Hemeroteca
Esta semana
Lista
Nº 676
26/12/2005

 

Lo mío es mío

Y y lo tuyo de los dos. En esta máxima puede encerrarse el proyecto de Estatuto de Cataluña. Es curioso que a estas alturas de la historia se sigan invocaciones históricas para justificar supuestos derechos, aunque eso sí derechos, nunca obligaciones derivadas de la historia. Puestos a volver a antes de los Decretos de Nueva Planta, también será necesario volver a la situación económica anterior, es decir a las aduanas interiores, al cierre del comercio americano. También vuelve a manifestarse la imprecisión de los términos. O sea eso de la proclamación de nación. Si acudimos al diccionario tal palabra admite significados tan varios que estamos al punto de tener que añadir a cada palabra y entre paréntesis acepción número tal del Diccionario de la Real Academia, edición de cual fecha. El proyecto introduce una figura encomiable y es el Consejo de Garantías, para verificar la sujeción al Estatuto, y también a la Constitución, de las disposiciones, aquí importan las legales, emanadas de los órganos de gobierno. Cosa que hasta ahora no existía y es una verdadera laguna para el control judicial de las leyes autonómicas en cuanto a su adecuación a los Estatutos de Autonomía. Y al hilo del control se me ocurre que a nivel general debería crearse una nueva institución, aunque se podría utilizar alguna de las existentes como son las academias de la Lengua y de la Historia, para establecer un nuevo control en garantía del ciudadano, hoy totalmente indefenso ante los fenómenos de las falsedades históricas, inexactitudes terminológicas y defectos de concepto. Por no hablar de disparates en vez de falsedades, inexactitudes o defectos. Se trataría de garantizar el respeto a la verdad histórica y el uso correcto de las palabras. Algo así como el Tribunal Supremo de la sensatez. Las sentencias de este tribunal declarando la verdad de las cosas, deberían además acompañarse de condenas a títulos de mentiroso, burro, ignorante total, sin disculpa, osado, manipulador o apelativos semejantes, en grado superior, medio y mínimo, siempre con el añadido de oficial.

Ir al diccionario es una fuente de sorpresas. Si vamos a la palabra nacionalidad nos encontramos con unos significados curiosísimos. Porque introduce el que da la Constitución, de nuevo cuño, para referirse con imprecisión total a algunas comunidades autónomas. Es decir, que de historia nada. Término de significado inventado, pero que ahora se aplica para remontarse al pasado para buscar lo que no fue.
No se trata de analizar ahora el contenido del proyecto de Estatuto, sino cómo salir del charco político que representa, que es enorme. El Tribunal Constitucional dirá la última palabra. Pero si realizamos un análisis somero del proyecto, cualquiera se da cuenta que hace aguas por todas partes. Lo que significa que el resultado final nova a gustar nada a los autores, y cuando el proceso se consume a ver cómo responden. Hay quien cree que es una cuestión de regateo. Pero hay veces que regatear es imposible, y ésta es una de esas. Estamos acostumbrados a que pase lo que pase aquí nunca pasa nada. Esta vez no. Alguien se va a ir con el rabo entre las piernas. Y me temo que sé quien va a ser. Se acatará el resultado, que es lo mismo que admitir la disolución del entramado político que sustenta a algunos partidos. Se declarará la desobediencia. Se buscarán nuevas justificaciones y se apelará a eso de volveremos a intentarlo. Seguro que esto último.

En los tiempos que corren, que la política se ha hecho medio de vida único para algunos, mejor bastantes, bueno, sinceramente, muchos, la existencia de partidos nacionalistas lleva a plantear siempre confrontación para mantenerse en el machito buscando elementos de diferenciación que la ciudadanía no ve por ningún lado. Pienso en otras comunidades como Baleares, o Valencia, sobre todo las islas, con lengua y derecho histórico propio donde no ocurre la diferenciación partidaria nacionalista de Cataluña. Y es que esa diferenciación es difícil comprenderla a la altura de modernidad en que estamos, como no sea por mantener o encontrar ese puesto de trabajo político.

Menos mal que está Bruselas, menos mal que los alemanes son sensatos, menos mal que estamos en el euro.

Hemeroteca
Esta semana
Lista