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Lo
mío es mío
Y y lo tuyo de los dos. En esta máxima puede encerrarse el proyecto
de Estatuto de Cataluña. Es curioso que a estas alturas de la historia
se sigan invocaciones históricas para justificar supuestos derechos,
aunque eso sí derechos, nunca obligaciones derivadas de la historia.
Puestos a volver a antes de los Decretos de Nueva Planta, también
será necesario volver a la situación económica anterior,
es decir a las aduanas interiores, al cierre del comercio americano. También
vuelve a manifestarse la imprecisión de los términos. O
sea eso de la proclamación de nación. Si acudimos al diccionario
tal palabra admite significados tan varios que estamos al punto de tener
que añadir a cada palabra y entre paréntesis acepción
número tal del Diccionario de la Real Academia, edición
de cual fecha. El proyecto introduce una figura encomiable y es el Consejo
de Garantías, para verificar la sujeción al Estatuto, y
también a la Constitución, de las disposiciones, aquí
importan las legales, emanadas de los órganos de gobierno. Cosa
que hasta ahora no existía y es una verdadera laguna para el control
judicial de las leyes autonómicas en cuanto a su adecuación
a los Estatutos de Autonomía. Y al hilo del control se me ocurre
que a nivel general debería crearse una nueva institución,
aunque se podría utilizar alguna de las existentes como son las
academias de la Lengua y de la Historia, para establecer un nuevo control
en garantía del ciudadano, hoy totalmente indefenso ante los
fenómenos de las falsedades históricas, inexactitudes terminológicas
y defectos de concepto. Por no hablar de disparates en vez de falsedades,
inexactitudes o defectos. Se trataría de garantizar el respeto
a la verdad histórica y el uso correcto de las palabras. Algo
así como el Tribunal Supremo de la sensatez. Las sentencias de
este tribunal declarando la verdad de las cosas, deberían además
acompañarse de condenas a títulos de mentiroso, burro, ignorante
total, sin disculpa, osado, manipulador o apelativos semejantes, en grado
superior, medio y mínimo, siempre con el añadido de oficial.
Ir al diccionario es una fuente de sorpresas. Si vamos a la palabra nacionalidad
nos encontramos con unos significados curiosísimos. Porque introduce
el que da la Constitución, de nuevo cuño, para referirse
con imprecisión total a algunas comunidades autónomas. Es
decir, que de historia nada. Término de significado inventado,
pero que ahora se aplica para remontarse al pasado para buscar lo que
no fue.
No se trata de analizar ahora el contenido del proyecto de Estatuto, sino
cómo salir del charco político que representa, que es enorme.
El Tribunal Constitucional dirá la última palabra. Pero
si realizamos un análisis somero del proyecto, cualquiera se da
cuenta que hace aguas por todas partes. Lo que significa que el resultado
final nova a gustar nada a los autores, y cuando el proceso se consume
a ver cómo responden. Hay quien cree que es una cuestión
de regateo. Pero hay veces que regatear es imposible, y ésta es
una de esas. Estamos acostumbrados a que pase lo que pase aquí
nunca pasa nada. Esta vez no. Alguien se va a ir con el rabo entre las
piernas. Y me temo que sé quien va a ser. Se acatará el
resultado, que es lo mismo que admitir la disolución del entramado
político que sustenta a algunos partidos. Se declarará la
desobediencia. Se buscarán nuevas justificaciones y se apelará
a eso de volveremos a intentarlo. Seguro que esto último.
En los tiempos que corren, que la política se ha hecho medio de
vida único para algunos, mejor bastantes, bueno, sinceramente,
muchos, la existencia de partidos nacionalistas lleva a plantear siempre
confrontación para mantenerse en el machito buscando elementos
de diferenciación que la ciudadanía no ve por ningún
lado. Pienso en otras comunidades como Baleares, o Valencia, sobre todo
las islas, con lengua y derecho histórico propio donde no ocurre
la diferenciación partidaria nacionalista de Cataluña. Y
es que esa diferenciación es difícil comprenderla a la altura
de modernidad en que estamos, como no sea por mantener o encontrar ese
puesto de trabajo político.
Menos mal que está Bruselas, menos mal que los alemanes son sensatos,
menos mal que estamos en el euro.
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