Nº 564
14/7/2003

 

Selección de candidatos

Julio 1991, se constituye la Diputación Provincial de Salamanca. De 25 diputados, el PP tiene 13, mayoría absoluta; el PSOE, once diputados, el CDS, un diputado. Se procede a elegir presidente de la corporación, voto secreto. Resulta elegido un diputado del PP -llamado José Dávila-, que no es el candidato oficial, él se ha votado a sí mismo y ha recibido el apoyo del PSOE y el CDS. Le han comprado al tránsfuga por el plato de lentejas de la Presidencia de la Diputación. No hay nada nuevo bajo el sol. Apunto que en las filas del PSOE no hubo ningún expediente disciplinario por fomentar la traición. El tránsfuga era del PP de toda la vida, y un estupendo diputado provincial de segunda fila, su selección fue buena, pero la vida revela que todos tienen su precio, siendo tan perverso el comprado como el comprador.

En el caso de la Asamblea de Madrid, la traición de los tránsfugas Tamayo y Sáez, partía de la previa selección de los candidatos, que, al parecer, estaban acostumbrados a jugar de parecida manera en todas las ocasiones en que tuvieron la oportunidad de hacerlo. La consecuencia final es igual que en el ejemplo anterior, se descabalga la voluntad popular y se hace trizas la estructura partidaria. Luego viene el querer echar las culpas a todos menos al que la tiene, así se imaginan tramas casi infantiles para justificar los errores propios. Pero de lo que se trata es de ser positivos y analizar la forma de selección de los candidatos y de estudiar su control posterior.

La selección, tal como viene realizándose por los partidos, se engarza dentro de la tradición del centralismo democrático, o plebiscitario. Es decir, elegida la cúpula de un partido en su correspondiente congreso -normalmente por puro plebiscitoluego el mando elige a quien tiene por conveniente como candidato. En función, además, de las componendas internas que dotan de estabilidad a la estructura de poder, sin, apenas, consideración a la calidad del posible electo en el ejercicio de su función representativa. Esto conduce a que los electos procuren permanentemente su perpetuación en las listas, anquilosándose la renovación interna, ya que el servicio a la superioridad se convierte en vital para la continuidad, en vez del servicio al ciudadano o los compañeros de partido.

Se han arbitrado, mejor sólo pensado, fórmulas para buscar calidad al candidato para que sea un auténtico representante de sus electores. Una, que requiere otras complementarias, es la limitación en el número de mandatos -inédita legalmente, salvo compromisos personalesya que hace libre al electo. Otra, de bien corto y frustrado desarrollo, es la de las elecciones primarias, ensayada con bien poco éxito y corto tiempo por el Parfido Socialista. Otra, de realización imposible y frustrante, es la de establecer- listas abiertas, que existe ya en nuestro país con las elecciones senatoriales (basta examinar que el senador más votado dentro de una misma formación es el que tiene un apellido cuya primera letra es más cercana a la "a" en el abecedario).

Ahora viene el control del candidato electo. Aquí si que se debería establecer legalmente un sistema de compromiso de voto, respecto de los acuerdos mayoritarios y democráticamente adoptados por los grupos parlamentarios, salvo casos de conciencia. Con abandono forzoso de escaño incluido y con control judicial. Es absurdo que hoy el electo sea dueño de su acta.

Por último, y para quien no lo haya leído en los medios, otro ejemplo, se han fugado el alcalde y la concejala de Bienestar Social de un pueblo de Toledo, abandonando a sus familias. la oposición se ha apresurado a decir que había una trama de ocultación contable. Así llaman alg unos al amor, la pasión o el deseo.

Cirulos y equilibristas, por Joaquín Leguina

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