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La guerra de los montes En casa de mi tío Javier había un cuadro que siempre me impresionó, desde niño. Era un dibujo de Castelao, con una pareja de campesinos, sentados a la mesa, las manos debajo de la tabla -él las tiene exageradamente enormes-. Ella le dice "¿Pero y si non volves?" Era la incertidumbre ante lo desconocido de la emigración. Me recuerda a la actual situación, con la retrospectiva de hace un mes. ¿Y si no hay armas de destrucción masiva? La justificación de la guerra era, y sólo podía ser, que el canalla de Saddam estaba toreando y jugando al perro y al gato con los inspectores de la ONU. Pero, vamos, asegurado que sí existían tales armas. lo corroboraban los servicios de inteligencia USA y UK (como.no haya esas armas supongo que se procederá a su disolución, tras cambiarles el nombre por servicios de estupidez). Hasta ahora todos los indicios apuntan a que de armas especiales nada de nada. Con lo que los llamados a sí mismos como aliados pueden haber hecho un pan como unas tortas. Si en un principio la legitimidad de la intervención se apoyaba en unas su puestas pruebas, todo parece indicar que tales pruebas no existen, de aquí que la guerra se convierte en absolutamente ¡legítima de forma sobrevenida, incluso para aquellos que la defendían al socaire de la renuencia del dictador a ser inspeccionado, que equivalía a una especie de confesión de su maldad y de la veracidad de construcción y tenencia de armas de destrucción masiva. Eliminada, por la comprobación y testarudez de la realidad, la causa eficiente, ahora se trata de buscar otra. la apelación a la tiranía es causa para el súbdito, no para el vecino. En su día sí que estaba más que justificada la penetración en el país y el derrocamiento del régimen sadamita, como lógico colofón de la Guerra del Golfo. De igual modo que en su día fue estúpido no culminar la acción, hoy se ha mostrado como tal el realizarlo. Ya puestos en la nueva supuesta justa causa, habrá que pensar a qué dictador, de los muchos que en el mundo existen, le toca. Si sucede la alternativa contraria, es decir que sí que hay de esas armas malísimas, la cara estaría salvada. En cualquier caso lo que es grave es la intervención basada en meras hipótesis. Mirando para
casa y pensando en el 25 de mayo, los efectos de la guerra creo que no
van a existir o lo harán en mínima cuantía. la razón
es muy simple, la posición española es personalísima
del presidente del Gobierno, y el votante del PP no se va a pasar al PSOE.
Otra cosa será que prefiera abstenerse, lo dudo. El secreto va
a ser cómo se produzca el desmarque de los candidatos. Ya hay elementos
claros para que se produzca tal cosa. Por una parte, la condena de todo
asesinato, se produzca dónde se produzca, tanto sean disidentes
políticos en Cuba o de un periodista en Iraq. También está
la condena de los crímenes contra la cultura, ya fueran de los
talibanes destruyendo las imágenes budistas, ya sea la lenidad
permitiendo la destrucción de los museos de Bagdad. Porque los
actos reprobables deben ser reprobados sea quien fuere el que los cometa,
ya sea amigo o enemigo, te caiga simpático o antipático.
Mal podrán los dirigentes locales y autonómicos del PP arrepentirse
de situaciones o explicarlas, cuando no han tenido arte ni parte en ellas.
Porque la política internacional nada tiene que ver con la gestión
de Ayuntamientos, Diputaciones y Comunidades Autónomas. Creo que
van a ser fallidos los intentos, que los hay, de demonizar a todo un partido
político en bloque, por ser falsa y torticera la acusación
e injusto el planteamiento. Veremos de todo en el mes que falta hasta
la cita con las urnas. Y aun y con todo, que yo sepa, España no
ha intervenido en la guerra, lo único que se ha hecho es apoyar
una interpretación, correcta o incorrecta, de una Resolución
del Consejo de Seguridad de la ONU, posición absolutamente legítima.
Paisaje después de la batalla, por Joaquín Leguina |