Nº 568
8/9/2003

 

La política se fue de vacaciones

Todo el mundo sabe que, a efectos politicos, el verano -a pesar de las estaciones de¡ año, astronómicas o climáticas- está constituido por julio y agosto, haga frío o calor. Y todo el mundo también conoce que durante el verano político no suele pasar nada. Los periódicos reducen drásticamente su paginación. Hay revistas que vacan en agosto. Los informativos televisivos y radiofónicos se cargan de internacional, sociedad y deportes.

Pomposamente tal situación se atribuye al artículo 73 de la Constitución, que establece dos periodos de sesiones para el Plarlamento, uno de febrero a junio, otro de septiembre a diciembre. Luego, en julio y agosto no hay Cortes. La razón histórica estriba en la necesidad de dar tiempo al Gobierno para preparar adecuadamente el Presupuesto con el fin de poder presentarlo en el noveno mes de¡ calendario a los Cuerpos colegisladores. Cerrados Congreso y Senado, no puede haber actividad política de altura. Pero esto, que pudo ser real en tiempos pretéritos, hoy no es cierto. No hay política porque los políticos en la temporada estival disfrutan el merecido descanso a su frenética actividad en el curso. Tratándose de parlal-mentarios, tal actividad es básicamente física, que no intelectual, y se desarrolla subiendo y bajando eso corriendo desde o hacia los ascensores, para ejercitar su función máxima, que es la de votar sesu libre saber y entender, tras escuchar y meditar, detenida y pausadamente, sobre los graves asuntos sometidos a su consideración. Evidentemente esta razón no se la cree nadie.

También puede argüirse que el bajón politico veraniego se debe a que los comunicadores están en periodo de solaz, y, en consecuencia no existe transmisión posible a la opinión pública de los acontecimientos, por consiguiente, no hay noticias porque no pueden darse. Esta razón puede que se la crea, incluso, algún periodista.

La realidad es que lo que se va de vacaciones es la opinión pública. Los ciudadanosvotantes desconectan el portátil que llevan sobre sus hombros, puede que deslumbrados por el sol, puede que porque les importe un bledo todo hasta la vuelta al cole. Así, echada la trapa por recuperación, no hay receptores de noticias, no merece la pena darlas, no vale de nada generarlas. Buena prueba es que el nivel de las declaraciones veraniegas de los políticos alcanzan niveles tremendistas, o que afloran como noticias de primera cosas que no pasarían de una página par de interior de un diario local.

Hace tiempo, iba a unas tertulias a hora intempestiva de madrugada en una emisora de radio, de la que tenía absoluta conciencia que no escuchaba ni el realizador del programa. Aquello sí que era irreflexiva libertad de expresión.

Este veranito tan caluroso y largo nos ha traído dos noticias curiosas: la una, la tragicomedia de Marbella, hemos acudido a una lucha de clanes de su cosa, hemos contemplado la altura humana, política y ética de los gobernantes marbellies. Pero se ha acercado, algo, a la opinión pública currante en ' esas fechas un poco de toda la basura acumulada en ese consistorio para escarnio de la democracia. La otra, hemos presenciado en la Comunidad de Madrid a unos parlamentarios, regionales eso Sí, metidos a comisarios de policía, y se lo creían, a base de interrogatorios tomados de novela de Simenon -o incluso, pronto, de Leguina-. Convirtiendo en reafity show la actividad parlamentaria. Por lo menos sirve para demostrar que es y que no debe ni puede ser una comisión de investigación. Es imposible que sea una actividad policíaca. Sólo puede servir para esclarecer hechos que, por las circunstancias que sean, han aparecido tergiversados, con querencia o sin ella, y con la sola finalidad de poner orden y concierto en la 'trama".

Final. Abruptamente concluye el verano y, precisamente, al comienzo de curso, ha sonado, repentinamente el despertador político. Ya tenemos los dos aspirantes al pugilato político para el próximo campeonato de España de los grandes pesos.

De cualquier forma, al comenzar este otoño político, en tiempo y en legislatura, se añora la relajación acabada y se ansía la del año que viene.

Veraneo, por Joaquín Leguina

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