Internacional
Nº 618
4/10/2004
Hemeroteca
Esta semana
Lista Internacional

REHENES

Para un gobierno injusto, el mártir es más nocivo que el rebelde..
Massimo D'Azeglio

Por Ricardo Utrilla

Es lo que debió de decirse Silvio Berlusconi al enfrentarse con el secuestro de las cooperantes italianas en Iraq conocidas como las dos Simonas. Ante la oleada de protestas y solidaridad que provocó en Italia, resultaba evidente que al gobierno de Roma no le interesaba en absoluto convertir a las dos muchachas en mártires, aunque no fueran rebeldes sino todo lo contrario. Debía, por tanto, hacer todo lo posible para impedir su ejecución y así lo hizo, aunque el mérito final se, atribuya, quizás por conveniencia política, a la Cruz Roja.

La cuestión, sin embargo, sigue, en el aire: ¿debe un gobierno negociar con secuestradores y acabar pagando un rescate para salvar la vida de los secuestrados? Es evidente que, en pura lógica, la respuesta es no. Sin embargo, y contrariamente a lo establecido generalmente, los particulares deberían tener las manos libres al respecto y no estar coartados, Como en algunos países, por las leyes. los precedentes históricos son muy explícitos y numerosos al respecto. El imperio otomano, del que fue parte el actual Iraq hasta fecha reciente, fue escenario durante siglos de secuestros de navegantes cristianos por los que se exigía rescate, particularmente en el Mediterráneo. El propio Cervantes fue una de las víctimas.

Es así cada día más evidente que la invasión decidida por el presidente Bush y sus acólitos no sólo ha tenido inmediatas consecuencias "modernas" que son nocivas para el mundo, como todo lo referente al petróleo, acciones bélicas y relaciones internacionales, sino que ha tenido también la virtud de despertar olvidados demonios que parecían perdidos en el fondo de la Historia. Si en el Iraq de Sadam Hussein no había terrorismo suicida ni coches bomba, ni voladuras de oleoductos ni secuestros, en el propiciado por Estados Unidos y sus aliados abundan hasta el extremo de hacer la vida normal imposible e impensable. A una aplastante dictadura ha sucedido un caos polimorfo e incontrolable. Excelente operación.

Sin embargo, los de la trimurti de las Azores siguen insistiendo en que hicieron ¡o correcto al dlrribar a Hussein. Hasta el premier Tony Blair, el más aparentemente sensato de los tres, se ha pronunciado así con rotundidad en el congreso de su partido laborista en Brighton, pese al difícil trance que para él supuso el tener que enfrentarse a las críticas por su participación en la guerra. Como le supone la persistencia de la amenaza que pesa sobre un rehén británico en manos de terroristas iraquíes que amenazan con ejecutarlo como ya hicieron con dos norteamericanos.

Se ve así que el secuestro convertido en arma de guerra o de resistencia, si se prefiere, se ha incorporado de nuevo a las pesadillas de los humano, como la ya cada vez más habitual autoinmolación, que creíamos relegada a los archivos de la lucha de los ma¡ayos contra los británicos ocupantes hasta que reapareció en tierras palestinas. En aquellos tiempos del viejo imperio de Londres, se hablaba de que los sacrificados actuaban en arrebatos de amok, de una fiebre suicida producida posiblemente por drogas, como en el caso de los "asesinos" de siglos anteriores. Todo antes que reconocer el ansia de libertad y el patriotismo como principal motivación. Para los invasores, quienes se resisten no pueden ser otra cosa que bandoleros asesinos. Siempre ha sido así y no será nuestra guerra de la independencia o la invasión nazi de Francia las que sirvan para desmentirlo.

Uno de los aspectos más desalentadores del actual proceso es sin duda que el secuestro haya empezado a convertirse en arma habitual de los oprimidos en un conflicto bélico como el de Iraq, cuando parecía reducido entre nosotros, los occidentales, a un elemento de extorsión manejado únicamente por bandas gangsteriles o grupos de guerrilleros en países teóricamente en paz. Ni siquiera los piratas berberiscos pueden compararse a los actuales secuestradores, justificados o cubiertos por una invasión generalmente rechazada y condenada.

Por otro parte, es indudable que semejante arma ha producido ya efectos que van mas allá del engrosamiento de las arcas de los secuestradores. Empresas de diversos países, especialmente turcas y saudíes, que colaboran con los ocupantes han empezado a retirarse para eludir la amenaza después de incidentes más o menos graves. Podría afirmarse que el secuestro se ha revelado como un arma más eficaz y disuasoria que los artilugios bélicos convencionales en muchas ocasiones. Y no caben subterfugios: de una manera u otra, si realmente se quiere salvar la vida del secuestrado, se negocia.

Hemeroteca
Esta semana
Lista Internacional