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Pensaba haber titulado con el número de días que faltan para las próximas elecciones generales, a guisa del anuncio que durante un año lució en la fachada del Banco de España anunciando los que quedaban para la llegada del euro. Pero me desanimó el considerar que las revistas tienen vigencia semanal, lo que hacia imprecisa la fecha de inicio. El río anda tenso en las filas del PP, ante la designación del candidato a ocupar el primero de la lista por Madrid. Me niego a decir el sucesor de Aznar, porque no hay sucesión sino sustitución de candidatura. ¿Quién será? ¿Cómo será el tiempo de convivencia entre designación y elecciones generales? Hoy parecen colocados en el panel de salida Rajoy, Rato y Ruiz-Gallardón, aunque no hay porqué descartar a otros como Acebes o Zaplana. Sea quien fuere, deberá ser una persona que lo primero que tiene que hacer es poder ganar las elecciones. En punto a tirón electoral, nadie duda que RuizGallardón ha logrado una auténtica proeza en Madrid. Frente a descensos -generalmente sólo ligeros, pero descensos de votos- en casi toda España, ha conseguido subir y mucho. Y no olvidemos que la plaza de la capital es enormemente significativa, porque aquí se combinan todas las tendencias, pareceres, creencias del territorio patrio. Rato tiene a su favor, en el sentir popular, la bonanza económica, y la coyuntura es normal que mejore a partir de ahora. Por un lado, el descenso del crudo y la previsible recuperación norteamericana y germana, que hará que pasemos a ciclo expansivo habiendo tocado el suelo recesivo con bastante buena fortuna. Comparte con el anterior y Rajoy la necesaria templanza y el magnífico discurso público y la capacidad de debate. Sigo convencido de que en la decisión final tendrá mucho que ver cómo coloquen las encuestas a unos y otros, que dependerá, también, de la capacidad de movimiento que tengan para mostrarse estos meses ante la opinión pública. Hoy todo es posible. Hay, sin embargo, un elemento muy nuevo que puede incidir. la traición a su partido y al electorado de dos diputados por Madrid puede resolverse en una nueva convocatoria de elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid (lo normal es que los traidores voten contra Aguirre y contra Simancas y ninguno pueda obtener ni mayoría relativa) de aquí que Gallardón pueda deber acumular -¿Hasta octubre?- Presidencia de Comunidad y Alcaldía. En el tiempo de¡, digamos, interregno van a ser, por lo menos, complicadas las relaciones entre acción de gobierno y posición del candidato. Si éste está ya en el Consejo de Ministros no podrá sustraerse a lo malo que ocurra, si es que ocurre. Lo bueno se lo apuntará el que sea. En la banda del PSOE, evidentemente Zapatero está muy consolidado, pero el ejemplo dicho de los traidores revela un partido mal organizado y maltrecho, aunque puede que reaccione el secretario general. Me explico, la legitimidad de Zapatero se la dio un congreso en que gano por los pelos, con mayoría relativa y cuatro candidaturas. Y en vez de cerrar heridas internas, ha pretendido el imposible de sustituir experiencia y fuerza electoral de los perdedores en su congreso, por novatos desconocidos. Con lo complicado que es, y el tiempo que lleva acreditar ante el electorado a los dirigentes políticos. Por otra parte, debemos considerar otra clave. En la próxima campaña electoral, y antes, habrá necesariamente debates entre los candidatos, entre otras razones porque los dos serán nuevos en la plaza. En punto a debate, Zapatero entra flojo. Soy de los convencidos de que las elecciones que vienen se van a ventilar en buena medida en el cuerpo a cuerpo. En este terreno, y vistas hasta ahora las cosas, tanto Rato como Ruiz-Gallardón parten claramente como favoritos en esa pugna. Luego está esa otra papeleta muy dura de roer de los previsibles pactos post electorales, aunque cualquiera de los candidatables del PP ha demostrado espalda y capacidad de acuerdo para sobrellevar ese mal dicho problema. El PSOE
parte con un lastre nada despreciable, que es su falta de credibilidad
en economía, que se ha de ver de forma patente en el otoño
y la campaña. La cuestión pasa de la falta de alternativa
-que sí que la hay- al modelo, al verdadero disparate en las
propuestas que desde hace dos años viene realizando Sevilla,
que pueden llevar al país a la más absoluta de las quiebras.
El juego de las adivinanzas, por Joquín Leguina |