de carbono. Actitud que, por supuesto, ha alarmado e indignado a la mayoría de los demás países industriales, que contemplan con preocupación creciente el aumento de los gases nocivos en la atmósfera y consideran que el tiempo apremia Es una política que viene de lejos pero que ha sido abrazada con entusiasmo por el presidente George W. Bush, siempre dispuesto a dar satisfacción a las grandes industrias sin preocuparse demasiado de las consecuencias. Y con la pretensión, eso sí, de que siempre obra en beneficio de su país aunque a sus aliados o amigos no les guste demasiado. Es cada vez más evidente que poco o nada le importa la opinión pública, local o mundial, a la hora de proteger los intereses de sus grandes protectores y protegidos. Entre los 6.000 delegados reunidos en la capital argentina figuran representantes de organizaciones no gubernamentales como Greenpeace e International Policy Network, que han figurado siempre en cabeza de quienes tratan de luchar por un mundo más sano y más limpio, con actividades de todo tipo para tratar de convencer a los gobiernos más reacios. La primera de ellas ha llevado su imaginativo combate hasta montar una gigantesca arca de Noé, de 30 metros de eslora, en pleno centro de Buenos Aires, con el ánimo de emitir un mensaje de `preocupación y al mismo tiempo de esperanza". Es una divisa seguramente compartida como objetivo de¡ conclave por la mayoría de los participantes, que tratan de quemar etapas salvadoras abrazados al protocolo originado en Kyoto en 1997, cuando por primera vez se reunieron los países industrializados para ver de hacer frente a la gran amenaza que está trastornando el clima en todo el mundo y augura lo peor para un futuro inmediato. Se comprometieron entonces a ir reduciendo sus emisiones de gases contaminantes entre 2008 y 2012 para poner freno al llamado efecto invernadero provocado por el constante y progresivo recalentamiento de la atmósfera del planeta. Se trataba de conseguir que los firmantes no pasaran de los niveles de contaminación del 5 por 100 registrado en 1990 y que firmaran el protocolo para su ratificación al menos 55 países cuyas emisiones representaran el 55 por 100 del total. Con la firma de Rusia, se ha alcanzado el 61,6 por 100. Muchos son, sin embargo, quienes se preguntan de qué servirá un documento como el protocolo que no lleve la firma del principal país contaminante del mundo, Estados Unidos, responsable del 31,6 por 100 de las emisiones nocivas a la atmósfera. Con el agravante del mal ejemplo para otros países como Australia. En un comunicado
sobre, la conferencia en curso, el gobierno argentino precisa que el objetivo
de ésta es lograr niveles de contaminación que no amenacen
los ecosistemas y permitan mantener los niveles de desarrollo sin que
la producción de los alimentos se vea amenazada. En la inauguración,
el ministro argentino de Medio Ambiente recordé) que los efectos
que se atribuyen al recalentamiento de la atmósfera son esencialmente
el aumento de la frecuencia e intensidad de las tormentas, inundaciones
y crecidas de efectos catastróficos, el retroceso de los glaciares,
la mayor frecuencia de tornados y, sobre todo, la subida del nivel del
mar, con particulares efectos desastrosos en las zonas costeras. Un especialista
en cuestiones ambientales, el científico Raúl Estrada, se
lamentó al abrirse las sesiones, de que Estados Unidos estuviera
ausente, porque "es mi¡cho lo que se puede hacer sin él,
pero es mi¡cho más lo que podría hacerse con él".
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